Mitos y Mentiras de la biotecnología

Nosotros denunciamos que la imagen de nuestros países como pobres y hambrientos está siendo utilizada por los gigantes multinacionales para impulsar una tecnología que no es ni segura, ni respetuosa con el medio, ni beneficiosa para nuestras economías. No creemos que estas compañías y su tecnología genética vayan a ayudar a los agricultores a producir la comida necesaria para el siglo XXI. Al contrario, creemos que destruirá la biodiversidad, el conocimiento local y los sistemas agrícolas sostenibles que las campesinas de nuestros países han desarrollado durante milenios y que, por lo tanto, socavará la capacidad de alimentarnos por nosotros mismos.

Declaración de 24 países africanos ante las Naciones Unidas; 1998.

Los alimentos modificados genéticamente, ¿ayudarán a combatir el hambre en el mundo?

"Preocuparse por el hambre de las generaciones futuras no las alimentará. La biotecnología aplicada a los alimentos sí lo hará". "Retardar la aceptación de OGM es un lujo que nuestro mundo hambriento no puede permitirse".

Campañas publicitarias de Monsanto; 1998.

Los rendimientos obtenidos por los cultivos transgénicos han resultado ser muy irregulares y por lo tanto, no es cierto que produzcan más. En el caso de EEUU, los rendimientos de soja han disminuido respecto a los de las variedades convencionales, los de algodón se han mantenido iguales y los de maíz han aumentado únicamente de manera esporádica en los casos en que ha habido elevada presión por parte de plagas. Aún así, el hambre tiene poco que ver con el volumen general de alimentos producidos. Hoy en el mundo se produce más de una vez y media la cantidad de alimentos necesarios para alimentar a la población mundial1 mientras una de cada siete personas padece hambre. Si añadimos que el hambre se da mayoritariamente en países donde hay excedentes alimentarios2, resulta claro que el hambre es una cuestión política, de distribución de la riqueza y la producción y de acceso a los recursos. Las compañías biotecnológicas se mueven por el beneficio comercial, no por cuestiones humanitarias y no tienen ni autoridad ni pruebas para proclamar que trabajan para combatir el hambre en el mundo. De hecho, su negocio se sustenta en erradicar una de las prácticas agrícolas tradicionales más importantes para la subsistencia de las campesinas, además de ser una de las claves para la conservación de la biodiversidad agrícola: guardar, intercambiar y replantar las semillas.

Por otra parte, las mejoras "cualitativas" de las que hablan las multinacionales se refieren mayoritariamente a cualidades interesantes desde la perspectiva comercial, que convienen a la industria alimentaria y de distribución, pero que en absoluto benefician a las agricultoras o a las consumidoras. El problema del hambre es de reparto y de acceso a la tierra, a la producción y a las semillas, problemas que la agricultura transgénica sólo agrabará.

La manipulación genética no difiere de la mejora genética tradicional.

La mejora genética tradicional se basa en cruzar plantas de dos variedades de una misma especie con el objetivo de obtener nuevas variedades que incorporen las características interesantes de las originales. Una patata puede cruzarse con otra de una variedad distinta

pero en 10.000 años de evolución no se ha cruzado nunca con un pollo. La ingeniería genética (IG) implica la recombinación de ADN de fuentes diversas y la inserción de éstas en otro genoma mediante técnicas que sólo pueden llevarse a cabo en el laboratorio. De esta manera, es posible introducir un gen con una característica que nos interese en otro organismo en el cual se quiere que se exprese, eliminando las barreras entre especies, familias y reinos de seres vivos y alterando profundamente las pautas de funcionamiento de la evolución natural.

¿Son seguros para la salud humana?

"Monsanto no tiene que ser el garante de la seguridad de la comida biotecnológica. Nuestro interés está en vender lo más posible". "Estos cultivos y estas tecnologías han sido más ampliamente probadas que cualquier otro producto alimenticio fabricado con anterioridad a ellos". Phil Angell, director de comunicaciones de Monsanto; 2001.

La inserción de los genes es totalmente aleatoria: no se puede determinar cuántos genes serán insertados en el ADN del organismo huésped ni en qué lugar lo harán. Esta inserción al azar puede provocar tantos cambios con efectos impredecibles que hay algunos expertos que afirman que resulta prácticamente imposible siquiera concebir un procedimiento de prueba para evaluar los efectos de los alimentos GM para la salud. Las principales preocupaciones en cuanto al impacto de los OMG en la salud3 están relacionadas con la incertidumbre sobre cómo se expresará el gen insertado -p.ej: mutaciones inesperadas que puedan modificar sustancias tóxicas presentes o variar las concentraciones normales de éstas en el alimento natural- reacciones alérgicas o la creciente resistencia a antibióticos inducida por los genes resistentes utilizados en la IG.

No obstante, no hay estudios epidemiológicos en humanos hasta la fecha que evaluen los riesgos de la ingestión de productos modificados genéticamente y muy pocos, tan solo diez4, en animales. De estos 10 estudios, sólo 5 han sido hechos por institutos independientes y éstos han encontrado efectos adversos en todos los casos -son especialmente reveladores los estudios hechos por Arpad Putztai en los que encontró daños en órganos y en el sistema inmunológico de las ratas alimentadas con patatas MG. Putztai fue despedido y sus investigaciones detenidas como consecuencia. Los 5 estudios restantes, financiados total o parcialmente por las compañías biotecnológicas que querían probar su seguridad, no encontraron efectos en la salud provocados por la modificación genética.

¿Son seguros para el medio ambiente?

La agricultura transgénica representa un gran salto cualitativo en relación a la profundidad del desastre ecológico y social que es hoy en día la agroindustria -pérdida de diversidad cultural y biológica, pérdida de las tierras fértiles, elevada toxicidad ambiental y alimentícia, etc.

Mediante la biotecnología las multinacionales imponen el monocultivo intensivo de unas pocas variedades diseñadas para una producción con más agrotóxicos y para la venta en mercados globales.  Esto desplaza a otras tendencias agrarias de pequeña escala y diversificadas que se adaptan a las condiciones ambientales específicas de cada lugar. Además, los cultivos transgénicos son un foco de contaminación genética que no sólo afecta a los campos circundantes, también los más alejados son afectados y esto hace imposible la coexistencia de la agricultura transgénica con la convencional y/o la ecológica.

La liberación en el ambiente y la consecuente dispersión incontrolada de OMG supone iniciar un proceso sin precedentes de alteración de las líneas evolutivas de las especies que puede afectar -a través de la transferencia horizontal- a todos los seres de los ecosistemas de manera exponencial e irreversible; un proceso de consecuencias absolutamente impredecibles.

Los cultivos MG, ¿reducirán el uso de productos químicos de síntesis como herbicidas y pesticidas?

El 54% de los cultivos transgénicos son de organismos que han sido modificados para ser resistentes a herbicidas o pesticidas -no a todos los pesticidas, sólo al de la misma compañía que vende la semilla modificada, por su puesto. Un ejemplo de esta tecnología son los cultivos RoundUp Ready (RR) de Monsanto, los cuales son resistentes a su glifosato, un potente herbicida. Las compañías aseguran que esta tecnología reducirá el uso de productos químicos en la agricultura pero lo que ocurre en realidad es justo lo contrario: el agricultor puede hacer más y más aplicaciones del biocida en cuestión puesto que, gracias a la modificación, éste en principio no dañará el cultivo. El uso de insecticidas se ha incrementado entre 2 y 5 veces en cultivos transgénicos respecto a los convencionales. Además, hay otros impactos negativos indirectos como la inducción en los insectos de resistencias no sólo a los productos químicos masivamente utilizados en agricultura industrial sino también a productos naturales utilizados como biopesticidas en agricultura ecológica. Este es el caso, por ejemplo, de la pérdida de la acción beneficiosa para el control biológico de plagas de la toxina Bacillus thurigiensis (Bt) como consecuencia de la proliferación de los cultivos Bt modificados genéticamente, los cuales producen por ellos mismos la mencionada toxina. Pero estas plantas transgénicas liberan Bt constantemente al medio -el Bt "natural", en cambio, es asimilado en pocas horas después de la aplicación por la planta- de manera que se promueve la aparición de insectos resistentes a la toxina. Debido a ello, algunos estudios estiman que la toxina Bt será inservible para el control biológico de plagas en apenas 10 años.

Notas

1 Programa de Alimentación de las Naciones Unidas

2 Amartya Sen, premio Nobel de economía en 1998.

3 Una revisión completa y asequible se puede encontrar en Kaczewer, J.: Riesgos Transgénicos para la Salud Humana; publicado por MAPO (Movimiento Argentino para la Producción Orgánica), 2001.

4 Pryme, I.P. y Lembecke, R. "In vivo studies on possible health consequences of genetically modified food and feed -with particular regard to ingredients consisting of genetically modified plant materials". Nutrition and Health, 17: 1-8, 2003.