Notas sesión Sábado 16 de octubre 2004 en la Karakola.

 

EL CONTINUO SEXO, CIUDADO Y ATENCIÓN

 

Después de casi un año y medio hablando del continuo, con múltiples

interpretaciones y explicaciones al respecto, tenemos un momento para

pensar en común a qué nos referimos cuando nombramos el continuo y si

puede resultarnos una herramienta política útil.

 

¿Por qué comenzamos a hablar del continuo? Esta es la pregunta con la

que comenzamos la discusión. Haciendo memoria, recordamos tres momentos:

el primero sería la deriva del trabajo doméstico, cuando se ponía de

manifiesto el estigma y la desregulación que caracteriza este ámbito

laboral y que también afecta a trabajos tradicionalmente desempeñados

por mujeres como el trabajo sexual. Preparando el cartel para los

talleres de cuidados globalizados buscábamos imágenes relacionadas con

trabajos de cuidados, cuando poníamos en google palabras clave como

chacha, criada, interna..., lo primero que salía eran páginas web porno:

teníamos dos imágenes espejo en el imaginario colectivo la puta y la

chacha.

 

El segundo momento fue la preparación de la deriva de trabajo sexual,

los paseos con Hetaira y la propia deriva de trabajo sexual. En los

paseos con Hetaira fue cuando algunas tuvimos por primera vez contacto

directo con trabajadoras sexuales y fue cuando muchas de las ideas

preconcebidas empezaron a caer. Las putas nos contaban la necesidad de

hablar y de ser comprendidos que tienen los clientes, a menudo esta es

una demanda más relevante que el trabajo sexual específico. La exigencia

de empatía enseguida nos recordó a los relatos de las trabajadoras de

telemarketing quienes insistían en la necesidad que tiene la gente de

ser escuchada. Con todas sus diferencias y matices, de la invisibilidad

de la chacha al estigma de la puta, las mujeres que socialmente se

demandan reunían características comunes.

 

El tercer momento se centra en las críticas feministas a aquellas

explicaciones del trabajo inmaterial que no ponen de relieve la

heterogeneidad que existe en las características inmateriales del

trabajo y que obvian tanto las cuestiones reproductivas como las

estructuras de poder en las que están inmersas. Con estas críticas como

punto de partida proponíamos al ama de casa y a la trabajadora sexual

como figuras clave para comprender el trabajo inmaterial.

 

Tras localizar estos tres momentos, la discusión se abre. Se señala que,

al igual que nos pasó con el término precariedad, el continuo tiene que

permitirnos ver lo común y también lo singular, que la continuidad se da

entre distintas posiciones que no son estáticas. También establecemos

una distinción para hablar sobre los empleos, un primer nivel sería el

relacional que se da en cualquier lugar de trabajo y un segundo nivel

que sería el contenido específico de la profesión que en algunos casos

-como la educación, el trabajo sexual...- también sería relacional. La

desregulación que caracteriza al mercado de trabajo actual convierte al

componente relacional en un elemento central del mundo laboral, aunque

no sea el contenido específico del empleo.

 

Nos centramos en las categorías que nos ocupan: sexo, cuidado y

atención, con sus industrias, sus relaciones y sus dimensiones

históricas. Partimos de la actual tendencia estatal de gestión de lo

social que consiste en la externalización de los servicios y su

privatización. Nos encontramos que se ofrece atención pero que no hay

cuidado, que el cuidado se da cuando está encarnado, cuando se realiza

la tarea acompañada de una atención, pero que la actual mercantilización

separa y vende los elementos de esta conjunción. Pensamos a partir de

una fórmula: tarea + atención + X= cuidado. Donde la X en principio la

definimos como afecto, pero afecto no entendido como que te quieran sino

como un elemento ético y como un criterio de ecología social. Hablamos

de virtuosismo para nombrar eso que ocurre en la juntura entre atención

y tarea y que produce cuidado, de empatía, de intersubjetividad.

Finalmente la fórmula queda: tarea + atención + componente afectivo =

cuidado. Este componente afectivo tiene un imprescindible carácter

creativo y constituye la parte del trabajo (tanto remunerado como no

remunerado) que no puede ser codificada. Lo que se escapa al código nos

sitúa en lo que no está dicho aún, abre el terreno de lo pensable y

vivible, es lo que crea relación.

 

En este punto retomamos la pregunta que se hacia Mari Paz en la deriva

de enfermería social "¿trabajas para la gente o trabajas para el

sistema?" y es que hasta las performances que nos pueden parecer menos

naturalizadas como pueden ser las que desplegamos en nuestros empleos

van siendo incorporadas y nos van conformando de tal manera que dibujar

la línea que separa trabajo y no-trabajo vuelve a ser una tarea

insidiosa si no imposible. Pensamos en el funcionariado y en la

frustración que genera el realizar cada día una tarea vaciada de

imaginación. Pensamos también en la trabajadora doméstica y cuidadora de

niñ@s cuyo baremo para saber si hace un buen trabajo es que la niña o el

niño la quiera. Pensamos en la gente cuidada que quiere que sus

cuidadoras sean invisibles. Pensamos en la dimensión histórica del

afecto y en como ha sido conceptualizado socialmente como una debilidad.

Pensamos en como en el cuidado, que es una relación donde quien da

también puede recibir y viceversa, se estabilizan aún más las posiciones

de cuidador/a y cuidado/a cuando se mercantiliza la relación. Pensamos

en como los código culturales conforman nuestras nociones y vivencias de

cuidado y afecto, por lo tanto nuestras certezas se tambalean en

contextos interculturales como el que habitamos. Pensamos en que nos

sigue faltando la versión de quien recibe el cuidado gestionado por ongs

y el estado.

 

Después de habernos sacado una nueva fórmula del cuidado de nuestra

imaginativa manga (pero de la manga de lo que íbamos discutiendo, sin

hacer trampas ;-))), nos pusimos a probar a ver cómo funcionaba en tres

ámbitos diferentes: en el doméstico, en el público y en el sector privado.

 

La pregunta concreta a la que pretendíamos responder era: ¿cómo funciona

el continuo definido por la ecuación en los diferentes ámbitos en los

que se despliegan trabajos de cuidados (remunerados y no remunerados) y

con respecto a las distintas figuras (laborales y no laborales) que los

desempeñan?

 

EL CONTINUO EN EL AMBITO DOMÉSTICO

 

Empezamos dando una y mil vueltas al papel de la madre: para alguna la

madre ha muerto, para otras sigue vigente la escisión clásica entre

hombre que trabaja fuera y la mujer que atiende el trabajo reproductivo,

división sexual ahora reforzada por la precarización de un ámbito

laboral que haría más atractiva la vuelta al hogar y, como posición de

consenso, la idea de la madre como eterna "buffer", como figura

que se seguiría adaptando a las necesidades cambiantes de la familia

(una nueva necesidad sería, por ejemplo, la de la madre como

dispensadora de trabajo cognitivo, en el sentido más habitualmente

usado, es decir, esa persona que ayuda a los hijos a hacer los deberes,

al marido a nutrir las investigaciones, tesis, proyectosŠ). Frente al

trabajo de cuidados no remunerado se hallaría, solitaria, la oferta

laboral, como en las políticas de ³inserción² de personas con

discapacidades: como si no hubiera alternativas al trabajo

alienado/alienante, como si la vida no pudiera ser mucho más (y más

interesante).

 

Pero el paradigma de la madre que cuida es distinto, sobre todo, si se

atiende al origen social y étnico: así, si la mujer blanca,

burguesa,Špuede plantearse dejar de cuidar, sólo puede hacerlo en la

medida en que otras no tienen esa posibilidad y cubriran las tareas

abandonadas por las ³privilegiadas² en condiciones de infravaloración y

explotación (cuando no de esclavitud). Retomamos así el tema de las

cadenas de cuidados globalizados, unas cadenas cuyos eslabones van del

trabajo doméstico a la prostitución, pasando por los matrimonios y las

adopciones.

 

En la evolución de la familia parece complejo distinguir una tendencia

clara: la única tendencia que cabe vislumbrar sería un estallido de la

familia tradicional en una pluralidad de combinaciones en las unidades

de convivencia: multiplicidad de las familias migrantes, familias

urbanas o guays, familias lesbianas de color en USA (recomposiciones de

mujeres con hijos de exmatrimonios que generan formas de convivencia en

unas situaciones de no normalidad muy fuerte que tienen como fruto

modelos familiares mucho más heterodoxos)Š Entre combinación y

recombinación, el afecto se reconfigura reconstruyéndose en nuevas

comunidades de afecto.

 

Un ejemplo de estas nuevas territorializaciones del cuidado podrían ser

las pandillas callejeras, aunque muchas pensamos también que esto de las

pandillas tampoco es muy obvio, ahora que el espacio de la calle ya no

es el espacio de lo niños, cuyas existencias están más atomizadas que

nunca por las nuevas reestructurasciones urbanas y su obsesión

securitaria, por los nuevos núcleos familiares de hijos únicos, por la

psicologización de la vida [en concreto, el nuevo fenómeno de

psicologización de los ñoños (quería decir niños, pero el lapsus no

parece tan fuera de lugar, no?) y las neurosis sobreprotectoras que

provoca en padres y madres de clase media).

 

En todo caso, cuando se habla de cuidado o de descuido de la infancia no

se puede obviar la perspectiva de clase que atraviesa las dimensiones,

cualidades y valores que el afecto va adquiriendo según el tiempo, pero

también, según la posición social. Así, en el modelo de familia

burguesa, el éxodo de la madre (al mercado laboral remunerado) se vive

como una crisis del modelo de familia tradicional, se critica con

argumentos culpabilizadores y se tiende a solucionar pensando en

conservadoras regresiones hogareñas; mientras que en las familias

trabajadoras la madre siempre trabajó, aunque de manera más intermitente

que el padre. De hecho, se podría decir que, en el mundo obrero, lo que

desencadena la crisis de cuidados no es tanto la crisis familiar, como

la crisis de la comunidad en torno a la cual se organizaba la identidad

trabajadora (y del espacio en el que se establecía: los barrios obreros,

con sus calles y plazas como lugares de socialidad fuerte). Encontramos

aquí una conexión entre la crisis de los cuidados y la evolución de las

ciudades y de los modos de habitarlas.

 

Pese a esta diferencia real entre la familia burguesa y la familia

obrera, el modelo familiar burgués funciona como modelo ideal para la

sociedad en su conjunto y, a través de las regulaciones estatales (que

buscan unidades de convivencia inteligibles y, a través de su

inteligibilidad, controlables), se protege y fomenta.

 

 

EL CONTINUO EN EL SECTOR PÚBLICO

 

En el sector público la tendencia es al incremento de los servicios de

atención (teleasistencia), que filtran y reducen los costes. Se

eliminarían de este modo los componentes de afecto y de tarea.

Pero en cualquier servicio (dentro del ámbito amplio de los cuidados, se

entiende) se da, por parte del usuario, una demanda de afecto. Eso sí,

esta demanda tiene una exigencia central: el reconocimiento de la

persona como parte de una relación, que se tengan en cuanta las

vivencias de una, las preguntasŠ que se tenga en cuenta a la persona

como sujeto de la relación. Entre ese simple reconocimiento y la

implicación máxima existe una escala de grados de afecto en la que es la

importancia del componente tiempo es fundamental, así como la del

contexto (el hogar, la institución), el cuerpo (si entra o no en juego

en la relación)Š

 

Nos pusimos por último a hablar de ciertos programas de radio y

televisión que hacen las veces (y voces) de mediadores de demandas de

afectos (tipo confesiones nocturnas radiofónicas o la granja de los

famosos de la tele) y que son ejemplos de una banalización extrema de la

atención/empatía cuando ésta se desliga de la tarea (y no está mediada

por el afecto).

 

 

EL CONTINUO EN EL SECTOR PRIVADO

 

(esto queda como tarea pendiente, porque los estómagos empezaron a

crujir, y el intermedio gastronómico se convirtión en un viaje sin

retornoŠ a la karakola).

 

 

 

Precarias a la deriva

La Eskalera Karakola