Madrid 8 de marzo 2002
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Si nosotras calláramos, gritarían
las piedras: ¡Ni violencia, ni guerras!
feminista
« ...y la mayoría de las mujeres del mundo deben luchar por
su vida en más de un frente a la vez...»
Adrienne Rich
El movimiento feminista
lleva ya muchos años denunciando y trabajando en contra de la opresión de las
mujeres, en Afganistán y en todos los lugares del mundo. Denunciando los
diferentes usos que transforman a las mujeres en moneda de cambio, o en la
justificación de conflictos armados y agresiones que, en ningún caso, mejoran
la situación de las mujeres y las niñas, ni del resto de las persons que
habitan en tales lugares. Denunciando las violaciones que convierten a mujeres
y niñas en botín de guerra en todo conflicto bélico. Denunciando que, pese a
que nos quieran convencer de lo contrario, los ejércitos no defienden la paz.
Lejos de
oportunismos mediáticos o de imaginarios patrióticos, desde el movimiento
feminista -con nuestras diversidades y conflictos a cuestas- seguimos
denunciando y trabajando contra las violencias y terrorismos -estatales o no-
que se multiplican aquí y allá, que nos empujan a girar, que se solidifican e
nuestros cuerpos convirtiendo el color de la piel en una excusa para el racismo
o el vestido una excusa para el sexismo. Nuestros
cuerpos son campo de batalla, en ellos, a través de ellos y por ellos
luchamos muchas batallas en lo cotidiano. El orden hetero-patriarcal nos
bombardea a diario en muchos frentes: desde los medios de comunicación que presentan
modelos imposibles a los que se nos “invita” a parecernos; desde la norma
heterosexual que invisibiliza deseos y proscribe relaciones que no considera
“dignas”, o presenta como imposibles o no verdaderas a las mujeres cuyo cuerpo
no responde a lo “biológico”.
Partimos de la
multiplicidad: somos muchas y diversas. Nuestros intereses se dispersan pero
nuestras voluntades se conjugan.
Creamos
estrategias de sobre-vivencia, redes de movilización política. Amas de casa que
se unen para comprar al por mayor en Argentina, Mujeres de Negro que, desde
Nueva York, Israel, Palestina, o Madrid denuncian las guerras (las visibles,
las invisibles, las de alta o baja intensidad) sin tolerar discursos de
“efectos colaterales” que ocultan asesinatos masivos. Mujeres de negro que
reclaman presencia en los espacios de negociación política demandando que la paz no sea una mera ausencia de guerra.
«... una paz que no sea una vuelta a la “normalidad”, a la “vida de antes”.
(Porque) en un mundo donde el 95% de las riquezas están concentradas en las
manos del 5% de la población mientras el resto muere de desnutrición, de
enfermedades, de ausencia de futuro, o persiguiendo una meta desesperada, la
ausencia de conflicto no es la paz, sino un estado de no-guerra “ambiguo y peligroso”...»
(Elena Laurenzi).
Creamos redes
feministas para construir acción y también pensamiento crítico. Críticas que atraviesan los órdenes establecidos
ideando, inventando, soñando incluso otros futuros posibles. Futuros que
proponen, frente a la globalización que nos impone el capital, un mundo mestizo
y no racista, social y no económico, plural y no jerárquico.
«...Buscamos formas inéditas de convivencia que cuestionen la mera tolerancia,
palabra favorita en el léxico del “hombre moderno”. Tolerarse es soportarse.
Convivir es más, es compartir el pan y la esperanza...» (María Zambrano).
Demandar que la
paz no es sólo ausencia de guerra es prestar atención a las violencias
cotidianas. Prestar atención a los mecanismos mediante los cuales se mantiene
el orden instituido. Todas las violencias no tienen el mismo peso, ni la misma
intensidad, no generan el mismo dolor. Las violencias se entrelazan, se
conjugan, se suman, se multiplican, a veces son tan cotidianas que ni siquiera
las entendemos como violencias. A menudo están tan inscritas en nuestras
realidades, en nuestras vidas que nos cuesta tomar distancia y ponerlas en
cuestión. Precisamente por eso se hace necesario nombrarlas, hacerlas
visibles... enfrentarlas.
Violencias
en lo socio-económico: donde los contratos basura, la precariedad laboral y el paro
femenino son otras formas continuadas de violencia. Cómo también la brecha
salarial; el “lastre” de la maternidad en el curriculum; la no cotización, invisibilización
y desprecio del trabajo doméstico como no-trabajo; la feminización de la
pobreza; los problemas de la inclusión de las mujeres en la política
patriarcal; la obligada migración por causas económicas; los embargos como
herramienta de coacción y tortura. El tráfico de mujeres, un negocio
multimillonario tolerado porque beneficia a estados y políticos, el turismo
sexual como nueva aventura colonial. Todo ello en paralelo a la hipocresía de
instituciones y gobiernos que, de nuevo, no reconocen e invisibilizan los
requerimientos de las trabajadoras sexuales, marginalizándolas a una condición
alegal y una situación de precariedad y vulnerabilidad.
Violencias
en lo simbólico: una -única- imagen de “la
mujer-mujer” creada por los medios de comunicación, por las instituciones
religiosas, por las construcciones nacionales. Las mujeres como víctima (débil), como objeto sexual (fácil)
y como moneda de cambio (barata). Violencias por invisibilidad, en el lenguaje,
en el diccionario que iguala “hombre” con “ser humano”. Violencias por omisión,
que permiten que una mujer vaya a ser lapidada por ser madre soltera. La
invisibilidad, condena y exclusión de aquellas que no entran en los cánones
(místicas, locas, brujas, feministas, bolleras, transexuales, putas, frígidas).
Violencias
sobre el cuerpo: son violencias materiales que se
contabilizan en marcas, golpes, cuchilladas, en infibulaciones y ablaciones
justificadas por supuestas tradiciones. Son violencias sexuales: el extremo es
la violación, pero diariamente también la bofetada, el empujón y el insulto. La
utilización del cuerpo de las mujeres como arma de guerra, en el que “mancillar
el honor patrio”, a través del cual se pueden barrer etnias mediante
violaciones sistemáticas que permanecen impunes.
Son tabúes y
represión de los deseos y necesidades. Son normas de decoro y modelos 90-60-90,
la anorexia y la bulimia como el exceso de múltiples desencuentros con el
cuerpo y la sociedad en la que se inscribe. Son fronteras (físicas, mentales,
simbólicas, reales) que, multiplicándose en todo momento y lugar, delimitan
ciertos cuerpos en base a un racismo que establece jerarquías entre colores de
piel.
Frente a las
visiones que nos limitan, nos estereotipan, nos reducen, nos anulan...
Frente a las
visiones que individualizan violencias, que presentan a mujeres agredidas,
golpeadas, muertas como casos aislados, que responsabilizan a éstas de sus
situaciones de miseria, que las convierten en estadísticas... nosotras nos levantamos, no nos queda otro remedio, si
nosotras nos calláramos, gritarían las piedras.
«...Hablar de
violencia doméstica es atribuir a la casa la responsabilidad de la violencia,
cuando en realidad ésta es una violencia sexista y política, es decir, que
trasciende la responsabilidad de los actos que comete el agresor, el individuo
que las realiza. De la violencia es responsable la sociedad en su conjunto...»
(Ana Mª Pérez).
Somos mujeres
concretas, grupos y colectivos, mujeres que trabajamos dentro y fuera de casa,
otras que trabajamos dentro de casa, mujeres que amamos a mujeres, unas que
convivimos con hombres, otras no, unas con papeles y otras sin ellos. Mujeres
que nos reconocemos como feministas, otras que lo somos sin saberlo. Mujeres
«... economistas de las deudas políticas, administradoras y contadoras de las
cuentas pendientes de los compromisos del estado con las mujeres, maestras y
aprendizas, vigilantes de los cambios y promotoras de sueños...» (Las Dignas).
Mujeres fuertes y poderosas construyendo realidad desde la experiencia de
múltiples e irreductibles opresiones simultaneas, conscientes de nuestra
vulnerabilidad en el trabajo, en los conflictos armados, en las relaciones de
pareja, pero exponiéndonos a la violencia por estar presentes, por alzar la voz
y la palabra, por crear relaciones.
Madrid
8 de marzo de 2002
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CONVOCA
COMISIÓN FEMINISTA
8 DE MARZO
Ameco, Área de la Mujer CGT, Asamblea Feminista de
Madrid, Asociación de Asistencia a Mujeres Violadas, Asociación Cultural de
Mujeres Manuela Malasaña, Asociación de Mujeres Separadas y Divorciadas,
Biblioteca de Mujeres, Casa Ocupada de Mujeres “Eskalera Karakola”, Católicas
por el Derecho a Decidir, Centro de Estudios de la Mujer, Colectivo de Mujeres
Casa de la Moneda, Comité Reivindicativo y Cultural de Lesbianas, Consejo de la
Mujer de la C.A.M., Comisión de la Mujer Sorda de C.N.S.E., Departamento de la
Mujer U.S.O., Forum de Política Feminista, Grupo de Lesbianas de C.O.G.A.M.,
Grupo de Mujeres de Carabanchel, Grupo de Mujeres de Vallekas, Hetaira,
Insumisas al Género, Las Tejedoras, Moiras, Mujeres 14 de Abril, Mujeres de
Transexualia, Mujeres Jóvenes, Mujeres Vecinales, Mujeres y Teología,
Plataforma en Defensa de los Derechos Humanos de las Mujeres, Secretaría de la
Mujer USMR de CC. OO.