S.O.S.
ESKALERA KARAKOLA. SITUACIÓN ACTUAL.
20 mayo 2004
Muchas ya
sabréis, otras no, la situación de urgencia y alarma en la que
nos encontramos en La Eskalera Karakola. Os mandamos este texto, largo,
demasiado tal vez, pero que escribimos desde la complicidad y para con la
complicidad hacia todos los movimientos sociales. Una invitación a la
reflexión conjunta. Estamos abierta a todo tipo de sugerencias. Mil
gracias,
karakola@sindominio.net
Queridas amigas y
amigos,
Como muchas ya
sabréis, la Eskalera Karakola es un Centro Social de Mujeres que fue
okupado allá por el año 97. En estos más de siete
años muchas y cambiantes han sido las iniciativas e intervenciones
políticas que la existencia, el mantenimiento y la autogestión de
este centro social ha posibilitado: sin él, sin la existencia de un
espacio público que ha intentado indagar en la creación de
pensamiento y acción colectiva y feminista, la experiencia de arrancar
un otro sentido político a la manera en la que habitamos nuestro barrio,
nuestra vida y nuestros cuerpos, decimos, sin él, nunca hubiese sido
posible. Para nosotras, más allá de las actividades y del espacio
cultural y de ocio que puede surgir en un centro social, se trata de experimentar
las posibilidades reales de creación de comunidad, de aquello de tejer
redes, de aquello de apostar por lo colectivo frente a esta vida desnatada,
triste y al vacío, de aquello de lo personal es político y de
aquello de generar espacios de conectividad donde poder poner en común
eso personal para propiciar momentos reales y potentes de agregación
colectiva.
Para nosotras, el
sentido de un Centro Social tiene que ver con el movimiento de desplazamiento
que propone y constituye o pretende constituir, y que se dibuja en dos
líneas, pensables, pero inseparables: por una parte, el desplazamiento
hacia lo colectivo como un ejercicio de trastrocamiento de la subjetividad
normativizada que supone, de un lado, un reto para con una misma, una
invitación a pensarnos en otros términos de cuestionamiento
constante y, de otro, una apuesta por pensar las posibilidades de
alteración y actuación frente a un espacio vital cada vez
más privatizado, extremadamente precarizado e individualizado. Este
desplazamiento tiene que ver con el paso cualitativo que va del
arréglatelas como puedas’ al ¿cómo ser capaces de
generar las condiciones de posibilidad para un común que sea capaz de
articularse políticamente? ¿Cómo poner y colocar el cuerpo
en esa tarea?’. Por otra parte, el movimiento de desplazamiento que nos
lleva de la distinción clásica de lo político y la vida a
la experiencia irreductible de la politización de la existencia: una
experiencia que nos coloca en la tesitura de la imposibilidad de hacer una
distinción entre lo cotidiano y la política, entre lo personal y
lo político. Una experiencia que encarnada en la vida de un centro
social nos empuja, además y a través de la fuerte apuesta por la
autogestión, a no poder ni querer distinguir entre la teoría y la
práctica: decíamos en otro lugar que cómo feministas no
nos gusta separar palabra y acción, ni pensamiento y
transformación. Decimos, experiencia irreductible, porque se trata de un
tensionar que atraviesa y produce un cuerpo nuevo e inesperado. Nuevo e inesperado,
porque las cosas, los cuerpos, nunca vienen dados: de ahí que nosotras
nos empeñemos en introducir el deseo en el proceso necesario a
través del que se performa y construye el cuerpo político, el
cuerpo feminista, el cuerpo centro social, el cuerpo en la calle, el cuerpo escritor.
Uno de los
cuerpos inesperados que nos abordó ya desde siempre fue ‘el cuerpo
en obras’. Esta experiencia, materializada en el malísimo estado
físico de la casa, irreductible, cotidiana, política y colectiva
(aquí lo avistamos), ha sido una genial y a la vez tortuosa
condensación de autogestión, de teoría y acción, de
estrategias, de colectivización del saber, de alianzas, pero sobre todo
de maderas, de tejas y tejados, de barreños, de plásticos, de
tubos de pvc, de cemento (casi siempre mal hecho), de cansancio, de polvo y,
cómo no (aquí avistamos aquello del deseo que construye el
cuerpo), de ilusiones y potencias.
Cuerpo en
permanente construcción, o cuerpo en obras desde hace siete años
que nos ha empujado a vérnoslas con lo que significan los límites
de un centro social: de un lado la imposibilidad de forjar ciertas alianzas
(¿quién aguanta ese frío a determinada edad?) y de hacer
una apertura real de la casa (¿cómo si sólo contamos con
tres salas útiles?); de otro lado, el hecho de mantenernos en la
ilegalidad nos sacudía a la hora de plantearnos arreglos más
estructurales de la casa (¿cuánto permaneceremos?) o subvenciones
para su rehabilitación.
Varios deseos
atravesando el cuerpo en obras: uno, el de permanecer (y no en obras sino como
posibilidad de generar otros cuerpos políticos); dos el de seguir
construyendo pensamiento y acción feminista; tres, el de saltar al
conflicto, visibilizarlo, inventarlo y colocar a la Administración,
cuanto menos, en una difícil situación. Deseos que a su vez
necesitaban ser articulados: a través del sentido del proyecto
(¿en qué consiste un centro social feminista si es que consiste
en algo?), a través de la apertura del centro social
(¿cómo ser capaces en estos tiempos de dispersión y
fragmentación generar alianzas que puedan permanecer y atravesar
estructuralmente la continua invención del espacio?), y a través
de espacios de agregación política (¿cómo ser
capaces de no quedarnos en nosotras mismas y pensar formas de
intervención públicas?).
Estos tres deseos
(el de permanencia, el del cuerpo feminista, el del conflicto) y sus
articulaciones (a través de las cuestiones acerca del sentido del
proyecto, de sus posibles alianzas, conexiones y proyecciones y de cómo
ser capaces de ir más allá de nosotras mismas pensando formas de
conflicto) , se condensaron, hace ya casi tres años, en la apuesta por
traducir ese cuerpo en obras en un proceso político contundente dirigido
a generar un conflicto público que pusiese de relieve la necesidad y el
deseo de construcción de un Centro Social Feminista y que, por el
camino, (casi la parte que más nos apasiona), fuésemos capaces de
generar un discurso en torno a cuestiones que tienen que ver con el espacio
urbano (especulación, expropiación, el papel de la
Administración, reapropiación de territorios), con un espacio
localizado (la ubicación en el barrio de Lavapiés, sus recursos,
sus carencias, sus necesidades y las políticas concretas que lo
atraviesan), con el feminismo (la necesidad de espacios para mujeres, la
necesidad de su autonomía, la autogestión entre mujeres, su
potencia, las posibilidades de generar otras representaciones, la visibilidad
de un discurso y la importancia de las redes feministas y de su
intervención en la vida cotidiana) y con la participación
(qué significa llevar a cabo una participación directa en la
gestión de la propia vida, cómo se enfrenta esto con la
participación que se propone desde las instituciones, qué decimos
cuando decimos autogestión). Así es como surge y damos forma, en
uno de los procesos más duros de estos años, lleno de
escepticismo agridulce, de tiempos inacabables, de depresiones, bajas,
recuperado en la recta final tramada a base de pasiones, lo que ha sido el
‘Proyecto de Recuperación y Rehabilitación de Embajadores
40, La Eskalera Karakola’. (su presentación pública en: presentación pública y más general sobre el proyecto
en: sobre el proyecto en
general )
Este proyecto,
suponía un salto cualitativo para la propia trayectoria de la casa. El
salto cualitativo que expresamos a través de la politización
absoluta de ese cuerpo en obras: no queremos sólo poner cemento,
queremos crear conflicto con el cemento; no queremos sólo recuperar el
Centro Social, queremos abrir un proceso real que visibilice el conflicto. Lo
mejor, decíamos, comienza ahora: una gran batalla se abre, y lo mejor,
la posibilidad de abrirla está en nuestra propia potencia y
pasión política (‘¿seremos capaces de mantener esa
tensión el tiempo necesario de un proceso de tales dimensiones?’,
era la pregunta que a muchas nos rondaba la cabeza en esos días). En
cualquier caso, una decisión en el cuerpo: la de movilizar y
arriesgarnos una vez más. Lo siguiente, la estrategia. Una estrategia
forjada a través de la inteligencia colectiva dirigida
básicamente hacia varios frentes: la negociación institucional,
la reactivación de las redes ya existentes y la creación de
otras, y por último, la agitación social .
En cuanto a la
negociación institucional hemos abierto un camino en el que, pese a
encontrarnos bastante incómodas hemos aprendido cosas inesperadas:
qué decir en cada momento, a quién decirlo, cómo combinar
posiciones inamovibles con sutilezas interesadas, cómo conseguir
información, y sobre todo, cómo ser muy, pero que muy pesadas.
Los pasos: una reunión con Sigfrido Herráez, (ver artículo
en: reunión con
Sigfrido Herraez )
presidente de la Empresa Municipal de la Vivienda, que tuvo lugar en la
Eskalera Karakola, hace más de un año, donde este señor,
acepta la idea de la expropiación e incluso propone un proceso mucho
más rápido: el pacto de un justi- precio con la propiedad, de tal
forma que el inmueble de Embajadores 40, pasaría a manos
públicas, pero donde el punto crucial, osease, la cesión al
Centro Social del inmueble, queda relegada a un segundo plano. Nosotras decimos:
no sólo hablamos de expropiación, señor Sigfri, sino,
sobre todo y también, de cesión. No entendemos una cosa sin la
otra. Y el señor, se convierte en aquél que va, y nunca
volvió. Muchas dudas: ¿por qué tanto interés de la
EMV (Empresa Municipal de la Vivienda) por comprar el edificio?
¿qué quieren hacer ahí? ¿Quedarse con la idea de un
centro social de mujeres y convertirlo en un centro cultural para mujeres donde
a nosotras, por ejemplo, nos den una habitación? ¿Hacer pisos
para realojos? Y otra reunión, Carmen Cassesmeiro, directora del
departamento de infravivienda de la EMV, nos llama más que interesada
por la situación de la casa (¿Otra vez? ¿Qué
maquinan?). Y de nuevo, colocar piezas y no dar ni un paso atrás: ella
habla de nuevo de comprar a la propiedad y de, posteriormente, estudiar la
posibilidad de cesión y ver en qué condiciones. Ella dice,
‘la escalera se construye peldaño a peldaño’, y
nosotras que estamos atravesadas por el cuerpo en obras y que de escaleras si
que sabemos, le contamos (de nuevo, ni un paso atrás), la teoría
de la eskalera: que es imposible, señora, construir una escalera sin
saber hacia donde va la misma, que si no, la escalera se cae, así que
exigimos saber cuáles son los planes de la EMV para con la casa. Nunca
más supimos de ella. (Ver, planes de la EMV ) Miles de reuniones con muchas concejalías (la de artes,
la de participación, la de urbanismo), y una nueva exigencia: que se
junten todas las concejalías para tomar una decisión con respecto
a la situación de la Eskalera Karakola. Por pedir, que no quede.
Y mientras,
algunos grandes momentos de agitación: una okupación a la EMV,
una okupación del ayuntamiento (ver en: Okupación del Ayuntamiento y Okupación del Ayuntamiento 2 ) , intervención en
manifestaciones, en actos públicos...
Entre vuelta y
vuelta, pensamos, hace tres meses, en abrir otro frente inexplorado hasta
entonces: el de la propiedad. Nos lanzamos, y nos ponemos en contacto con
ellos, con su abogado, y para sorpresa nuestra, nos cuenta que si nunca hemos
tenido denuncia en estos siete años, ha sido porque la propiedad no
estaba unificada, que por fin se han unificado (en el mes de diciembre de
2003), y que quieren recuperar la casa pese a no saber muy bien todavía
qué hacer con la misma; que tenemos una denuncia por lo civil y que no
entiende por qué no nos lo han notificado. Nosotras decimos que queremos
hablar, que tenemos una propuesta (claro, pensamos, algo se nos
ocurrirá).
El 14 de Abril,
en la siguiente conversación, nos dice que tenemos un juicio a celebrar
el 6 de mayo. Situación de alarma. No es para menos. El juicio lo
perdemos, nos dice nuestro abogado. Esta claro. Hay que diseñar, una vez
más, otra estrategia. Y así que nos juntamos, con este otro
señor abogado, que también viene a la Karakola. Nosotras en
comité, con parte de esas redes de las que tanto hablamos y que cobran
una materialidad preciosa en esos momentos,.Y decimos que,
paradójicamente, denunciadas (osease, nosotras), y denunciantes (osease,
la propiedad), tenemos algo en común y podemos solucionar el conflicto a
través de ese común: a ambos nos interesa que la EMV compre la
casa. A la propiedad porque en primer lugar, se libraría de la deuda
adquirida con Gerencia de Urbanismo tras las obras efectuadas en la casa por
seguridad pública y que asciende a unos cuantos (bastantes) millones; en
segundo lugar porque la protección estructural de la casa (datada del
siglo XVII), le impediría sacar mucha rentabilidad a través de
otro posible comprador (no se puede edificar de cualquier forma en un edificio
protegido); y en tercer lugar, porque todos los trámites necesarios para
la venta al ser a través del propio ayuntamiento, se acelerarían.
Por otra parte, a nosotras, esos nos permitiría, seguir con el proceso
de negociación ya abierto con el ayuntamiento, para el cual sólo
necesitamos tiempo (la administración, le decimos, quiere cedernos la
casa, glubs!). Así que, señor abogado, retire la denuncia. Y el
señor abogado de la propiedad decide que suspende el juicio durante 60
días. Hemos dado un gran paso, evitar un juicio rápido. Es una
pequeña victoria. Pero muy pequeña para nuestra situación.
El punto fuerte d e esta estrategia consiste en desplazar el conflicto del
terreno judicial (propiedad- okupas, denunciante- denunciadas) de un juicio
rápido en el cual tenemos pocas o ninguna baza política, hacia la
Administración: devolverle la pelota a la EMV, es el ayuntamiento el que
a través de la voluntad política puede hacer una buena oferta a
la propiedad y promover la creación de un Centro Social. Por tanto, se
trata de 60 dias para construir ese terreno que pasa del enfrentamiento
vacío con la propiedad al terreno público y al debate social.
Tenemos 60 días para presionar a la EMV no sólo a que compre el
inmueble okupado en Embajadores 40, sino a que en esa negociación se
tome como cuestión prioritaria el proyecto presentado por la Eskalera
Karakola.
Tenemos que ser
capaces de generar una fuerza política capaz de negociar y presionar
socialmente. Si no, un proyecto de más de siete años, desaparecerá.
Tenemos que ser capaces de reactivar esa pasión. Las cartas están
echadas. No queremos pensar que no podemos con esta apuesta. Queremos potenciar
y potenciarnos en esta batalla por la reapropiación del territorio que
constituye nuestro barrios, pero también y sobre todo, que inunda
nuestras vidas. Por eso os escribimos, por eso os convocamos. El apoyo se puede
materializar en algunos gestos: 1. por
una parte dando la máxima difusión de la situación actual
de la casa. 2. por
otra parte, contactándonos con todos los cargos públicos que
consideréis relevantes para presionar; 3. por último, con
tres llamadas, tanto a nivel individual, como a nivel de grupos, colectivos,
instituciones, posiciones académicas, artísticas, etc, de todas
partes del estado, exigiendo una reunión con la Eskalera Karakola y que
se respete el proyecto de la misma: Una llamada a Sigfrido Herráez: tlf.
91 588 33 80 Otra, a Pilar Martínez (Concejala de Urbanismo): tlf. 91
588 36 44 / 91 588 36 45 Otra a Alicia Moreno (Concejala de las Artes): tlf. 91
588 10 00
A través
de estos teléfonos contactas con las diferentes secretarías (no
hay posibilidad de hablar con ellos directamente – por lo menos por
ahora); por tanto es muy importante la cantidad de llamadas que se realicen: en
función de ellas, lo notificarán o no (si se convierte en una
molestia y conseguimos generar realmente esa sensación de presión
pública desde diferentes ámbitos). Así, el formato de la
llamada sería el siguiente: ‘Llamaba porque soy fulanita o
fulanito de tal que trabajo en el grupo tal y tal en no se donde, y
quería pedir una reunión con Sigfrido Herráez , Pilar
Marinez o Alicia Moreno con la Eskalera Karakola, ya que me parece
insólito que no den una solución inmediatamente a la
situación de la Eskalera Karakola que ha sido un referente a nivel
cultural, social, etc bla, bla, bla. Si no dan una cita para esa reunión
inmediatamnete, nosotras desde aquí, presionaremos y haremos
pública esta situación'. Si muchas y muchos llamamos desde
diferentes ámbitos, si presionamos, podemos generar una imagen de
situación alarmante , que nos sirva a la hora de negociar en esta
delicada situación.
Mil gracias a
todas y a todos, Mayo de 2004 La
Eskalera Karakola.