PANFLET: Convocatoria IndyPiquete, 10 abril

 

Ayer, el ejército estadounidense tomaba la ciudad de Bagdad. Con esta

incursión masiva, se anunciaba el fin de la campaña bélica contra Irak.

Pero no de esta guerra. Porque esta guerra va más allá del ataque a Irak

o a Afganistán (¿quién se acuerda ya de Afganistán?). Desde el 11 de

septiembre, la guerra se ha convertido en la forma de gobierno imperial.

Guerra como mecanismo de legitimación de un poder que, tras haber

desmantelado los sistemas de bienestar, necesita continuar afirmando su

capacidad de dominio, por más vacío y arbitrario que éste pueda

resultar.

 

Como todas las guerras, esta guerra (global y permanente) tiene también

sus frentes internos: creación de enemigos ubicuos y con ellos,

extensión del pánico difuso; recorte de derechos y libertades

justificado por una situación excepcional; medidas de austeridad y

flexibilización laboral ante las exigencias de la guerra. Frente a esta

guerra y frente a su lógica delirante, miles y miles de personas nos

lanzamos espontáneamente a las calles. Nuestros cuerpos desafiantes

desbordaron las ciudades del mundo por cuatro días consecutivos. El

grito que los recorría: "NO NOS REPRESENTAN".

 

Hoy, jueves 10 de abril, algunos sindicatos han llamado a la huelga,

respondiendo al grito generalizado de "o paran la guerra o paramos el

mundo" y colocando la identidad de trabajador en el centro. ¿Pero qué

huelga podemos hacer las que tenemos la identidad de trabajador

dislocada, pese a ser ya tantas, cada vez más: las cuidadoras, las

trabajadoras del sexo, las asistentas sociales, las "free-lance"

precarizadas (de la traducción, del diseño, del periodismo, de la

investigación), las profesoras, las limpiadoras, las

estudiantes-trabajadorasdelTelepizza, las vagabundas y deambulantes por

un mercado laboral cada vez más pauperizado?

 

Podemos invadir las calles, como lo hicimos aquel jueves 20 de marzo en

el que comenzaron los bombardeos, afirmando un deseo de vida otro, ajeno

al absurdo de un poder que ha decidido gobernar y ordenar por medio del

terror.

 

Podemos recorrer ese territorio móvil que es el nuestro pero también el

de la guerra y el de la precarización, situarnos dentro y contra ese

paisaje saturado de vallas publicitarias, maniquíes con vestimenta

militar, tallas estandarizadas de normalización anoréxica y contratos

basura en todas sus variantes (ese paisaje que tantas veces hemos

atravesado en busca de empleo, de vestimenta, de ocio o de identidad), y

desde ahí interrumpir el flujo (de consumo, de comunicación productiva,

de invasión propagandística del imaginario, de control y cuidadosa

reglamentación de la desviación, de criminalización de todo lo que no

encaje en el cuadro), subvertirlo, volverlo caótico, convertirlo en

algarabía y en grito de "no a la guerra".

 

Podemos probar a parar, si no el mundo, algunos de los circuitos

productivos y de las conexiones clave de la economía-red, aliándonos a

las máquinas y poniéndolas en huelga. A nosotras nos pueden despedir,

pero a ellas no.

 

Contra la guerra y sus múltiples frentes:

jam their lines!

 

Indias metropolitanas contra la precariedad y la guerra.