espacios
"Una mujer entra en una
habitación... Pero los recursos del idioma inglés serían
duramente puestos a prueba y bandadas enteras de palabras tendrían que
abrirse camino ilegítimamente a alazos en la existencia para que la
mujer pudiera decir lo que ocurre cuando ella entra en una habitación.
Las habitaciones difieren radicalmente: son tranquilas y tempestuosas; dan al
mar o, al contrario, a un patio de cárcel; en ellas hay la colada
colgada o palpitan los ópalos y las sedas; son duras como pelo de
caballo o suaves como una pluma. Basta entrar en cualquier habitación de
cualquier calle para que esta fuerza sumamente compleja de la feminidad le
dé a uno en la cara. ¿Cómo podría no ser
así? Durante millones de años las mujeres han estado sentadas en
casa, y ahora las paredes mismas se hallan impregnadas de esta fuerza creadora,
que ha sobrecargado de tal modo la capacidad de los ladrillos y de la argamasa
que forzosamente se engancha a las plumas, los pinceles, los negocios y la
política. Y debe concluirse que sería una lástima terrible
que le pusieran trabas o lo desperdiciaran, porque es la conquista de muchos
siglos de la más dura disciplina y no hay nada que lo pueda sustituir.
Sería una lástima terrible que las mujeres escribieran como los
hombres, o vivieran como los hombres, o se parecieran físicamente a los
hombres, porque dos sexos son ya pocos, dada la variedad y vastedad del
mundo..."
Virginia
Woolf, Una habitación propia...en las paredes de una casa okupada
Habilitar
una estancia propia sigue siendo una necesidad y un deseo para muchas de
nosotras. La mirada de los hombres, su realidad corporea y
lingüística, su sensibilidad, sus formas de vivenciar el espacio y
el tiempo y, más allá, su implicación en un orden
simbólico del que, en ocasiones, se nos invita a participar sigue
haciendo precisa nuestra distancia y, en último término, la
afirmación experimental de la diferencia sexual. El desplazamiento al
margen de la heterorealidad, la articulación cooperativa de las iniciativas de todas, el
intercambio y valorización de nuestros conocimientos y la
atención a nuestra diversidad nos empujan hacia otros extremos.
meses antes
de okupar La Eskalera Karakola, 1996