certezas

 

El proyecto que ahora presentamos es un envite a imaginar la realidad desde un lugar ubicado: un centro social feminista, una casa, unas mujeres, un barrio, una ciudad, un mundo. Se trata de una invitación limitada (¿qué es un centro social de mujeres en un mundo fragmentado en el que vemos constantemente segadas nuestras posibilidades individuales y colectivas de intervención?) y, sin embargo, se trata de una propuesta enorme, ambiciosa, inabarcable incluso en tanto escapa a lo que conocemos y a las personas que la presentamos. Es el producto de una reflexión inacabada y constantemente interrumpida, de una historia que comienza a escribirse hace ya tiempo y seguirá puntuando y alterando el curso «natural» de la historia.

 

(...)

 

El espacio de mujeres es un espacio deliberado. Surge de múltiples impulsos concretos, ansias particulares en cada caso, pero siempre amparado en una reflexión íntima sobre la norma, sobre las mayúsculas, sobre lo otro, la propia condición de la alteridad; en un no reconocerse en los reflejos que nos devuelven los espejos al interpelarnos –al decirnos «tú eres esto»-, o al vaciarnos, al decirnos «tú no puedes ser, tu reflejo no existe». Una reflexión íntima, porque se nos engancha en el cuerpo, porque no es de quita y pon, porque al acompañarnos nos desplaza de las certezas y nos cuestiona, modificando irremediablemente la forma en que cada día nos construimos hacia dentro y hacia fuera. Pero el desplazamiento y la puesta en cuestión, el desayuno con la incertidumbre, son parte de nuestra política.

 

Fragmento de un artículo de La Eskalera Karakola publicado en «el Molo», 2003

 

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