«cut and
paste»
Nadie sabe lo
difícil que es el «cut and paste» de la reproducción,
de la expresión, de la representación, sobretodo cuando nos
enfrentamos a una historia –atención a las
minúsculas– tan fluida,
tan intensa, tan irregular y tan dispersa como la de La Eskalera
Karakola: seis años de okupación feminista.
Pero el esfuerzo merece
la pena. Primero, por nuestra historia de mujeres, por la memoria de un
proyecto que se enfrenta, como tantos otros, al problema de la
«acumulación» (de fuerzas, de recursos, de materiales, de
gentes, etc.), es decir, a la ausencia de las piezas dispersas que necesitamos
para comprendernos como sujetos políticos en el tiempo. Segundo, por
este sentido novedoso de la política que introduce el feminismo y que
aspira a pensar más allá del dentro-fuera de la identidad
esencial y predefinida. Por ello, la expresividad ha de transitar por los
lugares ocultos, invisibilizados, privados, silenciados y silenciosos. No nos
gustan las historias triunfalistas, ni las oficiales ni las alternativas, desde
las que se ejerce un borrado de las diferencias, de las brechas, de los
pliegues. Hacer visible lo imperceptible es una responsabilidad colectiva
inmensa, bella y difícil de llevar a cabo. Tercero, por la
anomalía de las alianzas entre mujeres; pues eso, una tontería
que parece no mereciera la pena nombrar y, sin embargo, una empresa imposible
que aún hoy –después de todo lo dicho– nos sigue
costando la vida, en cada acción, en cada proyecto, en cada
iniciativa… las mujeres seguimos sin reconocernos, sin gustarnos, sin
afirmar de forma rotunda que luchar contra el orden sexual es una pelea externa
pero también interior, de una intimidad común y espantosa.
Cuarto, por lo colectivo, por el hacer común prioritario frente a la
gestión de «los riesgos y las oportunidades» individuales;
juntarse, añadirse, implicarse, cooperar y ejercercer una individualidad
más que cómplice. Quinto, por las apuestas que practicamos: quedarnos
de una vez por todas con esta casa –ganar, sí, ganar, de
la okupación, del feminismo, de la contraespeculación, del sin
rechistar, ganar que no se para nunca porque responde a la fuerza indecible del
deseo–, abrirnos al conflicto que representa pelear contra la precariedad
femenina, contra la totalización del Estado, contra la
resignación cotidiana, contra la cola del supermercado o el matrimonio
de conveniencias, acabar con la violencia, con la lesbofobia, contra la
obscenidad territorial de la meada de ese tipo en una esquina…
Hemos vuelto a «acumular»
palabras y cosas, o sea, que ya sabes, si te das por aludida aquí
estamos. Ahí van algunos fragmentos nuevos, otros –imprescindibles
que aquí no aparecen– los podeis consultar en el muy preciado Dossier «Ser mujer es siempre una
acción directa» del primer año de okupación
(1996-1997), en el propio proyecto de Centro Social Feminista Autogestinado que hoy presentamos y en nuestra
página web (www.sindominio.net/karakola). Los años y los
acontecimientos están desordenados. La memoria, frágil, se
trastoca y juega malas pasadas. Insatisfacción es la única
palabra posible para un «cut and paste» que no aspira a ejecutar LA
HISTORIA.
La Eskalera Karakola, 28 de febrero
de 2003