LA REHABILITACIÓN DE LAVAPIÉS O EL DESPOTISMO CASTIZO: TODO PARA EL BARRIO... PERO SIN EL BARRIO

 

 

            Hace ya cuatro años que l@s vecin@s de Lavapiés conseguimos que, tras muchos años de abandono, las administraciones públicas decidiesen invertir en nuestro barrio. Con la declaración del Área de Rehabilitación Preferente (ARP) logramos algunos objetivos históricos: subvenciones para la rehabilitación de edificios y viviendas, un programa de erradicación de la infravivienda, arreglo de las calles, infraestructuras y espacios públicos, creación de nuevos equipamientos y zonas verdes, incluso presupuestos (aunque fuesen mínimos) para programas sociales. Aun sabiendo que un plan así atacaba sólo parte de los problemas del barrio, el sentir general era que a partir de ese momento había que estar alerta para profundizar en lo que no obstante era el Plan de Rehabilitación más ambicioso que ha existido hasta el momento en el Casco Antiguo de Madrid y que la presión vecinal podía orientar esa inversión más hacia las demandas vecinales que a los intereses económicos que también subyacían en el plan.

            La posterior insistencia vecinal en remarcar las carencias e insuficiencias del plan reivindicando la mejora y profundización de las actuaciones para hacerlas más integrales y (¿sobre todo?) la situación conflictiva (los problemas de "seguridad") a la que se llegó en el verano de 1999 desembocaron en la realización del reciente Plan de Integración Social y Educativa de Lavapiés (PISE) aprobado en diciembre de 2000.

            Durante todos estos años, desde la Red de Lavapiés hemos promovido el debate y la crítica al Plan de Rehabilitación con asambleas, movilizaciones, actos públicos, etc., buscando con ello la mejora del modelo de intervención, haciéndolo más social.

La situación, tras cuatro años de obras, se está aclarando. El modelo de intervención que diseñó la administración es el que ha prevalecido. Un modelo al que aplicamos, parafraseando al Antiguo Régimen, la definición de despotismo castizo: en Lavapiés las administraciones parece que hacen "todo para el barrio pero sin el barrio".

La presentación casi clandestina, sin querer contar con la presencia crítica de los colectivos del barrio, de una de las intervenciones estrella del plan, la del Casino de la Reina (Centro de Día, Centro ¿Comunitario?, parque, pabellones...) es una buena prueba de ello: después de desatender las propuestas vecinales de autogestión del espacio comunitario, las autoridades se presentan por sorpresa y de tapadillo a mostrar a la prensa dócil sus grandes proyectos "integradores" sin mencionar siquiera que lo que presentaban era un lugar vacío: vacío de participación, vacío de proyectos, vacío de contenidos... pero lleno de subvenciones a programas semipúblicos de “acción social” con horario de oficina a entidades domesticadas y acríticas.

Cuando conocemos los contenidos del Plan de Intervención Social y Educativa; cuando la Investigación Acción Participativa (IAP) (que se viene desarrollando desde hace un año por distintos colectivos del barrio) constata el descontento de una buena parte de l@s vecin@s ante cómo se están produciendo las intervenciones; cuando surgen las primeras movilizaciones ante el resultado de proyectos, como el de la Plaza de Agustín Lara, hechos de espaldas al barrio; cuando ha desaparecido un Centro Social en funcionamiento, como era El Laboratorio, sin que a la administración le haya importado lo que supone de pérdida de un espacio de relación, socialización y creación de múltiples actividades para el barrio… es ahora el momento de hacer una valoración crítica de lo que ha supuesto y va a suponer la actuación en Lavapiés y de nuestra propia intervención como colectivos y vecin@s del barrio.

 

            Tres han sido y son las líneas fundamentales de nuestra crítica:

 

            1) La carencia de una actuación integral. La decisión misma de aprobar un Área de Rehabilitación Preferente, en lugar de un Área de Rehabilitación Integral[1], ya da una idea del modelo de intervención elegido por las administraciones, pero es que incluso en las actuaciones que se contemplan, se dejan fuera aspectos fundamentales para la regeneración del barrio.

 

            2) La descoordinación entre organismos y administraciones. La separación de las actuaciones en vivienda, en infraestructuras, en asuntos sociales, en equipamientos, en urbanismo, etc., con la dirección de distintos organismos sin prácticamente ninguna relación entre ellos, en la mayoría de los casos incluso sin información transversal, hace que sea imposible abordar y resolver problemas que, como no puede ser de otra forma, se ven afectados por varios de estos temas, además de producir un despilfarro de recursos y posibilidades.

            3) La ausencia de participación de l@s vecin@s. No se han querido establecer mecanismos para la participación de l@s vecin@s en la construcción del modelo de barrio que queremos. En muchos aspectos ni tan siquiera hemos podido contar con una mínima información de en qué consistían las actuaciones, sus plazos, su programación, su diseño, sus objetivos… Las administraciones han manejado y manejan el término “comunitario” vaciándolo de contenido, aplicándolo a proyectos, equipamientos y actuaciones en las que, en el mejor de los casos, la participación de la comunidad es testimonial. Las propuestas vecinales han sido sistemáticamente obviadas.

 

            Ante esto, queremos analizar punto por punto cómo se han producido las intervenciones, el grado de cumplimiento de sus objetivos, sus carencias, sus olvidos… también sus éxitos, para poder así, de forma razonada, marcar las diferencias con el modelo de intervención que defendemos y, finalmente, destacar aquello que aplaudimos, denunciamos y exigimos.

 

 


 

 

BALANCE DE LA REHABILITACIÓN

 

            Según sus impulsores, el Área de Rehabilitación Preferente de Lavapiés se proponía como objetivos generales, para un plazo de cuatro años a partir de julio del 97, recuperar (“ennoblecer”) un barrio degradado que se halla estratégicamente situado en el centro histórico de la ciudad, respetando su carácter residencial y “rejuveneciendo” la población. Se plantearon tres líneas fundamentales de actuación:

 

a) la rehabilitación del caserío mediante la concesión de ayudas económicas de hasta un 60% para las iniciativas privadas de rehabilitación de edificios y viviendas, con un programa específico de erradicación de la infravivienda;

b) la rehabilitación de las calles, infraestructuras y espacios públicos, y

c) la creación de nuevos equipamientos para el barrio.

 

Una cuarta línea de actuación, los programas sociales, nació con un presupuesto muy bajo (900 millones), dentro del cual estaba la dotación material y personal de algunos de los equipamientos, sin ideas claras de cuáles eran sus objetivos y sin tan siquiera saber a quién correspondía su gestión.[2]

            En líneas generales todo puede parecer aceptable, pero para comprender el alcance del plan es necesario bajar al detalle de su aplicación y preguntarnos: ¿es un plan integral?, ¿responde el planteamiento de los espacios y equipamientos públicos a las necesidades y expectativas de l@s vecin@s?, ¿en qué condiciones se conceden las ayudas a la rehabilitación?, ¿cuál es la realidad económica de l@s vecin@s?, ¿se diseñó y se está desarrollando con su participación?

            La actuación en Lavapiés -y este es el primer problema- no tiene un carácter integral, no solo porque no aborde (o lo haga de forma incompleta) aspectos económicos, sociales, urbanísticos o de vivienda de vital importancia para la regeneración del barrio, sino también porque donde actúa lo hace de forma descoordinada, separando las intervenciones por “temas” como si no hubiese relación entre ellos y provocando, en suma, un despilfarro de recursos y posibilidades.

Los temas de vivienda (gestionados principalmente por la EMV) necesariamente deben tener algo que ver con los sociales (gestionados por el Área de Servicios Sociales del Ayuntamiento y la Consejería de Asuntos Sociales de la CAM) y estos deben tener una relación directa con las infraestructuras, equipamientos y dotaciones (gestionados por la Gerencia Municipal de Urbanismo). El diseño de las actuaciones no se ha hecho teniendo en cuenta estas interrelaciones; pero, además, más grave si cabe, unos desconocen por completo lo que hacen los otros, con qué objetivos, en qué plazos…

            Durante este tiempo otro asunto fundamental ha sido el de la participación de l@s vecin@s en el diseño y desarrollo de las obras y proyectos que se han llevado o se están llevando a cabo en su barrio o, mejor dicho, la carencia de participación. En estos casi cuatro años de rehabilitación, los únicos órganos de participación que se han creado son: la Comisión Técnica de Vivienda, donde está la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid y nadie más (por decisión de la administración) y en la que el trabajo con los técnicos ha sido transparente y fructífero; y la Comisión Técnica de Integración Social, donde participan los colectivos del barrio (y de fuera del barrio) que lo desean, aunque las decisiones son tomadas por la administración y comunicadas incluso a la prensa sin haber oído su opinión. En el resto de “temas” no existe ningún órgano participativo, se ha negado incluso reiteradamente la posibilidad de celebrar reuniones informativas para explicar a l@s vecin@s las obras.[3]

Además los tiempos previstos no se han cumplido para ninguna de las tres líneas (tan solo las obras de las calles parece que pueden aproximarse a los plazos de ejecución) y cuatro años después seguimos con el barrio levantado, sólo dos de las dotaciones que se plantearan son medio visibles (Casino de la Reina y aparcamiento de Agustín Lara) y el número de edificios rehabilitados es bajo.

 

 


La rehabilitación de edificios y viviendas

 

            En el año 97, el informe “Diagnóstico de la vivienda en Lavapiés”, presentado por la Red de Colectivos del barrio, establecía con claridad cuál era la situación a la que el Plan de Rehabilitación debería responder. Centrado en el tema de la rehabilitación de edificios, el informe partía de la fundamental consideración de los mismos como necesidad primaria que determina el entramado social:

 

un 74% de los edificios del barrio, de carácter eminentemente residencial, necesitan ser rehabilitados en profundidad; esto significa que ¾ partes de la población habita viviendas altamente degradadas.

 

            Un Concurso de Ruinas, realizado en noviembre del 98 durante las jornadas reHABI(li)TAR LAVAPIÉS (intervenciones artísticas en espacios públicos del barrio), nos permitió visitar cinco edificios tomados como iconos de la realidad que esa estadística describe: forjados hundidos, puntales en las corralas, puntales en el interior de las viviendas, infraviviendas…

            Y sigue la estadística:

 

un 20% de las mismas no dispone de baño o ducha, un 7% ni siquiera de retrete y el 16% son infraviviendas (menos de 20 m² ).

 

            Reflexionar sobre los modos de concretar la intervención es especialmente necesario en el caso de la rehabilitación de edificios. Ésta supone un problema complejo cuya solución requiere VOLUNTAD para acometerla y CAPACIDAD ECONÓMICA para realizarla y ambas condiciones raramente se dan juntas. Las cifras cantan; a noviembre de 2001 las viviendas y edificios rehabilitados no se acercan ni de lejos a la programación prevista

            Los ejes del análisis de este fracaso son múltiples: las características de la propiedad, la desocupación de las viviendas, la edad de los ocupantes, la precariedad laboral, social, económica…, la circunstancia misma del Plan de Rehabilitación (sus exigencias, la normativa aplicable…), la infinita burocracia en la gestión que se produce en demasiados casos, la entrada “a saco” de pequeños “inversores” e inmobiliarias en el barrio, etc. Factores que debían haber sido previstos con un estudio que analizara el tipo de población y el régimen de propiedad que había en el barrio. Merece la pena analizar algunas de estas causas y ver por qué se han producido:

            Hay que recordar que en el marco del Área de Rehabilitación Preferente de Lavapiés la iniciativa ha de venir en primera instancia de el/los propietarios (y, asimismo, que buena parte de la gente del barrio vive de alquiler).

 

 

El negocio de expulsar a l@s inquilin@s

 

            En el caso de la propiedad vertical (edificios de viviendas en alquiler que pertenecen a un propietario) esa iniciativa no se produce prácticamente nunca. Para el propietario resulta más atractivo poner el edificio en el mercado inmobiliario, aunque para conseguirlo se tenga que recorrer un largo camino –deshacerse de los inquilinos–. Esta suerte han corrido numerosos edificios en el barrio que nunca han sido reparados, en última instancia con la intención de forzar un expediente de ruina y desalojo. En estos edificios se puede decir que el fracaso del Plan de Rehabilitación es prácticamente absoluto.

            En estos cuatro años no se ha dictado ni una sola Orden de Rehabilitación, no se ha iniciado ningún Expediente de Expropiación por incumplimiento de los deberes de conservación y rehabilitación, no se ha hecho ejecutiva ni una sola de las millonarias sanciones y deudas (de hasta 50 millones) que estos caseros especuladores tienen pendientes con el Ayuntamiento, no se realizan ejecuciones sustitutorias de obras de reparación… Y, mientras, vecinos y vecinas siguen viviendo en edificios apuntalados e infrahumanos, con la constante amenaza de quedarse sin vivienda y viendo pasar por delante miles de millones destinados a rehabilitar su barrio… pero no sus casas. Es un hecho que la administración ha olvidado la función social de la propiedad y su responsabilidad en preservarla.

 

 

Rehabilitar no es fácil, aunque seas propietario

 

            La situación de las comunidades de propietarios es distinta. El propietario que reside en su vivienda está muy interesado en rehabilitar, pero es necesario el acuerdo de la comunidad para iniciar el proceso y solicitar las ayudas. Muchos vecinos y vecinas son ancianos con pensiones ínfimas, personas solas o familias de economía muy débil o en paro que NO por casualidad habitan infraviviendas. Dadas las desigualdades económicas (algun@s vecin@s tienen cierta capacidad de endeudamiento), el acuerdo solo llega in extremis, con decretos de ejecución de obras de la Gerencia Municipal de Urbanismo o ante la amenaza de la ITE (Inspección Técnica de Edificios) y asociado en algunos casos a situaciones dramáticas (quien no paga las derramas puede perder su vivienda).

La rehabilitación de un edificio medio en Lavapiés viene costando 35 o 40 millones de pesetas, en algunos casos mucho más. Las ayudas que se conceden son muy importantes, pero para acceder a ellas la propiedad debe aportar un fondo previo del 30% que hay que reunir de golpe. Una familia con ingresos de 385.000 ptas/mes puede recibir una subvención de hasta el 50%; con ingresos de 245.000 ptas/mes, hasta el 60%: exactamente lo mismo que las que cobran las 62.455 ptas/mes de las pensiones mínimas… o incluso nada. Las repetidamente prometidas ayudas de hasta el 100% para familias con bajos recursos no han llegado a Lavapiés. ¿Son estas unas ayudas progresivas? ¿Facilitan las intervenciones?

 

 

Las cifras no sólo cantan: también bailan

 

            Cruzando estas reflexiones se comprende el FRACASO del Plan de Rehabilitación en el tema de la vivienda en estos cuatro años.

            Y aun así, si alguien ha cumplido las expectativas en el Área de Rehabilitación son l@s vecin@s. Según cifras de la Entidad Gestora a junio de 2001, habían realizado informes técnicos, por solicitud de l@s vecin@s, en 477 edificios y 848 viviendas. De ellos, tan solo habían obtenido la calificación provisional o definitiva 127 edificios (el 26.6%) y 298 viviendas (el 35.1%). ¿Tendrá algo que ver en estas cifras, además de los problemas mencionados, la burocracia administrativa? (Conocemos algunos casos de edificios y viviendas que tienen entregada la solicitud de ayudas y de licencia desde el 98, sin haber recibido hasta el momento la calificación definitiva).

            De igual forma, la administración invirtió en rehabilitación de viviendas y edificios 1.505 millones de los 4.237 que tenía previsto gastar a finales de 2001 (el 35.5%), mientras los privados, (l@s vecin@s) habían invertido 4.061 millones de los 4.894 previstos (el 83 %). De nuevo l@s vecin@s están muy por delante.

            Por último dos datos oficiales que resultan también sorprendentes: 2.779 viviendas han sido subvencionadas hasta junio de 2001 sobre una previsión de 4.000 para diciembre de 2001. Si este dato fuese correcto, en tres años y medio habría obtenido subvención el 69% de las viviendas previstas, cuando la tenía que haber recibido el 83%, pero es que además estas cifras no concuerdan con las anteriores, también oficiales. No sabemos cómo se adecua esta cifra con la demoledora de tan solo 23 edificios con la rehabilitación finalizada en junio de 2.001, el 4.8% de los 477 que han solicitado informe técnico. Las cifras no solo cantan, también bailan.

           

 

Ni voluntad ni capacidad... de la administración

 

¿Por qué esta situación si el dinero está ahí y evidentemente los técnicos de la administración esperan repartirlo? Como se ha visto, dos son los obstáculos principalmente: voluntad y capacidad.

            Cada uno de ellos requiere un tipo de solución, algunas ya las hemos apuntado, pero es necesaria la VOLUNTAD POLÍTICA de poner en práctica un modelo que no sea excluyente, es decir, que no suponga de facto el desplazamiento forzoso (expulsión) y desarraigo de l@s vecin@s económicamente más débiles. ¿Es necesario insistir en que una vivienda digna es la base insustituible de cualquier intento de estructuración social?

            Enfatizamos la voluntad política porque existen los instrumentos legales para intervenir[4] (ya los hemos mencionado) y si no se utilizan es porque no existe dicha voluntad… o los intereses son otros.

            Del mismo modo es necesaria una adecuación de la normativa que rige la concesión de ayudas a la realidad económica de los aspirantes, reformando la base legal de ésta si es preciso, considerando individualmente los casos y regulando porcentualmente la cuantía de las ayudas en función de la necesidad. (Desgraciadamente parece que la tendencia es la opuesta. Véase al respecto el Decreto 11/2001 de 25 de enero, por el que se regula la financiación cualificada a actividades protegidas en materia de vivienda para el periodo 2001-2004 de la Comunidad de Madrid).

 

 

La infravivienda subsiste... la especulación también

 

            Capítulo aparte merece el Programa de Erradicación de la Infravivienda. Lo que en el 97 se recibió como un logro vecinal, que por primera vez en Madrid la administración se planteara intervenir en este tema, resultó ser tan solo una declaración de intenciones con una absoluta carencia de programación, falta de presupuestos, estudios incompletos… En estos años la Comisión Técnica de Vivienda, (uno de los pocos órganos en los que existe alguna participación de l@s vecin@s) ha tenido que construir un modelo de intervención, ha tenido que conseguir que se aprobaran presupuestos específicos, incluso ha tenido que elaborar una normativa que no ha estado lista hasta diciembre de 1999. Y, mientras, l@s vecin@s esperando y viendo cómo la cosa era “vendida” convenientemente por los políticos.

            Según las administraciones, en el Área de Rehabilitación Preferente de Lavapiés tienen que ser eliminadas 894 infraviviendas (aunque se reconoce la existencia de más de 2.000), lo que supone el realojo en viviendas públicas de las personas que las habitan. En estos cuatro años han sido comprados (a precio de mercado) 11 edificios (lo que supone aproximadamente 100 viviendas), ninguno de los cuales está listo para ser habitado, en la mayoría ni se han iniciado las obras y cinco de ellos (los adquiridos por la Comunidad de Madrid) son para realojos temporales. En todo este tiempo, por tanto, no ha sido realojada ni una sola familia y l@s vecin@s empiezan a estar cansados de promesas.

            Si se mantienen estos índices, y considerando que el 40% de l@s vecin@s estuviesen dispuestos a ser realojados fuera del barrio, se necesitaría un mínimo de doce o quince años para contar con las viviendas necesarias en Lavapiés (compradas) y ni nos atrevemos a estimar los plazos en los que estarían listas para ser habitadas. La otra alternativa, producir realojos masivos fuera del barrio, ni nos parece admisible ni sería asumida por las personas afectadas. Y, mientras, sigue habiendo cientos de viviendas vacías (1 de cada 3 según datos municipales) y edificios arruinados con los que se está produciendo una feroz especulación consentida (y en cierto modo alentada) por el Ayuntamiento. ¿Voluntad política? Sobran comentarios.

 

 

La rehabilitación de las calles, infraestructuras y espacios públicos

 

            Este es el capítulo en el que la actuación se aproxima más a los tiempos establecidos y, sin embargo, se aleja enormemente de lo que debería ser un modelo de intervención en un barrio.

            No ha existido participación de l@s vecin@s ni en su diseño ni en su desarrollo. La Gerencia Municipal de Urbanismo se ha negado reiteradamente a realizar asambleas informativas para explicarles en qué consistían las obras, sus plazos, sus características… (mucho menos ha querido consultarles sobre lo que opinaban de las actuaciones, si querían más bancos, alguna fuente[5]… y mucho menos establecer un método mediante el cual pudieran participar en la construcción de su barrio).

            L@s vecin@s han visto aparecer y desaparecer las máquinas en su calle sin estar avisados, han tenido que soportar obras que, aun siendo necesarias, han sido largas, sucias, en muchos casos peligrosas, en demasiadas ocasiones incontroladas… Los comerciantes han sufrido la bajada de sus negocios sin poder opinar cuáles eran los mejores tiempos (o los menos dañinos). En definitiva, el Ayuntamiento ha actuado como si Lavapiés fuese su cortijo y l@s vecin@s sus lacayos.

            En cuanto a los aparcamientos para residentes –polémicos para los que piensan a pie–, de los cuatro previstos en Ministriles, Cabestreros, Casino de la Reina y Agustín Lara, tan solo este último ha sido iniciado y, aunque debería haber sido ya inaugurado, retrasos en la obra y protestas vecinales ante la sorpresa y el malestar que ha provocado el diseño lleno de obstáculos de la plaza, han hecho que no vaya a estar listo hasta dentro de dos o tres meses. Una muestra más de despilfarro de recursos por no contar con l@s vecin@s.

            De los cuatro grandes espacios públicos existentes en el Área de Rehabilitación, la Plaza de Lavapiés ha sido rehabilitada con una solución que ha mejorado sustancialmente la confortabilidad de un espacio bastante difícil (tanto es así que se ha convertido, desgraciadamente, en zona de “botellón”, con el consentimiento de la administración y generando innumerables molestias y ruidos para los vecinos), el Parque del Casino de la Reina ha sido ejecutado aproximadamente en su tercera parte, que aún no se puede utlizar, el Parque de Cabestreros ni se ha iniciado (está supeditado a la construcción de un aparcamiento, por lo que todavía faltan años para verlo terminado) y ya hemos hablado de la Plaza de Agustín Lara.

            Por último, una grave carencia, de nuevo, nos hace resaltar la falta de integralidad de este Plan. No existe ninguna actuación en la movilidad del barrio, no se ha estudiado el tráfico de vehículos, no se han previsto itinerarios peatonales, no se han limitado los tráficos de paso… El ganar espacio en la calle enterrando coches aparcados está bien (y le da sus buenos beneficios a las constructoras al tiempo que se  compensa con la venta de plazas la inversión pública...), pero no es suficiente. Hablar de calles residenciales con límite de velocidad para los vehículos, uso compartido o tráfico templado no es otra cosa que mostrar una supuesta voluntad que nunca se convierte en real, solo hace falta darse un paseo por las calles que han sido terminadas para ver cómo circulan los coches y con quién comparten la calzada: ningún vecino osa disputarles el espacio si aprecia su integridad física. El caos que supone la carga y descarga o el ruido ni tan siquiera han sido contemplados. El coche, y más con los nuevos aparcamientos, sigue siendo el dueño de la actividad del barrio.

Todos estos temas y muchos otros son fundamentales para la recuperación del espacio público (e incluso privado) para l@s vecin@s y la posibilidad de su uso y disfrute. No basta con operaciones en las que se pongan más o menos bonitas y aseadas las calles si luego resultan agresivas.

 

 

Los equipamientos

 

En este tema, como en el anterior, la tan cacareada participación ciudadana ha sido nula. Desde el primer momento la administración ha decidido qué era lo que necesitaban l@s vecin@s y qué no, cuáles eran los objetivos, con qué criterios y con qué intenciones se daba destino a los edificios, si interesaba más atender a la población residente o buscar la llegada de “parejas jóvenes con mayor poder adquisitivo”…

Las dotaciones previstas  y su grado de ejecución actual es el siguiente:

 

¾ Eliminación del Colegio Público Santa María y construcción de un nuevo colegio en la calle Doctor Fourquet. Después de tenerlo previsto y presupuestado, el Ayuntamiento fue informado por el Ministerio de Educación de que en el pretendido solar no cabía un colegio que cumpliese los mínimos establecidos por la LOGSE. Su primera intención entonces fue eliminar el colegio y repartir a l@s niñ@s en otros fuera del barrio. Tras movilizaciones de los padres y madres de los alumnos se consiguió que se estudiara la posibilidad de crear el nuevo colegio dentro del recinto del Instituto Cervantes, para lo que deberá ser modificado el Plan General. En la actualidad el colegio Santa María se encuentra en bastante malas condiciones, creemos que no se han iniciado los trámites de modificación del Plan General y no se tiene previsto el inicio de las obras.

¾ Sustitución de la Sala Olimpia. Se pretende sustituir el teatro que estaba funcionando por otro nuevo y con mejores condiciones e infraestructuras. Parece que la programación sería del mismo tipo que la que tenía. En la actualidad ha sido ya derribado el antiguo edificio pero no han sido iniciadas las obras.

¾ Creación de un Centro Asociado de la UNED y una biblioteca en las Ruinas de las Escuelas Pías y el solar del antiguo Teatro Lavapiés. Parece que la biblioteca va a ser pública, aunque esté gestionada por la UNED y que en el aulario va a existir una sala “multiusos” en la que tendrán cabida actividades del barrio (todo esto ha sido contado por los técnicos de Gerencia, pero no ha habido contactos oficiales ni con el ayuntamiento ni con la universidad). Las obras no han sido comenzadas.

¾ Centro ¿Comunitario? del Casino de la Reina. Pretendidamente quiere ser un espacio en el que tengan cabida tanto los profesionales que trabajan en temas sociales de Ayuntamiento y Comunidad de Madrid como los colectivos, asociaciones y vecin@s del barrio. Desde hace más de dos años, en que se tuvieron algunas reuniones que terminaron con un absoluto desprecio a las propuestas realizadas por la absoluta mayoría de organizaciones sociales de Lavapiés, no se volvieron a mantener contactos hasta hace poco y estos de forma individualizada. En otra parte de este documento se analiza con más detalle cómo se produjo este proceso. En la actualidad está rehabilitado y ha sido presentado (¿?) en una operación relámpago por parte de los próceres de la administración, que no se han atrevido a convocar a los colectivos y vecin@s del barrio... no fuera que se les diijera lo que pensamos.

¾ Pabellones del Parque del Casino de la Reina. Ambos se encuentran rehabilitados. Uno de ellos, el más cercano a la puerta principal del parque, será un café. El otro ya ha sido adjudicado a Cruz Roja Española (primera organización que consigue un local en Lavapiés a costa de presupuestos del Plan de Rehabilitación) para la instalación de algo que tiene que ver con los niños (¿?).

¾ Pistas deportivas del Casino de la Reina. Empezó siendo un proyecto para construir un polideportivo en la planta alta del Mercado de San Fernando. Después se traslado su ubicación al Casino de la Reina y se convirtió en una piscina cubierta. Finalmente parece que van a ser unas pistas deportivas que formarán parte del parque. Aunque el CSO El Laboratorio fue desalojado de la calle Embajadores “por la necesidad de iniciar las obras”, estas no han sido aún comenzadas.

¾ Centro de Día del Casino de la Reina. Previsto para dar servicio a mayores que precisen rehabilitación y terapia ocupacional, ya ha sido construido e inaugurado (en la operación relámpago). En ningún momento se ha contado con los colectivos de mayores para su diseño.

¾ Centro Comunitario de la calle Ave María.  Aunque no estaba previsto en principio, la adquisición de un edificio de vivienda por la Gerencia Municipal de Urbanismo incorporó esta dotación al Plan de Rehabilitación. En la actualidad todavía viven vecinos y no se tiene prevista su puesta en marcha hasta 2003.

¾ Los equipamientos del Programa de Intervención Social y Educativa de Lavapiés. Son dotaciones que no se tenían previstas en principio y que por tanto las administraciones no habían considerado necesarias para la regeneración del barrio hasta noviembre de 2000, una muestra más de su sideral distancia con la realidad. Sospechamos que algo ha tenido que ver la constante denuncia y reivindicación de los colectivos del barrio en que hayan sido por fin i