la subjetividad
La
producción de subjetividades fascistas y racistas no sólo
atañe a los que se definen abiertamente como autoritarios, superiores o
contrarios a la multiculturalidad, a los que estimulan escalas raciales,
sexuales y culturales y combaten el contacto a nivel militar o a los que
actúan para preservar los valores de regímenes dictatoriales y
golpean a transexuales, inmigrantes o personas sin techo. Ser hoy antifascista
y, más concretamente, antiracista es mirar en varias direcciones
simultáneamente: la que instituye políticas y mensajes
públicos que trabajan por la exclusión y la que se articula
cotidianamente a partir del contacto con lo que se piensa o intuye como
diferente.
Para actuar en la primera
dirección hace falta mirar y leer con atención las
imágenes y textos que legitiman el cierre de fronteras, la libertad para
desplazarse y ubicarse en cualquier lugar del planeta, el tratamiento de las
migraciones en términos de “emergencia social”, la
distinción entre refugio-legítimo y migración
económica-ilegítima, la criminalización de los extranjeros
(los extracomunitarios, claro) o, su anverso, la denuncia de las
“oscuras” tramas de explotación de inmigrantes como un
argumento humanitario para evitar su permanencia en Europa, etc. Para actuar en
la segunda es preciso pensar todo aquello que nos constituye tan
íntimamente: la creación y asunción de una sospecha, la
ocultación del lugar desde el que se mira y la negación de la
mirada ajena, la invisibilización, simplificación y
des-subjetivación de la gente “otra”, la falta de
conocimiento e interés por lo que se denominan otras culturas, la
negación de la dinámica histórica a los pueblos no
occidentales, la alimentación de la diferencia como
“enigma”, el miedo a exponer y debatir los límites del
contacto, etc. Es evidente que ambos niveles se entrecruzan y que los
estereotipos de lo cotidiano son como una actualización adaptada del
macrofascismo de Estados y demás aparatos y viceversa, que los discursos
institucionales se consolidan cuando encuentran eco
en el barrio, en la escuela o el portal de casa.
Fragmento de la presentación del Taller de
Herramientas contra el Racismo, proyecto de La Eskalera Karakola, 1999-2001