radio libre de zaragoza

Radio Topo en el 101.8 FM
desde hace más de 10 años

Devuélveme las llaves de mi radio

Una tenía que levantarse pronto aquella mañana de domingo para ir con los compañeros de la emisora a enganchar los carteles de la última fiesta, organizada para sacar guita. Digamos que no era muy emocionante eso de dejar la modorra matinal y la sana costumbre del humeante café con leche, sorbido poco a poco, mientras leías frases de un libro cualquiera. Daba igual, cuanto antes se hiciera el trabajo antes disfrutaria del día de fiesta tranquilo y soleado.

Una tenía que dejar de ir al cine esa noche, precisamente cuando le había salido un ligue estupendo, porque estaba convocada una asamblea urgente y decisiva. Había que ir a comerse el tarro a las diez de la noche; llegaría, eso sí, media hora más tarde cuando el ambiente ya estuviera caldeado y los ánimos empezaran a sentir la necesidad de discutir.

Pero no sé muy bien si es por eso del sadomasoquismo que a una le parecían y le siguen pareciendo necesarias todas esas actividades sin las cuales muchas historias no habrían existido. El buen funcionamiento de una asmblea es fundamenteal y en Radio Venus a veces se pecaba de teorización y se practicaba poco. Quizás si la marcha hubiera sido más movida, si la cola de empapelar y las pancartas no se hubieran declarado repentinamente en huelga ahora todo el barrio de la Barceloneta estaría participando de una acción colectiva: emitir libre y alternativamente.

Por Radio Venus llegaron a pasar las personas más extrañas; los había que daban un simple garbeo por el local, observaban, se sonreían, se quedaban unos minutos escultóricamente quietos, decian: !Salut!, y se largaban; los otros ni siquiera abrían el pico, simplemente pasaban. Muchos venían con ganas de hacer un programa de radio, de comerse el micrófono, al estilo Luis del Olmo pero en plan amateur, o de dejar en las paredes las neuras del trabajo diario. Los más flipaban con la musica que les apetecía o simplemente alucinaban escuchando su voz por los auriculares. Algunos se fotografiaban con los cascos puestos para que en años venideros sus amigos y sus nietos tuvieran la certeza de conocer a uan persona famosa, a un ex-lince de las ondas.

Asamblea tras asamblea se discutía sobre la linea que debía amntener la emisora, sobre qué necesidad obligaba a seguir emitiendo y cómo podíamos recaudar dinero para pagar ese material que debíamos desde hacía tiempo.

Hasta los Dioses del Olimpo sintonizaban la radio en un afán de encotrar uan emisora diferente, libre de toda presió económica, política y empresarial, una radio de barrio hecha por la gente de la calle... El problema estaba, puede, en que cada día llegaba más gente fantasma y se asistía menos a las asambleas, además había ido desapareciendo el clima activo que la caracterizó en un principio. Algunas veces me habían presentado a tipos y hablando sobre la vida, los pájaros y las colas del metro venía a la conversación eso de la militancia, y era entonces cuando soltaban aquello de: "... porque yo, sabes, trabajo en Radio Venus". Pues mira que casualidad -respondías- resulta que yo también aparezco por allí de vez en cuando y no te he visto nunca... qué cosas de pasar ¿verdad?. Y por dentro pensabas que habías topado con otro cabrón al que sólo le interesaba la locución y que le importaba un comino la lucha diaria en un medio de comunicación alternativo.

Supongo que estará de puta madre el que la gente se enrrolle a habrar por el micrófono, pero la comunicación alternativa en una Radio Libre es algo más que todo esto. La historia pasa por hacer de la comunicación un medio a través del cual expresar todo aquello con lo que estás disconforme. Es cuestionarse diariamente los papeles que juegas en esta sociedad e intentar cambiar aquello que no te guste. En Radio Venus organizábamos debates a micrófono abierto sobre los problemas más variados, pero todos quedaban sin especificar, no se sacaban conclusiones. Ese ir y venir de gente nueva, ese plantearse las mismas frase teóricas cíclicamente cansó a muchos de los que estábamos allí.

—"!Ey!... pero no hay que dejar el rollo de la radio libre"- nos decíamos cuando los ánimos decaían.

No exagero si os confieso que nos replanteamos las mismas cosas un montón de veces; seguidamente uno quería dejarlo correr, el otro, que iba de despistado por la vida decía que si podíamos admitir ya publicidad y lo más gordo era los que pretendían cobrar, no sé por qué milagro divino, de un presunto empresario. Así estaban las cosas en una etapa de nuestra historia.

Fue muy fuerte oir todo aquel montón de chorradas que algunos comentaban en las asambleas pero pensabas que la culpa era de las personas que decidimos, en un principio, sacar la emisora adelante. No supimos dejar las bases claras de comportamiento y tampoco avisar, a la gente nueva que iba entrando, sobre qué era lo que en Radio Venus se pretendía hacer. Francamente una misma estuvo a punto de mandar a tomar por culo todo aquello al menos dos o tres veces. En serio, notaba algún cable del asunto suelto, algo provocaba un cortocircuito entre el colectivo.

Una vez se escribió una carta de crítica, de reflexión, era un ejercicio mental saludable, pero no pasaba de ahí. En ella se hablaba de la crisis de identidad que sufría la emisora, (ya parecía que ese hambre raquítica se había convertido en una enfermedad crónica); hablaba de la participación, de la iniciativa, la contrainformación, de la acción, la animación y la realidad, y ahí, en esa última palabra clave terminaba todo, un sinfín de frases que hechas vida podrían haber renovado la forma de emitir. Sin embargo la realidad cambiaba la práctica; la realidad es otra, la realidad es dura, la realidad es crítica, la realidad es consecuente, y la realidad es la mierda de días teorizando sobre conceptos que no tenían más razón de ser que eso, ser.

...!Y no fumábamos canutos!.

Luego vino cuando se decidió que debíamos ser formales. Basta ya de cuelgues y trabajemos, formaremos grupos encargados de diversas tareas. El "equipo teórico" me parece que fue el que más duró, junto con otro que lo formaba tan sólo una persona y, claro está, no tenía problemas de horario para reunirse consigo misma. La cuestión es que con el tiempo también nos falló esta táctica, si se puede llamar así. Después estaban los contactos con los grupos de base:

— "Oye, veniros a hacer un programilla a la radio, ¿qué os parece?"- los gays , o los verdes, o las femis, daba igual.

Pero los colectivos estaban muy ocupados en sus historias y venían algún día si se les llamaba pero no se comprometían a hacer un programa fijo. A partir de ahí se abrió una lucecita en la mente, al menos en la de una. Era lógico, en realidad las radios libres tienen que nacer a través de una necesidad de los propios colectivos de base, para expresar así todo aquello que no pueden decir por los medios de comunicación institucionales; y tú, entonces, tenías que formar parte de uno de esos colectivos. Pero el juego de valores estaba mal montado. Quién es quién, qué cosa hace quién... vaya lío.

De ahí proviene la necesidad de sentirse escuchada, de notar que la gente participe contigo en el rollo que les estás dando por el micrófono. Y como no hay teléfono pues venga, a ver si os enrrolláis bien y enviáis alguna cartita ¿no? Pues no; alguna que otra sí que llegaba a destino, eso es cierto y la contestábamos con un esfuerzo sobrehumano. "Hola. Somos la gente de Radio Venus, la Radio Libre de la Barcelona antigua (Barceloneta, Casco Viejo y Barrio Gótico). Hemos recibido noticias tuyas y nos ha alegrado saber que nos escuchas. Es por esto que te mandamos este adhesivo de la emisora y nuestra programación. Radio Venus es tu casa, ya sabes donde estamos, puedes venir cuando quieras. Sigue escuchándonos y habla con tus amigos para que también nos sintinicen. Queremos contactar con la gente, con toda la gente. ¡Salut¡. Colectivo Radio Venus."

Y ya estaba, una carta más, de las pocas que recibíamos, y una duda, ¿quién te estará escuchando?. No importa, quien quiera que sea es alguien, y allí quedaba todo.

Una vez se decidió en asamblea abrir una cuenta corriente y hacer unos papeles para agrupar a socios de la emisora. De esta forma recaudaríamos un tanto cada mes, poca cosa, pero algún durillo caería para el mantenimiento del local y otras necesidades. Se nos había acabado eso de montar el tenderete de moscatel en las fiestas públicas de Barcelona y recoger los bártulo, ojerosos y borrachos y colgados todos, a la salida del sol. Pero lo cierto es que lo de los socios tampoco funcionó, los únicos abonados fueron los mismos de la emisora y tres o cuatro personas más del barrio, nada, los de siempre. En fin, que acabamos poniendo un tanto al mes cada uno del colectivo para tener en la caja un mínimo de pasta a nuestra disposición.

Vamos, que os estoy mostrando un panorama alentador, ciertamente, pero, eso sí, enrrollado a tope. ¡No veas las juergas que se montaba la gente en los programas de flamenco cada semana! Al día siguiente el local era una tasca con restos de vino y colillas y los vecinos iban a trabajar con las ojeras más hundidas que de costumbre. Los días que había asamblea nada ni nadie nos privaba del bocata en el "Rodri", un bar de la calle Platería de Barcelona donde engullíamos queso fundido con lomo o sobrasada.

Para qué nos vamos a engañar. De toda la gente que formábamos la radio tan sólo cinco o seis éramos mujeres. Este fenómeno nos lo habíamos planteado infinidad de veces, pero por si las moscas no llegábamos a profundizar demasiado; los resultados podían ser catastróficos y nuestra neura se hubiera prolongado durante algunas décadas más de las debidas. Los compañeros, como era ya normal, tendian a las medias risas, al cachondeo general precisamente durante la hora y media que duraba nuestro programa. Quizás influenciara el motivo de ser un viernes pero el caso es que ese día de la semana el local se llenaba y tras los cristales veías aparecer las caras de tíos de la emisora que se pasaban por ahí u oían el programa. A cada palabra pronunciada que se saliera de los cánones acostumbrados; no me sale de los ovarios, los cabrones, machos impotentes,... el murmullo se convertía en griterío, (el derecho al pataleo, que lo llaman). Pero todo eso animaba a seguir emitiendo, algo nos decía que la crítica perduraba, y la crítica siempre es buena. Además todo esto es ya un cuento diferente al de Caperucita Roja.

Hace poco que Radio Venus andaba ya con bastón. Se encunvaba, a veces tropezaba y andaba cada vez a paso más lento, más débil e inseguro. Radio Venus tenía que morir. Hubiera preferido incinerar su cuerpo, pero ¡no veas que destrozo para los vecinos de las casas circundantes!, así que un pequeño entierro sí se lo permitió y una esquela en los periódicos ¡faltaría más! Radio Venus era una persona de la calle, una más entre todas las que viven y están en plena juventud, así que adiós y hola, porque por las noches, si miráis al cielo, no veréis nunca tan sólo una estrella*.

SALUT

Una mujer de una ex-Radio Libre.


*El logotipo de la emisora era la estrella Venus. Su actividad se prolongó de 1982 a 1984.


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