Resumen de la
conferencia Porno-políticas performativas, postfeminismo y
pornografía queer, por Maria-Hélène Bourcier
Con el
propósito de desarrollar un análisis deconstrutivo de la
pornografía moderna, la socióloga y activista queer Marie-Hélène Bourcier
remarcó durante su intervención en el seminario Retóricas
del género/Políticas de identidad (celebrado entre el 17 y el 23 de marzo
en la sede de La Cartuja de la Universidad Internacional de Andalucía)
la necesidad de re-pensar la historia de la representación de la
sexualidad. Para la autora del libro Queer Zones, el hecho de que haya una régimen
pornográfico dominante y monopolizador (apoyado en un poderoso y cerrado
sistema de creencias culturales y psicológicas), no debe hacernos
olvidar que pueden existir otros muchos modos de entender la vivencia y
representación de las prácticas sexuales.
En este sentido,
Bourcier cree que está emergiendo un nuevo tipo de discurso
pornográfico - que ella denomina post-pornografía - en el que
encuentra conexiones con los planteamientos desarrollados por las
prácticas y teorías queers. "Me gusta aplicarle el sufijo post, afirmó
Bourcier, porque subraya la idea de que la pornografía ha llegado a una
fase de reflexión, a un momento en el que es necesario revisar los presupuestos
sobre los que se asienta". A partir de la noción de la sexualidad
como performance, Marie-Hélène Bourcier identifica elementos
post-pornográficos en propuestas como la novela-film Fóllame (de Virginie Despentes y Coralie Trinh
Thi) o las acciones de Annie Sprinkle, que, a su juicio, rompen con el
régimen de producción sexual hegemónico e intentan crear
una nueva cultura del sexo (una resignificación de la experiencia
sexual) mucho más rica, flexible y donde la mujer tenga un papel activo.
Según
Marie-Hèlene Bourcier, la pornografía ha existido siempre, pero
la que nosotros conocemos es fruto de un régimen de producción
visual que surge en la época de la ilustración (Siglo XVIII) y se
desarrolla con el positivismo. Es decir, en un momento histórico en el
que alcanzan una gran difusión los análisis taxonómicos de
los comportamientos humanos, empiezan a publicarse detalladas tipologías
sobre la obscenidad y las perversiones sexuales, y se ponen de moda las
colecciones privadas de contenido erótico. También en esa
época comenzaron a aparecer las primeras publicaciones que, siempre
desde una óptica masculina, intentaban descodificar y descifrar la
sexualidad femenina (promoviendo tópicos aún vigentes como la
tendencia al exhibicionismo), en un primer paso del intenso proceso de
cosificación del cuerpo de la mujer que ha caracterizado la historia de
la pornografía moderna. "Se trata, subrayó
Marie-Hélène Bourcier, de un fenómeno de carácter
político, pues sólo los hombres (varones) de las clases
más privilegiadas podían tener acceso a esas representaciones
obscenas que además narraban sus propios deseos y obsesiones".
En la
configuración de la mirada pornográfica moderna han jugado un
papel decisivo la psicología y la medicina del siglo XIX, una influencia
que, a juicio de Marie-Hélène Bourcier, puede explicarse desde un
análisis deconstructivo de la película El Exorcista (William Friedkin, 1973). Según
Bourcier en El exorcista podemos encontrar un subtexto que hace referencia a lo que la
psicología del siglo XIX llamó crisis histérica (un modo
político de entender el orgasmo femenino), en un claro ejemplo del
esfuerzo de la ciencia moderna por vigilar, controlar y reprimir la sexualidad
de las mujeres. En el film de William Friedkin, no sólo se muestran los
síntomas y efectos que se asociaban a esta "patología"
femenina, sino que hay escenas que recuerdan a las sesiones hospitalarias en
las que se provocaban y analizaban (con un supuesto interés
médico cargado de voyeurismo) estas crisis histéricas.
"La
niña de El Exorcista, señaló Bourcier, en realidad no está
poseída por el demonio, sino por su sexo, por una excitación
incontrolable que es percibida como una amenaza y que debe ser regulada desde
la institución médica". Los experimentos de Charcot para
estimular la emergencia de estas crisis histéricas se preparaban de tal
forma que pudiesen tomarse fotografías y en un marco que recalcaba su
carácter de representación ritualizada (performativa). No hay que
olvidar que a estas sesiones acudía siempre un grupo de observadores
médicos masculinos que se comportaban como si fuesen espectadores de un
espectáculo pornográfico.
Al gual que en
los laboratorios donde se analizaban las reacciones y comportamientos de las
mujeres histéricas, en las cintas pornográficas hay una
despersonalización absoluta del objeto de estudio - las mujeres - que
muestran y colocan sus cuerpos como si se les fuese a realizar una
exploración ginecológica. Para Marie-Hélène
Bourcier en la pornografía moderna se representan muchas de las
teorías desarrolladas por la psiquiatría y la medicina del siglo
XIX. Así, en una película tan emblemática del
género como Garganta profunda, una mujer conoce la razón de su
insatisfacción sexual (nunca alcanza el orgasmo) gracias a un hombre
(médico) que descubre que tiene el clítoris en la garganta, lo
que remite a la tesis (desarrollada por el psicoanalisis freudiano ) de la
confesión involuntaria a través de la hipnosis y la terapia. Algo
parecido ocurre en El exorcista, donde sólo la intervención médica y/o
religiosa (ámbitos eminentemente masculinos de producción de la
verdad), ya sea a través de radiografías o de la
"penetración" de diversos aparatos quirúrgicos, puede
librar a la niña de sus demonios (siendo el más peligroso de
dichos demonios su desenfrenado deseo sexual).
En la
pornografía moderna hay un interés especial por subrayar la
presunta veracidad de lo que se muestra y borrar cualquier huella de
interpretación y simulación (de performance). Incluso existen
subgéneros específicos donde se recalca que los protagonistas son
amateurs (es decir,
no son profesionales que están interpretando un papel), se incorpora al
cámara en la escena o se destacan momentos como la eyaculación
masculina (cumshot)
que, en principio, no se puede simular. En relación a estos cumshots Marie-Hélène Bourcier
releyó desde una óptica post-pornográfica la escena de El
exorcista en la que la
"niña poseída" (Linda Blair) vomita una sustancia verde
sobre uno de los protagonistas masculinos, ya que, según ella, supone una
inversión del régimen de producción visual de la
pornografía dominante que no se cansa de mostrar eyaculaciones
masculinas sobre las caras y cuerpos de la mujeres.
Otro motivo
recurrente del imaginario pornográfico masculino, las mujeres que se
dejan penetrar analmente, también estaría relacionado con esta
obsesión por la veracidad. "Cuando se trata de exhibir la
sexualidad femenina, señaló Bourcier, resulta más
fácil hacer creíble el dolor que el placer (de hecho, en el cine
pornográfico abundan los planos-detalles de chicas con la
expresión dolorida durante escenas de penetración anal)".
Esa narrativa de la violencia y del dolor está también presente
en El exorcista, un
film que en su promoción publicitaria jugó con la idea de
veracidad (incluso inventando que la voz cavernosa de la niña
poseída pertenecía a su joven actriz - 12 años - o que la
escena del vómito no era fingida).
Pero más
allá de la puesta en escena pretendidamente naturalista, en el discurso
pornográfico contemporáneo hay muchas influencias del
psicoanálisis, una disciplina que cree en la existencia de pulsiones
sexuales incontrolables y que ha extendido ideas como la de que toda mujer
inconscientemente desea ser violada. Así, otro filme pornográfico
de los años 70, Detrás de la puerta verde, narra la historia del rapto y
violación de una mujer que al principio se opone a los deseos de sus
secuestradores, pero finalmente cede y llega a gozar como antes nunca lo
había hecho. "Pero el tópico, advirtió
Marie-Hélène Bourcier, de que la mujer necesita ser forzarla para
que se anime a iniciar una relación sexual no es patrimonio exclusivo
del cine porno, sino que está presente en muchos otros tipos de narraciones
y propuestas estéticas".
A diferencia de
las teorías psicoanalíticas, Foulcault cree que la función
de la pornografía no es liberar pulsiones, sino contribuir a la
construcción de identidades sexuales. Siguiendo a Foulcault, Bourcier
concibe la pornografía moderna como un régimen de
producción de verdad sobre el sexo (muy codificado) que sigue
re-produciendo los planteamientos y las categorizaciones de médicos,
psiquiatras y sexólogos del siglo XIX.
Dirigido por
Virginie Despentes y Coralie Trinh Thi, la película Baise-Moi (Fóllame) es para Marie-Hélène
Bourcier un ejemplo de post-pornografía porque plantea una ruptura de
los códigos de la mirada pornográfica tradicional y propone un
cambio integral de los roles sexuales. "En Fóllame, señaló Marie-Hélène
Bourcier, autoras y actrices son agentes de producción sexual, no
sólo objetos, rompiendo así con el prejuicio de que la
narración y la mirada pornográfica es un territorio reservado
para los hombres". El film - que protagonizan Rafaëlla Anderson y
Karen Bach (dos actrices pornos profesionales) y se inspira en la novela
homónima escrita por la misma Virginie Despentes - generó una
enorme polémica en Francia donde no llegó a las salas comerciales
hasta mucho después de su estreno e incluso fue calificado como
"fascista" por algunos medios de comunicación.
Fóllame toma prestado mucho de los
códigos y recursos narrativos propios de la pornografía moderna,
pero desde una mirada que neutraliza sus efectos previstos y los vacía
del sentido que tradicionalmente se les ha otorgado. Esto es, desnaturaliza el
discurso pornográfico a través de una inversión total de
los roles de género y de una furiosa relectura de algunos de sus motivos
temáticos habituales (por ejemplo, la confesión involuntaria o el
deseo inconsciente que tiene toda mujer de ser violada). Tanto el título
de la película (Boise-Moi/Fóllame) como el modo en que se describe a la dos protagonistas, puede
interpretarse como un gesto político que conecta con la estrategia de
las teorías queers de reapropiarse de nociones abyectas para otorgarles un nuevo
sentido y significado.
Este proceso de
desnaturalización que lleva a cabo la pornografía queer pueden encontrarse en otro tipo de
propuestas estéticas como las fotografías de De La Grace Volcano
(con imágenes de clítoris de transexuales que no se han sometido
a operaciones quirúrgicas pero sí a un aumento de hormonas) o los
trabajos de Annie Sprinkle. Esta última, que se autodefine como artista
multimedia y autora de porno posmoderno, ha realizado re-lecturas de
espectáculos eróticos como los streptease (con actuaciones en las que a la vez que
se desnudaba se dirigía al público, haciendo visible la mirada
masculina), demoledoras de-construcciones de mitos sexuales como las pin-ups (presentando análisis
anatómicos sobre fotografías de chicas voluptuosas) o collages visuales que subrayan la artificiosidad
de la pornografía (mostrando imágenes de las mismas mujeres antes
y después de posar para revistas X).
RETÓRICAS
DEL GÉNERO/ POLÍTICAS DE IDENTIDAD:
performance,
performatividad y prótesis
Dirección:
Beatriz Preciado
Dirección
grupos de lectura y discusión: Mª José Belbel, Azucena
Vieites, Fefa Vila
Sede:
Aula del Rectorado de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) y
Sala Endanza
Fecha:
17-23 de marzo de 2003
Invitadas:
María José Belbel, Azucena Vieites y Fefa Vila (dirección
grupos de lectura y discusión); Judith Halberstam,
Marie-Hélène Bourcier, Myriam Marzouk.
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