«¡Una mujer de carácter! Muy parecida a su madre, ¿verdad? Usa lentes verdes y escribe libros especializados… Quiere alterar el universo, y juega a los dados con los hemisferios. Las mujeres nunca saben cuando hay que parar.»

William Gibson y Bruce Sterling, The Difference Engine

 

 

 

 

3.3. Propuesta de actuación: recuperación del Centro Social feminista «la Eskalera Karakola». Punto de partida

 

 

 

Es preciso establecer, en primer lugar, algunos puntos de partida fundamentales en este apasionante proceso:

 

a) Preservación del edificio

El interés urbanístico y arquitectónico que suscita la preservación del edificio que en estos momentos alberga al Centro Social de Mujeres «La Eskalera Karakola». Este edificio cuenta con un grado de protección estructural en el catálogo de elementos protegidos y con protección ambiental exterior, hallándose, tal como hemos explicado, en el Conjunto Histórico de la Villa de Madrid y en la Zona de Protección Arqueológica del Recinto Histórico. Asimismo, presenta un valor histórico y ambiental significativo para el barrio de Lavapiés y, en general, para la ciudad de Madrid (véase la sección. 2.1)

 

b) Rehabilitación del edificio

La necesidad de rehabilitar el edificio con el fin de preservar dicho valor. En este sentido, hay que destacar que el Área de Rehabilitación Preferente de Lavapiés prevé como dos de sus líneas fundamentales de actuación la rehabilitación de edificios y viviendas y la creación de nuevos equipamientos para el barrio. Es preciso, por lo tanto, movilizar la voluntad y la capacidad económica necesaria para acometer estos objetivos.

 

Con respecto a la primera línea de actuación, consideramos que rehabilitar este edificio, antigua panificadora, despacho de pan y vivienda precisa de una rehabilitación integral que evite definitivamente un posible estado de ruina, así como una situación de dejación que hasta el momento se ha caracterizado por el abandono y recientemente por una intervención limitada por parte de la Gerencia Municipal de Urbanismo que no hace sino parchear una situación que más tarde o más temprano habrá de resolverse con las urgencias y falta de creatividad propias de las acciones sustitutorias. Se trata de tomar la iniciativa y proponer una rehabilitación total que atienda tanto a la conservación del edificio como a la del proyecto que ahora alberga.

 

El inmueble de Embajadores 40 presenta, además, unas características que habiendo sido propias del barrio de Lavapiés se han ido poco a poco convirtiendo en marginales. Entre ellas hay que destacar el hecho de que nos hallamos ante un edificio de dos plantas, una singularidad que se ha visto socavada por los afanes especulativos sin freno y la falta de protección de los valores constructivos de esta área del centro.

 

En otro orden de cosas, nos encontramos ante un inmueble que al haber albergado un antiguo oficio el de panificadora conserva una serie de elementos de un alto valor arqueológico-industrial, entre ellos, dos hornos, además, de otras máquinas o elementos más o menos integradas en la estructura del edificio.

 

c) Proyecto social de mujeres

El interés social que suscita la continuidad y reconfiguración de un proyecto social de mujeres. Como hemos indicado en otros apartados del presente proyecto, la creación de espacios sociales, políticos y culturales para mujeres y gestionados por ellas mismas constituye una necesidad de primer orden para quienes aspiran a acabar con las formas de dominación de las mujeres. Únicamente fomentando espacios de este tipo, lugares físicos y simbólicos para el intercambio, la autoestima, el empoderamiento, la cooperación, la acción y la reflexión sobre la realidad de las mujeres, lograremos que se generen dinámicas de transformación social que impregnen el resto de los espacios, desde el hogar hasta la plaza, desde el lugar de trabajo hasta el centro educativo, desde el entorno local más inmediato hasta el ámbito global.

 

La autoorganización de las mujeres ha permitido cambios históricos fundamentales para la libertad de todos los seres humanos y constituye un elemento clave en la emergencia pública de fenómenos tan acallados como la violencia doméstica, la sobrecarga de trabajo de las mujeres o las desigualdades que atraviesan la existencia de las mismas en la educación, el ámbito laboral, la familia, la relaciones personales, la sexualidad, etc. La autoorganización, además, supera el modelo asistencial al uso en el sentido de que está basada en la autonomía, tan importante en el caso de las mujeres, y no en la dependencia; dependencia con respecto a los hombres o a los espacios ya predefinidos.

 

Lavapiés es el primer barrio de Madrid, dentro de los Convenios de Áreas de Rehabilitación, con un presupuesto para el desarrollo de programas sociales. Nos referimos al Plan de Intervención Social y Educativa, el famoso (o no tan famoso) PISE. Sin embargo, tal y como se viene observando desde la Red de Lavapiés, el tipo de programas desarrollados hasta el momento ha sido insuficiente, inadecuado o no se ha cumplido. En muchas ocasiones, el propio vecindario desconoce o no reconoce la utilidad de los proyectos sociales ideados, hecho que da lugar a una infrautilización de los mismos, como de hecho está ocurriendo.

 

El proyecto que aquí proponemos da respuesta a una necesidad y a un deseo real que tiene que ver con algunos de los problemas más acuciantes para las mujeres: la falta de espacios de encuentro y desarrollo colectivo, la necesidad fundamental del cuidado y atención de hijas e hijos, la búsqueda de empleo, el apoyo legal y psicológico o la formación en clave participativa, además de generar redes de apoyo mutuo y formas de cooperación de carácter no mercantil.


3.4 Responsabilidades asumidas por la Eskalera Karakola

 

 

 

Durante los seis años que el proyecto La Eskalera Karakola ha estado ubicado en el edificio de la calle Embajadores 40 hemos prestado gran atención a lo que significa habitar un edificio situado en un barrio como Lavapiés.

 

En este sentido, sabemos y somos conscientes de la gran necesidad y de la carencia no sólo de viviendas, sino también de espacios sociales. Estos espacios de sociabilidad son primordiales para crear y generar cohesión entre los diferentes elementos y gentes que configuran un barrio sometido a un profundo proceso de desestructuración que tiene su origen en cuestiones tales como el desempleo, la precariedad, el envejecimiento en solitario y sin recursos, la falta de equipamientos, la falta de vivienda y la existencia de infraviviendas, el racismo y la guetización, la violencia contra las mujeres, etc.

 

Por ello, desde La Eskalera Karakola hemos apostado por la recuperación de este espacio siendo coherentes en todo momento con lo que significa habitar esta ciudad de forma participativa, atendiendo tanto a la importancia ambiental de la casa y del entorno, como a los procesos urbanísticos con los que el edificio se encuentra imbricado o su valor estructural histórico.

 

Por ello, la labor que venimos realizando en el edificio durante los últimos seis años, además de promover la participación feminista (véase sección 1.1), ha incluido una serie de compromisos que han sido desatendidos durante largos años por parte de la propiedad.

 

Entre estos compromisos queremos destacar los siguientes:

 

Tareas de mantenimiento y acondicionamiento del espacio físico para su habitabilidad. Nos hemos encargado de contrarrestar la situación de abandono del inmueble asumiendo tareas generales de conservación que incluyen, entre otras cosas, el mantenimiento y reparación de la fontanería o la protección de la estructura de madera del edificio.

 

a) Rehabilitación

La (auto)rehabilitación de algunas partes deterioradas del edificio. Entre estas tareas de rehabilitación, llevadas a cabo a lo largo de estos seis años y de forma especial durante el Campo Internacional de Trabajo organizado por La Eskalera Karakola y el Servicio Civil Internacional (SCI) en 1999, hay que destacar la reparación de la cubierta de la calle Embajadores en dos fases, la sustitución y protección de algunas vigas, la realización de soportes para la cubierta, y el apuntalamiento de ciertas zonas pertenecientes al área en peor estado del edificio (véase sección 2. 4). Estas obras se ha realizado bajo el asesoramiento de un equipo técnico formado por arquitectas y arquitectos.

 

La Eskalera Karakola ha colaborado durante los últimos años con un equipo de arquitectas y arquitectos, con los grupos de trabajo sobre vivienda y equipamientos de la Red de Lavapiés, con grupos como el colectivo de Mujeres Urbanistas y la Red de grupos que trabajan sobre cuestiones de género y ciudad, auspiciada por el Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España, de la que La Eskalera Karakola forma parte, e iniciativas que, como el Laboratorio Urbano, aspiran a acercar la práctica de la arquitectura a los problemas sociales. La intervención y análisis de la problemática del edificio ha sido producto de esta prolongada cooperación.

 

b) Estructura y valor histórico

Respeto y compromiso en la preservación de la estructura y el valor histórico de la casa, así como de algunos objetos de interés arqueológico-industrial que se hallan en su interior.

 

Esta actitud nos ha llevado a solicitar la intervención de los bomberos en una ocasión ante un leve desplazamiento de la fachada. Esta visita se saldó con un informe positivo en el que se estimaban las tareas de conservación realizadas por las ocupantes. Este informe pasó al Departamento de Control de la Edificación de Gerencia de Urbanismo y es el que ha dado lugar a la realización de las obras que se están llevando a cabo en estos momentos.

 

c) Implicación vecinal

Implicación vecinal constante en el barrio como vecinas del mismo. La Eskalera Karakola ha formado parte de la Red de Lavapiés (ver sección 2.2.2) desde sus inicios participando de los análisis, debates, reuniones vecinales, comisiones de trabajo, jornadas e intervenciones públicas impulsadas por esta red, preocupada por el Plan de Rehabilitación y por los problemas urbanísticos y sociales del barrio de Lavapiés.

 

Entre las campañas impulsadas por La Eskalera Karakola en el entorno del barrio a lo largo de estos años nos gustaría destacar la que se ha realizado de forma continua en torno a la cuestión de la violencia contra las mujeres. En el marco de la misma se difundieron de forma colectiva numerosos carteles y pegatinas, se realizaron charlas y talleres, se participó en el 25 de noviembre, día contra la violencia dirigida a las mujeres, y se realizó una manifestación nocturna con un encuentro posterior en la plaza de Lavapiés, todo ello con el propósito de dar visibilidad a este problema y generar una respuesta común que reclamara la casa, la calle y la noche. (Para otras actividades del Centro Social en el entorno del barrio, véase la sección 1.1.)

 

d) Cargas económicas

Asunción de cargas económicas que se derivan del edificio. La Eskalera Karakola ha asumido durante estos años los gastos de suministro propios del edificio. Además, ha corrido con los gastos de las intervenciones de auto rehabilitación ya señaladas.

 

e) Diálogo

El diálogo con la Administración. Dada la negligencia de la propiedad, amparada durante largos años por las políticas de la propia administración, La Eskalera Karakola ha hecho frente al vacío y a la falta de compromiso de las instituciones que rodea habitualmente los procesos de deterioro de los edificios antiguos. Y ha sido la que ha dado la cara vigilando el estado del inmueble, contactando con el cuerpo de bomberos, acudiendo a Gerencia de Urbanismo para interesarse por los procesos administrativos que conciernen al edificio y facilitación en repetidas ocasiones las inspecciones realizadas por los técnicos de Gerencia de Urbanismo desde el pasado mes de julio, inspecciones que más tarde darían lugar a una reunión de las ocupantes y su equipo, que consta de arquitectas, abogadas e integrantes de la Red de Lavapiés, con representantes técnicos y jurídicos de Gerencia. Esta reunión se celebró el pasado mes de junio de 2002, y en ella se llegó a un acuerdo de comunicar a las ocupantes el inicio de las obras, un compromiso sobre su permanencia durante el desarrollo de las mismas, así como un acuerdo para facilitar los trabajos en el edificio. Como muestra de este interés y voluntad de recuperar el edificio, La Eskalera Karakola ha puesto a disposición de los técnicos de Gerencia los planos del edificio (elaborados gracias a la aportación de nuestras arquitectas). Durante el transcurso de la intervención de Gerencia, la Karakola y las personas que nos están prestando su apoyo han realizando un seguimiento de la misma, ejerciendo de este modo un papel activo que afirma, una vez más, nuestro interés y compromiso en la preservación de este edificio.

 

No nos resignamos a ser meras destinatarias de las intervenciones técnico funcionariales y no pensamos que éstas se escapen a la inteligencia de la colectividad que usa la ciudad; tal y como ha demostrado nuestra cooperación con arquitectas y urbanistas a lo largo de estos años, «otras prácticas son posibles».

 

Consideramos que todo esto pone de manifiesto una forma coherente de habitar y un compromiso activo con nuestra historia, con la del edificio que ocupamos y con el vecindario en el que habitamos. Entendemos que esta actitud y esta práctica avalan la continuidad y legitimación del proyecto de Centro Social que estamos proponiendo.

 

Entendemos, además, que la inhibición por parte de la propiedad y de la administración posibilita la especulación y todo tipo de abusos y convierte la ciudad en un espacio hostil para las personas que la habitan, sobre todo para aquellas que por distintos motivos, entre ellos su sexo, su etnicidad, su situación económica, su procedencia o una combinación de estos elementos se hallan en situaciones de extrema vulnerabilidad.


«La imagen de las queers, las descocadas, las fieras corrupias, las ciborgs, las histéricas, las camioneras, las frígidas y las salidas, las de tacones quebrados y las descalzas asaltando el supermercado, la tienda de artículos del mundo, el jardín privatizado, y la ceremonia de boda, es nuestro sueño mas querido. Ser divina es experimentar siempre con la práctica de la impostura que revela la disciplina sexual modificada del Hogar y la Caspa; es desorganizar nuevamente todas las clasificaciones.»

La Eskalera Karakola, Bollera no es una marca, manifiesto para el 28j de 2002

 

 

 

 

3.5. Medios para proceder a la expropiación y cesión

 

 

 

a) ¿Por qué hablamos de expropiación?

Consideramos como tarea primordial y necesaria la recuperación del espacio del inmueble situado en la calle Embajadores nº 40, para su uso social y público siguiendo la línea desarrollada en estos últimos seis años por La Escalera Karakola (ver sección 1.1), y en consecuencia, con el trabajo que esta colectividad de mujeres ha venido desarrollando y expresando durante todo este tiempo. Tal recuperación del espacio es posible por diferentes vías que la propia Administración tiene a su alcance y cuya aplicación depende únicamente de la voluntad política. Exigimos que ésta se constate de forma coherente con lo que significa la realidad social de Madrid, que incluye proyectos como el que aquí presentamos.

 

Uno de estos métodos no es sino la expropiación, herramienta que la administración tiene en su mano para situaciones de este tipo en las que el incumplimiento del deber social, urbanístico, y de mantenimiento por parte de la propiedad, además de su desuso injustificado en una realidad social como la nuestra (donde la especulación prima frente a la carencia de viviendas y espacios públicos, el valor de mercado frente al valor de uso y social) es claro, y requiere, por tanto, una intervención contundente: políticas reales que pongan sobre la mesa la necesidad de espacios públicos, de sociabilidad, de convivencia, de creación de otros tipos de vida y, en nuestro caso, la más que incipiente necesidad y el deseo de generar espacios de articulación de un discurso feminista que ponga de relieve la situación y la posición de las mujeres en el complejo mundo de hoy.

 

Queremos, pues, apelar a la Administración para que ésta ponga en marcha los mecanismos de los que dispone. Aunque nosotras apostemos por la expropiación, no se niega la posibilidad de valoración de otro tipo de procesos como la compra para la recuperación de este espacio como lugar público. En cualquier caso nuestro interés tiene que ver con un proceso de expropiación que contemple el proyecto del Centro Social de mujeres La Eskalera Karakola, cuyo contexto se ubica dentro del marco que venimos describiendo.

 

b) Incumplimiento injustificado del deber de conservación

Según el artículo 170 de la Ley 9/2001 del Suelo de la Comunidad de Madrid (LSCM), el incumplimiento injustificado de las órdenes de ejecución de obras de conservación o rehabilitación permite la expropiación por incumplimiento del deber social de la propiedad. La competencia corresponde al Ayuntamiento en todos los casos, pero también a la Comunidad de Madrid en los supuestos de los edificios catalogados o declarados de interés histórico artístico.

 

También el artículo 138 de la LSCM contempla, entre los supuestos para la expropiación forzosa, la declaración del incumplimiento de los deberes urbanísticos del propietario cuando la declaración esté motivada por el incumplimiento de los deberes de conservación, mantenimiento, y en su caso, rehabilitación de los inmuebles legalmente exigibles.

 

El edificio de la calle Embajadores nº 40 ha estado sujeto a abandono por parte de la propiedad desde hace décadas. Este abandono ha supuesto el deterioro del inmueble que no obstante fue recuperado parcialmente desde su okupación en 1996. Tal abandono incluye el incumplimiento de la propiedad del deber social de distintos tipos de obras de conservación y rehabilitación que, en su caso, fueron requeridas por Gerencia de Urbanismo (2002).

 

Esta negativa o ausencia por lo que respecta a la propiedad es, en todo caso, una actuación ilegítima que pone en duda el interés, uso y valor del edificio en relación a la propiedad, sobre todo teniendo en cuenta el valor histórico del mismo, como hemos explicado a lo largo de éstas páginas. La Eskalera Karakola se hizo desde el primer momento cargo de las necesidades del inmueble para posibilitar su uso, su habitabilidad (en sentido amplio) y apertura como espacio público y social. En este sentido, la obra de mayor envergadura fue producto del trabajo cooperativo y colectivo de mujeres concentradas en torno al Campo de Trabajo desarrollado en el año 2000 (ver sección 2.4). Sin embargo, las obras de conservación y mantenimiento han sido innumerables: saneamiento de más de la mitad de la cubierta, apuntalamiento de zonas delicadas, creación de estructuras de sujeción, arreglo del sistema de fontanería, etcétera.

 

Pero quizás lo más importante en torno a la conservación del edificio tiene que ver con su utilización, mantenimiento, respeto y cuidado por parte de un extenso colectivo de mujeres. Esto tiene relación con la acción vital de transformar un espacio degradado y muerto en un espacio de habitabilidad y convivencia, de relación y sociabilidad, de vida y uso, frente al poder especulativo que legitima la permanencia de un espacio inutilizado, degradado y en desuso total durante más de veinte años. Las consecuencias de la ubicación de nuestro proyecto en este espacio se revelan en el hacer cotidiano responsable con el entorno social, urbanístico y medioambiental de la casa, además de lo que a partir de ello supone la creación de un entorno que contribuya a generar tejido social y una comunidad en la que tengan cabida las propuestas y deseos de las mujeres de una forma participativa, abierta y colectiva.

 

Por lo tanto, queremos resaltar tanto la injustificable posición de la propiedad al eximirse de las obras de conservación y rehabilitación del edificio, como la necesidad de apelar a una respuesta política ante el conflicto que supone la existencia de un proyecto de interés social como lo es el desarrollado por parte de La Eskalera Karakola frente a una propiedad que no se ha hecho cargo en ningún momento del espacio. En este sentido, la Administración no puede considerar que esta situación de abandono y deterioro es una cuestión políticamente neutra: la responsabilidad en lo que se refiere a la posibilidad de impedir este tipo de situaciones de deterioro y degradación queda expuesta como un interrogante que hay que responder de forma política y consecuente con los factores y elementos que configuran nuestra realidad.

 

c) Protección urbanística y deberes de la propiedad

El artículo 25 de la Ley 10/1998 del Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid (LPHCM), afirma que la declaración de ruina o la simple incoación del expediente de un edificio objeto de la protección de dicha ley (catalogados) serán causa suficiente de utilidad pública para su expropiación forzosa.

 

El edificio de la calle Embajadores nº 40 goza de una protección estructural de nivel 2. Tal protección es suficiente para entender que este inmueble es de un interés histórico relevante, que es parte del patrimonio del centro de Madrid (hablamos de una casa que, como hemos explicado, resulta especilamente singular puesto que es una de las últimas casas, si no la última, que quedan de esa época). Su valor histórico ha quedado suficientemente demostrado y documentado (ver sección 2.1) como para tener en cuenta que la declaración parcial de ruina del inmueble (decretada por Gerencia de Urbanismo en 2002) debe ser considerada como «causa suficiente de utilidad pública para su expropiación forzosa».

 

La Ordenanza sobre Conservación, rehabilitación y Estado Ruinosos de las edificaciones de febrero de 1999 (OCRERE), establece, en su artículo 33, que los propietarios tendrán el deber de rehabilitar los edificios catalogados en los niveles 1 y 2, y todos los que se encuentren en un área de rehabilitación. Según el artículo 40, el incumplimiento de las órdenes de rehabilitación permite la expropiación del inmueble cuando resulte necesario por suponer la rehabilitación una disminución del número de viviendas, desalojos o cualquier otra causa que impida o dificulte la realización de las obras.

 

En general, constatamos (entre otras cosas por la necesaria intervención de Gerencia de Urbanismo sobre el edificio) el incumplimiento total por parte de la propiedad del deber de conservación y realización de cualquier tipo de obra de rehabilitación. El siguiente paso es, por tanto, el pronunciamiento por parte del Ayuntamiento acerca de esta situación. Éste es el interrogante que planteamos y que está abierto, no sólo para el futuro de La Eskalera Karakola, sino también para otros muchos edificios del barrio que se encuentran en la misma situación de incertidumbre y en los que las inquilinas de renta antigua, las inquilinas sometidas a alquileres abusivos, las okupas, etcétera, carecen de derechos frente a una propiedad cuyos intereses tienen que ver, en la mayoría de los casos, más con la especulación que con cualquier iniciativa de proporcionar mejoras para la vida digna de la población de este barrio.

 

Es tarea de la Administración, por lo tanto, utilizar las herramientas de las que dispone para crear un marco político que asuma y haga realidad su responsabilidad ante la situación de estos edificios. Sebtrata, en definitiva, de asumir políticamente problemas tan graves como la carencia de viviendas y de viviendas dignas, el precio abusivo y más que desproporcionado de las mismas, la necesidad de espacios públicos y de expresión autogestionados y autónomos, así como los deseos y necesidades reales y sociales de colectivos que, como La Eskalera Karakola apuestan por la creación de proyectos en el que las mujeres se convierten en interlocutoras reconocidas, esto es, en ciudadanas que aspiran a «hacer ciudad».


«Las vidas se construyen; por lo tanto más vale que nos convirtamos en buenos artesanos junto con los otros actantes mundanos del relato. Hay una enorme reconstrucción por hacer, empezando por un poco más de cartografía con la ayuda de los artefactos ópticos provistos de filtros rojos, verdes y ultravioletas.»

Donna Haraway, Las promesas de los monstruos

 

 

 

 

3.6 Rehabilitación y cesión en uso

 

 

 

La expropiación, que habitualmente se salda como una compra acordada fijando un justiprecio o precio inferior al del mercado, que estamos reclamando, es un paso necesario que ha de producirse paralelamente a otros. No olvidemos que se trata de conservar un edificio de reconocido valor (lo cual no equivale a apuntalarlo), y reforzar un Centro Social que precisa de espacios adecuados para su desarrollo (véase sección 3.2). Por ello, la expropiación ha de ir acompañada de un proceso de rehabilitación y cesión.

 

En este sentido, y tal y como se ha hecho en otras ocasiones, es preciso formalizar una cesión en uso para que el inmueble, siendo un bien público, pueda ser utilizado por las mujeres que participen y acudan al futuro Centro Social que aquí se reclama. La cesión del uso por parte del Ayuntamiento tendría la forma de «comodato de bienes inmuebles», según el cual la utilización del edificio constituiría «un préstamo de uso de bienes no fungibles».

 

Este es el estatus de otros edificios que formando parte de los bienes suelos y edificios del municipio son cedidos a asociaciones, fundaciones, etc., para su utilización, corriendo a su cargo las responsabilidades que se derivan del uso y la explotación del mismo. El tiempo de la cesión así como otras consideraciones más o menos importantes como la entidad jurídica de La Eskalera Karakola o los modos de financiación, podría estar sujeto a un proceso de negociación ulterior.

 

La modalidad de cesión daría un estatus legal y un reconocimiento político y social fundamental a lo que hasta ahora viene siendo un hecho implícito, incierto y extremadamente precario: el uso durante seis años de este edificio como Centro Social de mujeres.

 

Entendemos que esta cesión se sustenta en la labor hasta el momento desarrollada por La Eskalera Karakola (véase sección 1.1). Como ya hemos explicado existen numerosos precedentes de cesión en uso a asociaciones, fundaciones, etc. (véase sección 3.1). Quizá el reciente caso de La Escuela Popular de Prosperidad, «La Prospe», sea particularmente significativo por nacer de una experiencia ciudadana autoorganizada que, frente a fines privados no declarados, ha afirmado de forma colectiva y persistente el deseo y la necesidad de fomentar una práctica educativa cooperativa, no jerárquica y sensible a las desigualdades sociales.

 

La cesión y rehabilitación del edificio a cargo de la Administración, el Ayuntamiento de Madrid y/o la Comunidad de Madrid, es la respuesta justa a las demandas planteadas por un sector de la población del barrio de Lavapiés y de la ciudad de Madrid ante la falta de espacios sociales para la ciudadanía y, en particular, para las mujeres. Por todo ello, reclamamos una actuación por parte de estas instituciones y el inicio de un proceso de diálogo con el fin de alcanzar estos objetivos

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