MANIFIESTO POR UNA NUEVA PRESENCIA
FEMINISTA
³UN PASO MÁS HACIA LA IGUALDAD²Š Y CIENTO HACIA LA
HIPER[in]VISIBILIDAD
Las políticas de género contra la violencia, la discriminación, a
favor de la conciliación de trabajo y familia, por la participación femenina,
etc. nos han sacado finalmente de las cavernas. Son, efectivamente, «un paso
más» en una carrera ascendente hacia el progreso, o la liberación, o la
emancipaciónŠ sólo que la carrera ha dejado de ser lineal y ascendente, y las
emancipadas sufren de estrés, vulnerabilidad y escepticismo. Estas políticas,
casi siempre de carácter legislativo y carentes de recursos sociales, no han
alterado los cimientos de la desigualdad: los principios de la reproducción
social ininterrumpida. Han ayudado, en cambio, a disimular y amortiguar algunos
de sus efectos más escandalosos. La llamada «perspectiva de género» oculta hoy
lo evidente: la falta total de perspectiva, de otro género de perspectiva.
La conciliación, o cómo hacer más llevadera la sobrecarga femenina en
la flexibilidad, no busca alterar los géneros en la familia. Su objetivo es,
más bien, sofocar la tensión creciente en el cotidiano de aquellas con empleos
estables y con derechos. El reparto de la carga global de trabajo no prospera y
la crisis de los cuidados se hace cada vez más aguda, más privada. La auténtica
conciliación pasa hoy por el trabajo desprotegido e invisible de miles de
mujeres inmigrantes y por la angustia de quienes apenas alcanzan a sofocar la
inseguridad, el riesgo y la incertidumbre, teniendo que renunciar al tiempo
para sí y para la comunidad, para la cooperación y la ciudadanía. Las mujeres
estamos al final de esta cadena global cada vez más tirante. Todo lo que hemos
venido revolucionando: la familia, las asimetrías afectivas, la jerarquía
sexual y doméstica, la discriminación laboral, el imperativo de la vida
normalizada, todo cobra hoy un nuevo significado. El empleo no libera, se
precariza; el hogar no se abre a lo social, se hace mercado; la intimidad no se
interroga, se interviene.
La gestión de lo femenino, no obstante, es un buen lugar para el
consenso y la legitimidad institucional. ¿Qué mejor decorado para una campaña
electoral, de navidad, de promoción? «El plan les dirán no contempla la
apertura de escuelas infantiles, lugares públicos para el cuidado, espacios
comunitarios y de participación, permisos retribuidos, empleos en condiciones,
incentivos para que cuiden los señores, servicios próximos para todas,
reconocimiento y medios para las redes ya existentes, viviendas asequibles de
alquiler, parques para el recreo, etc.» El plan no va de eso, pero es integral,
transversal, tridimensional. Incluye un mapa de resursos sin recursos y un
conjunto de buenas prácticas impracticables. En efecto, la lógica que lo dirige
no está basada en la cooperación, en la participación, en la interdependencia,
en la convivencia diversa. ¿Cabe extrañarse entonces de que las opciones sean
la «vuelta al hogar» una vez constatado cómo es eso del empleo, la media
jornada subalterna, el teletrabajo basura, la renuncia a la vida propia, la
imposibilidad de independizarse? Definitivamente, nos fugamos de esta
alternativa, nuestra elecciones apuntan hacia otro lado...
La perspectiva dominante sobre la violencia machista, en la actualidad
un problema casi exclusivamente judicial, deja muy poco margen para pensar lo
que ya pensaran otras mujeres en el pasado... ¿Cómo construir comunidad
feminista? Imaginario de contrapoder y solidaridad entre mujeres, no
aislamiento y mera asistencia. La intervención, tanto la de las instituciones
como la de los medios de comunicación apuntan en otro sentido:
individualización la que señala a las víctimas de forma aislada, ¿un perfil
específico?, victimización la maltratada que apenas puede sostenerse, desarraigada,
siempre sola y finalmente asistencia, que es atención, escucha, pero no
cuidado. Una vez más, confinamiento y desarraigo como única opción. Sólo en
este recorrido, poblado de inseguridad, alarma y miedo, cobra sentido el
interés que despierta hoy en muchos este tema. El respeto y reconocimiento de
la organización de las mujeres, de las redes de apoyo como punto del que
arrancar, del sentir colectivo desde otra mirada: mirada que potencie la
autonomía, la reinvención de la comunidad... todo eso es marginal cuando se
habla del poder, como lo es la reflexión de qué papel juegan las violencias
contra las mujeres en estos momentos de escapada femenina hacia parajes más
habitables.
Somos hiper[in]visibles. Ocupamos la totalidad del espacio público; un escaparate
inmenso de cuerpos y deseos nunca colmados. Estamos en la pantalla; somos
ventrílocuas competentes. Somos de una presencia ausente. Mujeres sí, pero como
víctimas, asistidas, subvencionadas. Maltratadas de aquí o del Tercer Mundo.
¿Como sujetos?, ¿sujeto colectivo en el feminismo? entonces no. Autónomas no,
saltando a lo público no, interlocutoras definitivamente no. Cuando hablamos y
hacemos movimiento, entonces, los poderes públicos responden: invisibilización,
instrumentalización, captación, recorte de subvenciones o desalojo. Cuando
decimos: la dominación no desaparece, sino que cambia adoptando nuevas formas:
precarización de la existencia, sobrecarga y pobreza femenina, racismo legal
para el servicio doméstico y sexual sin dignidad y derechos, violencia como
espectáculo de masas, normalización de la sexualidad en el consumo, guerras
globales cotidianasŠ eso NO.
Pero el feminismo no es un mero instrumento institucional. Circula más
o menos furioso o deprimido por las venas de todas, se junta y considera,
apunta a objetivos parciales y se detiene, toma espacios e imagina. Su acción
está diseminada en múltiples redes, organizaciones y proyectos que ahora,
paradójicamente, ven recortado su campo de actuación en dineros, apoyos,
espacios, reconocimiento o reivindicación. Ya sea por su orientación insumisa y
anti-victimista, ya por revasar algún limite moral, sexual o de rentabilidad
infranqueable.
La Eskalera Karakola, un centro social okupado de mujeres en el barrio
de Lavapiés, es uno de estos grupos. Tras 8 años de reivindicación y
autogestión en la precariedad de un espacio amenazado por la especulación, se
enfrenta a un desalojo y a la falta de voluntad de un gobierno, el del
Ayuntamiento de Madrid, que se niega a salvar la brecha entre la política de
género y la realidad organizada de las mujeres: «Todo para las mujeres pero sin
las mujeres». El próximo 11 de DICIEMBRE queremos construir un momento de
agregación que saque a la calle lo absurdo de esta política que
hiper[in]visibiliza y castiga. Que saque a la calle la pluralidad de nuestras
reivindicaciones, que sea un momento de riqueza en la reflexión y de fuerza en
las exigencias. Porque el desalojo de La Karakola es más que la Karakola; es la
contradicción con la que nos encontramos cotidianamente en nuestro quehacer en
pos de un nuevo protagonismo feminista.
MANIFESTACION: 18h Anton Martín (Madrid)
POR UNA NUEVA PRESENCIA FEMINISTA
No al desalojo del Centro Social Autogestionado La
Eskalera Karakola
Todo cuerpo feminista continua su estado de movimiento mientras no haya ninguna fuerza bruta que lo frene o domestique
«ŠY SIN EMBARGO SE MUEVE»