LA
ESCUELA DE FEMINISMO Y EL ÁREA TELEMÁTICA.
UN
DEBATE EN Y A TRAVÉS DE...
1.
Una de las cuestiones que se comentó al principio en la Escuela de
Feminismo fue la de la colectivización del conocimiento, en particular,
del conocimiento feminista.
Algunas
pensadoras italianas hablan de ‘autoridad’- algo que se otorga o
reconoce y se ejerce- como parte de la ‘práctica de la diferencia’.
Dice Luisa Muraro: “ La práctica de la diferencia consiste en
registrar y saber vivir el sentido de la superioridad de otra mujer,
apoyándose en ella como palanca para la liberación de los propios
deseos, sin fijarse demasiado en la razón externa por la que otra mujer
se siente superior a una misma, aunque exista un hecho objetivamente inocuo
como la diferencia de clase o cultura o un hecho natural como la juventud o la
vejez, o uno contingente, etc.” Esta idea se opone, por un lado, al
autoritarismo y, por otra, al igualitarismo y aspira a construir un orden
simbólico a partir de una noción positiva de autoridad como
diferente al poder.
2.
Resulta evidente que las diferencias en el conocimiento son un producto social
jerarquizado y valorizado de forma desigual y que todo aquello que interviene
en su construcción (la clase, la raza, la sexualidad...) no es en modo
alguno inocuo.
En
este punto resulta interesante pensar en los ‘conocimientos situados’
y las perspectivas parciales, un concepto de Donna Haraway (otra de las autoras
que hemos leído juntas). Esta idea cuestiona el ‘objetivismo’
como forma del conocer aparentemente desde ningún lugar y el cinismo que
ve en todo verdades perversas o pervertidas y un juego de significantes. La
ciencia, dice esta autora, crea artefactos que configuran el mundo y las
feministas tienen que insistir en una mejor descripción del mismo; no
basta con mostrar la contingencia histórica radical y los modos de
construcción para todo. ‘Necesitamos el poder de las
teorías críticas modernas sobre cómo son creados las
significados y los cuerpos, no para negar los significados y los cuerpos, sino
para vivir en significados y en cuerpos que tengan una oportunidad en el futuro.”
Los conocimientos situados favorecen la parcialidad y de este modo dan lugar a
conexiones y aperturas inesperadas.
Con
este espíritu de producción, lectura y debate nos hemos acercado
a distintos textos, propios y ajenos, cada semana durante el pasado año.
Hemos tratado de aclarar entre todas el sentido que para nosotras tenían
los planteamientos de algunas autoras: Audre Lorde y la presencia del cuerpo en
el feminismo, Judith Butler y ‘los
sujetos-en-construcción-permanente’, Alexandra Bocchetti y el
antimilitarismo como ‘inclinación’ en las mujeres, etc.
Hemos analizado algunos textos propios sobre violencia machista, la relación
campo-ciudad, la división sexual del trabajo, la diferencia sexual, el
antimilitarismo y los espacios de mujeres. En una ocasión, hemos
discutido uno de nuestros textos con un colectivo formado por hombres.
3.
Estas ideas sobre las perspectivas parciales tiene que ver con la
producción y la circulación de los conocimientos. La experiencia
con la tecnología en la Karakola ha sido larga y ardua. ¿Por
qué? Precisamente porque no basta con conectarse al prodigio que es
Internet. Hace falta comprender el mecanismo y, lo que es más
importante, hacerse con los mandos. En este sentido, nos interesan los
proyectos que hablan de autogestión de/en la red, los que cuestionan que
la comunicación se reduzca a un intercambio de mensajes y los que
aspiran a construir alianzas entre mujeres en un contexto machista, como es
Internet y el mundo de la tecnología. Nosotras decimos: ¡Las
chicas necesitamos módems!
4. La producción/circulación del pensamiento
feminista, en los últimos tiempos dominada por una nueva academia
feminista muy alejada de otros entornos de intervención política,
debería superar de una vez por todas la escisión entre
teoría y práctica. La inteligencia colectiva en tanto
generalización de las capacidades de conocer, comunicar, gestionar y
cooperar de las mujeres transcienden esta separación. Leemos y
rescribimos nuestros propios textos, discutimos los de otras, montamos
ordenadores, diseñamos carteles y páginas web, pinchamos la
línea telefónica y rehabilitamos la casa junto a un grupo de
arquitectas. Y, sin embargo, las cuestiones relacionadas con quién
conoce qué, cómo colectivizamos qué y a qué ritmo
lo hace cada cual siguen sobre la mesa.