Días difíciles en el Forat de la Vergonya

Texte: Masala nº32, Novembre-Desembre '06
Video: dvactivisme


Hace ahora aproximadamente dos años, el colectivo del Forat de la Vergonya con el apoyo de otras entidades del barrio como la Associació de Veïns del Casc Antic, RAI, Espai d'Entesa y Veïns en Defensa de Ciutat Vella, alcanzaban una victoria barrial y vecinal sin precedentes en lo que es hoy el Parque del Forat.

El día que las autoridades retiraban el proyecto inicial -un parking cubierto de una plaza dura-, se daba el finiquito a uno de los ejes fundamentales de la transformación de Santa Caterina. La explotación comercial del subsuelo, la intensificación del tráfico rodado o la aceleración del proceso de expulsión vecinal, que sin ir más lejos se ha vivido alrededor del nuevo mercado, ha sufrido en este caso un revés considerable.

Aunque la relación entre los diferentes sectores vecinales y asociativos que han defendido el Forat durante los últimos seis años no ha estado exenta de diferencias importantes, el paso atrás municipal era precisamente el fruto de un proceso complejo donde se habían encajado opiniones, trayectorias y necesidades diferentes pero no necesariamente opuestas.

Esto se daba, además, en un contexto nada fácil. A esas alturas, la intervención municipal ya había conseguido hacer del Born el barrio piloto del modelo Ciutat Vella mientras que la mitad norte del Gòtic ya era lo que es hoy, lo más parecido al vestíbulo de un centro comercial a techo descubierto. Mas adelante se aprobaría la ordenanza cívica, que supone un salto en el control de la calle y el espacio público, situando fuera de la ley cualquier iniciativa no mediatizada por las instituciones.

Este triunfo a contracorriente no hizo, aún así, del Forat ningún oasis entre la tempestad. Hace ahora un año, saltándose un acuerdo con la Unió de Boitiguers de la Baixa Sant Pere, desde Districte se ordena el derribo de la finca comprendida entre Sant Pere Mes Baix, Metges y Jaume Giralt, sin respetar la fachada ni la primera planta que debían seguir en pie según el acuerdo (ver Jorge Sanchez "El Forat participativo y participado", Masala n.27 novembre-desembre 05).

De la misma manera, en Muntanyans o Jaume Giralt y también en Carders se han ido detectando casos de violencia inmobiliaria de diferente grado e intensidad; la llegada de los Mossos d'Esquadra supone un aumento del acorralamiento de vecinas y vecinos inmigrantes, con un importante incremento de las identificaciones sobre todo a menores; y una protesta simbólica en el Mercat de Santa Caterina es reprimida con extrema dureza.

Así, los primeros pasos del proceso participativo propuesto desde el Districte en la primavera de 2005 pero que no comienza hasta meses después, en octubre, se producen entre una lógica desconfianza, desconfianza confirmada por la manera de conducir la situación por parte de las autoridades.

En una primera reunión abierta a la que asisten "75 personas sin contar los que no se registraron" (Jorge Sanchez, op.cit), las entidades plantean tres puntos innegociables: no habrá parking ni ningún tipo de subterraneo, se mantendrá la zona verde, y los vecinos decidirán los equipamientos a ubicar en los bajos de la finca Sant Pere-J.Giralt-Metges y en el nuevo edificio colindante con Carders.

La respuesta municipal a las pautas expuestas por los vecinos, es romper un proceso que hasta entonces se había planteado como abierto a todos los vecinos. De la noche a la mañana la interlocución se cierra y se limita a tan solo tres entidades: la AAVV Casc Antic, Unió de Comerciants de Baixa de Sant Pere y Plá Integral.

Esta vía excluyente buscaba, evidentemente, dar al Plá Integral -convertido en un sistema de gestión de subvenciones para entidades mayoritariamente afines al Districte- un peso mayor del que tiene, y a la vez reducir a la mínima expresión la influencia de los vecinos y colectivos realmente implicados y preocupados por el futuro del espacio. Valga decir que esta maniobra naufraga en parte, por el desinterés y el silencio del Plá Integral, algo que, por otra parte, confirma la apendicitis crónica de las entidades que lo forman.
El proceso, entonces, continua afectado por serías críticas: "Hacer un meeting en un centro cívico (13 de octubre), distribuir unas papeletas en el barrio para recoger opiniones (a partir de la primera semana de noviembre…), organizar reuniones conasociaciones del barrio y aparcar un mediador (tres días a la semana dos horas al día) en un despacho de un centro cívico esperando que los ciudadanos le entreguen sus opiniones no merece comparase bajo ningún concepto con la intensidad, inquietud y amplitud con las cuales se han organizado en todos estos años las actividades crecidas en el Forat".

No obstante, a principios de 2005 se constituye una Comisión de Seguimiento con criterios de asistencia más flexibles, en la que se debate y se negocia minuciosamente el proyecto y la distribución del espacio, siempre bajo la presión del calendario electoral (autonómico y municipal) a cuyos plazos supedita Districte los plazos para alcanzar un acuerdo.

El compás de espera que se abre tras la última reunión celebrada en junio, culmina con la actuación por sorpresa del pasado 2 de octubre cuando, bajo protección policial, las máquinas destruyen literalmente la cancha de baloncesto, convirtiendo el parque en un escenario de tensión. Todo se produce con numerosos aspectos pendientes de negociación y sin ningún tipo de acuerdo en torno a las fechas o los plazos de ejecución, ni en el seno de la Comisión de Seguimiento ni con las tres asociaciones admitidas en la mesa de negociación.

Evidentemente, la actuación por sorpresa y sobre todo el despliegue policial que la acompaña no formaban parte de ninguna necesidad técnica, sino de una decisión política, una provocación deliberada que como pudo comprobarse los días posteriores, pretendía tensar la cuerda al máximo.

En este sentido, la expulsión de la gente concentrada, la toma total del espacio y el clima mediático posterior a la manifestación del 5 de octubre, se convierte en el escenario perfecto para distorsionar tanto el recorrido histórico como los acontecimientos alrededor del Forat de la Vergonya en el último año y medio. El provecho que saca la prensa oficial lo ocurrido una vez finalizado el recorrido y disuelta la manifestación, de donde se extrae la imagen de una persona lanzando un cohete al MACBA, sirven para inventar una fantasmal y delirante guerrilla de 250 personas. Suficiente para emborronar la realidad hasta volverla irreconocible.

El globo mediático hace que aquello que hace un año y medio fue una derrota de la política de imposición institucional, se convierta hoy en un problema de orden público. Una zona verde conquistada y defendida por los vecinos y colectivos del barrio y un ejemplo de autogestión del espacio, se transforma, gracias a una cortina de humo, en una exitosa actuación municipal y policial.

Al cierre de este número 32 de Masala, el aspecto del Forat de la Vergonya no se puede calificar de otra manera que desolador. Un paisaje vallado, que solo puede cruzarse a través de estrechos pasillos por la calles Metges y Jaume Giralt, invadido por el ruido incesante de las maquinas, inhóspito e inhabitable.

En este sentido, el pasado 23 de octubre varias entidades firmaban un documento dirigido al regidor de Ciutat Vella, Carles Martí, exigiendo una salida a la situación actual que, en cualquier caso, excluyera el uso de la fuerza. El Colectivo del Forat, la Associació de Veïns del Casc Antic, RAI, Arquitectos Sin Fronteras y Vecinos en Defensa de la Barcelona Vella, además de criticar la actuación de las últimas semanas y la situación actual, consideran imprescindible que se retire la presencia policial, que se abran las zonas del parque no afectadas por las obras y que se alcance un acuerdo sobre plazos y fechas para la ejecución de las obras.

Sin duda, el Forat está viviendo el momento más difícil desde la destrucción y posterior amurallamiento del espacio, entre el 18 y el 19 de noviembre de 2002, y con el que el Ayuntamiento quiso cerrar un espacio que, tres años después, ha continuado siendo un proyecto diferente de la homogeneidad turística y comercial.