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Libro: El Cielo Está Enladrillado

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A finales de 2004, un año después del «descubrimiento» por parte de los media barceloneses de lo que vinieron a llamar mobbing inmobiliario a falta de otra fórmula más a mano, un conjunto de colectivos enfrascados en la urgencia de los trabajos de final de cañería (intentar parar desalojos, demoliciones y otros percances de la modernización de nuestros paisajes urbanos) decidimos hacer un nuevo acopio de fuerzas para desmontar el falso techo del mobbing, sofocante cielo raso de empapelado amarillento que, a nuestro parecer, impide enfrentarse al verdadero techo de ladrillos, esa cubierta que obstruye el pleno desarrollo de los proclamados derecho a la vivienda y la ciudad. Un cañizo, el del mobbing, que no sólo ciega la visión de una violencia generalizada reduciéndola al escándalo ante sus manifestaciones más espectaculares, sino que, más perniciosamente, facilita su reconducción por los canales de la beneficencia pública.

Carta de medidas contra la violencia inmobiliaria y urbanística

Soñar con un piso en condiciones adecuadas se ha convertido en una pesadilla para un gran número de habitantes de Barcelona. Según datos oficiales, tan sólo desde finales de 1997 hasta la actualidad los precios de los pisos han subido más de un 150%, mientras que los ingresos netos salariales en los sectores con convenio subieron sólo un 34,5%. El endeudamiento medio de los hogares pasó del 45% en 1990 a más del 60% en 2004. El precio medio de los alquileres en el Área Metropolitana subió de 355 euros en 1999 a 617 en 2004. Al mismo tiempo continúa aumentando el número de pisos vacíos: según el censo de 2001, sólo en la provincia de Barcelona la cifra superaba los 300.000 (y ha continuado creciendo con unas tasas excepcionales).

La conversión de la vivienda en pura mercancía y objeto de especulación ha creado un círculo vicioso de presiones y miedo que precariza las condiciones de vida de amplias capas de la población. Cada vez hay más personas que se ven obligadas a irse de la ciudad e instalarse a una distancia de hasta 50 km debido a que no pueden encontrar un piso asequible. Y cada vez hay más personas obligadas a jornadas laborales extenuantes en trabajos cada vez más precarizados para pagar su hipoteca o alquiler. Pero aún así para muchos no alcanza: sólo en 2002 hubo 3.675 desahucios en Barcelona.

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