Prácticas feministas transnacionales contra la guerra

Un comunicado de Paola Bacchetta, Tina Campt, Inderpal Grewal, Caren Kaplan, Minoo Moallem y Jennifer Terry (Octubre del 2001)


Como teóricas feministas de formaciones culturales transnacionales y posmodernas, creemos que es crucial buscar soluciones no violentas a los conflictos en todos los ámbitos de la sociedad, desde en los escenarios global, regional y nacional hasta en los lugares corrientes de la vida cotidiana. Y ésta es la respuesta que ofrecemos ante los acontecimientos del 11 de septiembre y sus consecuencias:

En primer lugar y antes que nada, es preciso que analicemos los efectos profundamente generizados y racializados del nacionalismo y que identifiquemos qué tipos de inclusiones y de exclusiones se están sancionando en nombre del patriotismo. Recordar las historias de distintos nacionalismos nos ayuda a identificar los supuestos tácitos acerca del género, la raza, la nación y la clase que una vez más vienen a desempeñar un papel central en la movilización para la guerra. Estamos viendo que, en lugar de un necesario análisis histórico, material y geopolítico del 11/9, los discursos nacionalistas emergentes consisten en narrativas engañosas e imbuidas de grandes dosis de sentimentalismo que, entre otras cosas, reinscriben la heterosexualidad obligatoria y los roles de género rígidamente dicotomizados sobre los que ésta se basa. Toda una serie de iconos constituyen los tipos ideales del drama de domesticidad nacionalista que vemos representado en los medios de comunicación dominantes. Esto incluye al soldado-ciudadano masculino, a la esposa y madre patriótica, al padre que asegura el sustento y es cabeza de la familia y a la familia propiamente reproductora. Observamos, asimismo, cómo este drama se racializa. La mayoría de las representaciones mediáticas en Estados Unidos han centrado exclusivamente su atención en las pérdidas sufridas por familias blancas, heterosexuales y de clase media, aunque entre los que murieron o resultaron heridos figurara mucha gente de razas, clases, sexualidades y religiones diferentes y de al menos noventa nacionalidades distintas. Así pues, es preciso un análisis que aclare los efectos represivos de los discursos nacionalistas para construir un mundo que promueva la paz, así como la justicia social y económica.

En segundo lugar, una repuesta feminista transnacional considera el impacto de la guerra y de la represión interna dentro de un contexto más amplio de historias globales de desplazamiento, migraciones forzosas y expulsiones. Nos posicionamos en contra del auspicio estadounidense y europeo de regímenes responsables de desplazamientos impuestos y constatamos cómo las pautas de inmigración, exilio y huida forzosa están estrechamente ligadas a la opresión de género y a los legados del colonialismo y de la dependencia económica estructurada. De hecho, la historia nos muestra que las mujeres, como principales cuidadoras de las familias, sufren enormemente en situaciones de colonización, malestar social y migración impuesta. Teniendo presente esta historia, criticamos las soluciones a la actual crisis que se basan en un modelo colonial y maniqueo en función del cual "la libertad [freedom and liberty] del capitalismo avanzado" se venera frente a "la barbarie retrógrada del extremismo islámico". Además, nos servimos de comprensiones que han nacido en el seno de los estudios poscoloniales y de la economía política crítica para rastrear la dinámica del neocolonialismo europeo y estadounidense durante el periodo de la guerra fría y durante el periodo que se abrió con el fin de ésta. Por consiguiente, las cuestiones relativas a la distribución generizada de la riqueza y de los recursos son centrales para nuestro enfoque analítico. Los esquemas de desarrollo económico neoliberales crean problemas que tienen un impacto profundo y devastador sobre las mujeres tanto en las "áreas en desarrollo" como en el "mundo desarrollado". De modo que, mientras se exhibe a las mujeres euro-americanas de clase media de Estados Unidos como las más liberadas del planeta, aun cuando se las está instigando a permanecer obedientemente junto a sus maridos, padres e hijos, se representa a las mujeres de las áreas en desarrollo del mundo como figuras sumisas, atrasadas y sometidas a la opresión de sus hombres. Uno de los elementos importantes que falta en esta imagen es el hecho de que muchas mujeres en Afganistán se estén muriendo por inanición y se enfrenten a la violencia y a las calamidades cada día no sólo debido al régimen talibán sino también debido en gran parte a una larga historia de colonialismo y conflicto europeo en la región. La decisión de la administración Bush de lanzar bombas primero y, luego, preocuparse de paquetes de comida que son, en todos los sentidos, inadecuados para las necesidades de la población proporciona una cruda imagen de cuán patético puede llegar a ser este discurso de la "civilización" y el "salvamento" dentro de la violencia de la guerra. Vemos aquí una respuesta representativa e inclemente a una situación a la que Estados Unidos ha contribuido durante al menos veinte años, una situación que trata de la influencia estratégica en la región y de la extracción de recursos naturales, entre los que el más nimio no es el petróleo.

En tercer lugar, queremos hacer algunas observaciones sobre el extremo hasta el cual la represión civil nacional se halla intrínsicamente ligada a la violencia de la guerra. Así, los efectos del presente conflicto se materializarán en Estados Unidos y en sus áreas fronterizas a través del aumento del patrullaje y del control de fronteras, así como de la utilización de tecnologías militares y de defensa y de otras prácticas que agravarán la subordinación de comunidades (especialmente de grupos no-blancos) en Estados Unidos. Este tipo de violencia estatal tiene muchas implicaciones generizadas. Estas implicaciones incluyen el surgimiento de nacionalismos culturales patriarcales/masculinistas por los que se destituye o excluye por completo las perspectivas de las mujeres para crear una nueva versión de las "tradiciones" culturales. Y, para muchas mujeres inmigrantes, entre otros de los efectos devastadores de la represión estatal, se encuentra el incremento de episodios de violencia doméstica, hostilidad pública y aislamiento social. Desde un punto de vista práctico, es probable que las autoridades policiales encargadas de garantizar la seguridad nacional no sientan demasiada compasión hacia la mujer inmigrante indocumentada que huye de una relación íntima violenta, a menos que su agresor se adecue al perfil de un "fundamentalista islámico". Así pues, nos hace falta un análisis y una estrategia contra la "internalización" de la violencia de la guerra que ha surgido en estas últimas semanas y cuyos efectos se dejarán sentir de formas dispares y diseminadas.

En cuarto lugar, exigimos un análisis de los estereotipos y de los tropos que se están movilizando en la crisis actual. Estos tropos apoyan, sostienen y vienen posibilitados por una lógica de guerra típicamente moderna que pretende consolidar el poder soberano (y, con frecuencia, unilateral) del Estado-nación del Primer Mundo. Cuando el presidente Bush proclama que las redes "terroristas" deben ser destruidas, nos preguntamos qué significa este término para la gente y cómo se está empleando para legitimar una ofensiva militar a gran escala. El término se está empleando para demonizar prácticas que van en contra de los intereses nacionales estadounidenses y abre las puertas a una especie de efecto "red-barredera" en el interior del país y en el extranjero que legitima la represión de la disidencia. Queremos asimismo indagar las construcciones del "terrorismo" que continúan poniendo en el punto de mira a movimientos de oposición no-nativos o "extranjeros" al mismo tiempo que encubren las propias prácticas de terror con eufemismos tales como "ayuda internacional". La labor de deconstrucción del tropo del "terrorismo" debe incluir una crítica sostenida de los inmensos recursos que Estados Unidos ha dedicado a entrenar cuerpos "contraterroristas" y "anticomunistas" que luego, bajo otras circunstancias históricas, se convierten en enemigos en lugar de en aliados, como ha sucedido en el ya célebre caso de Osama bin Laden. Nos preocupan las formas en las que la "guerra contra el terrorismo" puede emplearse para silenciar y reprimir movimientos insurgentes en todo el planeta. Recalcamos, asimismo, cómo el racismo actúa a la hora de designar el "terrorismo". Cuando los "terroristas" son personas de color, todas las demás personas de color son vulnerables a una contra-reacción que las convierta en chivos expiatorios. Sin embargo, cuando el supremacista blanco Timothy McVeigh bombardeó el edificio federal Murrah en la ciudad de Oklahoma, matando a 168 hombres, mujeres y niños, nadie declaró inaugurada la temporada de caza de hombres blancos, ni tampoco siquiera de milicianos blancos. La producción de una nueva categoría racial, "cualquiera que parezca musulmán", en la que entre los blancos del racismo se incluyen musulmanes, árabes, sijs y cualquier otra persona de piel aceitunada o morena, pone al descubierto el carácter arbitrario y políticamente construido de nuevas y viejas categorías raciales en Estados Unidos. Revela, asimismo, la inadecuación del multiculturalismo estadounidense para oponer resistencia a la relación hegemónica entre ser "blanco" y "americano". Por último, la escasa memoria de los medios de comunicación elimina cualquier mención a los grupos "terroristas" anti-capitalistas y anti-imperialistas euro-estadounidenses de las décadas de 1970 y 1980. Una atención crítica hacia los lenguajes de la actual movilización de guerra nos obliga a deconstruir otros tropos cargados de implicaciones políticas, que incluyen la seguridad, la libertad [freeedom and liberty], la verdad, los derechos civiles, el fundamentalismo islámico, las mujeres bajo los talibán, la bandera y "América".

En quinto lugar, reconocemos la historia generizada y etnocéntrica de la sentimentalidad, el duelo y la melancolía movilizados en el nuevo esfuerzo bélico. No pretendemos menospreciar o dejar de lado la tristeza y las profundas emociones provocadas por los acontecimientos del 11/9 y sus consecuencias. Pero sí que pensamos que es importante señalar que se ha producido un despliegue ingente de discursos terapéuticos que pretenden que la gente comprenda el impacto de los acontecimientos del 11/9 sólo como "trauma". Tales discursos dejan sin explorar otros parámetros de carácter analítico, histórico y crítico. Al concentrarse tan solo en la dimensión personal o en una dimensión psicológica definida reductivamente de los ataques y de la guerra subsiguiente, estos discursos esconden el nexo complejo de historia y geopolítica que ha producido estos acontecimientos. No estamos sugiriendo que determinadas formas de terapia carezcan de utilidad. Sin embargo, la industria cultural del "trauma" conduce a una mistificación de la historia, la política y la crítica cultural. Por otro lado, el discurso terapéutico tiende a reforzar interpretaciones individualistas de acontecimientos que tienen un significado global y lo hace de un modo etnocéntrico. Buscar alivio mediante un aparato psicoterapéutico puede constituir una práctica común entre euro-estadounidenses de clase media y alta en Estados Unidos, pero no habría que presuponer que constituye un medio universalmente atractivo o eficaz para contrarrestar experiencias de represión civil o de guerra entre gentes de otras clases, de otras pertenencias étnicas y de otros contextos culturales. Los signos de la etnocentricidad del actual discurso del trauma llegan a través de representaciones mediáticas puestas en escena dentro del marco terapéutico que tiende a conceder un gran significado y una gran importancia y a asignar una gran dosis de condolencia a quienes perdieron amigos y familiares en los ataques al World Trade Center y al Pentágono. Por el contrario, a las personas que han perdido a seres queridos como consecuencia de la política exterior estadounidense en otras partes del mundo no se las describe como sujetos que sufren un trauma o una injusticia. De hecho, estas personas raramente aparecen recogidas por las cámaras. De modo similar, inmediatamente después del 11 de septiembre, se crearon en universidades de todo Estados Unidos centros improvisados para ayudar a los estudiantes a enfrentarse a los efectos psicológicos de los ataques. Estos centros tendían a dar por sentado que el 11/9 marcaba la primera vez que los estadounidenses experimentaban la vulnerabilidad, no sólo pasando por alto los recientes acontecimientos en los que el edificio federal de la ciudad de Oklahoma fue bombardeado, sino, además, borrando las experiencias personales de muchos inmigrantes y personas de color estadounidenses para quienes "América" ha constituido un enclave de violencia potencial o efectiva durante todas sus vidas.

En sexto lugar, nuestra respuesta feminista transnacional implica un análisis crítico pormenorizado del papel de los medios de comunicación, especialmente en la construcción de representaciones que incluyen tropos coloniales y oposiciones binarias en las que el islam/lo musulmán/lo no-occidental aparece como lo "no civilizado" o lo "bárbaro". Constatamos la ausencia o cooptación de las mujeres musulmanas como "víctimas" de la violencia o de la "barbarie islámica". Constatamos asimismo la utilización de los grupos de mujeres considerados "blancos" u "occidentales" como "salvadores" de las mujeres no occidentales, pero también, simultáneamente, como prueba de los denominados esfuerzos "civilizadores" de Europa y Norteamérica. Consideramos estas formaciones discursivas resultado, no sólo de los legados discursivos y de los modelos de producción del conocimiento heredados del colonialismo, sino también de las tecnologías y de las prácticas industriales que producen los medios de comunicación globales contemporáneos y la financiación transnacional de las industrias culturales. Pretendemos analizar especialmente la participación de las mujeres en estas industrias, así como la cooptación de los planteamientos e intereses feministas en el ataque a una amplia gama de instituciones culturales y religiosas islámicas, y no sólo contra los grupos "islamistas/extremistas". Así pues, señalamos, a modo de advertencia, que cualquier medio de comunicación resistente o contrainformativo debería saber captar con precisión y claridad estas historias y repertorios de prácticas o se arriesgará a reproducirlos de nuevo.

En séptimo lugar, exigimos una comprensión más profunda de la naturaleza del capitalismo y de la globalización, ya que ambos generan movimientos transnacionales de todo tipo. Por consiguiente, aspiramos a contrarrestar los movimientos transnacionales opresivos, tanto los que proceden del mundo "occidental" como los que tienen su origen en el mundo "no-occidental", con movimientos alternativos contrarios a la guerra y a la producción sostenida de desigualdades globales. Constatamos, en particular, que los fundamentalismos étnicos o religiosos han surgido por todo un mundo en el que la represión de las mujeres y la instauración de roles de género rígidamente dicotomizados se emplean simultáneamente como una forma de poder y como medio para establecer una colectividad. Tales fundamentalismos han sido motivo de preocupación para los grupos feministas no sólo en el mundo islámico, sino también en Estados Unidos. Las feministas y otras estudiosas han observado que estos movimientos se han hecho transnacionales gracias a la labor de organizaciones no gubernamentales de base estado-nacional, con consecuencias calamitosas para todos aquellos que cuestionan las rígidas dicotomías de género. Dado que éstos movimientos son transnacionales, nosotras cuestionamos la idea de los Estados-nación como entes aislados y autónomos habida cuenta de los numerosos ejemplos de prácticas y formaciones transnacionales y globales. Las recientes muestras de coherencia nacional y de solidaridad internacional (basadas en construcciones de las relaciones internaciones de los siglos XIX y XX) no pueden ocultar las tensiones y contradicciones que han dado lugar a la crisis actual.Así pues, nos es preciso un análisis de las múltiples formas por las que las redes y entidades transnacionales limitan y al mismo tiempo hacen posible la resistencia y la opresión. Es decir, es necesario entender que el complejo terreno político atravesado por redes transnacionales tan diversas como al-Qaeda y la Cruz Roja produce nuevas identidades y nuevas prácticas, así como nuevos tipos de represión política. Los medios de comunicación transnacionales hunden sus raíces en prácticas empresariales perniciosas, pero, no obstante, posibilitan asimismo modos de información, espectáculo y comunicación diversos y contradictorios. El análisis feminista de estos fenómenos transnacionales complejos y, a menudo, contradictorios aparece como una exigencia ineludible.

Para concluir, queremos dejar muy claro que nos oponemos a la movilización militar y a los bombardeos estadounidenses y británicos que están teniendo lugar en Afganistán y que es muy posible que se expandan ulteriormente hacia otras regiones de Asia occidental, central y meridional. Estamos respondiendo a una crisis en la que la guerra, tal y como la describe la administración de George W. Bush, será un proceso secreto, diversificado y dilatado en el tiempo. En este momento, pedimos resistencia ante los términos que impone el nacionalismo y lanzamos un alegato contra una mayor intensificación de la intervención militar estadounidense en el extranjero. Nos negamos a utilizar los pares binarios civilización vs. barbarie, modernidad vs. tradición, y Occidente vs. Oriente. Exigimos asimismo que se ponga fin a la construcción racista de chivos expiatorios y de "perfiles" raciales que acompaña el incremento de violaciones de las libertades civiles dentro de las fronteras territoriales de Estados Unidos. Instamos a las feministas a que rechacen la llamada a una guerra que pretendería vencer a un denominado "fundamentalismo patriarcal tradicional", ya que entendemos que son muchos los Estados-nación que apoyan tales fundamentalismos. También somos conscientes de los fracasos de los Estados-nación y de las potencias económicas globales tales como el FMI y el Banco Mundial, para enfrentarse a los problemas de pobreza y miseria en todo el mundo y de la función que semejantes fracasos desempeñan en el surgimiento de fundamentalismos por doquier. La movilización nacionalista e internacional en pro de la guerra no puede proseguir en nuestro nombre o bajo el signo de la "preocupación por las mujeres". En realidad, el terror merodea por el mundo bajo muchos disfraces y se perpetra bajo la égida de muchas naciones y agentes diferentes. Sostenemos que la violencia y el terror son ubicuos y que es preciso abordarlos por medio de estrategias múltiples, en igual medida en el seno de la política "nacional" de Estados Unidos que en el resto del mundo. Sólo mediante el desarrollo de nuevas estrategias y enfoques basados en algunas de las sugerencias que hemos enumerado, podremos poner punto final a la violencia del momento actual.


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