Cuatro hipótesis sobre el continuo sexo-atención-cuidado

 

 

 

1. El afecto conoce una estratificación social históricamente determinada, que se materializa en la cadena sexo-atención-cuidados. Esta estratificación:  

 

a. contrapone sexo y cuidado;

 

b. desencarna la comunicación afectiva y la convierte en atención (comunicación basada en la escucha empática no implicada);

 

c. capitaliza fracciones, funciones aisladas, de cada uno de estos elementos, abriendo nuevas modalidades de contrato sexual (compra-venta de esposas, madres alquiladas, niños por encargo, proliferación y virtualización de los servicios sexuales...);

 

d. continua asignando las tareas ligadas a esta cadena a las mujeres, pero introduciendo nuevas estratificaciones entre éstas, ligadas, sobre todo, a la etnia/raza y al país de origen.

 

 

 

2. Nosotras denominamos a esta cadena el continuo sexo-atención-cuidados, por un lado, para subrayar los elementos de continuidad que existen por debajo de la estratificación y, así, desafiar el estrato y abrir posibilidades de alianza y de conflicto transversales. Por otro lado, porque detectamos tres procesos (la sexualización del trabajo, la crisis de los cuidados y la capitalización de la atención) que están difuminando las distinciones netas, haciendo más móviles las posiciones fijas tradicionales de las mujeres y creando posiciones nuevas.

 

Un ejemplo: tras la instauración en casi todos los países del mundo occidental de leyes que penalizaban los servicios sexuales a cambio de dinero, estos quedaron más o menos restringidos a determinados lugares, espacios y sujetos. La puta se oponía de forma nítida a otras mujeres buenas; durante el franquismo, si una mujer era una perdidilla (o de sexualidad rara o una madre soltera o una a la que le gustaba ir follando por ahí) pues se le decía puta y así se establecía una barrera clara que la excluía de otras opciones (claramente de las funciones de esposa y madre digna). Aunque en principio no tuviera esta profesión, podía acabar muy fácilmente teniéndola. Salía del mercado matrimonial y terminaba o en alguna institución (cárcel, patronato para jóvenes perdidas...) o en la calle, «haciendo la calle». Ahora, en cambio, el servicio de sexo tiene un lugar más incierto y quien se porta mal no se ve inmediatamente abocada al otro lado de la barrera, a otra profesión, a un modo de vida específico. El sexo como intercambio mercantil impregna otros espacios y los sujetos que lo ejercen pueden entrar y salir con mayor facilidad, puede haber incluso mujeres estudiantes-putas o telefonistas del sexo y cosas así... La palabra continuo habla del estallido de fronteras en el sexo, el cuidado y la atención: fronteras internas en el 'mundo de la industria del sexo' (sexo-porno, sexo-calle, sexo-teléfono); fronteras externas (el sexo en relación a otros supuestos mundos: sexo-moda, sexo-matrimonio, sexo-trabajo doméstico, sexo-servicios de cuidado, sexo-azafata de congresos). Y en ese estallido de fronteras, es donde el sexo se junta con la atención y el cuidado: las putas cuidan, las telefonistas masturban, las estudiantes atienden, las cuidadoras son novias...

 

¿En qué consisten los 3 procesos a los que aludimos y qué continuidades hay, a su vez, entre ellos?:

 

­ La sexualización del trabajo: alude a la expansión del sexo como intercambio mercantil más allá del estricto marco de la industria del sexo, a su vez en expansión y diversificación. El sexo aparece en juego en el mundo de la moda y del espectáculo, en las entrevistas de trabajo, en la perfomance sexualizada que se le exige a todas las mujeres (y cada vez más también a los hombres) que hacen un trabajo cara al público (en un sector servicios a su vez en expansión), etc.  

 

A su vez, el sexo, inserto en la cadena placer-consumo, produce un valor específico que se añade al valor de la mercancía/servicio al que va asociado. Así, el sexo se convierte en una fuerza de producción. Y los cuerpos se disciplinan cada vez más en función de esta permanente exigencia de performance sexual. Exigencia que pasa por la saturación de un plano fijo y excluyente heteronormativo (heteronormatividad como régimen político) y que genera a su vez cuerpos heteros, hipervisibles e hipersexualizados, organizados en modelos unifamiliares de convivencia. Esto asegura su inteligibilidad social y su control, al mismo tiempo que excluye o neutraliza otras formas de organización del cuidado, de la intimidad y del espacio. Lo cual conecta la sexualización del trabajo con el siguiente proceso: 

 

­ La crisis de los cuidados: debido a la fuga femenina de las tareas de madre y esposa, al incremento de la demanda de mano de obra femenina (porque el capital ha aprendido a explotar para su beneficio la «diferencia femenina»), a la desregulación laboral y al desmantelamiento del Estado del bienestar, las redes informales de mujeres, que en «lo privado» habían asegurado las sostenibilidad de la vida (apoyadas en las unidades familiares y en el Estado del bienestar, en los países en los que éste ha existido), se están desestructurando, sin que exista una nueva organización para asegurar el cuidado de las personas, abriendo una auténtica crisis, que experimenta un cierre conservador a través de 3 procesos:

 

a. Sustitución del Estado del bienestar y sus derechos universales por la EMERGENCIA DE UN TERCER SECTOR cuya tarea principal es la contención de los «sujetos de riesgo»;

 

b. Contratación de mano de obra femenina inmigrante, en su mayor parte procedente del sur del mundo, para cubrir las tareas de cuidado, en ocasiones en situación de semiesclavitud, introduciendo en el seno de los hogares la división internacional del trabajo y sus tensiones (trasvase afectivo en dirección sur-norte y creación de las llamadas cadenas mundiales de afecto);

 

c. Falta de tiempo, recursos, reconocimiento y deseo para hacerse cargo del trabajo de cuidados no remunerado (que no obstante sigue recayendo en un altísimo porcentaje en manos de mujeres), lo que se acaba traduciendo en una fuerte incertidumbre para los periodos de enfermedad o vejez;

 

d. capitalización de la atención desligada del lazo afectivo y de la tarea material. Con lo que la crisis de los cuidados se conecta al tercer proceso al que hacíamos referencia:

 

­ La capitalización de la atención: tres fenómenos heterogéneos confluyen para crear un mercado emergente para la venta de «escucha» y «empatía»:

 

a. la sensación de desamparo e incertidumbre que produce la crisis de los cuidados (de la que se nutren cosas como el teléfono dorado, los programas radiofónicos de confesión, las sesiones con videntes y psicológos...);

 

b. la centralidad que adquiere en el proceso de producción la relación con el cliente, para facilitar el ajuste de la producción a partir de la demanda (lo cual abre el mercado de los teléfonos de atención al cliente o los servicios de consulting y hace proliferar figuras como las del cazador de tendencias o el comercial...);

 

c. la necesidad de recortar el gasto público «filtrando» la demanda de asistencia (que se traduce en la creación de cosas como el teléfono de emergencias, el teléfono de atención a mujeres maltratadas, etc...).

 

La atención, intercambiada por dinero en función de un patrón temporal de medida, se aísla de la comunicación encarnada, la que produce relación duradera, confianza y cooperación, y da paso a un intercambio vacío y no implicado de códigos (palabras y gestos).

 

 

 

3. En el contexto de incertidumbre y desterritorialización impuesto por la precarización de la existencia, triunfa la lógica securitaria como un modo de hacerse cargo de los cuerpos basado en el miedo, la individualización y la contención. Los dos agentes principales de esta lógica son los servicios de seguridad privada y las ONG's. El cuidado aparece aquí como un modo de hacerse cargo de los cuerpos opuesto a la lógica securitaria y basado en la cooperación, la interdependencia, el don y la ecología social.  

 

Buscando una definición del cuidado, que tuviera en cuenta la forma en la que éste se da en la actualidad, pero también sus posibles virtualidades, hemos dado con la siguiente fórmula:

 

tarea + atención + X + cotidianeidad = cuidado 

 

Donde la X la definimos en principio como afecto, pero afecto no entendido como que te quieran, sino como un elemento ético y como un criterio de ecología social. Hablamos de virtuosismo para nombrar eso que ocurre en la juntura entre atención y tarea y que produce cuidado, empatía, intersubjetividad. Este componente afectivo tiene un imprescindible carácter creativo y constituye la parte del trabajo (tanto remunerado como no remunerado) que no puede ser codificada. Lo que se escapa al código nos sitúa en lo que no está dicho aún, abre el terreno de lo pensable y vivible, es lo que crea relación.

 

 

 

4. Uno de los desafíos biopolíticos fundamentales en la actualidad consiste en inventar una crítica de la actual organización del sexo, la atención y el cuidado y una práctica que, partiendo de éstos como elementos dentro de un continuo, los recombine para producir nuevas formas de afecto más liberadoras y cooperativas, que pongan el cuidado en el centro pero sin separarlo del sexo ni de la comunicación.