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EDITORIAL En Febrero del 97 se celebraron en Barna unas jornadas estatales de ocupación. Allí muchas mujeres decidimos tomar un espacio a parte, donde más que profundizar en temas concretos sobre mujer y ocupación, empezó a tomar forma la necesidad y la realidad de una comunicación entre nosotras. Esta revista es uno de los frutos de aquél encuentro. Las chavalas de Valencia recibieron el material, propuestas e ideas para este proyecto. Después de meses, de desalojos y de movidas varias, la revista ha llegado a nuestras manos (Eskalera Karakola) para darle un último empujón. La provisionalidad de nuestras casas, lo difícil que nos es a menudo acceder a un simple ordenador, lo frágiles que se vuelven a veces nuestras relaciones, lo hacen más complicado. Queremos que esta revista tenga esto presente y así poder seguir inventándonos nuestra realidad. Esta revista ya está siendo una palanca y aún podemos tirar de ella mucho más. Un intercambio de experiencias que sirva para profundizar en las propias, un motor para producir ideas que cuestione nuestra práctica y que a la vez la proyecte. Podemos discutir textos, diseñar campañas, proponer acciones, apoyar iniciativas... ¿Quiénes somos y por qué una revista? Somos una llamada, somos mujeres okupas y con una revista podemos inventarnos lo que esto significa para cada una. Y cada una puede ser cualquiera que la lea y quiera pensar con nosotras cómo hacer estallar el mundo. La Eskalera Karakola se quedó encargada de sacar el segundo número. Esperamos vuestro material antes del 30 de Marzo. Así, igual en Abril esté ya en la calle. La revista es de todas y por esto todas tenemos que participar también en cómo queremos que sea (desde maquetación hasta fotos, pasando por secciones, artículos y demás). Es importante que ya algunas se hagan cargo del tercer número; comunicárnoslo y lo haremos público en el segundo. Besos y a seguir preocupando.
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En el movimiento alternativo....
En el movimiento alternativo, y más concretamente en el mundo de, las
ocupaciones, las mujeres somos minoría, tanto en cuanto a presencia numérica
como a presencia como género. Esto da mucho que pensar y es que los mismos
esquemas sexistas de la sociedad se reflejan en este ámbito. El movimiento de
ocupación tiene mucho de todo menos de antisexista. Ha sabido integrar en
mayor o menor medida ciertas luchas muy positivas, pero en el tema del
sexismo deja todo que desear. No hay más que ir a uno de los habituales
conciertos o fiestas y observar la biodiversidad tan amplia de machus ibéricos
que pululan por ahí. Y no nos engañemos, no sólo
es gente alejada políticamente del movimiento. Sin hacer ningún análisis
profundo, simplemente pensando en los colectivos que conocemos, vemos los
comportamientos en las asambleas, los funcionamientos, las acciones que se
hacen. Y muchas de nosotras cada vez nos sentimos más alejadas de esos
esquemas. Por supuesto, no queremos ser visibles en el movimiento
asimilándonos a esa estructura que en muchos aspectos es excluyente hacia las
mujeres que intentamos defender nuestra identidad como género.
Para profundizar sobre cómo nos sentimos, cómo queremos estar presentes y
sobre muchas cosas más, algunas de nosotras nos organizamos en colectivos de
mujeres, trabajando tanto hacia el exterior, como hacia el interior,
dependiendo de nuestros intereses en cada momento. Intemalizando esas luchas
externas y exteriorizando esa concienciación personal (interna).
En cuanto al nuevo proyecto que nos traemos entre manos, desde hace ya dos
años muchas mujeres que participamos del movimiento de ocupación y alrededores
nos empezamos a plantear la necesidad de okupar una casa de mujeres. El
debate se ha abierto ya varias veces, metiéndonos siempre en una espiral que
parecía no tener salida. Pero en los últimos meses, nos hemos juntado unas
cuantas con demasiadas ganas de okupar como para no hacerlo, y así hicimos.
El escabroso y omnipresente debate sobre la presencia/ausencia, y en qué
medida, de hombres se presentó. Abrió una pequeña brecha que nos permitió ver
la gran diversidad de intereses, motivaciones y necesidades por las que cada
una estaba allí. Al principio, el buscar constantemente puntos y posturas en
común, historias y vivencias parecidas (dinámica a seguir, sobre todo cuando
no te conoces demasiado), nos impidió ver de manera más positiva esas diferencias.
Más tarde las ganas de seguir juntas nos hizo flexibilizar e incluso
relativizar y comprender otras posturas ante el planteamiento de fondo. Y así
estamos; el tema de la mixticidad y en qué grado sigue ahí, pero
afortunadamente no nos impide seguir trabajando. A veces, sobre todo a la
hora de concretar actividades en sus formas, modos y maneras, surge la
cuestión, Pero hemos de reconocer que ha dejado de ser un tema central,
pasando a un segundo plano, o más bien dejándolo a la libre reflexión y experiencia
de cada una.
Muchas de nosotras tenemos una postura muy clara y concreta: nos apetece y
creemos necesario que la casa sea un espacio de creación hecho por y para las
mujeres. Esta especificidad es el motivo por el que algunas participamos de esta
okupa y no de otras, y es esta especificidad la que nos motiva a intentar
crear nuevas formas de relación y actuación que en otros ámbitos no
podríamos.
Nos parece un poco triste simplemente que se le haya dado tanta importancia a
la presencia de hombres, que por cierto, ya se sabe, en temas de antisexismo
siempre han sido los grandes ausentes; casi como creer en los reyes magos.
Además la existencia de algunos (pocos) tíos concienciados o en vías de
hacerlo es más bien como una meada en el océano. Sabemos que pocos son los
chicos a los que les pueda interesar (y no controlar) porqué hemos decidido
reunimos mujeres, okupar, etc. Además, precisamente esos pocos "chicos
concienciados" son los primeros que demuestran esa conciencia respetando
nuestra voluntad. Y si les interesa el tema, ya podrían currarse el
antisexismo entre ellos que buena falta les haría (tanto políticamente como
terapéuticamente).
El caso es tan simple como que es una casa de mujeres y no una casa donde los
hombres no puedan entrar. No lo entendemos ni vivimos como una exclusión, si
no como una forma de lucha que como colectivo con
conciencia de nuestra opresión hemos optado por llevar. En la que nosotras
decidimos y hacemos por y para nosotras. No se a quién le puede asustar esto;
recordemos las luchas obreras (en las que no había empresarios), los
colectivos de gitanos/as, los colectivos de negr@s, de indígenas; y
recordemos también el centro de ancian@s de al lado de nuestra casa ¿te
sientes discriminado/a por ser joven? porque la verdad no tiene mucho sentido
que intentes estar hasta en la sopa. La solidaridad es una cosa y la
omnipresencia y el control es otra muy distinta; además, todos los días se
nos presentan multitud de ocasiones para demostrar su solidaridad con las mujeres
así como su implicación y concienciación con el antisexismo.
A muchas chicas no les gusta, creen que discriminamos a los hombres, que
vamos a construir un ghetto. Yo creo que las mujeres hemos sido educadas para
vivir con el otro, para el otro. Nuestra vida siempre ha girado en función de
los demás, y claro, el miedo a la libertad es muy fuerte (incluso algunas no
ven la necesidad de esa lucha y esa libertad por conseguir). Es un miedo a
conquistar y vivir nuestra autonomía. ¿Y qué es la autonomía? Es saber decir
que no, es saber donde estás tú y donde están los demás (como mujer y como
persona). Es decidir por nosotras mísmas, sin la supervisión de los hombres,
es el actuar sin su protección y en general vivir sin su beneplácito. Es
comenzar a reconocer los múltiples tentáculos del patriarcado, ya sean tan
visibles como las agresiones sexuales ó más sutiles como cuando algunos se
sienten discriminados al no ser el centro de nuestras atenciones.
Sólo entonces veremos claramente al enemigo, diremos i Basta!, y ahí
comenzará nuestra emancipación. Estoy segura de que las vivencias que vamos teniendo en esta casa, nuestra casa, nos están haciendo experimentar, cambiar, y sobre todo crecer, tanto individualmente como colectivo que va entretejiendo su propia conciencia e identidad con las experiencias vividas, tanto con las buenas como con las malas.
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LA REDUCCIÓN DEL
CUERPO COMO PRINCIPIO DE SUJECCIÓN La consideración de
algunas personas como cuerpos ha sido, a través de los tiempos y en muchos
culturas, una estrategia de control y dominación. Si esa
"hipercorporalización" no es fruto del azar, sino que responde a
determinados principios de sujeción, ser sobre todo cuerpo significa dejar de
ser otras cosas. Significa, en ocasiones, dejar de ser personas, dejar de ser
ciudadana, dejar de ser libre, perder toda autonomía. Desde las más antiguas
civilizaciones, esa reducción al cuerpo se ha operado en las poblaciones
esclavizadas. Las esclavas eran, sobre todo, cuerpo trabajador, fuerza
física, organismo destinado a la producción, mercancía orgánica. Eran objeto de compra y
venta sin que importara otra cosa que su dentadura, su musculatura, su edad y
Su capacidad productiva Y reproductiva. Cumplían su función ejerciendo su
corporalidad, Y si frustraban las expectativas de sus amos eran castigadas en
sus cuerpos. Herederos de esa reducción son los prejuicios racistas todavía
vigentes, que hacen de las razas no blancas ejemplos de corporalidad externa. Otro ejemplo de
reducción al cuerpo lo constituyen las mujeres. La maternidad es sin duda uno
de los principales argumentos de tal reducción: maternidad como embarazo,
como producción de nuevos cuerpos, como gestión de la supervivencia de los
organismos, de su cuidado en caso de enfermedad, de su limpieza. La mujer
debe cuidar además el cuerpo de sus hijas e hijos, el suyo propio (al que
decora para agradar) y el de su marido al que debe satisfacer. EL MATRIMONIO
COMO ADQUISICIÓN DEL CUERPO FEMENINO, colchón sobre el que descansa el
guerrero, la prostitución en la que lo único que puede negociar la mujer es
su cuerpo, mientras que el hombre tiene el dinero o, en última instancia, la
fuerza, el poder y la legitimidad; la publicidad, en la que a la mujer se la
muestra como complemento equivalente del producto; y la pornografía, único
representación posible de la realidad lésbica, en la que, paradójicamente, el
hombre acaba también por estar presente como consumidor de cuerpos que
disfrutan sin su presencia inmediata, son otros tantos ejemplos de la
reducción de las mujeres a su realidad corporal. Este proceso de
reducción de la realidad humano a su manifestación carnal ha afectado al
'homosexual y a la lesbiana. Cuando nació este término "homosexual"
en 1869, ya se había iniciado un proceso por medio de¡ cual un nuevo sujeto
accedía al catálogo de especies que se estaban definiendo, y por medio de las
cuales se sofisticaban los regímenes de control. "Delincuencia" y
"locura" adquirían también una nueva existencia, cárceles y
manicomios servían alternativamente para encerrar los nuevos cuerpos. Así, se debió definir el
nuevo "cuerpo homosexual", porque la reducción al cuerpo sólo es
efectiva como criterio de control social si el cuerpo es identificable. Las
señas de¡ estigma debían ser inventadas. Nadie hasta el siglo XIX había
postulado la existencia de un cuerpo homosexual, de un especificidad
fisiológica. El cuerpo homosexual es desde que nace un objeto de ciencia por
excelencia. La primera disciplina
encargada de desvelar el cuerpo homosexual fue la medicina forense. El mero
reconocimiento de una anatomía permitiría descubrir al homosexual. Así, un
médico francés, Tardieu, escribía en 1857 que los sodomítas podían ser
identificados, ya que presentaban una dilatación del esfínter, un ano en
forma de embudo, un pene de reducida dimensión, los labios deformados, la
boca torcida y los dientes cortos. Tales eran los signos que demostraban la
práctica de la penetración anal y de la felación. Sin embargo, el
homosexual era algo más que el sodomita o perverso. Estos últimos debían
practicar su pecado de forma reiterada (e intensa) de modo que su cuerpo
hablara por sí mismo. El homosexual lo era incluso sin manifestar su vicio.
Tal era el desafío: LOCALIZAR AL HOMOSEXUAL ANTES DE QUE EJERCIERA SU
INFLUENCIA PERNICIOSA EN LA SOCIEDAD. Esta inquietud nueva
respondía, además, a la evidencia que se iba acumulando: determinados sujetos
podían escapar a los criterios de la medicina forense, y la ley, que antes
castigaba la sodomía, empezaba ahora a criminalizar la orientación; pretende
ser preventiva (encerrar o curar al homosexual antes de que actúe) y
universal (localizar a todos los sujetos de peligrosidad, como diría más
tarde el legislador franquista). Se entra de este modo en
un doble proceso de localización. De un lado, los criterios se especializan,
cada vez es más difícil encontrar la seña de la homosexualidad. Así, empiezan
a buscarse indicios hormonales, frustraciones en la juventud, traumas infantiles,
factores hereditarios, procesos de inadecuada resolución del complejo de
Edipo, factores ambientales...Las técnicas se sofistican en la misma medida
que las hipótesis; los mecanismos se complican a la vez que se hacen
incuestionables: la verdad del subconsciente sólo puede ser desvelado desde
posiciones de saber restringidos y elitistas.
Otras formas de acceder a la verdad no pierden vigencia: el interrogatorio,
la tortura, la confesión o la pura y simple especulación hacen partícipes del
proceso de descubrimiento y escarnio a policías, jueces, curas, jefes... De otro lado, el
reconocimiento se democratiza. Si la verdad está del lado de la
especialización técnica, del lado de la ciencia, de los expertos, no por ello
se impide (antes al contrario) QUE CUALQUIERA JUEGUE AL DESCUBRIMIENTO.
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EL MURO de Pink Panther,
que era una tía, que yo la ví... Y yo ¿qué escribo? Escribo sobre los
límites, de los límites, sobre los Muros. Tiramos los muros de las prisiones,
tiramos los muros de la okupa, tiramos los muros del género, tiramos los
muros para volver a construir. Lo de trascender luego de ser. Ser tirando
mierdas, pero me entra la impaciencia de que primero tenga que ser una cosa
para que luego sea la otra. El optimismo me dice que claro, cualquier golpe
en el muro repercute sobre todo el orden cósmico del universo, claro, claro,
sí, ya me lo sé, pero me entra la impaciencia de todas formas. Y también el
buen juicio me dice que me lo estoy pasando bomba tirando ese muro,
construyendo mi casita, trataralarita, tirando no sólo los muros de fuera,
sino los nuestros propios, esa autocrítica de las mujeres que tanto nos hace
falta. Y luego siempre retorciéndonos el seso de
qué herramienta utilizar para tirar esos muros. La poesía es un arma cargada
de futuro, las borderías son un arma rápida y efectiva, la instantánea
respuesta a cualquier agresión es guerra de guerrillas, el sólo estar ahí es
guerra de baja intensidad' , y los textos, textos-filosofia,. debates
feministas (hablemos por supuesto de identidad de género, hablemos por
supuesto de liderazgo entre mujeres), pensamiento colectivo que resulta buena
nutrición para ensanchamos y ver luz a través del mardito muro.
Herramientas-pico, herramientas-pala, a veces también tenemos que recoger
escombros de tanta mierda que hemos tirado, que se nos cae encima también a
nosotras dentro de una kasa fuera-dentro de ese fermoso orden cósmico del
universo social sexista... Menos mal que somos una chicas mu' apañás y
organizaditas dentro del a veces insidioso cacareo, y nos ponemos cascos para
tirar los muros o nos apartamos al rincón si sólo tenemos un casco para
todas. El casco protector de la mierda que cae por todas partes,
casco-construído-ya o cascoreinventado-por-nosotras ... ¿quién dijo que eran
cacerolas? Inventando por donde corre el agua que nos
refresca, que nos limpia. ¿Por qué tiene que correr por donde SIEMPRE han
dicho que corra? Las aguas que corren por donde han dicho siempre que tienen
que correr generan humedades y mohos en las paredes... ¿Quién ha sido el bobo
que ha dejado que esta casa se pudra? ¿Quién ha sido el bobo que ha dejado
que el orden cósmico del universo siga siendo
sexísta-aburrido-mohoso-reumático? ... el encanto de lo viejo, de las
tradiciones, sí, sí, hermoso barrio, el más antiguo de Madrid, pero también
la casa vieja se te cae encima, te aplasta, te cae mierda.... Solitas podemos
hacer una nueva casa, que ya es kasa, inventada
de arriba abajo, y que no coincide para nada con las casas diseñadas para la
gente moderna de las urbanizaciones de los barrios residenciales. Solitas pensamos en que el water, que queda
en medio de la gran sala de reuniones y fiestas, es muy importante, y el
water de la Escalera Caracola no es un agujero en el suelo donde se mea de
pie mirando a la pared y tapado por una cortina que llega a media altura...
quizás pretendiendo así la liberación de mear en público. ¿Por qué siempre
nos sugieren de qué nos tenemos que liberar, por dónde empezar a tirar el
muro, cómo coger un pico y una pala? Quizás sea porque ellos son los que han
construido las casas, ellos saben por donde suelen ir las tuberías que hacían
que el agua corriera, aunque fueron las mujeres las que les dijeron que por
favor, si nos les importaba, por amor hacia ellas, siempre por amor, les
pusieran el agua en la cocina para no tener que pasar fluyendo por ella a la
fuente. ¿O fue que a Manojo no le molaba nada, nada, nada que María fuera por
agua a la fuente y cifró su amor y cuidados hacia ella en que María no se
entretuviera hablando con las vecinas ... ? ¿Es tan simple la historia de
amor de Manojo y María? Otro tema más... vamos teniendo un buen repertorio de
letras de canciones tradicionales que reinterpretar u olvidar. Vamos teniendo un buen repertorio de muros
que tirar, asumiendo que nos va a caer mucha mierda encima... también a
nosotras. Pero si nos veo buscándonos la vida y protegiéndonos unas a otras,
cuidándonos, despejando vías de escape para otras, mirándonos las heridas
hechas por los cascotes...veo que el que las cacerolas se conviertan en
cascos es una buena idea ara deconstruir todos los muros que haga falta...
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