la situación
…
el dominio de las transnacionales y las políticas de
privatización llevan hacia una pérdida generalizada de derechos
laborales y sociales y hacia una forma de vida cada vez más precaria e
inestable para la mayoría de la población. Esta situación
se vive de una forma mucho más acusada por las mujeres, que tenemos las
peores condiciones en el mercado laboral (duplicamos el paro masculino, tenemos
una mayor tasa de trabajo temporal y a tiempo parcial, salarios inferiores en
un 30%, y segregación a ocupaciones específicas y a los niveles
ocupacionales más bajos). Además, la tendencia a la
reducción de los gastos sociales como estrategia para contener el gasto
público no hace sino agravar nuestra situación como mujeres, ya
que se da por supuesto que seremos nosotras las que deberemos incrementar,
aún más, nuestro esfuerzo para asumir las necesidades de las
personas dependientes, dado que ya nos ocupamos mayoritariamente del trabajo
doméstico.
Esto refuerza la supuesta
dualidad de la versión capitalista del heteropatriarcado, que distingue
entre una esfera privada y una ética del cuidado en la que se nos
sitúa a las mujeres, y una esfera pública de acción
política y de trabajo asalariado valorizada y reservada a los varones.
Salvo que en la versión actual del capitalismo global, la «mística
de la feminidad» no sólo nos reclama ser ángeles del hogar
sino eficientes trabajadoras en la economía de mercado (…)
Pero el
cuidado de las personas dependientes no debe ser una responsabilidad privada
que sólo se base en la estructura familiar heteropatriarcal, sino que
debe ser una responsabilidad social. No estamos hablando de ayudas para que las
mujeres podamos ajustarnos a la lógica y los tiempos de la
producción mercantil: de hecho creemos que el trabajo no libera a nadie.
Estamos hablando de poner en tela de juicio todo el modelo social.
¡HAGMOS DE NUESTRAS
SEXUALIDADES, NUESTROS DESEOS Y NUESTROS AFECTOS UN DESORDEN GLOBAL!
Fragmento de un panfleto, «Telefónica,
acortando distancias, aumentando desigualdades», repartido en una
acción contra Telefónica realizada por La Eskalera Karakola junto
a otros grupos de mujeres, 2002.