“TELEFÓNICA:
ACORTANDO DISTANCIAS, AUMENTANDO DESIGUALDADES”
Hablar
de Telefónica supone hablar de una de las 200 transnacionales con mayores
beneficios a nivel mundial; supone hablar de globalización y de cómo las prácticas
y las políticas de estas transnacionales afectan a la vida de millones de seres
humanos.
Si “lo
importante es poder hablar” vamos a ponernos a ello.
La depresión económica que arrastra
América Latina y que hace que su economía sea totalmente dependiente de
Occidente es lo que posibilita la entrada de transnacionales como Telefónica.
La década de los ochenta fue la
década de los nuevos regímenes latinoamericanos. Regímenes de “democracia
neoliberal” que habían sustituido a las dictaduras represivas de décadas
anteriores pero no con la intención de un cambio estructural sino como una
nueva forma de control (más políticamente correcta) por parte de Occidente
(Estados Unidos y Europa).
Estas “democracias neoliberales”,
sustentadas en las tradicionales oligarquías, seguirán las pautas dictadas por
el FMI y el Banco Mundial como forma para salir de la crisis económica:
Ø
Reducción
de la deuda externa a través de liberalizaciones de las empresas estatales
Ø
Bajada
de aranceles aduaneros para favorecer el comercio exterior
Ø
Reducción
del gasto público en coberturas sociales...
Es en este momento, principios de los
noventa, de venta de empresas públicas en América Latina cuando transnacionales
como Telefónica se lanzan con vocación imperialista a la “conquista” de estos
nuevos mercados. Hay que recordar aquí que la política de conversión de
empresas estatales españolas en grandes transnacionales privadas comienza con
el gobierno del PSOE y se continúa y perfecciona con el del PP.
Telefónica
ha desarrollado su propósito imperialista en America Latina en los años noventa
mediante la adquisición de:
1990
51%
Telefónica Argentina
43,6% Telefónica de Chile –CTC
1991
6,4%
Telefónica de Venezuela- CANTV
1992
98%
Telefónica de Puerto Rico- TDL
1994
36,44% Telefónica de Perú
1998
25,37%
TLESP (Brasil)
17,6% Telesudeste (Brasil)
51% Telefónica del Salvador
1999
51%
Telefónica de Guatemala- Londina
En
febrero de 2000 Telefónica pasa a controlar el 100% de: Telefónica Argentina,
Telefónica Perú, TLESP y Telesudeste, y pretende hacer lo mismo con el resto de
empresas participadas.
Los
resultados de esta “reconquista” han sido demoledores para las economías,
las/los trabajadoras y en general para la población latinoamericana lo que ha
alimentado un proceso creciente de migración forzosa hacia los estados
occidentales enriquecidos. Paradójicamente,
mientras que no hay fronteras para los flujos de capital, sí las hay en la
circulación de personas.
Las
condiciones laborales en el sector de las comunicaciones responden a una misma
política a ambos lados del Atlántico; tanto en América Latina como aquí en el
estado español, el sector de las comunicaciones registra un porcentaje de empleo femenino mayoritario, así como una
paulatina precarización: hay un número cada vez mayor de personas (la
mayoría mujeres) con contratos temporales, bajísimas retribuciones y
condiciones laborales que recuerdan los tiempos de la esclavitud.
Así,
el dominio de las transnacionales y las políticas de privatización llevan hacia
una pérdida generalizada de derechos laborales y sociales y hacia una forma de
vida cada vez más precaria e inestable para la mayoría de la población. Esta
situación se vive de una forma mucho más acusada por las mujeres, que tenemos
las peores condiciones en el mercado laboral (duplicamos el paro masculino,
tenemos una mayor tasa de trabajo temporal y a tiempo parcial, salarios
inferiores en un 30%, y segregación a ocupaciones específicas y a los niveles
ocupacionales más bajos). Además, la tendencia a la reducción de los gastos
sociales como estrategia para contener el gasto público no hace sino agravar
nuestra situación como mujeres, ya que se da por supuesto que seremos nosotras
las que deberemos incrementar, aún más, nuestro esfuerzo para asumir las
necesidades de las personas dependientes, dado que ya nos ocupamos
mayoritariamente del trabajo doméstico.
Esto refuerza la supuesta dualidad de la versión capitalista
del heteropatriarcado, que distingue entre una esfera privada y una ética del
cuidado en la que se nos sitúa a las mujeres, y una esfera pública de acción
política y de trabajo asalariado valorizada y reservada a los varones. Salvo
que en la versión actual del capitalismo global, la “mística de la feminidad”
no sólo nos reclama ser ángeles del hogar sino eficientes trabajadoras en la
economía de mercado.
Frente
a esto la única salida que se nos presenta es que el mercado facilite medios
privados para aquellas que puedan pagarlos. Así, en el sector de trabajo
doméstico asalariado cada día es mayor la presencia de mujeres migrantes que
son sometidas en la mayoría de los casos a condiciones abusivas en un trabajo
considerado de segunda clase y por tanto excluido de la legislación laboral
general: la norma es la falta de cualquier derecho.
Pero
el cuidado de las personas dependientes no debe ser
una responsabilidad privada que sólo se base en la estructura familiar
heteropatriarcal, sino que debe ser una responsabilidad social. No
estamos hablando de ayudas para que las mujeres podamos ajustarnos a la lógica
y los tiempos de la producción mercantil: de hecho creemos
que el trabajo no libera a nadie. Estamos hablando de poner en tela de
juicio todo el modelo social.
Por
eso barremos frente a una de las mayores transnacionales del mundo.
Ø
Para
reivindicar que este mundo no se organice en torno a relaciones de producción
completamente mercantilizadas.
Ø
Para
denunciar la infravaloración y exclusión sistemática de todo lo que no es varón
blanco occidental y heterosexual.
Ø
Para
reclamar que las fronteras no se abran tan sólo a los capitales, sino sobre
todo a las personas.
¡¡¡HAGAMOS DE NUESTRAS
SEXUALIDADES, DESEOS Y AFECTOS UN DESORDEN GLOBAL!!!