Crónica de cómo la idea /loca de un puñado de mujeres se convierte en un poderoso acontecimiento singular en el centro de Madrid
A lo largo del viernes y de la mañana del sábado, habían ido llegando a la Eskalera Karakola mujeres y algún hombre de distintos lugares de la península y de algunos puntos de Europa: Málaga, Sevilla, Zaragoza, Bilbo, Barcelona, Bruselas, Berlín... El bullicio reinaba la casa, entre preparativos, expectación y nerviosismo. Circulaba cierta incertidumbre con respecto a la respuesta que la ciudad de Madrid daría a la convocatoria de manifestación. "Contra el desalojo de la Eskalera Karakola y por una nueva presencia feminista" rezaba la invitación. Una apuesta arriesgada (convocar una manifestación estatal y europea por el centro de Madrid desde un CSO feminista) que las mujeres de la Karakola habian lanzado y trabajado con tesón durante más de un mes, convirtiendo la defensa de un derecho singular (a conservar un espacio autogestionado feminista) en un símbolo de un derecho común: el derecho a la ciudad. Así, uno de los lemas que se cantarían en la mani decía: ¿De quién es la ciudad? De todas ¿de quién es la Karakola? De todas ¿de quién es la mani? De todas.
La manifestación salía a las 18h de la Plaza de Antón Martín. Desde las 17:45, un grupo de mujeres se congregaba allí y empezaba a calentar las gargantas, pasando de las consignas irónicas "alcalde dinos hola, cédenos la karakola", a las más serias: "no queremos conciliar ruina con precariedad". Poco a poco, iban llegando nuevos grupos y pancartas, expresión de las alianzas transversales, entre el movimiento de los centros sociales y los grupos feministas de base, que ha ido tejiendo esta casa de mujeres en sus ocho años de existencia.
La mani se puso en marcha con la llegada de un camión con soundsystem dirigido por cinco mujeres: la conductora, tres dj's y una locutora que a lo largo del recorrido alternaría los lemas con la lectura de frases que algunas mujeres le hacían llegar en tarjetas desde abajo, al estilo del camión-radio de la manifestación contra la guerra en Madrid, el 20 de marzo de este año. Tres pancartas decoraban el camión. No recuerdo los lemas exactos, pero eran algo así: "Cuando la vida se precariza, los derechos no se mendigan, se inventan", "No queremos conciliar ruina con precariedad" y "...y sin embargo se mueve"...
La luz se fue haciendo cada vez más tenue y, a la llegada a la plaza de Jacinto Benavente, ya totalmente a oscuras, un sonido de tambores cortó el ambiente... por la calle Doctor Cortezo, un paso en toda regla, seguido de un séquito de antorchas, traía a Santa Antagonía, santa entre todas las santas, santa de las rebeldes y las descocadas. Se impuso el silencio, roto por momentos por los aplausos y algún "¡guapa!". Desde el camión, una mujer con mantillo rompió a cantar: "Oh, santa antagonía, líbranos de la tiranía..." Una saeta rebelde bajo las luces navideñas de esta maldita y querida ciudad. Y luego conmoción, y aplausos, y más ¡guapa!
La mani había alcanzado su momentum. Jubilosa y llena de poderío, bajó por Carretas hasta Sol, entre música, baile y gritos, dejando totalmente perpleja a la masa de compradores compulsivos pillados en pleno acto de consumo navideño. Las caras de estupefacción se mezclaban con las sonrisas y hasta hubo quien decidió abandonar las compras y seguir la manifestación.
Éramos multitud cuando llegamos a la Plaza de la Villa, punto final del recorrido. Tras un pequeño momento de tensión con la policía, llenamos la plaza, qué digo, la inundamos, mientras dos magníficas escaladoras trepaban los andamios del enorme anuncio luminoso y colgaban la pancarta de cabecera de la mani: "Por una nueva presencia feminista. Contra el desalojo de la Eskalera Karakola". Gritos, aplausos, sonrisas... y luego la lectura del manifiesto a tres voces y las rimas de las BKC de jubilosa despedida.
Hacía mucho que los centros sociales y/o los grupos de mujeres no tomaban el centro de la ciudad de manera tan bella y poderosa. Gracias a todas las que habéis hecho este momento posible. La realidad ha superado las previsiones más soñadoras.
Es cierto: sin embargo, se mueve.
[Crónica publicada en Indymedia Madrid]