Estéticas Camp:
performances pop y subculturas "butch-fem". ¿Repetición
y trasgresión de géneros?
Los análisis de Judith
Butler han contribuido a poner en cuestión que la relación entre
sexo y género es algo natural (como ha establecido históricamente
el discurso médico). Butler definirá esta relación entre
sexo y género como performativa, y normalizada de acuerdo a reglas
heterosexuales. Por ello, señala Butler, si las acciones de las Drag
Queens suscitan risas o censuras es porque
ponen de manifiesto los mecanismos performativos a través de los cuales
se produce una relación estable (un proceso de repetición
regulado) entre sexo y género.
Pero, ¿qué tiene que
ver todo esto con las estéticas camp? El término "camp", que significa
afeminado en inglés clásico, se comenzó a utilizar a
partir de los años 60 para referirse a la teatralización
hiperbólica de la feminidad en la cultura gay, sobre todo en
relación a una serie de prácticas performativas que adquirieron
un carácter colectivo y político (drag queens, demostración pública de la
homosexualidad,...). Estas prácticas tenían un enorme potencial
subversivo al poner de manifiesto la artificiosidad de las diferencias de
género y romper la frontera entre el ámbito cerrado de la
representación escénica (o de la recreación
doméstica) y el espacio público de la reivindicación
política.
Coincidiendo con los primeros
documentos sobre las prácticas Drag Queens (entre otros el documental The Queen de Andy Warhol) la escritora estadounidense Susan Sontag publicó
en 1964 un influyente artículo sobre la cultura camp (Notas sobre el
Camp) en el que redefine el término
(que en su nueva acepción vendría a designar el amor/gusto hacia
lo antinatural, artificioso y exagerado) y lo incorpora como criterio de
análisis de la historia y la teoría del arte. Un gesto que,
según Beatriz Preciado, implicó una excesiva estetización
del concepto, descargándolo de su original potencialidad
política. Para Sontag el camp es un conjunto de técnicas de
resignificación - donde convergen la ironía, lo burlesco, el
pastiche y la parodia - que simboliza la nueva sensibilidad posmoderna. La
autora de ensayos como Sobre la fotografía o El sida y sus metáforas, vincula el camp con el pop, ya que ambos movimientos
hacen un uso paródico de las representaciones y objetos de la cultura
popular.
Frente a Sontag, Linda Hutcheon en
Theory of Parody (1985) define la
parodia como una manipulación intertextual de una multiplicidad de
convenciones de estilos (por ejemplo, los códigos de masculinidad). En
este sentido, podríamos decir que desde un punto de vista queer el género sería una convención de
estilos y las prácticas camp (como las de la cultura butch-fem o del SM)
su manipulación intertextual. Y si esa convención no existiera,
la manipulación sería imposible (esto es, si el género no
existiera no habría lugar para el camp). La teoría queer aplica estos presupuestos paródicos en su
interpretación de la cultura butch-fem (prácticas lesbianas en las que una parte de la
pareja es aparentemente femenina y la otra aparentemente masculina) que ha sido
tradicionalmente deslegitimizada por el feminismo al considerar que
suponía la repetición de normas heterosexuales. Según la
teoría queer la cultura butch-fem entiende la masculinidad como una convención de
estilos (habitualmente asociada al poder y la autoridad) que se puede citar,
manipular, descontextualizar y deformar para provocar efectos no previstos.
Hutcheon frente a Sontag concibe
el camp no sólo como una operación del gusto (como un criterio
estético) sino como un complejo proceso de resignificación que a
través de un mecanismo paródico transforma los códigos de
género en el momento de su recepción (no en su
producción). En un régimen heterosexual que produce los
códigos dominantes de la masculinidad y la feminidad asignándole
su estatuto de identidad sexual original (mientras el resto de las variantes
sexuales como la homosexualidad serían consideradas sólo una
imitación, una "mala copia"), la resignificación
paródica que realiza la cultura camp supone el acceso a un cierto
dispositivo de poder. Es decir, según Hutcheon, las prácticas
camp pueden entenderse como un camino a través del cual los
márgenes de la cultura sexual en un sistema heterocentrado (gays, lesbianas,
transexuales, deformes, trabajadores del sexo,...) intervienen en los procesos
de construcción y significación de las convenciones e identidades
de género, introduciendo sus propios códigos en el momento de la
recepción. "Y no hay que olvidar, subrayó Beatriz Preciado,
que este proceso de resignificación tiene un enorme potencial
subversivo".
Desde un punto de vista queer, Moe Meyer en su obra Poetics and politics of camp define el camp como el uso político de la
performance, a diferencia del kitsch
donde la parodia y la ironía están ya vaciadas de intencionalidad
política. La noción de camp, por tanto, cuestionaría la
relación excluyente entre política y arte que ha promovido el
discurso de la modernidad, al considerar la representación
estética como un mecanismo de producción política. Moe
Meyer califica como camp todas aquellas prácticas de
resignificación que desenmascaran la construcción normativa de
las convenciones de género (entendidas siempre en relación a
otros factores como la clase o la raza), desde las prácticas Drag
Queens y Drag Kings a la cultura butch-fem.
Las culturas camp y queers entendidas como procesos de contestación
política de minorías de gays, lesbianas y transgéneros a
los mecanismos sociales de normalización de la identidad sexual (o en
otras palabras, como movimientos que se oponen a la globalización
normativa de las categorías de género y sexo) también
llevan a cabo una profunda redimensión ética. "No es
anecdótico, aseguró Beatriz Preciado, la elección de un
término despectivo para autodenominarse (camp en su acepción original significa afeminado y queer maricón y bollera), sino que implica una
inversión, tan consciente como radical, de todo un sistema de valores
éticos y morales".
Sobre la noción de
performatividad
Para entender y contextualizar la
concepción de la identidad de género como el resultado de la
"repetición de invocaciones performativas de la ley
heterosexual" que han desarrollado teóricas queers como Judith Butler o Eve K. Sedgwick, es necesario
analizar la noción de performatividad lingüística formulada
por Austin y la relectura que hizo de la misma Jacques Derrida.
Desde un análisis
pragmático del lenguaje (es decir, en términos de contexto e
historicidad) el británico J.L Austin llegó a la
conclusión de que cada vez que se emite un enunciado se realizan al
mismo tiempo acciones o "cosas" por medio de las palabras utilizadas.
Ese es el punto de partida de su "teoría de los actos de
habla" que apareció publicada en su libro póstumo How To
Do Things With Words (1953), traducido al
español como Cómo hacer cosas
con palabras. Palabras y acciones. En esta
obra Austin clasifica los actos de habla en dos grandes categorias:
- Constatativos: enunciados que
describen la realidad y pueden ser valorados como verdaderos o falsos.
- Performativos: actos que
producen la realidad que describen. Estos a su vez se pueden dividir en:
* Locutivos. Producen la realidad
en el mismo momento de emitir la palabra (lo que les dotaría de un poder
absoluto). Por ejemplo, la declaración de matrimonio de un sacerdote.
* Perlocutivos. Intentan producir
un efecto en la realidad, pero ese efecto no es inmediato sino que está
desplazado en el tiempo (y, por tanto, existe una posibilidad de error).
Derrida duda de la naturaleza
ontológica de los actos performativos que plantea la teoría de
Austin en la que la fuerza del lenguaje para producir la realidad parece
proceder y depender de una especie de instancia teológica (de una voz
originaria anterior al discurso). Para el autor de Márgenes de la
filosofía la efectividad de los
actos performativos (su capacidad de construir la realidad/verdad) deriva de la
existencia de un contexto previo de autoridad. Esto es, no hay una voz
originaria sino una repetición regulada de un enunciado al que
históricamente se le ha otorgado la capacidad de crear la realidad. En
este sentido, la performatividad del lenguaje puede entenderse como una
tecnología, como un dispositivo de poder social y político.
A su vez, los textos de Judith
Butler, Teresa de Lauretis y otras teóricas queers subrayan la aplicación de esas tecnologías
(la existencia de ese contexto previo de autoridad) en enunciados concebidos
como actos constatativos del habla. Desde esta perspectiva, los enunciados de
género (es niño o niña) aparentemente describen una
realidad, pero en realidad (valga, en este caso, la redundancia) son actos
performativos que imponen y re-producen una convención social, una
verdad política. Todo esto conduce a la re-definición de la
noción de género en términos de performatividad postulada
por Judith Butler, intentando desmarcarse de la connotación
prioritariamente estética que ha adquirido el término performance. Según la ensayista estadounidense, la identidad de
género no sería algo sustancial, sino el efecto performativo de
una invocación de una serie de convenciones de feminidad y masculinidad.
"Una invocación, precisó Beatriz Preciado, que necesita
repetirse constantemente para hacerse normativa, por lo que se puede operar una
inversión y generar la subversión del efecto performativo".
Así, con la apropiación de un término originalmente
insultante como queer, se produce una
inversión performativa que subvierte el orden discursivo de la ley
heterosexual.
RETÓRICAS
DEL GÉNERO/ POLÍTICAS
DE IDENTIDAD:
performance,
performatividad y prótesis
Dirección:
Beatriz Preciado
Dirección
grupos de lectura y discusión: Mª José Belbel, Azucena
Vieites, Fefa Vila
Sede: Aula del
Rectorado de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) y Sala
Endanza
Fecha: 17-23 de
marzo de 2003
Invitadas:
María José Belbel, Azucena Vieites y Fefa Vila (dirección
grupos de lectura y discusión); Judith Halberstam,
Marie-Hélène Bourcier, Myriam Marzouk.
MÁS
INFORMACIÓN: http://www.unia.es/artpen/estetica/estetica01/frame.html
MORE
INFORMATION: http://www.unia.es/artpen/aesthetics/aesthetics01/frame.html
Pagina de Retoricas del
Genero