Resumen de la
conferencia Nuevas subculturas performativas: dykes, trangéneros,
drag kings, etc.,
por Judith Halberstam
Con la
intención de realizar un análisis transversal sobre la cultura
Drag King (donde además de la noción de género se tenga en
cuenta otros factores como la raza o la clase), Judith Halberstam, una de las
teóricas y activistas más importante del movimiento queer y bollero de los Estados Unidos, ha
explorado las relaciones entre masculinidad y representación desde una
perspectiva histórica. Sus investigaciones sobre estas performances de
la masculinidad se encuadran en un contexto teórico determinado por una
doble preocupación:
- Por un lado,
la diferencia entre las nociones de representación y representatividad.
Fruto de una relectura de la teoría de los actos de habla de J.L Austin,
el concepto de representatividad (performatividad) que ha desarrollado la teoría
queer se utiliza para
referirse a los actos a través de los cuales el sujeto puede producir la
realidad. Pero, ¿cuál es la relación entre esta
concepción de la representatividad (relacionada con la creación
de identidad) y las representaciones teatralizadas que articulan las
escenificaciones de los drag kings?
- Por otro lado,
la férrea resistencia de la cultura hegemónica a aceptar la
masculinidad en términos de performance. Así,
históricamente se ha concebido la feminidad como una
representación (como una mascarada), sin embargo se ha negado u obviado
la posibilidad de que la masculinidad se pudiera representar
(identificándola como una identidad no performativa o antiperformativa).
Durante su
intervención en el seminario Retóricas del género dirigido por Beatriz Preciado, Judith
Halberstam señaló que uno de los grandes problemas a los que
deben hacer frente los análisis académicos es la dificultad de
trasladar sus lenguajes y puntos de vistas fuera de los círculos de
especialistas e iniciados. Esto, evidentemente, es aplicable a los estudios
teóricos sobre las prácticas y políticas queers que han llevado a cabo autoras como
Judith Butler, Eve K. Sedgwick, Teresa de Lauretis o la propia Judith
Halberstam. En este sentido, Halberstam recordó las numerosas objeciones
que plantearon los editores antes de publicar The Drag King Book, una obra de formato poco convencional
donde una serie de imágenes de drag kings tomadas por el
fotógrafo De La Grace Volcano aparecen contextualizadas y comentadas por
textos teóricos de Judith Halberstam en los que reflexiona sobre las
implicaciones culturales y políticas de las performances de la
masculinidad. "El objetivo principal de este libro, precisó, era
doble: por un lado, dar un testimonio directo y lo más completo posible
de una cultura emergente; y por otro, intentar que las prácticas drag
kings se hicieran más visibles y entraran en el espacio
público".
La portada del
libro es un drag king emulando la figura de James Dean en la película Gigante, mientras a sus pies se extiende una
vista panorámica de un parque donde se reúne la comunidad gay y
lesbiana de San Francisco. "Uno de los grandes méritos de Del La
Grace Volcano, señaló Judith Halberstam, es su capacidad de
transformar a personas pertenecientes a sectores marginales de la sociedad en
auténticos iconos culturales". Para Halberstam es muy importante
subrayar la dimensión estética de estas fotografías,
frente al interés meramente testimonial y/o morboso (como si fueran
muestrarios de gente rara) con el que a veces se presentan las imágenes
de drag kings. Hay que tener en cuenta que los drag kings suelen ser muy
conscientes de la dimensión política y teórica de sus
acciones performativas.
En
sintonía con los presupuestos teóricos de los estudios queers, Halberstam considera necesario integrar
otros criterios como la clase o la raza en cualquier acercamiento
analítico a estas representaciones de la masculinidad. "No podemos
olvidar, subrayó la autora de Female Masculinity, que unos drag kings que salen a las calles de Nueva York
vestidos de chicos negros corren mucho más peligro que si fueran como
mujeres negras". Otro ejemplo representativo de esta interacción
entre el género, la clase y la raza puede apreciarse en el caso de dos
drag kings de origen latino (fotografiados por Del La Grace Volcano en San
Francisco) que trabajan con registros de masculinidad propios de la comunidad
mexicana.
Para remarcar el
juego de espejos sobre el que se construye la identidad de género,
Halberstam hizo referencia al caso de un drag king que imita a otro drag king
que a su vez emula a Elvis Presley. Una vuelta de tuerca más del
concepto de representación que nos coloca ante una performance de la
masculinidad que ya no se inspira en un supuesto "original
masculino", sino en una escenificación anterior de la masculinidad.
En esta misma línea se enmarcan las propuestas drag kings que llevan a
cabo representaciones de la masculinidad gay o el fenómeno del grupo Bad
Street Boys, chicas jóvenes disfrazadas de los Back Street Boys cuyas
actuaciones están dirigidas a un público eminentemente femenino.
Del La Grace
Volcano, que desde hace muchos años lucha para que no se consideren las
performance drag kings una desviación, ha llevado a cabo un proceso de
transformación trangenérica que le ha convertido en
"hermafrobollera". Así, una vez ha empezado a vivir como un
hombre, se presenta con frecuencia vestida de mujer (con faldas, aunque
musculosa y con las axilas sin depilar), en un gesto que cuestiona radicalmente
(en su sentido etimológico, es decir: de raíz) las
políticas de identidad de género. Al igual que Del La Grace
Volcano, Judith Halberstam asume la existencia de una fuerte conexión
entre el sujeto de la enunciación y el objeto de estudio en sus
investigaciones sobre las prácticas performativas de la masculinidad. En
este sentido recordó la sinceridad y valentía de Esther Newton -
una antropóloga norteamericana que ha estudiado la cultura drag queen a
pesar del rechazo de muchos compañeros de disciplina - quien ha
reconocido sentirse a menudo atraída por personas implicadas en sus
investigaciones.
Hasta el
momento, las performances de los drag kings no se han convertido en un elemento
característico de la vida nocturna de las comunidades homosexuales
femeninas, y desde luego están muy lejos de tener la audiencia
heterosexual que han alcanzado los espectáculos de drag queens. Esto se
explicaría, según Judith Halbertsam, por la resistencia cultural
a parodiar e ironizar la masculinidad blanca (frente a la noción de la
feminidad como mascarada). "Parece que las mujeres existen,
señaló Judith Halberstam, para burlarse y reírse de ellas,
sin embargo no se admite que se haga lo mismo con los hombres". No
obstante habría que tener en cuenta algunos (muy pocos) casos de
inferencia de la subcultura Drag King en el universo mediático (siempre
de un modo edulcorado que desactiva la dimensión política de esta
masculinidad femenina), como las escenas en las que Cameron Díaz, Drew
Barrymore y Lucy Liu se visten de hombres en la última entrega de Los
Ángeles de Charlie o
la actuación de la drag king de Nueva York, Mo B. Dick en el film Pecker
de John Waters.
Pero,
¿existen precedentes históricos de estas performances de la
masculinidad? En cierta medida se puede establecer una conexión directa
con la cultura camp (y la consolidación de las prácticas butch-fem) desarrollada a partir de la
década de los 60 y, sobre todo, con la aparición, ya en los
años 90, de las primeras comunidades de trangéneros. "La
distinción entre drag kings y trangéneros, señaló
Judith Halberstam, es muy ilustrativa para entender la diferencia entre representatividad
y representación". Así, mientras las primeras buscan una
escenificación teatralizada de la identidad masculina que incluso
presupone una audiencia, los trangéneros optan por una vivencia de la
masculinidad más orgánica e integrada en su vida cotidiana".
Hay otros muchos
antecedentes que, según Judith Halberstam, nos ayudan a entender el tipo
de cultura de la representación en el que se situarían las
prácticas drag kings. Un primer antecedente en los EE.UU podría
ubicarse en el Harlem neoyorquino de los años 30 y 40, donde
existía una cultura drag king en estado embrionario, con mujeres negras
vistiéndose de hombres y actuando para otras mujeres. Existen ejemplos
más antiguos, como las garçon de los años 20 o las
representaciones de la masculinidad en la sociedad victoriana inglesa de
finales del siglo XIX. "El problema, lamentó Judith Halberstam, es
que apenas se conservan documentos que puedan darnos una idea más clara
de cómo eran las representaciones de esas primeras drags".
Para Judith
Halberstam es muy importante propiciar un contacto entre el mundo
académico y otros ámbitos culturales y sociales, y de este modo
posibilitar que se trabaje con personas y no sólo se teorice con textos.
Pero ¿que pueden aportar los análisis teóricos y
académicos a la subcultura Drag King? Según la autora de Shows:
Gothic Horror and the Technology of Monsters, proporcionan un contexto que teoriza, interpreta y difunde
sus performances, haciendo circular los significados y sentidos de esta cultura
a una audiencia más amplia. Asimismo, los estudios teóricos sobre
las prácticas drag kings, a la vez que cumple una función
archivística-documental (imprescindible para mantener con vida cualquier
movimiento político y cultural), articulan un análisis complejo y
generoso que tiene muy en cuenta el contexto y no se preocupa únicamente
por los datos anecdóticos y meramente cuantitativos.