El cuidado
entre dos orillas:
relato de una
deriva con trabajadoras domésticas
Aquí os presentamos un nuevo
relato del proyecto de «Precarias a la deriva»: la narración
de una deriva por los tránsitos de las trabajadoras domésticas
que nos hizo cuestionar la organización misma de las unidades de
convivencia en las sociedades de la abundancia. ¿Quién cuida, en
qué condiciones y a cambio de qué?
«Precarias a la deriva»
(Tránsitos entre trabajo y no
trabajo)
Domingo 27 de octubre:
el cuidado entre dos orillas
(relato a dos voces de una deriva con
trabajadoras domésticas)
Intuiciones, preguntas,
conocimientos-explicaciones-puestas en común, bocetos, la pasión
de pensar a mil, de contextualizar nuestro quehacer, impresiones, grandes ideas
sueltas que van integrándose en nuestra comprensión de quienes
vamos siendo, andadura. Esta deriva, como las otras, fue un acercamiento a nuestra-la
condición de mujeres precarias y el deseo encarnado en nosotras de ir
construyendo la vida que queremos y, claro, destruyendo la vertiginosa
precarización de nuestras vidas, con las herramientas de lo que vamos
comprendiendo.
La deriva por el trabajo doméstico
la planificamos tres mujeres bien distintas, con cosas bien distintas que decir
y preguntar: Sania, una mujer ecuatoriana cuya migración a España
está determinada por los hijos que dejó en su país, por la
responsabilidad de garantizarles y garantizarse un futuro que quieren vivir
allá, una mujer que trabaja 14 horas de lunes a sábados, a
excepción del jueves por la tarde que libra y que aprovecha para limpiar
por horas y que, además, ocupa sus ratitos libres en la venta de cosméticos;
Silvia, una joven estudiante española que ha tenido que servir en
condiciones de pretendida horizontalidad en casa de la amiga de una amiga y;
Andrea, otra ecuatoriana, esta sin responsabilidades familiares y con cierta
estabilidad económina, que eventualmente se dedica al servicio doméstico.
Claro, mujeres con tanto en común y
a la vez tan distintas que deciden estar juntas, tienen mucho que intercambiar
y que decir a las demás; pero también preguntas clave que poner
sobre la mesa a la hora de proyectar "precarias a la deriva" como un
entramado femenino de producción de conocimientos y acción de
conflicto y constituyente. ¿Cómo vamos a pensar nuestras
profundas diferencias? ¿Cómo vamos a hacer de este nosotras un
complejo armazón-nosotras hecho del despliegue de todas las bisagras, contactos
y flujos que somos? Y es que en la deriva de trabajo doméstico, vimos de
manera patente fibras de lo que somos: migración legal e ilegal,
condiciones económicas distintas, exigencias vitales diversas,
libertades claramente diferentes, con la precarización de la existencia
como condición común.
Nuestra primera parada fue una tienda de
uniformes en donde, con varios trajes de sirvientes como telón de fondo,
nos dedicamos a hablar un poco de la jerarquía, del cuerpo explotado,
del agotamiento, de la vulnerabilidad, del uso del tiempo y de la
subsunción al tiempo del capital, pero también de los saberes
femeninos de cuidado y gestión del hogar puestos a trabajar sin
reconocimiento, que sufren muchas mujeres inmigrantes como Sania, que
más tarde pondría sus palabras por escrito:
¿Son necesarios? ¿Para
quién?
Los uniformes han sido creados por los
organismos de control para clasificar, distinguir, etc.
Nunca al llegar a España
pensé en llevar un uniforme, eso sería mi mayor lucha interior y
humillación.
Cuando trabajas de externa no necesitas
uniforme, bueno, no te lo exigen como cuando estás interna, más
aun si trabajas con gente de mucho dinero.
Las entrevistas de trabajo son terribles,
te preguntan muchas cosas, tus estudios, tu vida, tus aspiraciones, etc., pero
en el momento de decir tu sueldo es el más bajo posible, teniendo que
trabajar muchas horas y realizando trabajos como si fueras un PULPO.
Se llega de Ecuador con muchas ilusiones, pensando
que tu vida va a cambiar, que vas a conseguir todos tus objetivos y aquí
te encuentras con una dura realidad. Sin considerar tus sentimientos, que has
dejado a tu familia allí, estás aquí en unas condiciones
de inestabilidad tanto laboral como social, con desinformación. Es como
si fueras alguien diferente a otras personas que viven aquí.
El llevar uniforme es traumático,
no se piensa en lo que prefieres, qué conlleva ponértelo, saber
que tienes alguien que te ordena a su voluntad sin tomar en cuenta tus
posibilidades, estado de ánimo, cansancio, etc. Solo tienes que cumplir
tu trabajo, tienes que ser robot. Que sean eficientes y que no sientan, ni se
quejen. Y que cuando los demás te vean sepan que estás al
servicio de determinadas personas, dándoles un rango superior y unas
ínfulas de grandeza. Tienes que estar siempre dispuesta con una sonrisa,
claro sin tomar en cuenta que estás sin tus hijos, haciendo cosas en
condiciones de humillación, con gran cantidad de horas de trabajo y
todavía con el temor de perder el trabajo si no están contentos.
Las personas que trabajamos internas
estamos incomunicadas del mundo, las salidas son los jueves o sábados
después de comida, entre 16 a 18 horas, y los domingos, teniendo la
obligación de regresar a dormir los jueves y domingos, contal que en
este tiempo no tienes acceso a realizar ningún trámite, ni contar
con posibles trabajos o realizar tus asuntos personales que nadie te los
realiza si no eres tu, pero nada, estamos incomunicadas, desinformadas, nos
aíslan para impedir que conozcamos las condiciones en las cuales estamos
y podamos organizarnos para mejorarlas.
Las horas de trabajo de interna son de 12
a 14 horas al menos la gran mayoría, y obligatoriamente dormir en la
casa que trabajas. Realizando sinnúmero de trabajos limpiar, cocinar,
cuidar niños, y tolerar toda la presión existente.
No nos pagan por el trabajo intelectual,
emocional que ofrecemos, solo nos pagan y mal por el trabajo físico,
pero la experiencia de vida que llevamos cada uno, por eso no nos pagan, ni lo
reconocen, pero si se benefician.
El trabajo que realizamos es muy
importante; nos encargamos de cuidar niños y ancianos en su gran
mayoría, miren qué contradictorio, nos tratan muy mal y estamos
educando al futuro del país y cuidando a los ancianos, los que han
vivido y tienen experiencia. Nos deberían tratar muy bien y pagarnos
también para realizarlo de mejor manera.
Tenemos que agregar que en cualquier
trabajo que realices no se toma en cuenta el esfuerzo físico que
realices, ni el cansancio, peor las condiciones en que lo realizas, lo cual
excedemos sin importarnos las consecuencias futuras en nuestros países o
donde nos encontremos, sin seguridad social ni dinero.
Debemos empezar a protestar ante
situaciones injustas, recordando que hemos venido a mejorar nuestras
condiciones de vida, llenándonos de valor y de fuerza de voluntad para
iniciar esta travesía que no es fácil, pero que hay que continuar
y luchar por las condiciones en que estamos.
SOMOS PERSONAS IMPORTANTES
TENEMOS MUCHO QUE OFRECER Y EXIGIR
¡HAGÁMOSLO!
Entonces lanzamos una pregunta
(inseparable de las que apuntábamos al inicio de este relato) que
tenemos que ir respondiendo con toda la seriedad del mundo: estas son las
condiciones y la fuerza de muchas de nosotras ¿cómo son el
encuentro y el espacio en que quepamos muchas que vamos a construir?
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Nuestra segunda parada fue un
pequeño supermercado. Con productos de limpieza en mano, Silvia nos
habló de cómo una suerte de confianza depositada en ella por su
empleadora, que le daba dinero para comprar los mejores y más baratos
productos del hogar, resultaba, en realidad, un trabajo bastante exigente de
búsqueda, comparación, decisión y ahorro, como parte de
todo su trabajo de gestión de un hogar ajeno. Su amiga-empleadora daba
por sentado que como "buena mujer" sabría hacer el trabajo o
seguramente ni se lo cuestionaba, pero sí, Silvia había tenido en
su madre su escuela de quehaceres domésticos.
Por otra parte, la confianza de que gozaba
la obligaba al máximo ahorro para evitar suspicacias y al más
exhaustivo trabajo, al fin y al cabo, se trataba de una amiga. Silvia nos
contó que las relaciones laborales entre iguales y amigas no escapan de
la problemática de las contratas más desencarnadas en el servicio
doméstico.
Es verdad, como comentamos en una
discusión sobre lo que fueron nuestras primeras derivas, que la
liberación de la gestión del hogar de unas mujeres (las
dueñas de casa) por otras (las empleadas domésticas) no puede
resolverse con la conversión llana de las primeras en enemigas y
opresoras de las otras. Esto lo fundamentó una de nosotras mostrando el
valor de que las mujeres se planteen horizontes de vida públicos en
sociedades como las nuestras y, cómo, aun así, estas mujeres
mantienen una doble presencia entre el lugar de trabajo y el hogar, por
ejemplo, por teléfono, como se ve con claridad en las burócratas.
Otro argumento en el mismo sentido, fueron las redes ilegales de contrata de
inmigrantes, que crean ellas mismas a través de anuncios; toda la dureza
de la explotación doméstica y todas sus secuelas, que a la vez
permite a mujeres "sin papeles" cumplir algo de sus expectativas de
viaje y liberarse, de algún modo, de sus machistas hogares de origen.
Como decíamos, todo esto es cierto, pero también es cierto que
las relaciones asalariadas entre mujeres conllevan inevitablemente cotas de
exigencia y desconsideración muy importantes para con las que se han quedado
con el "descualificado" trabajo del hogar.
[Una de las paradas planificadas, pero a
la que por falta de tiempo no pudimos llegar, fue la casa donde yo trabajo
eventualmente. Mi empleadora es una mujer bastante cordial, que no se cuestiona
la absoluta flexibilidad (que para muchas se traduce directamente como
vulnerabilidad) de la empleada por horas a la que llama cada vez que necesita.
También hay que decir que preferí este empleo porque administro
mi vida y el dinero de modo que prácticamente no trabajo; ya dije que
Sania limpia los jueves por la tarde por horas para cumplir sus expectativas
económicas.
¿Esta mujer es nuestra enemiga?
¿Cómo pensar nuestra flexibilidad extrema? eran las preguntas que
preparamos para esta parada, que arriba ya empezamos a responder.
Hablando de flexibilidad, Marisa
afirmó un día que es bastante más deseable que el empleo
fijo, diario, de por vida; Maripaz, nos planteaba que no tenía ninguna
intención de ser enfermera toda su vida, con lo que pasa de estudiar
para las oposiciones. La clave está, señala Marisa, en pensar y
crear las condiciones para administrar nosotras nuestra flexibilidad: en
destruir nuestra precariedad; hay que calcular que mientras el mundo sea mundo
habrá que limpiar wateres, comenta Cristina; ¡pasta ya!
añade Silvia...]
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Nuestra siguiente parada fue el trayecto,
la especialidad de muchas de nosotras. Elegimos el Metro para tirar de un par
de fibras de este nosotras que es "precarias a la deriva": la
migración y la ilegalidad como dispositivo de control y; los trayectos
metropolitanos, que son el dibujo que de la ciudad hacen las precarias, como
lugar de posible enuentro-intervención.
La lectura de la denegación a la
solicitud de residencia laboral de una de nosotras, por "haber suficiente
mano de obra en el sector", fue la puerta para discutir sobre el asunto de
la migración y el violentísimo, pero inútil intento del
poder de controlarla. Sin embargo, no puedo contar ninguna reflexión
aquí, no porque este no sea un asunto actualísimo para todas
nosotras, sino porque el viaje fue bastante corto y lo que queríamos
hacer era seguir escudriñando en el relato que Sania había
empezado en la tienda de uniformes. Es lo que tienen las derivas, nos llevan a
donde vamos teniendo deseo de ir. Pero también dejan muchos cerrojos
clave solamente descandados...
Hablar de y en el trayecto nos remite a un
ensayo de Paulina (otra ecuatoriana, otra migrante, otra bisagra) sobre su ser
migrante, ya no exiliada sino migrante, una figura solo esbozada que yo me
apunto, que necesito construir también para mi. "Desnudarse de
ciertas tradiciones y valores, en mi caso ha sido motivo de celebración
(y alivio)". Quedan por destruir todo tipo de fronteras a este
tránsito que muchas somos: "España me ofrece muros, vallas y
miradas hostiles", "...resuelvo. denegar la exención de visado
solicitada. Notifíquese al interesado que la presente resolución
agota la vía administrativa, y con ella puede interponerse recurso
potestativo de reposición ante este órgano...", "...
con tanta humillación en el trabajo a mí han conseguido
dañarme, te digo".
Ya dije que también
queríamos aprovechar el trayecto para discutir desde la
sobreexplotación de muchas, sobre nuestros tiempos distintos, de la
vertiginosa movilidad que a la que por fuerza estamos abocadas y desde la
soledad de tantas, para reconocer que la forma de grupo asambleario con
miembros estables no nos sirve a las precarias y para empezar a pensar el
trayecto como lugar para ensayar la interpelación a otras y a otros.
Aquí dejamos otra pregunta abierta. Ya dije que en aquel momento solo
necesitábamos comprender el riesgosísimo salto de Sania, otro de
esos de los que está hecha la transgresión de las fronteras.
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Nuestra siguiente parada fue el parque del
oeste, un rincón de la metrópoli reapropiado por ecuatorianos
necesitados de retorno a su domingo nacional, a su encuentro en el territorio
del boley bol, de las hornaderas, el aguardiente y los griteríos
familiares. Allí quisimos hablar con otras empleadas domésticas,
es decir, con casi cualquiera de las ecuatorianas que se encontrara
allí. Queríamos hacer un brevísimo recorrido por sus criterios
sobre sus cuerpos trabajadores, sus tiempos, sus descansos y su
migración. Para algunas de nosotras, las que somos parte de esto aunque
irreversiblemente ya no lo seamos, estos pequeños encuentros fueron
realmente apasionantes; pero para otras, las que no vienen de aquí, el
contexto comunicativo era difícil. Y es que somos distintas.
Una verdad de perogrullo. En la asamblea
que tuvimos para valorar lo que habían sido las primeras derivas,
más diferencias clave se hicieron patentes: explicando situaciones
complejas, estábamos mujeres con experiencias laborales muy distintas,
feministas de largo recorrido, mujeres con experiencias diferentes frente al
trabajo doméstico (unas lo ofrecen y otras de niñas lo
recibían, la mayoría nunca lo habían ofrecido), migrantes
salidas del cuenco de la migración que transgrede fronteras con la
valentía de llevarse al punto de máxima indefensión.
Es por haber reconocido estas diferencias
que hablamos de bisagras y contactos. Es por eso que "precarias a la
deriva" podrá ser un entramado femenino complejo, difuso, potente.
Posiblemente una clave reside en comprender que cada una puede producir el
encuentro de todas con realidades hasta ahora ajenas, que cada una puede
ensayar hipótesis para poner en juego en la calle entre todas, que cada
una puede arriesgar-aportar explicaciones con las que ir armando la abigarrada
figura de quienes vamos siendo, todas, juntas.
Además, en el parque nos
encontramos con tres mujeres: abuela, madre e hija, tres generaciones,
experimento migrante de tres suertes fuertemente entrelazadas. Es la hisatoria
de Rita, una inmigrante ecuatoriana que echó raíces en Madrid
haciéndose de un esposo, un trabajo fijo en un centro comercial
Día y de una hija. Cuando la pequeña nació, Rita trajo a
su madre, María, una campesina ecuatoriana, vieja cultivadora de los
productos de la tierra, vieja explotada por una vida que no sabe bien
cómo vivir de otra manera. Es la historia de tres mujeres que
reorganizan su nuevo territorio en función de los saberes femeninos de
gestión, cuidado y sacrificio. La pequeña crece bajo el cuidado
campesino de su abuela y los ímpetus modernizadores de su madre, que
entiende que María, vieja explotada, no podría correr mejor
suerte.
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De camino a nuestra última parada
Sania tuvo que hacer una llamada. "Hoola mijita querida...". Sania
gestiona su casa en Ecuador por teléfono, aconseja a sus tres hijos que
se cuiden, que si hay problemas en la casa no se los escondan; aconseja a su
hermana y a su mamá que no le den dinero al padre de sus hijos porque no
lo devuelve, recomienda que le recuerden que la luz de la casa nueva corre por
su cuenta y que el teléfono ya lo perdieron por impago, les exige que
obliguen a comer a Andreita que cree que está gorda, y a ésta le
da consejos para mantener la figura y la salud y le recomienda que si su
papá pregunta por los envíos de dinero de su mamá, le diga
que son escasos; le dice a su padre que hable con el señor de las
ventanas y que le diga que el dinero le llegará al fin de la obra y no
antes...
En nuestra última parada vimos un
vídeo. Trataba las causas perdidas ante los tribunales de varias
trabajadoras domésticas que exigían una jubilación que
considerara el suyo un empleo como cualquier otro y la invalidez que
sufrían como una secuela laboral. Los argumentos de peso para los jueces
fueron que el trabajo doméstico no exige el mismo esfuerzo físico
que otros, sobre todo con el apoyo de los electrodomésticos
¡achaques de viejas!; es así que un equipo de médicos
cuantificó el gasto muscular de una trabajadora doméstica para
demostrar que su trabajo es realmente más exigente y nocivo para la
salud que muchos otros. Otra situación de invisibilización del
trabajo doméstico.
Es interesante anotar, como comentamos en
la discusión sobre nuestras primeras derivas, el plus de esfuerzo que
implican los electrodomésticos: la exigencia de un trabajo cada vez
más exhaustivo, con los más diversos aparatos a los que adecuar
el cuerpo. Uff, y la invención de los microbios, qué lío
para las amas de casa.
[Otro sitio en el que queríamos
pararnos y no pudimos fue la casa ocupada de la calle Murcia. El maltrecho
edificio alberga en sus apartamentos las más diversas nuevas familias
inmigrantes: un joven migrante que invita a su casa a compatriotas que no
tienen dónde estar, con lo que en el piso viven algunas madres con sus
críos, un par de chicas en paro, y algún otro hombre; enfrente
varios hermanos y una hermana comparten piso; más abajo hay una familia
casi completa... en fin.
Nosotras queríamos hablar con las
mujeres de aquel edificio muchas de ellas empleadas domésticas, todas
ellas amas de casa, casi todas inmigrantes con expectativas económicas y
ocupas en una ciudad donde vivir es un lujo. Aquí sí que quedaron
mil preguntas por hacer].
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Laboratorio de Trabajadoras