INAPROPIADAS/BLES
«El
hecho de que estemos aquí, y digamos esto es un intento por romper el
silencio y abrir puentes sobre nuestras diferencias, porque no es la diferencia
lo que nos inmoviliza, sino el
silencio. Y son muchos los silencios que romper.»
Audre Lorde.
Nos situamos. Nos
situamos y hablamos de territorios; territorios que son físicos pero
también simbólicos. Estamos atravesadas por diferencias,
diferencias encarnadas que nos constituyen, que nos marcan... que nos
sitúan.
Nos situamos. Nos
situamos desde la Eskalera Karakola, un peculiar enclave que se reclama
feminista y desde ese espacio no exento de contradicciones, hacemos feminismo
junto a otros tantos grupos que se sitúan también dentro de lo
que denominamos Movimiento Feminista.
Nos situamos.
Madrid, 8 de marzo del año II de la Guerra Global Permanente.
Se multiplican los
conflictos y nos sumergimos en una vorágine que nos reclama reacciones
inmediatas ante lo inminente...
(pero
abramos un paréntesis y mirémonos, miremos hacia este tejido
complejo e inquieto que es el movimiento feminista. Movimiento que acoge en su seno mil y un grupos diferentes,
mil y un intereses, mil y una demandas... posiciones políticas,
teóricas y vitales que no sólo marcan direcciones distintas, sino
que en ocasiones (en muchas ocasiones) chocan y difractan...
Pero, ¡ay! Se buscan consensos que contenten a
todas (¿???) y se ocultan, esconden y silencian nuestras fricciones;
nuestras diferencias se posponen y se guardan en el armario a la espera de
vientos más favorables.
Pero no nos
apetece seguir en silencio, abramos los armarios:
es posible y
necesario construir desde las diferencias, pero para eso hay que
visibilizarlas, reconocer la posición de las otras.
Estamos hablando de respeto, escucha y
diálogo, y no de
hetero-paternalismos tolerantes que usurpan la palabra.
Estamos hablando de los derechos de las
trabajadoras sexuales.
Estamos
hablando de los derechos sexuales, reproductivos y ciudadanos de las
personas transexuales, transgénero y lesbianas.
Estamos hablando de entrar en
conversación con feminismos no europeos y no blancos que están
aquí y ahora.
Estamos hablando de reconocer culturas
diferentes (como la cultura sorda), de responder a las necesidades de
colectivos específicos y no de entender las diferencias como
deficiencias.
...entretejamos
nuevas alianzas, conexiones parciales que no anulen nuestro potencial creativo
y político. No tengamos miedo del disenso, de movernos en espacios
fronterizos... Aprendamos a tomar nuestras diferencias y a convertirlas en
potencias.