Editorial (número 3)

Tras el "éxito" de la manifestación de Barcelona ha surgido la pregunta por lo peculiar de la nueva situación. ¿Qué tipo de movimientos son éstos que se encuentran en una manifestación multitudinaria y pluralísima, a la que acuden gentes de todo tipo y condición hasta el punto de que algunos de los activistas más avezados se sienten fuera de lugar?, ¿qué perspectivas se abren?, ¿cómo y qué hay que concretar de modo que la acción política de los grupos y colectivos antagonistas se visibilice?, ¿por dónde proseguir?. Máxime cuando es una manifestación contra un enemigo aparentemente claro e individualizado: la Europa del Capital, pero en realidad multiforme y huidizo.

Gran parte de sus componentes, organizados en torno a los movimientos contra la globalización han seguido un camino de incremento de sus efectivos y de mayor presencia pública de Seattle a Génova, de Génova a Barcelona, de Barcelona a Sevilla. Con ellos se está extendiendo una nueva forma de hacer política que ha ido construyéndose en los últimos años en los movimientos alternativos. Se trata de una política dispersa que corresponde a las nuevas formas de explotación totalmente difundidas en el espacio social de un modo difuso, siguiendo líneas de penetración y de intensificación que fragmentan y despedazan un horizonte de resistencia imaginado en otra época como un espacio homogéneo de confrontación entre dos líneas claramente definidas. La zona de confrontación se ha quebrado, doblado y retorcido de tal manera que ha arrastrado consigo el imaginario clásico de las luchas proletarias. El obrero ya no es el obrero de antaño, ni la fábrica, ni la escuela, ni la familia, ni los grupos...Los movimientos institucionalizados de la política de cartón piedra siguen utilizando un lenguaje vaciado de todo contenido comprensible, retórica de agitación y de contención pues escenifica la contienda pero no la materializa. Está bien la huelga general, el 20J será un día importante, pero ¿lo será también para los despedidos, los precarizados, las mujeres que trabajan en sus casas, el servicio doméstico, los miles de inmigrantes sin trabajo, los centenares de correctores, traductores, maquetistas, diseñadores,.. que trabajan en sus casas y que constituyen el grueso de la fuerza de trabajo en las ricas sociedades contemporáneas?

Hacer política antagonista tropieza hoy con una tarea previa: desmenuzar, cartografiar, señalar e individualizar los accidentes del paisaje al que nos ha conducido la deriva de la globalización capitalista y de una lucha de resistencia a la defensiva más obsesionada por no perder lo conquistado que deseosa de salir a mar abierto. Tenemos una rica genealogía a nuestras espaldas, pero carecemos de padre. No hacemos política como quien mueve piezas en un tablero, piezas que son las vidas, las esperanzas, las condiciones de existencia de las poblaciones mundiales. Vivimos en la política en cuanto que luchamos por visibilizar la trama invisible de la explotación y por hacerla estallar donde la encontramos en un reguero de burbujas.

Venimos de muy lejos y no tenemos meta. Crecemos por en medio.

Desobediencia Global
Junio 2002



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