Revista
de Género en la Red -Masculinidad sin hombres: Annamarie Jagose entrevista a Judith Halberstam .... Annamarie Jagose entrevista a Judith
Halberstam sobre su último libro....
(1) JAGOSE: Es obvio que la eficacia crítica de la frase
“masculinidad de MUJER (*)” proviene fundamentalmente del alarde de
su efecto oximorónico. Con
toda la movilización crítica, política y subcultural casi
universal que se ha suscitado a partir de los análisis de Judith Butler
de que el género es performativo, existe otro sentido en el que el
asalto a la coherencia de los opuestos de género cosificados durante
mucho tiempo implícito en tu noción de “masculinidad de
MUJER” parece casi inevitable, un momento necesario para la teoría
del género de finales del siglo veinte y todo lo que ello comporta. ¿Cómo desarrollaste el
concepto de masculinidad de MUJER como un concepto crítico?
(2) HALBERSTAM: “La masculinidad de MUJER” se me ocurrió
como un término que estaba implícito en muchos de los diversos
debates sobre el género, la performatividad de género, el
constructivismo, etc, pero que nunca se mencionaba como tal. Lo que en realidad
quiero decir en mi libro es que a pesar de que se está casi
universalmente de acuerdo que el haber nacido MUJER no produce
automáticamente la femineidad ni el haber nacido varón la
masculinidad, parece que muy poca gente se está dando cuenta o está pensando sobre los
efectos materiales que conlleva el disociar el sexo del género y esto ha
sido particularmente obvio en la esfera de la masculinidad. Al significar la femineidad en general
el efecto del artificio, la esencia de la “performatividad” (si se
puede decir que lo performativo tiene esencia), nos resultará más
fácil entender que es transferible, móvil, fluida. Pero la masculinidad tiene una
relación totalmente diferente con la performance, lo real y lo natural y
parece que es mucho mas difícil fisgonear y desmontar lo masculino
y las características
asociadas a los varones que lo femenino y las características asociadas
a las MUJERES.
(3) JAGOSE: ¿Podríamos
considerar que lo que pretendes cuando hablas de masculinidad de MUJER como
concepto, proviene de que crees que este término puede contribuir a
desestabilizar esa pareja, la masculinidad y la femineidad?
(4)
HALBERSTAM: El término
“masculinidad de MUJER” representa varios tipos diferentes de intervenciones en la teoría y
práctica de la teoría del género. En primer lugar, desafía la idea
de que los géneros son simétricos; en otras palabras, decir que
el género es “performativo” puede resultar de mucha ayuda
cuando hablamos de la femineidad pero resulta menos útil en
relación a la masculinidad.
De hecho, la masculinidad se presenta con frecuencia como
no-performativa o anti-performativa (piensa por ejemplo en los roles
lacónicos de Clint Eastwood).
En segundo lugar, la masculinidad de MUJER altera las narraciones de los
estudios culturales contemporáneos donde la masculinidad siempre se
reduce a algo así como “los efectos sociales, culturales y
políticos de la corporeidad y el privilegio masculino”. Espero que mi libro oblige a que los
estudios sobre la masculinidad rompan radicalmente con los estudios sobre los
hombres blancos. A este respecto
yo creo que mi trabajo se encuentra en una intersección con los trabajos
sobre la masculinidad negra queer de Philip Brian Harper y
José Muñoz entre otros. En tercer lugar, la masculinidad de las
MUJERES nombra una corriente alterada en la historia del feminismo y el
lesbianismo. El feminismo de los años
setenta en alguna de sus variantes señaló un territorio de
conducta proscrita utilizando el término “identificada con el
varón”. Este
término normalmente se utilizaba para describir a “mujeres heterosexuales que se
identificaban con o a través de sus parejas masculinas” y
lesbianas butch que no eran “mujeres identificadas-con mujeres”
sino “mujeres identificadas-con-varones”. El efecto de ese término
“identificadas-con-varón” creo que se formó para
castigar a las mujeres gays más visibles y fuera del armario por su
masculinidad y condujo a que el feminismo fuera el estudio de la
femineidad. Por esta razón,
la historia de la masculinidad de MUJER se solapa sólo ligeramente con
la historia del feminismo lesbiano, es, por decirlo de forma más
apropiada, la historia de las mujeres identificadas-con-varón. En mi libro comienzo la historia con la
dama del s.XIX Ann Lister, una mujer travestida que escribió extensos
diarios sobre sus deseos e identificaciones y continúo esta historia con
Radclyffe Hall, los estudios sexológicos de invertidas, las stone
butches
de los años cincuenta y los drag kings de los noventa. Esta historia no es exactamente una
historia lesbiana, ya que la palabra “lesbiana” se ha utilizado
como una palabra que se refiere a la historia de las mujeres identificadas con
mujeres. Creo que otros trabajos
que se están llevando a cabo en la actualidad por Lisa Duggan, Laura
Doan entre otras se añadirán a estas “otras”
historias de no-lesbianas acerca del deseo por el mismo sexo en el siglo XIX y
XX. 1
(5) JAGOSE: Por lo tanto, si la forma en la que utilizas el
término masculinidad de MUJER distingue de manera escrupulosa entre las
categorias históricas que han tendido, en manos menos cuidadosas, a ser
recuperadas para la historia del lesbianismo, ¿Se podría
anticipar que tus análisis sobre la masculinidad de MUJER en la cultura
contemporánea continúan complicando y afinando puntos de vista
actuales sobre las posibilidades sexuales y de género?
(6) HALBERSTAM: Así es. La génesis de mis ideas sobre y a
partir de la masculinidad de MUJER problablemente proviene del deseo que tuve a
principio de los años noventa de señalar un lugar para las
mujeres travestidas que no se ajustaban perfectamente a los modelos de
transexualidad de la comunidad y a los modelos médicos. En la medida que “los
transexuales FTM (de mujer a varón)” se hicieron más
numerosos y visibles en las comunidades queer urbanas, inevitablemente hubo una
vuelta a barajar las categorías y las etiologías. A la gente joven que salió del
armario en esta década se le puede perdonar el que no acaben de entender
lo que sus experiencias travestidas querían decir. Si “lesbiana” en este
contexto se convierte en el término que se utiliza para designar a las
mujeres que se consideran mujeres y desean a otras mujeres y si el términos
“transexual FTM” se convierte en el término para las
personas que habiendo nacido mujeres, experimentan una prolongada
identificación masculina y se consideran varones. ¿Qué es lo que ocurre
entonces con las personas que habiendo nacido MUJERES, se identifican con lo
masculino pero no necesariamente con los varones y ciertamente tampoco con las
MUJERES? Utilizamos el término
“butch” para esta última categoría pero yo
intento extender el término butch más allá de su
contexto de los años cincuenta y su inevitable emparejamiento con
“femme” y lo sitúo en un terreno más amplio,
la masculinidad de MUJER. Mis
ideas en este campo se han enriquecido notablemente al leer el trabajo de
teóricos transexuales FTM tales como Jacob Hale y Jay Prosser. El libro de Prosser Second Skins: the Body Narrative of
Transsexuals, se encuentra muy en sintonía con mi trabajo. 2
HALBERSTAM
(7): Para mí, el
término masculinidad de MUJER también deja constancia de lo que
tan sólo puede llamarse un “impulso taxonómico”. Mi libro defiende una mayor complejidad
taxonómica en nuestras historias queer. A diferencia de una teórica como Butler que ve las
categorías como algo perpetuamente sospechoso, yo soy partidaria de la
categorización como una manera de crear espacios para actos, identidades
y formas de ser que de otro modo serían innombrables. También pienso que la
proliferación de categorías ofrece una alternativa a la
reivindicación humanista trivial de que las categorías inhiben al
yo único y crean compartimentos para lo que sería, de no existir
estas, un espíritu indomable.
La gente que considera que no vive dentro de categorías,
generalmente se beneficia de no nombrar donde se ubican. Yo intento ofrecer algunos nombres
nuevos para aquellos espacios que anteriormente eran inhabitables. De hecho, mi inspiración
taxonómica procede de la introducción al libro Epistemología
del armario de Eve Sedgwick en la que se ofrece una lista acerca de
las maneras en las que las personas pueden cartografiar las sexualidades y los
deseos. Su lista rechaza la
banalidad de los compuestos binarios homo-hetero y sugiere que nuestras
limitaciones provienen no sólo de la ley sino también de fallos
de la imaginación. Espero
que mi obra pueda ayudar a imaginar de nuevo el complejo conjunto de relaciones
que existe entre la sexualidad, el género, la raza y la clase social. 3
(8)
JAGOSE: Tu obra reciente ha vuelto a considerar y quizás ha reinventado
de forma significativa categorías de identidad de género. Me
parece que esto es un movimiento crítico provocador ya que much*s
teóric*s queer y, se podría argumentar, los efectos más
resistentes de la misma teoría queer, trabajan contra la
taxonomización identificatoria, quizás particularmente contra las
taxonomías sexuales supuestamente ligadas al género. Yo leo tu libro sobre la masculinidad
de MUJER como un trabajo que simpatiza con los gestos tendentes a deconstruir
el concepto de “lo natural” que están en el centro de tales
proyectos queer. A la vez, al oponerte a lo que denominas humanismo trivial,
dices, en una expresión idiomática que no se escucha mucho en
esta época, “soy partidaria de la
categorización”. Me
interesa la forma en la que tomas partido, la manera en la que resistes el
supuesto que da cada vez más miedo de que recurrir a categorías
acerca del yo o categorías de corporeidad sexual está
necesariamente ligado al esencialismo o a proyectos conservadores. Y aún así, me parece que
el consenso casi unánime que existe sobre este tema se basa, no
sólo en los principios humanistas que tu señalas, sino en el
axioma postfoucaltiano de que las categorías identificatorias se
encuentran al servicio de las tecnologías de la regulación,
incluso en su forma más banal.
¿Se encuentra esta distinción registrada en tu
articulación de nuevos “actos, identidades y formas de ser”
en relación a la masculinidad de MUJER?
(9)
HALBERSTAM: Esto es obviamente una
pregunta compleja pero recoge importantes preocupaciones sobre una
táctica de “clasificación productiva”. Por supuesto que como tu dices la
teoría queer ha estado muy preocupada por las relaciones existentes entre
la identidad y regulación postfoucaultiana, y que como sugieres,
reconocemos que aceptar la categorización puede formar parte simplemente
de un reverso del discurso dentro del cual a las categorías
construidas por la medicina se les
presta el peso de lo real ya que hay gente con deseos de ocupar tales
categorías.
(10)
HALBERSTAM: Sin embargo, pienso
que hemos permitido que esta idea foucaultiana redirija los debates sobre las
identificaciones fuera del tema de las categorías en sí
mismas. El término
“discurso reverso” en la Historia de la Sexualidad vol. 1 identifica y
rechaza las formulaciones tradicionales de la lucha política gay y
lesbiana como fundamentalmente de oposición. Ya que ciertos discursos sobre la liberación sexual,
reproducen los mismos términos de los opuestos binarios homo/hetero que
nos oprimen en primera instancia; más tarde, estos discurso forman parte
de la instalación de la misma jerarquía sexual a la que buscan oponerse. Sin embargo, Foucault también
entiende que las luchas emancipatorias son estratégica e
históricamente necesarias; además, un “discurso
reverso” no es de ninguna manera lo mismo que darle la vuelta al
discurso. Por el contrario, su
deseo de darle la vuelta es un deseo de transformación. 4
(11)
HALBERSTAM: Por consiguiente, no
veo la necesidad de rechazar simplemente todos los discursos reversos por
sí mismos (salir del armario, organizar, producir nuevas
categorías) pero sí creo que es limitado pensar en ellos (en
salir del armario, por ejemplo) como un punto final. Foucault claramente cree que la resistencia tiene que ir
más allá del nombrarse (”Yo soy lesbiana”) y debe producir formas nuevas y creativas de
resistencia al asumir y potenciar una toma de posición marginal.
(12)
JAGOSE: ¿En qué tipo
de toma de posición marginal estás pensando en la actualidad?
(13)
HALBERSTAM: Bueno, al igual
que el historiador George Chauncey, estoy menos interesada en las
categorías producidas por expertos (“homosexual”,
“invertido” “transexual”) y mucho más interesada
en las sexualidades vernáculas o en las categorías que se
producen y sostienen dentro de las subculturas. Obviamente, un proyecto como éste se origina con el
trabajo de Gayle Rubin que ha hablado de forma convincente sobre los
límites de los discursos de l*s expert*s en la sexualidad (como el
psicoanálisis) y sobre la importancia de preguntarnos sobre la
“etnogénesis sexual” o sobre la formación de las
comunidades sexuales. Considero
que los discursos científicos han tendido a reducir nuestra capacidad de
imaginarnos la sexualidad y el género de otra manera y en general los
debates que han tenido lugar en las comunidades médicas sobre la
corporeidad y el deseo pueden estar muy a la zaga de los debates que tienen
lugar en listados de correo eléctronico, en grupos de apoyo o en clubs
de sexo. L*s médic*s
utilizan las categorías de manera muy diferente a cómo las
utilizamos quienes estamos buscando compañer*s sexuales. Pienso que deberíamos apoderarnos
de la prerrogativa de ponerle nombre a nuestras experiencias e
identificaciones. 5
(14)
HALBERSTAM: En ningún lugar
este hecho se ha evidenciado en los últimos años más
claramente que en relación a la experiencia que llamamos
“transgenérica”.
Trasngenérica es fundamentalmente un término
vernáculo desarrollado dentro de las comunidades de género para
nombrar a las experiencias de cambio en la identificación sexual que
quizás no adopten los protocolos y constricciones de la
transexualidad. Estas personas
entienden dicho cambio identitario como una parte crucial de su yo
genérico pero pueden escoger entre las opciones de modificación
del cuerpo, presentación social y reconocimiento legal que están
a su disposición. Por ello,
podemos encontrarnos que un varón transgenérico es una persona
nacida MUJER que no se ha sometido a cirugía de reasignación de
sexo, toma tetosterona (con o sin supervisión médica) y vive como
un hombre en general, pero al que su comunidad le reconoce como un hombre
transgenérico en particular.
En este contexto, el término “trasngenérico”
rechaza la estabilidad que el término “transexual” puede
ofrecerle a alguna gente y se alinea con posibilidades más
híbridas de corporeidad e identificación. A la vez creo que el término
“transexual” se está reconstruyendo mediante el trabajo de
transexuales que se identifican públicamente como tales como Kate
Borstein. En otras palabras,
transexual no es simplemente el término médico conservador con
respecto al vernáculo y transgresor transgenérico; más
bien ambos términos, tanto el término transexual como
transgenérico cambian y modifican su significado y aplicación en
su relación mutua más que en relación a un discurso médico
hegemónico. 6
(15)
HALBERSTAM: Finalmente, si producimos categorías diferentes,
obligamos a que la gente las
utilice y un uso amplio de estas categorías cambia totalmente el
panorama de las políticas de género. Anoche, por ejemplo, ví un programa excelente
titulado “La Revolución Transgenérica”en una programa
de televisión por cable de mucha audiencia que se transmite a las diez
de la noche. Este programa
empezó como siempre con una introducción sensacionalista
mostrando a esos raros transexualillos enfrentándose contra el resto de
“nosotr*s”, pero cuando el programa fue centrando su
atención en personas transgenéricas (a algunas de las que era
más fácil de identificar como transexuales que como transgenéricas),
el centro de atención del programa se fue modificando y la narrativa del
mismo fue cambiando. La transexual
MTF (de varón a mujer) Nancy Nangeroni planteó su necesidad de
tomar estrógenos y vivir como una mujer pero sin necesitar someterse a
cirugía de reconstrucción genital y habló de una manera
muy emocionante sobre el ser híbrido. El efecto de esas “vidas reales”
consistió en encarnar la categoría
“transgenérica” de tal forma que se alteraba el significado
de la masculinidad y la femineidad profundamente. También había
un cambio y se ponía el acento en la especificidad de los
crímenes que se cometen contra las minorías sexuales en lugar de
ponerlo en la extrañeza del cuerpo transgenérico. 7
(16) JAGOSE: Quizás una de las cosas que convendría
resaltar ahora es la forma en la que el concepto de “masculinidad de
MUJER” no es en sí mismo una categoría identificatoria sino
que es un término que sirve para describir algo que puede producir
cortocircuitos en el sistema sexo/género.
Es
decir, doy por hecho, a no ser que me digas otra cosa, que experimentar una
masculinidad de MUJER como un término autodescriptivo contundente no es
lo mismo que identificarse con algo tan formal y coherente como una
identidad. Por el contrario, una
de las características de la masculinidad de MUJER que hay que tener en
cuenta es la de describir de manera diferente e incompleta subculturas sexuales
tan diversas como algunas de las que ya has mencionado: es decir, drag kings y butch por ejemplo. ¿Podrías completar el
espectro de actos e identidades que reúnes bajo la firma de la historia
de la masculinidad de MUJER?
(17) HALBERSTAM: Es cierto que la “masculinidad de MUJER” no
describe una identidad aunque quizás ofrece un espacio de
identificación. La masculinidad de MUJER cubre una multitud de
identificaciones travestidas en mi libro: marimachos, butch, mujeres
heterosexuales masculinas, safistas y tríbades del siglo XIX,
invertidas, transgenéricas, stone butch y soft butch, drag kings, cyber butch, atletas, mujeres con
barba, y la lista no se para ahí.
(18)
HALBERSTAM: Utilizo el
término como una firma general que evita la especificidad
histórica del término “butch” y permite
agrupar una cantidad de afiliaciones y expresiones de género diferentes
de una manera diacrónica.
En relación a las mujeres de identificación travestida
anteriores al s.XX, por ejemplo, los términos “lesbiana” y
“butch” son de muy poca ayuda. Si decimos que una mujer masculina del s.XIX era
“lesbiana” damos por hecho que su deseo y su presentación de
género se organizaba y se reconocía según modelos
contemporáneos de sexualidad y género. Si la llamamos butch le estamos otorgando una palabra
vernácula que ella no habría utilizado y a la que no
habría tenido acceso.
Además, el dar por hecho que esa mujer era una
“prelesbiana” o lesbiana a la que le faltaba el acceso al lenguaje
de la identidad, conlleva creer que todas las organizaciones del género
y de la sexualidad del pasado solamente han progresado de forma lenta e inevitable hasta las
organizaciones que hoy conocemos.
Si reconocemos a una mujer travestida del s.XIX bajo la firma de “masculinidad de MUJER”
podemos preguntarnos qué es lo que su masculinidad podría haber
significado para ella, para sus amantes y para la sociedad.
(19) HALBERSTAM: Ya que considero que una clasificación precisa es
arte y parte de un proyecto sobre “la masculinidad de MUJER”, el
libro intenta establecer unas diferencias incluso más detalladas sobre
las diferentes formas históricas y culturales de la masculinidad de
MUJER. También intento
diversificar la categoría “butch” al reconocer que mujeres
distintas expresan su masculinidad de distinta manera y que esa variable puede
tener mucho que ver con la clase social, la etnia y la orientación
sexual.
(20) JAGOSE: Es verdad, tu identificación de la masculinidad de
MUJER como un fenómeno de carácter singular se amplifica por la
insistencia con la que planteas en tu libro que estas formas diferentes no son
sinónimos. Es decir que
valoras un método crítico que sea sensible a las redes de la
masculinidad de MUJER como una serie de categorías de
identificación especificamente históricas, mientras que
también mantienes una aguda presión crítica sobre la
persistencia de la masculinidad de MUJER, en realidad, de su total visibilidad,
como queda reflejado en las fotos de Del La Grace y Catherine Opie.
(21) HALBERSTAM: Creo que la “masculinidad de MUJER”
es algo eminentemente legible: la gente me pregunta a menudo que significa la
palabra “masculinidad” en el término “masculinidad de MUJER”
y la otra pregunta que se repite con más frecuencia es “pero no te
estarás refiriendo solamente a la apariencia...” Y mi respuesta normalmente es.
“¿Qué significa “solamente” en esa
oración?”.
¿Desde cuándo la apariencia física es una parte
insignificante de cómo la gente se mueve y se comunica en el mundo? Cuando hablamos de la masculinidad de MUJER,
y me doy cuenta de que lo que voy a decir suena ridículamente
postmoderno, la apariencia lo es todo.
Esto no quiere decir que las mujeres masculinas no experimenten su
masculinidad como un efecto identitario profundo o interno, ni tampoco quiere
decir que la masculinidad de MUJER trate sólo de la apariencia
física. Lo que quiere decir
es que en esa oración “sólo” es imposible. A las mujeres masculinas se les
reconoce como tales durante amplios periodos de su vida. Pueden haber camuflado su masculinidad,
pueden haberla controlado, pueden pavonearse de ella pero parte de lo que
quiere decir ser una mujer masculina tiene que ver con el ser reconocida como
no-femenina o inapropiada como mujer.
Las marimachos, por ejemplo, se construyen a sí mismas en parte
como chicas rebeldes o deportistas y en parte se construyen como
“no-chicas” dentro del contexto de la infancia, un periodo de la
vida muy sometido a escrutinio. Cuando era pequeña, me confundían
casi todos los días con un chico.
Me parece que esa confusión añade algo y al final, o
incluso inmediatamente, se convierte en parte del propio sentido del yo de la
niña (o del niño).
La marimacho puede ser una persona joven para la que la confusión
(la suya propia y la de otra gente) forma parte de su sentido del yo.
Existen
otras muchas formas de confusión que están asociadas a
formaciones de la identidad, algunas patológicas, (la anorexia, por
ejemplo, que impide reconocer el peso del cuerpo) y algunas placenteras, pero
la masculinidad de MUJER se refiere a una consecuencia en concreto, a la
repetida confusión de género.
(22) JAGOSE: Me interesan esas ideas de reconocimiento y confusión
y la forma variada con la que refuerzan y socavan el sentido del género
como algo inmanente. Como alguien que está acostumbrada y a pesar de
ello, se sorprende siempre, de que se me tome por un hombre en los baños
de mujeres, el tema al que te refieres más sucintamente en tu libro como
“el problema del cuarto de baño”, a mí me parece que
hablas de una experiencia, que incluso estableces una diferencia crítica
útil entre esos momentos en los que la masculinidad de MUJER se maneja y
se representa activamente, por los drag kings, por ejemplo y, esos momentos que
ocurren con mayor frecuencia en los baños públicos como
señalas, (pero quizás también podamos incluir todas esas
industrias de servicios cuya medida de profesionalidad se basa en atribuirle un
género a la interfaz del cliente: “¿Desea beber algo, señor?”), esos
momentos en los que las clasificaciones de género te pillan
desprevenida, quizás incluso las que una utiliza y que pueden estar en
total disparidad con la propia percepción sobre una misma. ¿Nos puedes comentar un poco
sobre esta distinción en relación al proceso de la
formación de la identidad que mencionabas antes?
(23) HALBERSTAM: Vale. Me parece que el que me tomen por un hombre en el
baño no me coge de sorpresa.
Lo que en realidad me sorprende es que haya gente que llame al servicio
de seguridad (como me ha ocurrido con bastante frecuencia), ya que si yo no me
presento a mí misma de forma activa como una “mujer”
¿Por qué me tendrían que tomar por una? Creo que cuando se es muy joven la
confusión puede ser un factor muy difícil al que hay que
enfrentarse, es difícil de aclarar esa confusión cuando no se dispone
de un nombre para toda esa variedad de género. Pero más adelante la confusión quizás
sea una respuesta a la masculinidad de MUJER con la que una se las ha tenido
que arreglar. ¿Cómo
te sientes cuando te confunden con un tío? ¿Te dá verguenza? ¿Te enfadas?
¿Tienes una respuesta preparada? ¿Utilizas a veces los baños de hombres?
(24) JAGOSE: No tengo una respuesta preparada. Siempre me siento atrapada en una emboscada cuando se me
confunde. Me imagino que la gama
de respuestas de cómo me puedo sentir en ese momento oscila entre
morirme de verguenza y enfadarme, además de sentir cierta superioridad
despreciativa que estoy segura no confesaría jamás, junto con una
vertiginosa sensación de que algo divertido me ha sucedido, que una
parte de mi rutina se ha abierto de nuevo a este extraño encuentro que
ya está en mi cabeza convirtiéndolo en una anécdota.
(25) HALBERSTAM: Me interesa tu comentario de que el que se te confunda con
un hombre en los servicios te genera inmediatamente convertir ese hecho en una
anécdota. La
confusión realmente necesita de una narración, bien de una
narración que corriga el error, una narración que denomine los
efectos de los desacuerdos de género o una narrativa que sea capaz de
arreglárselas con la
verguenza del encuentro.
(26) JAGOSE: Sí, y quizás el hecho de que esas narraciones
sean todas muy diferentes en términos del efecto que consigen, me
permite volver a donde estaba intentando ir con mi anterior preguna sobre la
confusión. Me estaba
preguntando si tienes la sensación de que la masculinidad de MUJER
funciona de manera productiva tanto como una categoría de
autoidentificación, como una categoría de atribución al
otro y, aún más, como una categoría que a veces nos
permite negociar un hueco entre el propio sentido del yo y su legibililidad
pública que está en desacuerdo con el género asignado.
(27) HALBERSTAM: Creo que en el pasado la masculinidad de MUJER tendía
en realidad a no funcionar como una categoría de
autoidentificación sino como algo que se le podía decir a una
mujer, ”es una mujer masculina”, “es hombruna” y que se
encontraba a un paso de que se le llamara lesbiana. Cuando se ha identificado
como masculinas a las mujeres normalmente se ha hecho de forma negativa como
Esther Newton señaló en
“The Mythic Mannish Lesbian”. La mujer hombruna es
mítica porque es omnipresente y transhistórica pero
también es mítica porque es el estereotipo contra el que se juzga
a otras lesbianas. Intento ocupar
la categoría de masculinidad de mujer, hacerme una casa dentro de ella y
hacer de ella un lugar hospitalario para otras personas que se han sentido
excluidas, que se han sentido “excluidas siendo de allí” (en
palabras de Elspeth Probyn) o a las que se ha penalizado por su masculinidad.
8.
(28) JAGOSE: Tu utilización de la metáfora de la casa me
recuerda un debate que hay en tu libro Female Masculinity sobre las diferentes
metáforas de la migración en los discursos sobre la
transexualidad. Por supuesto el
subtítulo del relevante capítulo “Butch Transgenéricas.
Guerras fronterizas butch/FTM y el continuo masculino” se refiere
precisamente a los tensos debates que acompañan a los conceptos sobre la
identidad y de los que se habla en
términos de disputas territoriales. ¿Puedes señalar cuales
son en tu opinión los aspectos centrales para pensar en lo
transgenérico, lo transexual y en la masculinidad lesbiana?
(29) HALBERSTAM: Permíteme primero decir unas palabras sobre sobre el
uso de la metáfora de la frontera.
Hace unos años me dí cuenta de que “las guerras de
fronteras” habían aparecido como un término que
describía los conflictos entre los transexuales FTM (de MUJER a
varón) y las butch sobre lo que para cada comunidad significaba su
masculinidad y la narración de sus vidas. Muchos transexuales FTM querían insistir en que los
relatos de sus vidas era radicalmente diferente de los relatos de las vidas de
las butch y muchas butch querían negar tal diferencia para indicar que existe
un elemento de elección en relación sobre si hacer o no la transición
de mujer a varón. La gente
quería identificar el lugar donde la identidad butch o el
autorreconocimiento terminaba y donde empezaba la autoidentificación
transexual y me parece que de forma predecible se trazaron líneas
divisorias seguidas de batallas entre comunidades. Las fronteras se utilizaban metafóricamente para
describir la diferencia en el contexto de vidas en transición, pero, por
supuesto, utilizar el término “frontera” como
metáfora tiene sus límites.
Yo vivo en una ciudad fronteriza, San Diego; y empecé a sentirme
preocupada por un discurso transexual FTM que hablaba específicamente de
volver “a casa” cuando
se refería al género propio y hablaba de “cruzar” la
frontera cuando se refería a recorrer el camino de MUJER a
varón. Estas referencias a
la “casa” y al sentimiento de “pertenencia a un lugar”,
creo que se desarrollaron como si los debates sobre el sentirse en casa y el
sentimiento de pertenencia a un lugar no hubieran ocurrido en todas partes en
relación con los debates postcoloniales sobre las migraciones y la
economía global. Cuando los
transexuales FTM se referían a tales debates, con frecuencia lo
hacían para adoptar conceptos postcoloniales para un proyecto totalmente
diferente: ratificar las transmasculinidades blancas. Aunque considero que esto no queda lo suficientemente claro
en mi capítulo, creo que la metáfora de la frontera estaba siendo
adoptada por proyectos trans que en realidad no prestaban atención a los
movimientos de capital y de privilegio que eran centrales en otros debates
fronterizos.
(30) HALBERSTAM: Hoy en día, creo que los conflictos basados en la
identidad no son omnipresentes y la gente interesada en una política
transgenérica no está utilizando el término
“frontera” solamente como metáfora. En su lugar estamos empezando a pensar
en las formas en las que las identidades raciales, las distintas procedencias
de clase social y las historias personales sobre la inmigración tiene un
impacto profundo en la experiencia de la transexualidad, el acceso a los servicios
de salud y a la comunidad de que se dispone, el papel social
post-transición que se tiene.
Mientras muchos de los primeros debates que llamamos “guerras
fronterizas” tuvieron lugar dentro de y entre la
comunidad
transexual y gay/lesbiana blanca, entre las comunidades queer de color han tenido
lugar recientemente más debates. Este año, por ejemplo, el
Proyecto Audre Lorde “Mundotrans: La cuarta ciudad de Nueva York” (un grupo queer para gente de color)
organizó “Mundotrans”, la “Cuarta Conferencia Anual de
la ciudad de Nueva York para potenciar la salud transexual y
transgenérica” Esta
conferencia tuvo un éxito notable y auspició sin ningún
problema mesas redondas sobre la globalización, la inmigración y
el trabajo sexual bajo el encabezamiento de políticas
transgenéricas.
(31) HALBERSTAM: Los temas centrales para el futuro a la hora de pensar en
masculinidades lesbianas y transexuales/transgenéricas llevarán
consigo el prestar atención de una manera mucho más rigurosa a
los muy diferentes significados de masculinidad producidos en lugares muy
diversos. He asistido a un par de
mesas redondas sobre temas butch/FTM durante el año pasado
que han consistido siemprede forma inevitable en tres o cuatro butch y FTM contando sus
propias narraciones personales y discutiendo posteriormente el significado de
las mismas. Creo que el
desafío para las butch blancas consiste en ir más allá del
testimonio personal y de las batallas identitarias, repensar las producciones
de la masculinidad blanca y aprender de los debates sobre la masculinidad de
color.
(32) JAGOSE: Para ser un poco más específica acerca de
cómo podría ser este debate o qué tipo de trayectorias de
aprendizaje comportarían, vamos a hablar un poco de tu trabajo sobre los
drag kings, que trata de la interacción teatralizada de las masculinidades
blancas y las masculinidades de color.
Al mirar las fotos de Del La Grace junto a tu texto sobre drag kings,
el
ajuste entre ciertas formas específicas de masculinidad y la identidad
racial o étnica de las perfomers drag kings se refuerza o incluso
se hace posible por la coherencia aparente de la raza y la identidad como una
práctica significante.
¿Cómo podría esta mezcla de género y
etnicidad hacer posible volver a pensar sobre la masculinidad? 9
(33) HALBERSTAM. Lo que me llamó originalmente la atención
fué precisamente el que este hecho me posibilitó volver a pensar
sobre la masculinidad y además de forma tal que hacía
partícipe la performance sobre maculinidades de raza y de clase. A principio de los concursos drag
king
que describo en mi texto era tan evidente que había enormes diferencias
en términos de teatralidad y performance entre los drag kings negros, blancos,
asiáticos y latinos.
La
diferencia era evidente por lo menos en parte por lo que respecta a la
respuesta del público. El
público del bar HerShe de Nueva York, compuesto fundamentalmente por
personas de raza negra y por personas latinas, respondía con gran
entusiasmo a las actuaciones de rap y hip-hop de los drag kings negros y latinos mientras
que mostraba poco entusiasmo con las representaciones de kings blancos con chaquetas
y corbatas. Los kings blancos incluso se
quejaban i de que con ese público jamás podrían ganar un
concurso. Pero en los dos
últimos años, el panorama drag king se ha hecho más
complejo, los drag kings blancos se han teatralizado más, los drag
kings
negros no sólo hacen rap o funk.
Por supuesto, Nueva York tan sólo ofrece un paisaje social para
la cultura drag king y las culturas drag kings cambian profundamente de un lugar a
otro. El espacio drag king más interesante
en los Estados Unidos se encuentra sin duda en el Midwest, en Colombus, Ohio
donde los Kings H.I.S. actúan cada mes para un amplio público
de fans entusiastas. Los Kings H.I.S. son mas una especie de troupe teatral que
una pandilla de club y cuentan con unos veinte drag kings activos que ofrecen
actuaciones, pertenecen a diferentes grupos étnicos y proceden de clases
sociales distintas.
(34)
HALBERSTAM: Y ya que lo has
traído a colación, hablaré del uso de mi propia foto en Female
Maculinity. Gracias por lo de
“dandy”. Creo que con
la imagen del traje y la corbata buscaba una forma de masculinidad atrevida
pero aceptable. La foto me la hizo
Del La Grace, con quien entonces llevaba trabajando más de un año
para The Drag King Book. Había
visto como Del hacía fotos de drag kings y me quedé tan
impresionada por la manera en la que poco a poco desarrollaba una proximidad
con cada una de las personas y conseguía su confianza. En el momento en que Del estaba
haciendo fotos de un drag king, ya era un amigo de confianza, un
compañero de conspiración, nunca un extraño ni un intruso,
siempre un ojo cercano. Cuando me
hizo algunas fotos, aprendí un poco sobre su técnica, su
capacidad para encontrar puntos de identificación entre su deseo y el de
las personas que iba a fotografiar y sobre la manera de hacer visible estos
puntos de identificación cuando crea las fotos. Como tema y sujeto fotográfico,
te conviertes en una extensión de Del, te conviertes en su performance de la masculinidad
así como de la tuya propia, encuentras nuevas maneras de expresar la
identidad. Yo soy una persona que
me muestro especialmente incómoda ante una cámara de fotos pero estaba
muy contenta de tener esas fotos en el libro porque me daban un referente
visual sobre mi propia masculinidad y eso le obliga al lector de mi libro a
tenerme en cuenta en las narrativas de masculinidad que está leyendo. Las fotos no son sólo pura
auto-promoción improductiva (aunque en parte puedan serlo). También son testamentos de la
masculinidad de MUJER que llevo puesta y con la que vivo todos los días.
10.
(35)
JAGOSE: Es cierto, incluso la foto
menos estudiada de las de Del apenas podría considerarse
“improductiva” dada la forma en que registra una inversión
sexual al hacer visible la masculinidad de MUJER. (La imagen 11 del cowboy en la colina) ¿Es esta manera de documentar la
masculinidad de MUJER dentro del terreno visual una parte importante del
proyecto The Drag King Book?
(36)
HALBERSTAM: Por supuesto. De hecho
a Del y a mí nos costó mucho trabajo encontrar una editorial que
quisiera hacer un libro híbrido entre fotografía y texto. L*s editor*s o bien querían un
libro con mucho texto y unas cuantas fotos en blanco y negro, o un libro de
fotos en color y en papel satinado sin texto. Cuesta trabajo creer lo mucho que le molestaba a las
editoriales el formato fotografía/texto. Del y yo teníamos claro que lo queríamos
así y finalmente nos encontramos con Serpent’sTail. Creo que el publicar textos largos
sobre drag kings sin fotos es arriesgado porque los textos tienden a
perderse ya que la atención de la gente se dirige a las fotos, pero
presentar las fotos sin dotarlas de contexto conllevaba seguir alimentando la
forma en que los medios de comunicación de masas presentan a los drag
kings
como una tendencia de marketing desprovista de las producciones
artísticas y epistemológicas de la comunidad.
(37)
JAGOSE: ¿Como registra The Drag King Book ese interés por
la comunidad?
(38) HALBERSTAM: Bueno, The Drag King Book es un libro bastante diferente de Female
Masculinity ya que no es un libro académico y va dirigido a un
público más amplio.
Incluye entrevistas con drag kings y descripciones de eventos basados
en los puntos de vistas de los drag kings sobre sus actuaciones. El libro se divide en una
sección de debates que se están desarrollando en Nueva York, San
Francisco y Londres y hay unos capítulos sobre la raza, el
género, Elvys y las masculinidades.
(39) HALBERSTAM: Tenemos una entrevista fantástica con Dodge Bros, una
banda drag king de San
Francisco. Los dos miembros
principales de Dogde Bros son
Harry Dodge (artista de performance y mujer barbuda) Y Silas Flipper
(guitarrista de la banda Tribe 8).
Dodge Bros me interesan mucho porque se identifican como butch y ven al drag king como un espacio para
celebrar el éxito de sus particulares presentaciones sobre la
masculinidad, hablan de forma muy divertida sobre sus fans MUJERES,
heterosexuales en su mayoría, que van a sus actuaciones con sus novios,
¡pero se marchan con los drag kings! Mientras que sus actuaciones se desarrollan dentro de las
formas de competir masculina sobre mujeres más estereotipada,
también reescriben lo “butch” como algo poderoso y
atractivo no como algo feo y patético. Los Dodge Bros representan en mi opinión una
corriente muy significativa de la estética butch drag king. Tambien se opone a a
recientes representaciones de los drag kings como “mujeres
sexy” que se visten de drag para ocultar su obvia
femineidad y después se la quitan para mostrar a la mujer debajo del
traje. En la reciente
película de John Waters Pecker, por ejemplo, el drag king de Nueva York Mo B
Dick hace de stripper al principio de la película, de drag king hacía el final
y después en la escena final se quita el drag para revelar a la stripper de nuevo. Aunque me alegro de que Mo haya tenido
toda la publicidad que se merece por este papel, creo que Waters
deliberadamente desactiva la amenaza y el poder del acto drag king al insistir en desvelar
el cuerpo de MUJER y convertirlo en un acto voyeurista para los hombres
heterosexuales. Kings como los Dodge Bros no
solicitan la mirada masculina. ¡Amenazan con hacer alarde de una!
NOTAS
1.
Philip Brian Harper, Are We Not Men? : Masculine Anxiety and the Problem of
African-American Identity (New York : Oxford University Press, 1996); Jose
Munoz, Disidentifications: Performing Race and Sex (Minnesota: University of
Minnesota Press, 1998); Lisa Duggan, "The Trials of Alice Mitchell:
Sensationalism, Sexology and the Lesbian Subject in Turn-of-the-Century
America," Signs, vol. 18,
no.4
(Summer 1993): 791-814; Laura Doan, Fashioning Sappho in the 1920s: The Origins
of Modern English Lesbian Culture (New York: Columbia University Press,
forthcoming).back
2.
Jacob Hale, "Consuming the Living, Dis(re)membering the Dead in the
Butch/FTM Borderlands," GLQ: A Journal of Lesbian and Gay Studies, Vol. 4,
no. 2, "The Transgender Issue," ed. Susan Stryker (1998): 311-348;
Jay Prosser, Second Skins: The Body Narratives of Transsexuals (New York:
University of Columbia, 1998).back
3.
Judith Butler, Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity (New
York, Routledge, 1990); Judith Butler, "Afterword" in Butch/Femme:
Inside Lesbian Gender, ed. Sally Munt (London: Cassell, 1998); Eve Kosofsky
Sedgwick, Epistemology of the Closet (Berkeley: University of California Press,
1990).back
4.
Michel Foucault, The History of Sexuality: Volume I: An Introduction, trans.
Robert Hurley (New York: Pantheon, 1978).back
5.
George Chauncey, "Christian Brotherhood or Sexual Perversion? Homosexual
Identities and the Construction of Sexual Boundaries in the World War 1
Era" in Hidden From History: Reclaiming the Gay and Lesbian Past, ed.
Martin Duberman, Martha Vicinus and George Chauncey, Jr. (New York: Penguin,
1989): 294-317; George Chauncey, Gay New York : Gender, Urban Culture, and the
Making of the Gay Male World, 1890-1940 (New York: Basic Books, 1995); Gayle
Rubin, "Thinking Sex: Notes for a Radical Theory of the Politics of Sexuality"
in Pleasure and Danger: Exploring Female Sexuality, ed. Carole Vance (Boston:
Routledge, Kegan and Paul, 1984): 267-319; Gayle Rubin with Judith Butler,
"Sexual Traffic: An Interview," Differences, vol. 6, "More
Gender Trouble: Feminism Meets Queer
Theory,"
(Summer-Fall 1994): 62-99.back
6.
Kate Bornstein, Gender Outlaw: On Men, Women, and the Rest of Us (New York:
Routledge, 1994); Kate Bornstein, My Gender Workbook : How to Become a Real
Man, a Real Woman, the Real You, or Something Else Entirely (New York:
Routledge, 1998).back
7.
"The Transgender Revolution," aired October 5, 1998 10pm on
A&E.back
8.
Esther Newton, "The Mythic Mannish Lesbian: Radclyffe Hall and the New
Woman." Signs 9 no. 4 (Summer 1984): 557-75; Elspeth Probyn, Outside
Belongings (New York: Routledge, 1996).back
9.
Judith Halberstam, "Mackdaddy, Superfly, Rapper: Gender, Race and
Masculinity in the Drag King Scene," Social Text, 52-53 (Fall/Winter
1997): 53-79.back
10.
Judith Halberstam and Del LaGrace, The Drag King Book (London: Serpent's Tail,
1998).
(*)
Nota de la traductora. He optado por traducir los términos male/female por
varón/MUJER porque dichos términos male/female hacen referencia a
la biología y no a la construcción cultural incluída en el
binomio sexo/género man/woman= hombre/mujer. Varón/MUJER sólo recoge parcial e
imperfectamente esa diferencia semántica pero me parece la
solución menos mala, se trataría de producir un cierto desplazamiento
semántico al utilizar la palabra varón y producir el mismo
desplazamiento semántico al utilizar el vocablo MUJER en mayúscula
como traducción de female Y he descartado la traducción macho/hembra
por sus conexiones demasiado estrechas con la biología animal y con una carga semántica muy
fuerte en castellano que ha hecho que el término hembra desaparezca
incluso del carnet de identidad.
Como curiosidad comentar que el María Moliner da cuenta del
vocablo varona y varonesa como sinónimos de mujer en una primera
acepción y de mujer varonil en una segunda.
JUDITH
HALBERSTAM es profesora asociada del Departamento de Literatura de la Universidad
de California en la ciudad de San Diego.
Su último libro, Female Masculinity, se publicó en
la Duke University Press en octubre de 1998. ANNA MARIE JAGOSE, profesora
titular del Departamento de Inglés de la Universidad de Melbourne y
miembro del consejo editorial de la revista Genders realiza la entrevista.
Traducción:
Mª José Belbel Bullejos
A la pagina de
Retoricas del Genero