Algunos comentarios sobre la contracumbre de Barcelona'02

Beñat Baltza

Distribuir las materias de producción de inteligencia colectiva, cooperante y de no-profit, desterritorializar la desterritorialización, el Nuevo orden mundial de los agentes tristes con una hacer-saber nómada e híbrido, es en lo mínimo que se puede pensar.

A las múltiples que militamos en lo facticio y acudimos a Barcelona a expresar nuestro mal humor contra la flexibilización de los mercados, nuestro rechazo y repugnancia hacia esas formas de muerte, la verdad es que nos hubiera encantado hallar un dispositivo maquínico en el que toda la intelectualidad de masa pudiera haberse incorporado y hubiera sido así capaz de alterar violentamente todas las previsiones. No ocurrió.

A una mañana, la del viernes, de acciones más o menos inocuas y de a-carácter político realmente preocupante, se le añade ese circo a orilla del Macba en el que, amén de ratificar la caducidad de Quienes actúan y quienes miran, lo que dejó clarísimo es que Arte y Movimiento, en el Estado español, están lejísimos de poder celebrar una boda, entre otras cosas porque la mutua seducción probablemente sea de más o menos cero. Dejamos abierta la pregunta del por qué.

Era lamentable ver a la gente aplaudir unas acrobacias. Lamentable no porque las habilidades de quienes se colgaban descolgaban daban giros más o menos arriesgados en sus cálculos etcétera esté en cuestión, sino porque sencillamente no puede una quedar satisfecha cuando existen formas de arte que trabajan por la consecución de una nueva estética, músicas que se quieren innovadoras, y que lo son; imágenes que han captado y recogido el imaginario colectivo; teorías que, ante la cumbre de la Flexibilización (liberación) de los mercados nos hablan del mercado de la libertad y, obviamente, de la nueva fuerza de trabajo, que es, como se sabe, transnacional, y no reconoce fronteras.

¿De veras cree alguien que en esa supermani se está fraguando un nuevo sujeto político? Claro, en esa mani es posible que hubiera elementos constituyentes de algo que trabaja por la renovación estética, por una nueva sensibilidad que, para saber de ella, habrá de concretizar sus propuestas y modular sus movimientos, conjugarlos en una gramática del exceso y crear, así, una sintaxis babilónica, cyborg, nefasta para la izquierda, nueva y vieja, destructiva para los mamporreros y tiranos del mundo global y globalizado.

Cuando el afecto viaja por tubos de silicio; cuando las calles de las metrópolis europeas emiten y distribuyen aromas de podredumbre supranacional y de producción inmaterial desarraigada y nómada; cuando las multitudes crean alianzas, horadan el espacio quebrado y fronterizo, resisten a la neuroexplotación y a otros tipos de infamia y generan afectos positivamente abstractos, excesivos, sencillamente lo lúdico no puede tomar la forma ni de espectáculo (acciones varias) ni de macroespectáculo (circo y superconcierto). Sencillamente lo lúdico deja de existir. Es entonces cuando arte y política comienzan a confundirse.

Treinta puntos de carácter diferente y diferenciado distribuidos por la metrópolis barcelonesa, en los que las subjetividades pudieran haberse encontrado e intercambiado quehaceres, hubieran dado al traste con el orden que los mandatarios y su miserable policía crearon para esos días (y no sólo para esos días): suponer que lo divertido es mirar a una gente cómo toca la guitarra o cómo da volteretas es, como mínimo, tomarle el pelo a no poca gente. Por el contrario, lo dicho: distribuir las materias de producción de inteligencia colectiva, cooperante y de no-profit, desterritorializar la desterritorialización, el Nuevo orden mundial de los agentes tristes con una hacer-saber nómada e híbrido, es en lo mínimo que se puede pensar.

Es tarea que, al menos en el Estado español el movimiento ha de asumir: acabar con el prejuicio schopenhaueriano que actualmente gobierna el panorama: aquél de la voluntad de voluntad o, en otras palabras, moverse por inercia o, en otras palabras, la subsunción real. O, peor aún si cabe: yo y mi chiringuito. Para ello hay que detener ya el Éxodo porque-sí, pararse a reposar un tiempo, desplegar los mapas vírgenes y trazar las cartografías del siguiente productivo. Del nuevo silencio por venir. Que, por cierto, ya está aquí: el Arte de la fuga.



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