« … la posición
histórica de aquellas que no pudieron adoptar ni la máscara del
"yo" ni la del "otro" ofrecida por las narrativas
occidentales modernas de la identidad y la política anteriormente
dominantes. (...) Ser "inapropiada/ble" no significa " estar en
relación con", esto es, estar en una reserva especial, con el
estatus de lo auténtico, lo intocable (...). Por el contrario, ser una
"otra inapropiada/ble" significa estar en una relación
crítica y deconstructiva, en una racionalidad difractaria más que
refractaria, como formas de establecer conexiones potentes que excedan la
dominación. Ser inapropiado/ble es no encajar en la taxon, estar
desubicado en los mapas disponibles que especifican tipos de actores y tipos de
narrativas, pero tampoco es quedar originalmente atrapado por la
diferencia.»
Donna Haraway, Las promesas de los monstruos
2.1
Interés histórico del edificio
Las viejas paredes
de esta casa —los rechonchos y pesados muros que se inclinan para dejar
correr el agua sin distinguir entre dentro y afuera, para abrir patios sobre
los inmensos hornos y convertir en estanques y ciénagas las antiguas
máquinas de amasar— siguen hablándonos, en su caída,
del barrio que la abriga, y de la ciudad que engulle a este barrio, y lo
digiere, y lo conforma, y a veces lo escupe, y otras...
Ya sabemos que los
pálidos escribas de la historia, interminablemente cargados de pesas y
balanzas, y aparatos que tasan la pureza del oro y tablas larguísimas de
comportamientos mercantiles, siempre se equivocan. Fruncen los ceños, se
observan unos a otros manteniendo la seriedad y luego mueven con pausa la
cabeza repitiendo «efectivamente» y «of course» como si tosieran, y estampan sus pesados
sellos siempre sobre grandes batallas, letales inventos, o más
pálidos señores serios que supieron decir
«efectivamente» y «of course», y probablemente «es de sentido
común» o «oui vraiment» con la cadencia adecuada.
Por eso ésta
es una historia contra el sentido común, porque escapa a la
estampación de sellos que nunca quisieron —tampoco quisimos—
ponerle, a las letras mayúsculas, a las estruendosas cifras que preceden
redobles de tambores, y sin embargo nos habla mejor que ninguna otra cosa del
transcurso del tiempo, de las eternas tensiones que empujan al cambio, de las
pequeñas anomalías en las grandes corrientes que terminan
desviando los cursos que se pretenden lineales, inalterables, significantes en
exclusiva.
Los muros de esta
casa llevan siglos observando, relatando, experimentando, lo que el transcurso
del tiempo ha traído, llevado, dejado, barrido, arrancado, olvidado,
recuperado, reciclado, construido... Nuestro tránsito por la historia a
partir de esas paredes es accidentado, alterable y móvil, porque siempre
su presencia puede significar cosas distintas y contrarias; y difiere con
respecto a lo normativizado, inclinándose de parte de la
anomalía. Va de lo constante a lo fluido, de lo roto a lo mimado, pero
mostrando el discurrir de la vida más allá de los límites
de las propias paredes, en un barrio de Lavapiés anclado en el propio
recorrido —del que no podemos ofrecer más que unas breves
notas— de la ciudad de Madrid, de pequeño núcleo defensivo,
a ciudad global.
Siglos XV-XVI
Rastreando la
presencia de la casa de la calle Embajadores, nº 40, hacia atrás en
los documentos históricos, resulta posible remontarse hasta el
año 1656, en el que Pedro J. Texeira elaboró su minucioso
plano en alzada del Madrid de los Austrias. Allí ya aparece reflejada
nuestra casa, por lo que sabemos que su construcción es anterior a la
elaboración de ese plano, pero la cantidad de años de
antigüedad que acumula resulta muy difícil de determinar.
La calle de
Embajadores tiene su origen durante el reinado de Juan II (en torno a 1450-60),
cuando al desatarse una importante epidemia de peste en la ciudad, los
embajadores de reyes extranjeros optaron por desplazar su residencia fuera de
los confines de la muralla, donde el aire era limpio y los gérmenes no
se acumulaban en las aguas estancadas. Durante el siglo XVI, los terrenos de la
zona se aprovecharon para la construcción de adobes, y ya en 1561, con
el traslado de la Corte a Madrid, se altera la estructura de ocupación
del barrio, proliferando en él el artesanado, quienes desarrollaban los trabajos de
ampliación de la ciudad, y quienes se encargaban de satisfacer las
necesidades de la corte. El diámetro de la muralla de la ciudad se va
ampliando poco a poco para integrar en ella a estos arrabales que crecen
extramuros, pero no es hasta 1620 que la mayor parte de nuestro barrio de
Embajadores se encuentra albergado dentro de la cerca. Nuestra casa
debió de construirse en algún momento del desarrollo de todos
estos procesos.
Siglos
XVII-XVIII
A lo largo de los
siglos XVII y XVIII, la zona empieza a adquirir los primeros rasgos de un
«laboratorio» industrial1, pero esto no evita que Madrid
aborde el siglo XIX con un predominio de pequeños talleres —muy
presentes en los barrios que constituyen el actual Embajadores— dedicados
a la pequeña producción de bienes de consumo directo de tipo
local. ¿En qué momento desde su construcción se
convirtió la casa de Embajadores 40 en tahona? ¿Nació ya
como tal? Lo que es indudable es que constituye la expresión misma del
proceso de vida de una ciudad en la que el comercio familiar de pequeñas
dimensiones y dedicado al «comer, beber, arder y vestir»,
tenía un gran predominio en su economía.
Significativamente,
en el año 1750 la casa (entonces dividida en dos partes; los
números 1 y 16 de la manzana 74 de la Planimetría General de
Madrid) servía como
taberna y tahona, o al menos así lo indican los documentos del Cuaderno
de actas de la visita de regalía de aposento de corte, que, en lo relativo a estos edificios,
afirman:
Casa 1
Del convento de Sto. Tomás
Base 1548 pies.
Del convento de Sto. Tomás de esta corte. Tiene su fachada a la
calle de Embajadores y linda para la mano derecha con la calle de Rodas y por
la izquierda con la casa que administra Don ____ Alonso, y por ____ con casas
de ____, la fábrica es antigua su distribución aparenta ____ estilos
de arrabal: sirve de taberna.
Casa 16
Del convento de Sto. Tomás
Base 3564 pies.
Del convento de Sto. Tomás de esta corte. Tiene su fachada a la
calle de Embajadores y linda para la mano derecha con la calle de Rodas y por
la izquierda con la casa que administra Don ____ Alonso, y por ____ con casas
de ____, la fábrica es antigua su distribución aparenta ____
estilos de arrabal: sirve de tahona.
Y en la consulta
relativa al año 1751 encontramos que:
«La casa 16 pertenece a la capellanía qu fundó Dn.
Joseph Romani y que posee Cipriano Romani y al presente administar por derecho
arrendario el padre Fr. Tomas de Peralta del orden de Sto. Domingo.»
En todo caso,
podemos afirmar con seguridad que desde mediados del siglo XVIII, esta casa era
ya tahona, y con esa función se mantiene hasta avanzado el siglo XX, lo
que la convierte en una privilegiada forma de aproximación a la
historia social de Madrid, pudiendo dar cuenta de fenómenos de
transformación urbanística, económica, cultural, etc., si
observamos con atención los procesos que la han atravesado.
La casa tahona de
Embajadores 40, permanece, observa, y es alterada por los procesos que
convierten a Embajadores desde muy pronto en un barrio de población
trabajadora2, con una fuerte implantación de artesanos,
maestros oficiales y aprendices, dependientes, jornaleros, albañiles,
modistas, cigarreras, floristas, rabaneras..., mientras en la ciudad de Madrid
se iban desarrollando una «aristocracia financiera» dedicada a
actividades especulativas y una burguesía comercial e industrial que
trasciende la producción de los talleres.
Es durante esta
época, exactamente en 1835, cuando la casa de la que nos estamos
ocupando adquiere su numeración definitiva, que se mantiene hasta la
actualidad. Así lo podemos comprobar en el Registro General de la
nueva numeración de casas en Madrid ejecutada en 1835 de D. Antonio González de Navarrete;
donde la casa 1 y 16 de la manzana 74 mantiene su doble numeración pero
incorporando el nombre de la calle y pasando a ocupar así el
número 40 de Embajadores y el 1 de Rodas.
Desde mediados del
siglo XIX y hasta principios del XX, el crecimiento de Madrid, que
mantenía históricamente un alto nivel de mortalidad, se
debió a los importantes flujos migratorios que llegaban a la ciudad,
ubicándose sobre todo en los distritos del sur: Hospital, Latina e
Inclusa, lo que en buena medida constituye hoy el barrio de Embajadores. En
estos distritos —que históricamente se han caracterizado por su
condición de marginalidad, pésimas condiciones de higiene y
salubridad, gran precariedad en la vivienda y una profunda carencia de
equipamiento urbano3— la tahona de Rodas 1 desarrollaba una
importante función de proveedora de bienes de primera necesidad para el
barrio.
Siglo XIX
Al adentrarnos en
el siglo XIX, empiezan a tener lugar importantes cambios. Por ejemplo, el Real
decreto de Esanche de 1857, propone una ampliación de la ciudad en la
que segmenta el espacio diferenciando un barrio fabril e industrial, un barrio
aristocrático, otro destinado a la clase media y finalmente un
último destinado a la clase obrera, que lógicamente era el
más alejado de la ciudad. El ensanche vino a reforzar la tendencia a la
segregación social, haciendo surgir el problema de la vivienda obrera
—en la mayoría de los casos el problema se circunscribía a
cómo mantener a la clase obrera lo más lejos posible de la
ciudad— y de todas las posibles soluciones aportadas se imponen al final
las conocidas como casas de corredor o corralas, numerosas en los
distritos sur de la ciudad, especialmente en Lavapiés.4
Siglo XX
Así
desembocan nuestro barrio y nuestra casa en un siglo XX que intenta definir un
Madrid financiero entre la calle Alcalá, Sol y Cibeles, al que responden
los procesos de reforma de la Gran Vía. La Gran Vía es obra de
las nuevas formas asumidas por el capitalismo más desarrollado,
símbolo de su fuerza en la capital, que supondrá un fuerte
reforzamiento de la especialización terciaria del centro urbano (ocio,
comercio, oficinas) y de la tendencia al desplazamiento de población
fuera del mismo, a la concentración desproporcionada del empleo en
él, a la elevación sin límites de los precios del suelo,
etcétera. Se trata de elementos cruciales en la problemática actual
de los cascos históricos y, por lo tanto, de nuestro barrio de
referencia, Lavapiés, que no vive ajeno a estas presiones.
En este momento, el
comercio —que desempeña un importante papel en la economía
de la ciudad— en su mayor parte está compuesto por pequeños
establecimientos tradicionales fuertemente segregados por zonas: los barrios de
Madrid con población acomodada disponen de una variedad de comercios
más amplia, mientras que en los barrios proletarios el número de
comercios es menor y se limita a los productos de subsistencia (comer, beber,
arder).
Una vez más,
la casa tahona de Embajadores constituye un excelente ejemplo histórico,
y lo seguirá constituyendo en el momento en que, entrado el siglo XX,
comience a proliferar la aparición de comercios con una estructura
capitalista —Pescaderías Coruñesas (1911),
Mantequerías Leonesas (1915)— que dará paso a la
aparición de los grandes almacenes —Madrid-París. S. A
(1920), Almacenes Progreso S. L (1926)— y el comercio de
«escaparate» propio de la citada reforma de la Gran Vía. El
barrio de Lavapiés parece vivir de espaldas a este proceso, manteniendo
un comercio dirigido a cubrir las necesidades de abastecimiento diario y
consumo habitual. En él, nuestra casa responde a una estructura comercial
absolutamente tradicional. Así nos lo demuestran los subsiguientes
registros de Bailly-Bailliere, en los que la finca aparece unificada con la
actividad de tahona desde 1905 hasta 1945, para desaparecer la referencia a
Rodas 1 a partir de 1949, años en los que sólo aparece registrada
la parte de Embajadores 40 (manteniéndose como tahona). La otra pate no
vuelve a aparecer hasta 1957, de nuevo con una separación de las
actividades: Embajadores 40 es «La Tahona de Rodas» (como se
llamaba la antigua tahona desde al menos 1945) y Rodas 1 es «Vda. De
Lesmes vinos», por lo menos hasta 1960.
Los procesos que
vive la ciudad a partir de los años sesenta producen el progresivo
deterioro del casco antiguo, en el que se concentra la actividad comercial
y financiera, y el tráfico. La redefinición de la
noción de centralidad, provocada por esta expansión de la
ciudad, en un contexto de terciarización del centro urbano y de
incremento de los precios del suelo, conlleva fuertes presiones y
remodelaciones del centro histórico que tratarán de «ir
poniendo a cada uno en su lugar» (ver sección 2.2.1)
«Como han
señalado Álvarez Mora y Roch [1980], la ciudad
histórica (que no debe
ser entendida como una ciudad del pasado, sino como una ciudad actual)»,
el edificio histórico, podríamos añadir, «tiene
un transcurrir específico que refleja precisamente su largo devenir
histórico, concentrando en ella fuerzas y rasgos de diferentes
épocas y procesos que chocan a menudo con los desarrollos e intereses
surgidos más recientemente. Esto es lo que ocurrió en Madrid
–en barrios como el actual Embajadores y, en general, en todo el centro
urbano– en el momento de su constitución como metrópolis
capitalista moderna, en la que sus nuevas actividades y protagonistas chocaban sin
embargo con una población que “no debía estar
allí”, que en función de los criterios organizadores de la
sociedad actual no debían ocupar el lugar que ocupaban, en un centro que
no era suyo ya. Resultado de estas presiones será el abandono absoluto
por parte de la administración y de los propietarios de estos barrios
que ven día a día crecer –con la más absoluta
colaboración de las autoridades municipales– las declaraciones de
“ruina inminente” como medio de expulsar progresivamente a los
antiguos inquilinos y a las actividades de corte más tradicional que
dificultan los nuevos procesos de acumulación capitalista.»5
Tal es el caso del barrio de Embajadores-Lavapiés, tal es el caso de
esta casa que
alberga a La
Escalera Karakola.
Notas
1 Los
ejemplos disponibles de este fenómenos son numerosos: la fábrica
del Salitre (c/ Salitre), la fábrica de Velas (c/ Huerta del Bayo), la
fábrica de vidriado (c/ Valencia), la fábrica de curtidos
(inicialmente en la c/ Ribera de Curtidores y más tarde en la c/ Mesón
de Paredes), la fábrica de cerveza (c/ Real de Lavapiés), la
fábrica Real de Coches (junto a la c/ Real de Lavapiés), la de
porcelana china (junto al Hospital General), la de Tapices (c/ Santa Isabel),
la de Tabacos (c/ Embajadores), la fábrica de ladrillos (en el Barranco
de Embajadores), etc. Ver, Tovar Martín, V. (1982), «Valores
histórico artísticos del barrio», pp. 34-35, en VV.AA., Establecimientos
tradicionales madrileños,
Volumen III, Madrid, Cámara de Comercio e Industria de Madrid, pp.
31-44.
2 A
finales del s. XIX los distritos con mayor presencia obrera eran los de
Inclusa, Hospital, Latina y Universidad. Ver, Candela, Paloma (1997), Cigarreras
madrileñas: trabajo y vida (1888-1927), Madrid, Tecnos, p. 141.
3
«Todos estos flujos migratorios terminarían por modificar no
sólo la estructura social madrileña (por ejemplo el abandono del
carácter artesanal a favor de una progresiva proletarización de
los trabajadores), sino la fisonomía de la propia ciudad (a
través de su imparable demanda de vivienda, que llevaría al
crecimiento desordenado del extrarradio y a una preocupación por la
denominada “vivienda obrera”). La contradicción entre el
continuo flujo migratorio hacia el mundo urbano y las pocas posibilidades de
desarrollo económico en una ciudad aún escasamente
industrializada será una fuente de tensiones sociales que a la larga
actuarán como acicate de la transformación de su condición
de sociedad tradicional.» Riesco Sanz, Alberto (2002), La
constitución de enclaves étnicos en las regiones metropolitanas:
El caso del madrileño barrio de Embajadores, Madrid, mimeo, p. 30
4 A
partir de este siglo XIX, podemos rastrear las actividades —y la
propiedad— de la casa a través del Anuario Almanaque del
Comercio, de la Industria, de la Magistratura y de la Administración, o
Almanaque de las 400.000 señas de Madrid, de las Provincias, de Ultramar
y de los Estados Hispano-Americanos elaborado por Carlos Bailly-Bailliere, que nos indica una
pequeña alteración en las actividades de la casa para el final de
siglo ya que en 1879 Rodas 1 aparece registrada como tahona, pero Embajadores
40 como vivienda particular sin relación con la propiedad de la tahona.
En 1880, las fincas siguen apareciendo separadas y por única vez en todo
el rastreo histórico, la casa de Rodas 1 registra un uso distinto al de
tahona: es una taberna, y la de Embajadores 40 una tienda de comestibles.
Ignoramos en qué momento se realizó la partición del
espacio y el uso de la casa que concebimos como un todo, pero sabemos que en el
Bailly-Bailliere de 1905
vuelve a aparecer unificada y las dos partes registradas como tahona.
5 Riesco
Sanz, A. (2002), p. 58.