(…) Eramos prácticamente un
grupo de desconocidas. Y no hubo demasiadas preguntas: para estar allí
bastaba con querer okupar entre mujeres y saber que había otras mujeres
que también querían hacerlo. Unas cuantas habían okupado
ya antes, en grupos mixtos, para vivir o para crear centros sociales, otras,
jamás habían puesto siquiera un pie en una okupa; había
mujeres de grupos antimilitaristas, unas cuantas más vinculudas al
«movimiento» feminista; algunas venían de recoger la oliva
en Jaén, otra, de la isla de Lesbos, aquella de más allá,
de no-se-sabe-muy-bien qué lugar del norte… pero en aquel momento
ninguna hubiera podido decir quién era quién, quién
venía de dónde.