la escritura

 

 

Sin embargo, nos vemos con el dilema de hacer comprensible todo lo que tenemos entre las manos. ¿Cómo darle una coherencia? Y aquí es donde algunas de nosotras se preguntan ¿para qué dársela? ¿por qué empeñarse en establecer un nexo entre acontecimientos y voces dispares, en buscar el contínuo que los recorre o la significación de conjunto que acaban por formar? Ese vínculo, esa sucesión lineal, no estaba en nuestras cabezas cuando okupamos, cuando quitamos telarañas y bártulos y descubrimos que sí, que había agua y luz, también luz; ni cuando discutíamos sobre si queríamos que la kasa fuera mixta o de mujeres, ni cuando nos cabreábamos; ni tampoco cuando comíamos, dormíamos juntas, ni cuando nos besábamos.

 

Algunas de nosotras seinten que el sentido que otorgamos a nuestras prácticas, la lógica con la que las explicamos, sucede a esas mismas prácticas y no las precede, es un constructo posterior, muy ligado a la idea ilustrada de la razón «humana» como origen de todo suceder y todo hacer, y con el que pretendemos narrativizar nuestros actos, conectar nuestro yo presente con yoes pasados y futuros y con los yoes de otr*s, para establecer una continuidad que nos libre de la incertidumbre de no saber quiénes vamos a ser mañana.

 

 

Dossier de La Eskalera Karakola, 1997

 

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