Desde hace algunas semanas alguien(es) están suplantado a gente de sinDominio y emitiendo noticias falsas y valoraciones cínicas sobre este proyecto, escondiéndose bajo firmas tomadas de otras personas sin su consentimiento. Una de esas firmas ha sido la mía.
Por más que he pensado sobre el asunto dándole vueltas por el derecho y por el revés, e intentando encontrar un sentido para estas suplantaciones, no he conseguido ir más allá de lo que escribo a continuación.
Si me he empenyado en encontrar un sentido a todo esto, antes de inclinarme por el clásico rechazo a todo comportamiento anómalo, es porque considero que el camuflaje, los nombres múltiples, la tergiversación, las falsificaciones, las imitaciones, el deterioro de la imagen, y otras formas de producir acontecimientos reales mediante sucesos ficticios, son formas de actuación perfectamente legítimas, incluso si recaen sobre nuestros proyectos. Pero que sean formas legítimas de actuar, en un sentido performativo, no significa que sean buenas siempre y en todos los contextos. Me extenderé un poco explicando cómo y cuándo creo que "funcionan" estas prácticas, invitando a quienes las protagonizan a un debate al respecto.
La irrupción en los espacios comunicativos, uniendo arte, política y vida cotidiana, es algo que se viene experimentando desde hace bastante y desde planteamientos diversos. Mientras que la práctica política clásica, desde la izquierda, consiste en articular denuncias de situaciones intolerables apelando a la conciencia de la gente, estas otras formas de intervención, plantándose como un desafío al poder, parten de la hipótesis de que el poder no es (sólo) algo que unos pocos ejercer por la fuerza sobre otros, sino algo que nos atraviesa y que nos ofrece muchas propuestas de identificación, por lo que toda resistencia al poder es también un resistir(se).
Partiendo de esta hipótesis, estas intervenciones utilizan diversas técnicas, (exageración, sobreidentificación, tergiversación, escenificación, etc.) para producir, en un contexto concreto (un lugar, un evento), algo que no encaja, algo dudoso, algo desconcertante que da lugar -ni que sea por un momento- a una ausencia de sentido (común) que abre espacio para una crítica radical en la que la vida puede liberar(se). Así que tales acciones requieren hacer hipótesis sobre cómo funciona eso de "el poder", hipótesis sobre las que estas acciones se plantean, además, a modo de encuesta y, si funcionan, es porque se despliegan como un ataque y puesta en crisis (en duda) de las identidades.
Volvamos ahora al asunto de la suplantaciones en sinDominio.
Las suplantaciones utilizan cuentas de sinDominio para publicar dentro y fuera de su asamblea, usurpan la identidad de otras personas, se ocultan en el anonimato, y emiten rumores, noticias y valoraciones cínicas acerca de una supuesta crisis y descomposición de un proyecto "tan guay". Esta situación crea desconcierto y perplejidad dentro de la propia asamblea. ?Cómo puede ser que gente de sinDominio actúe contra el propio proyecto dentro y fuera de la asamblea sin dar la cara? ?Porqué inmuscuyen a otros proyectos, como Barrapunto, en asuntos que le son ajenos? ?Qué se pretende? ?Acabar con el proyecto? ?Desanimar a la gente para que se dé de baja? ?Y luego, qué? ?Cuál es la propuesta, cuál es el proyecto que hay tras las suplantaciones?
Criticar sinDominio no es difícil, ni tiene por qué serlo. Pero el caso es que, en sinDominio, de identidad y de poder hay bastante poco, por más que haya quien se empenye en sacar a relucir el "poder" de los "técnicos". Por eso es muy difícil atacar directamente a sinDominio como tal mediante camuflajes, nombres múltiples o tergiversaciones, así que las suplantaciones, para atacar el proyecto, tienen que echar mano de los ataques "personales" pues, mientras sinDominio difícilmente puede ser imitado, falsificado, tergiversado, o deteriorado, nuestras débiles personitas, en tanto que identidades, sí que lo son.
Los suplantadores pretenden destruir sinDominio mediante el ataque hacia algunas de sus gentes, creando duda, desconfianza, inseguridad y desánimo, y bloqueando los procesos de agregación imprescindibles en un proyecto que no es una empresa (ni con ni sin ánimo de lucro) pero que tampoco es un mero juego.
Precisamente, la gente cuya apuesta por las relaciones virtuales es más fuerte es, al mismo tiempo, la más vulnerable ante este tipo de suplantaciones (y su blanco preferido) ya que, desde la soledad que todos habitamos, el ataque a una comunidad virtual es vivido como un peligro mucho mayor, y es mucho mayor la tristeza que tales suplantaciones generan. Será por eso que los suplantadores se ensanyan con especial virulencia sobre roots, editores, administradores y/o gente de sinDominio que participa en otros proyectos por el software libre. Será por eso que los suplantadores pretenden desacreditar sinDominio ante Barrapunto, debilitando posibles lazos de simpatía entre ambos proyectos.
Lo que sinDominio debe hacer ante un tal ataque es asunto a tratar en su asamblea. SinDominio no está garantizado, y eso se refiere tanto al software libre que corre por sus circuitos, como a la administración de los servicios que presta el bueno de Fanelli y, por supuesto, también a las posibilidades de agregación de la gente de su asamblea. Si la asamblea tiene fuerza para agregarse, para expandirse, para desafiar esa amenaza, saldrá adelante. Y si no la tiene... :-(
Pero, pase lo que pase con sinDominio, el asunto de las suplantaciones deja claro una serie de cosas: