«¡Una mujer de
carácter! Muy parecida a su madre, ¿verdad? Usa lentes verdes y
escribe libros especializados… Quiere alterar el universo, y juega a los
dados con los hemisferios. Las mujeres nunca saben cuando hay que parar.»
William Gibson y Bruce
Sterling, The Difference Engine
3.3.
Propuesta de actuación: recuperación del Centro Social feminista
«la Eskalera Karakola». Punto de partida
Es preciso
establecer, en primer lugar, algunos puntos de partida fundamentales en este
apasionante proceso:
a) Preservación del edificio
El
interés urbanístico y arquitectónico que suscita la
preservación del edificio que en estos momentos alberga al Centro
Social de Mujeres «La Eskalera Karakola». Este edificio cuenta con
un grado de protección estructural en el catálogo de elementos
protegidos y con protección ambiental exterior, hallándose, tal
como hemos explicado, en el Conjunto Histórico de la Villa de Madrid y
en la Zona de Protección Arqueológica del Recinto
Histórico. Asimismo, presenta un valor histórico y ambiental
significativo para el barrio de Lavapiés y, en general, para la ciudad
de Madrid (véase la sección. 2.1)
b)
Rehabilitación del edificio
La necesidad de
rehabilitar el edificio con el fin de preservar dicho valor. En este
sentido, hay que destacar que el Área de Rehabilitación
Preferente de Lavapiés prevé como dos de sus líneas
fundamentales de actuación la rehabilitación de edificios y
viviendas y la creación de nuevos equipamientos para el barrio. Es
preciso, por lo tanto, movilizar la voluntad y la capacidad económica
necesaria para acometer estos objetivos.
Con respecto a la
primera línea de actuación, consideramos que rehabilitar este
edificio, antigua panificadora, despacho de pan y vivienda precisa de una
rehabilitación integral que evite definitivamente un posible estado de
ruina, así como una situación de dejación que hasta el
momento se ha caracterizado por el abandono y recientemente por una intervención
limitada por parte de la Gerencia Municipal de Urbanismo que no hace sino
parchear una situación que más tarde o más temprano
habrá de resolverse con las urgencias y falta de creatividad propias de
las acciones sustitutorias. Se trata de tomar la iniciativa y proponer una
rehabilitación total que atienda tanto a la conservación del
edificio como a la del proyecto que ahora alberga.
El inmueble de
Embajadores 40 presenta, además, unas características que
habiendo sido propias del barrio de Lavapiés se han ido poco a poco
convirtiendo en marginales. Entre ellas hay que destacar el hecho de que nos
hallamos ante un edificio de dos plantas, una singularidad que se ha visto
socavada por los afanes especulativos sin freno y la falta de protección
de los valores constructivos de esta área del centro.
En otro orden de
cosas, nos encontramos ante un inmueble que al haber albergado un antiguo
oficio el de panificadora conserva una serie de elementos de un alto valor
arqueológico-industrial, entre ellos, dos hornos, además, de
otras máquinas o elementos más o menos integradas en la
estructura del edificio.
c) Proyecto
social de mujeres
El
interés social que suscita la continuidad y reconfiguración de un
proyecto social de mujeres. Como hemos indicado en otros apartados del
presente proyecto, la creación de espacios sociales, políticos y
culturales para mujeres y gestionados por ellas mismas constituye una necesidad
de primer orden para quienes aspiran a acabar con las formas de
dominación de las mujeres. Únicamente fomentando espacios de este
tipo, lugares físicos y simbólicos para el intercambio, la
autoestima, el empoderamiento, la cooperación, la acción y la
reflexión sobre la realidad de las mujeres, lograremos que se generen
dinámicas de transformación social que impregnen el resto de los
espacios, desde el hogar hasta la plaza, desde el lugar de trabajo hasta el
centro educativo, desde el entorno local más inmediato hasta el
ámbito global.
La
autoorganización de las mujeres ha permitido cambios históricos
fundamentales para la libertad de todos los seres humanos y constituye un
elemento clave en la emergencia pública de fenómenos tan
acallados como la violencia doméstica, la sobrecarga de trabajo de las
mujeres o las desigualdades que atraviesan la existencia de las mismas en la
educación, el ámbito laboral, la familia, la relaciones
personales, la sexualidad, etc. La autoorganización, además,
supera el modelo asistencial al uso en el sentido de que está basada en
la autonomía, tan importante en el caso de las mujeres, y no en la
dependencia; dependencia con respecto a los hombres o a los espacios ya
predefinidos.
Lavapiés es
el primer barrio de Madrid, dentro de los Convenios de Áreas de
Rehabilitación, con un presupuesto para el desarrollo de programas
sociales. Nos referimos al Plan de Intervención Social y Educativa, el
famoso (o no tan famoso) PISE. Sin embargo, tal y como se viene observando
desde la Red de Lavapiés, el tipo de programas desarrollados hasta el
momento ha sido insuficiente, inadecuado o no se ha cumplido. En muchas ocasiones,
el propio vecindario desconoce o no reconoce la utilidad de los proyectos
sociales ideados, hecho que da lugar a una infrautilización de los
mismos, como de hecho está ocurriendo.
El proyecto que
aquí proponemos da respuesta a una necesidad y a un deseo real que tiene
que ver con algunos de los problemas más acuciantes para las mujeres: la
falta de espacios de encuentro y desarrollo colectivo, la necesidad fundamental
del cuidado y atención de hijas e hijos, la búsqueda de empleo,
el apoyo legal y psicológico o la formación en clave
participativa, además de generar redes de apoyo mutuo y formas de
cooperación de carácter no mercantil.
3.4
Responsabilidades asumidas por la Eskalera Karakola
Durante los seis
años que el proyecto La Eskalera Karakola ha estado ubicado en el
edificio de la calle Embajadores 40 hemos prestado gran atención a lo
que significa habitar un edificio situado en un barrio como Lavapiés.
En este sentido,
sabemos y somos conscientes de la gran necesidad y de la carencia no
sólo de viviendas, sino también de espacios sociales. Estos
espacios de sociabilidad son primordiales para crear y generar cohesión
entre los diferentes elementos y gentes que configuran un barrio sometido a un
profundo proceso de desestructuración que tiene su origen en cuestiones
tales como el desempleo, la precariedad, el envejecimiento en solitario y sin
recursos, la falta de equipamientos, la falta de vivienda y la existencia de
infraviviendas, el racismo y la guetización, la violencia contra las
mujeres, etc.
Por ello, desde La
Eskalera Karakola hemos apostado por la recuperación de este espacio
siendo coherentes en todo momento con lo que significa habitar esta ciudad
de forma participativa, atendiendo tanto a la importancia ambiental de la
casa y del entorno, como a los procesos urbanísticos con los que el
edificio se encuentra imbricado o su valor estructural histórico.
Por ello, la labor
que venimos realizando en el edificio durante los últimos seis
años, además de promover la participación feminista
(véase sección 1.1), ha incluido una serie de compromisos que han
sido desatendidos durante largos años por parte de la propiedad.
Entre estos
compromisos queremos destacar los siguientes:
Tareas de
mantenimiento y acondicionamiento del espacio físico para su
habitabilidad. Nos hemos encargado de contrarrestar la situación de
abandono del inmueble asumiendo tareas generales de conservación que
incluyen, entre otras cosas, el mantenimiento y reparación de la fontanería
o la protección de la estructura de madera del edificio.
a)
Rehabilitación
La
(auto)rehabilitación de algunas partes deterioradas del edificio. Entre
estas tareas de rehabilitación, llevadas a cabo a lo largo de estos seis
años y de forma especial durante el Campo Internacional de Trabajo
organizado por La Eskalera Karakola y el Servicio Civil Internacional (SCI) en
1999, hay que destacar la reparación de la cubierta de la calle
Embajadores en dos fases, la sustitución y protección de algunas
vigas, la realización de soportes para la cubierta, y el apuntalamiento
de ciertas zonas pertenecientes al área en peor estado del edificio
(véase sección 2. 4). Estas obras se ha realizado bajo el
asesoramiento de un equipo técnico formado por arquitectas y arquitectos.
La Eskalera
Karakola ha colaborado durante los últimos años con un equipo de
arquitectas y arquitectos, con los grupos de trabajo sobre vivienda y
equipamientos de la Red de Lavapiés, con grupos como el colectivo de
Mujeres Urbanistas y la Red de grupos que trabajan sobre cuestiones de
género y ciudad, auspiciada por el Consejo Superior de Colegios de
Arquitectos de España, de la que La Eskalera Karakola forma parte, e
iniciativas que, como el Laboratorio Urbano, aspiran a acercar la
práctica de la arquitectura a los problemas sociales. La
intervención y análisis de la problemática del edificio ha
sido producto de esta prolongada cooperación.
b) Estructura y
valor histórico
Respeto y
compromiso en la preservación de la estructura y el valor histórico
de la casa, así como de algunos objetos de interés
arqueológico-industrial que se hallan en su interior.
Esta actitud nos ha
llevado a solicitar la intervención de los bomberos en una
ocasión ante un leve desplazamiento de la fachada. Esta visita se saldó
con un informe positivo en el que se estimaban las tareas de
conservación realizadas por las ocupantes. Este informe pasó al
Departamento de Control de la Edificación de Gerencia de Urbanismo y es
el que ha dado lugar a la realización de las obras que se están
llevando a cabo en estos momentos.
c)
Implicación vecinal
Implicación
vecinal constante en el barrio como vecinas del mismo. La Eskalera Karakola ha
formado parte de la Red de Lavapiés (ver sección 2.2.2) desde sus
inicios participando de los análisis, debates, reuniones vecinales,
comisiones de trabajo, jornadas e intervenciones públicas impulsadas por
esta red, preocupada por el Plan de Rehabilitación y por los problemas
urbanísticos y sociales del barrio de Lavapiés.
Entre las
campañas impulsadas por La Eskalera Karakola en el entorno del barrio a
lo largo de estos años nos gustaría destacar la que se ha
realizado de forma continua en torno a la cuestión de la violencia
contra las mujeres. En el marco de la misma se difundieron de forma colectiva
numerosos carteles y pegatinas, se realizaron charlas y talleres, se
participó en el 25 de noviembre, día contra la violencia dirigida
a las mujeres, y se realizó una manifestación nocturna con un
encuentro posterior en la plaza de Lavapiés, todo ello con el
propósito de dar visibilidad a este problema y generar una respuesta
común que reclamara la casa, la calle y la noche. (Para otras
actividades del Centro Social en el entorno del barrio, véase la
sección 1.1.)
d) Cargas
económicas
Asunción de
cargas económicas que se derivan del edificio. La Eskalera Karakola ha
asumido durante estos años los gastos de suministro propios del
edificio. Además, ha corrido con los gastos de las intervenciones de
auto rehabilitación ya señaladas.
e)
Diálogo
El diálogo
con la Administración. Dada la negligencia de la propiedad, amparada
durante largos años por las políticas de la propia
administración, La Eskalera Karakola ha hecho frente al vacío y a
la falta de compromiso de las instituciones que rodea habitualmente los
procesos de deterioro de los edificios antiguos. Y ha sido la que ha dado la
cara vigilando el estado del inmueble, contactando con el cuerpo de bomberos,
acudiendo a Gerencia de Urbanismo para interesarse por los procesos
administrativos que conciernen al edificio y facilitación en repetidas
ocasiones las inspecciones realizadas por los técnicos de Gerencia de
Urbanismo desde el pasado mes de julio, inspecciones que más tarde
darían lugar a una reunión de las ocupantes y su equipo, que
consta de arquitectas, abogadas e integrantes de la Red de Lavapiés, con
representantes técnicos y jurídicos de Gerencia. Esta
reunión se celebró el pasado mes de junio de 2002, y en ella se
llegó a un acuerdo de comunicar a las ocupantes el inicio de las obras,
un compromiso sobre su permanencia durante el desarrollo de las mismas,
así como un acuerdo para facilitar los trabajos en el edificio. Como
muestra de este interés y voluntad de recuperar el edificio, La Eskalera
Karakola ha puesto a disposición de los técnicos de Gerencia los
planos del edificio (elaborados gracias a la aportación de nuestras
arquitectas). Durante el transcurso de la intervención de Gerencia, la
Karakola y las personas que nos están prestando su apoyo han realizando
un seguimiento de la misma, ejerciendo de este modo un papel activo que afirma,
una vez más, nuestro interés y compromiso en la
preservación de este edificio.
No nos resignamos a
ser meras destinatarias de las intervenciones técnico funcionariales y
no pensamos que éstas se escapen a la inteligencia de la colectividad
que usa la ciudad; tal y como ha demostrado nuestra cooperación con
arquitectas y urbanistas a lo largo de estos años, «otras
prácticas son posibles».
Consideramos que
todo esto pone de manifiesto una forma coherente de habitar y un compromiso
activo con nuestra historia, con la del edificio que ocupamos y con el
vecindario en el que habitamos. Entendemos que esta actitud y esta
práctica avalan la continuidad y legitimación del proyecto de
Centro Social que estamos proponiendo.
Entendemos,
además, que la inhibición por parte de la propiedad y de la
administración posibilita la especulación y todo tipo de abusos y
convierte la ciudad en un espacio hostil para las personas que la habitan,
sobre todo para aquellas que por distintos motivos, entre ellos su sexo, su
etnicidad, su situación económica, su procedencia o una
combinación de estos elementos se hallan en situaciones de extrema
vulnerabilidad.
«La imagen de las queers, las
descocadas, las fieras corrupias, las ciborgs, las histéricas, las
camioneras, las frígidas y las salidas, las de tacones quebrados y las
descalzas asaltando el supermercado, la tienda de artículos del mundo,
el jardín privatizado, y la ceremonia de boda, es nuestro sueño
mas querido. Ser divina es experimentar siempre con la práctica de la
impostura que revela la disciplina sexual modificada del Hogar y la Caspa; es
desorganizar nuevamente todas las clasificaciones.»
La Eskalera Karakola, Bollera no es una marca, manifiesto para el 28j de 2002
3.5.
Medios para proceder a la expropiación y cesión
a) ¿Por
qué hablamos de expropiación?
Consideramos como
tarea primordial y necesaria la recuperación del espacio del inmueble
situado en la calle Embajadores nº 40, para su uso social y público
siguiendo la línea desarrollada en estos últimos seis años
por La Escalera Karakola (ver sección 1.1), y en consecuencia, con el
trabajo que esta colectividad de mujeres ha venido desarrollando y expresando
durante todo este tiempo. Tal recuperación del espacio es posible por
diferentes vías que la propia Administración tiene a su alcance y
cuya aplicación depende únicamente de la voluntad
política. Exigimos que ésta se constate de forma coherente con lo
que significa la realidad social de Madrid, que incluye proyectos como el que
aquí presentamos.
Uno de estos
métodos no es sino la expropiación, herramienta que la
administración tiene en su mano para situaciones de este tipo en las que
el incumplimiento del deber social, urbanístico, y de mantenimiento por
parte de la propiedad, además de su desuso injustificado en una realidad
social como la nuestra (donde la especulación prima frente a la
carencia de viviendas y espacios públicos, el valor de mercado frente al
valor de uso y social) es claro, y requiere, por tanto, una intervención
contundente: políticas reales que pongan sobre la mesa la necesidad de
espacios públicos, de sociabilidad, de convivencia, de creación
de otros tipos de vida y, en nuestro caso, la más que incipiente
necesidad y el deseo de generar espacios de articulación de un discurso
feminista que ponga de relieve la situación y la posición de las
mujeres en el complejo mundo de hoy.
Queremos, pues,
apelar a la Administración para que ésta ponga en marcha los
mecanismos de los que dispone. Aunque nosotras apostemos por la
expropiación, no se niega la posibilidad de valoración de otro
tipo de procesos como la compra para la recuperación de este espacio
como lugar público. En cualquier caso nuestro interés tiene que
ver con un proceso de expropiación que contemple el proyecto del Centro
Social de mujeres La Eskalera Karakola, cuyo contexto se ubica dentro del marco
que venimos describiendo.
b)
Incumplimiento injustificado del deber de conservación
Según el
artículo 170 de la Ley 9/2001 del Suelo de la Comunidad de Madrid
(LSCM), el incumplimiento injustificado de las órdenes de
ejecución de obras de conservación o rehabilitación
permite la expropiación por incumplimiento del deber social de la
propiedad. La competencia corresponde al Ayuntamiento en todos los casos,
pero también a la Comunidad de Madrid en los supuestos de los edificios
catalogados o declarados de interés histórico artístico.
También el
artículo 138 de la LSCM contempla, entre los supuestos para la
expropiación forzosa, la declaración del incumplimiento de los
deberes urbanísticos del propietario cuando la declaración
esté motivada por el incumplimiento de los deberes de
conservación, mantenimiento, y en su caso, rehabilitación de los
inmuebles legalmente exigibles.
El edificio de la
calle Embajadores nº 40 ha estado sujeto a abandono por parte de la
propiedad desde hace décadas. Este abandono ha supuesto el deterioro del
inmueble que no obstante fue recuperado parcialmente desde su okupación
en 1996. Tal abandono incluye el incumplimiento de la propiedad del deber
social de distintos tipos de obras de conservación y
rehabilitación que, en su caso, fueron requeridas por Gerencia de
Urbanismo (2002).
Esta negativa o
ausencia por lo que respecta a la propiedad es, en todo caso, una
actuación ilegítima que pone en duda el interés, uso y
valor del edificio en relación a la propiedad, sobre todo teniendo en
cuenta el valor histórico del mismo, como hemos explicado a lo largo de
éstas páginas. La Eskalera Karakola se hizo desde el primer
momento cargo de las necesidades del inmueble para posibilitar su uso, su
habitabilidad (en sentido amplio) y apertura como espacio público y
social. En este sentido, la obra de mayor envergadura fue producto del
trabajo cooperativo y colectivo de mujeres concentradas en torno al Campo de
Trabajo desarrollado en el año 2000 (ver sección 2.4). Sin
embargo, las obras de conservación y mantenimiento han sido innumerables:
saneamiento de más de la mitad de la cubierta, apuntalamiento de zonas
delicadas, creación de estructuras de sujeción, arreglo del
sistema de fontanería, etcétera.
Pero quizás
lo más importante en torno a la conservación del edificio tiene
que ver con su utilización, mantenimiento, respeto y cuidado por parte
de un extenso colectivo de mujeres. Esto tiene relación con la
acción vital de transformar un espacio degradado y muerto en un espacio
de habitabilidad y convivencia, de relación y sociabilidad, de vida y
uso, frente al poder especulativo que legitima la permanencia de un espacio
inutilizado, degradado y en desuso total durante más de veinte
años. Las consecuencias de la ubicación de nuestro proyecto en
este espacio se revelan en el hacer cotidiano responsable con el entorno social,
urbanístico y medioambiental de la casa, además de lo que a
partir de ello supone la creación de un entorno que contribuya a generar
tejido social y una comunidad en la que tengan cabida las propuestas y deseos
de las mujeres de una forma participativa, abierta y colectiva.
Por lo tanto,
queremos resaltar tanto la injustificable posición de la propiedad al
eximirse de las obras de conservación y rehabilitación del
edificio, como la necesidad de apelar a una respuesta política ante
el conflicto que supone la existencia de un proyecto de interés social
como lo es el desarrollado por parte de La Eskalera Karakola frente a una
propiedad que no se ha hecho cargo en ningún momento del espacio. En
este sentido, la Administración no puede considerar que esta
situación de abandono y deterioro es una cuestión
políticamente neutra: la responsabilidad en lo que se refiere a la
posibilidad de impedir este tipo de situaciones de deterioro y
degradación queda expuesta como un interrogante que hay que responder de
forma política y consecuente con los factores y elementos que configuran
nuestra realidad.
c)
Protección urbanística y deberes de la propiedad
El artículo
25 de la Ley 10/1998 del Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid
(LPHCM), afirma que la declaración de ruina o la simple incoación
del expediente de un edificio objeto de la protección de dicha ley
(catalogados) serán causa suficiente de utilidad pública para su
expropiación forzosa.
El edificio de la
calle Embajadores nº 40 goza de una protección estructural de nivel
2. Tal protección es suficiente para entender que este inmueble es de un
interés histórico relevante, que es parte del patrimonio del
centro de Madrid (hablamos de una casa que, como hemos explicado, resulta
especilamente singular puesto que es una de las últimas casas, si no
la última, que quedan de esa época). Su valor
histórico ha quedado suficientemente demostrado y documentado (ver
sección 2.1) como para tener en cuenta que la declaración parcial
de ruina del inmueble (decretada por Gerencia de Urbanismo en 2002) debe ser
considerada como «causa suficiente de utilidad pública para su
expropiación forzosa».
La Ordenanza sobre
Conservación, rehabilitación y Estado Ruinosos de las
edificaciones de febrero de 1999 (OCRERE), establece, en su artículo 33,
que los propietarios tendrán el deber de rehabilitar los edificios
catalogados en los niveles 1 y 2, y todos los que se encuentren en un
área de rehabilitación. Según el artículo 40, el
incumplimiento de las órdenes de rehabilitación permite la
expropiación del inmueble cuando resulte necesario por suponer la
rehabilitación una disminución del número de viviendas,
desalojos o cualquier otra causa que impida o dificulte la realización
de las obras.
En general,
constatamos (entre otras cosas por la necesaria intervención de Gerencia
de Urbanismo sobre el edificio) el incumplimiento total por parte de la
propiedad del deber de conservación y realización de cualquier
tipo de obra de rehabilitación. El siguiente paso es, por tanto, el
pronunciamiento por parte del Ayuntamiento acerca de esta situación.
Éste es el interrogante que planteamos y que está abierto, no
sólo para el futuro de La Eskalera Karakola, sino también para
otros muchos edificios del barrio que se encuentran en la misma
situación de incertidumbre y en los que las inquilinas de renta antigua,
las inquilinas sometidas a alquileres abusivos, las okupas, etcétera,
carecen de derechos frente a una propiedad cuyos intereses tienen que ver, en
la mayoría de los casos, más con la especulación que con
cualquier iniciativa de proporcionar mejoras para la vida digna de la
población de este barrio.
Es tarea de la
Administración, por lo tanto, utilizar las herramientas de las que
dispone para crear un marco político que asuma y haga realidad su
responsabilidad ante la situación de estos edificios. Sebtrata, en
definitiva, de asumir políticamente problemas tan graves como la
carencia de viviendas y de viviendas dignas, el precio abusivo y más que
desproporcionado de las mismas, la necesidad de espacios públicos y de
expresión autogestionados y autónomos, así como los deseos
y necesidades reales y sociales de colectivos que, como La Eskalera Karakola
apuestan por la creación de proyectos en el que las mujeres se
convierten en interlocutoras reconocidas, esto es, en ciudadanas que aspiran a
«hacer ciudad».
«Las vidas se construyen; por
lo tanto más vale que nos convirtamos en buenos artesanos junto con los
otros actantes mundanos del relato. Hay una enorme reconstrucción por
hacer, empezando por un poco más de cartografía con la ayuda de
los artefactos ópticos provistos de filtros rojos, verdes y
ultravioletas.»
Donna Haraway, Las promesas de los monstruos
3.6
Rehabilitación y cesión en uso
La
expropiación, que habitualmente se salda como una compra acordada
fijando un justiprecio o precio inferior al del mercado, que estamos
reclamando, es un paso necesario que ha de producirse paralelamente a otros. No
olvidemos que se trata de conservar un edificio de reconocido valor (lo
cual no equivale a apuntalarlo), y reforzar un Centro Social que precisa de
espacios adecuados para su desarrollo (véase sección 3.2). Por
ello, la expropiación ha de ir acompañada de un proceso de
rehabilitación y cesión.
En este sentido, y
tal y como se ha hecho en otras ocasiones, es preciso formalizar una
cesión en uso para que el inmueble, siendo un bien público,
pueda ser utilizado por las mujeres que participen y acudan al futuro Centro
Social que aquí se reclama. La cesión del uso por parte del
Ayuntamiento tendría la forma de «comodato de bienes
inmuebles», según el cual la utilización del edificio
constituiría «un préstamo de uso de bienes no
fungibles».
Este es el estatus
de otros edificios que formando parte de los bienes suelos y edificios del
municipio son cedidos a asociaciones, fundaciones, etc., para su
utilización, corriendo a su cargo las responsabilidades que se derivan
del uso y la explotación del mismo. El tiempo de la cesión
así como otras consideraciones más o menos importantes como la
entidad jurídica de La Eskalera Karakola o los modos de
financiación, podría estar sujeto a un proceso de
negociación ulterior.
La modalidad de
cesión daría un estatus legal y un reconocimiento político
y social fundamental a lo que hasta ahora viene siendo un hecho
implícito, incierto y extremadamente precario: el uso durante seis
años de este edificio como Centro Social de mujeres.
Entendemos que esta
cesión se sustenta en la labor hasta el momento desarrollada por La
Eskalera Karakola (véase sección 1.1). Como ya hemos explicado
existen numerosos precedentes de cesión en uso a asociaciones,
fundaciones, etc. (véase sección 3.1). Quizá el reciente
caso de La Escuela Popular de Prosperidad, «La Prospe», sea
particularmente significativo por nacer de una experiencia ciudadana
autoorganizada que, frente a fines privados no declarados, ha afirmado de forma
colectiva y persistente el deseo y la necesidad de fomentar una práctica
educativa cooperativa, no jerárquica y sensible a las desigualdades
sociales.
La cesión y
rehabilitación del edificio a cargo de la Administración, el
Ayuntamiento de Madrid y/o la Comunidad de Madrid, es la respuesta justa a las
demandas planteadas por un sector de la población del barrio de Lavapiés
y de la ciudad de Madrid ante la falta de espacios sociales para la
ciudadanía y, en particular, para las mujeres. Por todo ello, reclamamos
una actuación por parte de estas instituciones y el inicio de un proceso
de diálogo con el fin de alcanzar estos objetivos