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Joyce L. Kornbluh. Wobblies & Hobos. Les Industrial Workers of the Worl. Agitateurs itinerants aux États-Unis, 1905-1919. L’Insomniaque, Montreuil 2012.

 

Publicado en 1964, el libro de Joyce L. Kornbluh, «Rebel Voices: An IWW Anthology», sigue siendo una de las mejores fuentes para saber sobre la historia, el desarrollo y la incidencia del sindicato revolucionario Industrial Workers of the World (Trabajadores del Mundo Unidos), cuyos miembros fueron conocidos como Wobblies. Aunque fue creado por trabajadores en EEUU, también se organizó en Canada, en Chile, Australia, Japón o Inglaterra. Actualmente sigue activo en EEUU, como lo han demostrado los camioneros de Stockton en California, los trabajadores del Starbucks o los de la alimentación de New York.

En febrero de 2012, la editorial Insomniaque ha publicado una traducción al francés con el título de «Wobblies & Hobos. Les Industrial Workers World». Cada capítulo, cuyo conjunto explica la historia de la IWW en este periodo que va del año 1905 hasta el 1919, va acompañado de una completa antología de textos, poemas y canciones, así como numerosas ilustraciones que los wobblies crearon para sus revistas, comics o carteles; asimismo al libro también lo acompaña un CD con 21 canciones compuestas por los trabajadores americanos para sus luchas o reuniones.

Los miembros de la IWW, fueron mucho más que unos activistas sindicales, fueron esencialmente unos agitadores de conciencias, renovadores de la dignidad humana y del espíritu de unos trabajadores provenientes de todos los lugares del mundo, de todos los continentes y naciones, a unos Estados Unidos que eran un Estado tan reciente como fuerte y clasista y con unos capitalistas tan salvajes como ambiciosos.

El 27 de junio de 1905, en el Brand Hall de Chicago se inició el primer Congreso Continental de la clase obrera americana que reunió a varios centenares de delegados obreros y en su transcurso se creó el sindicato revolucionario Industrial Workers of the World. La nueva organización obrera nacía por el impulso de la Wester Federation of Miners, organización sindical de los mineros del oeste americano que había protagonizado numerosa luchas contra los patronos mineros a finales del siglo XIX y primeros años de XX. A los mineros del oeste se le unieron socialistas, anarquistas y sindicalistas revolucionarios y juntos formaron la IWW y los Robber Barons, aquellos capitalistas que se enriquecieron en la época del capitalismo salvaje y la Era de la Codicia que se había iniciado después de la guerra civil americana, temblaron de miedo y emplearon cualquier método: desde la prensa a los tribunales, con la policía, la provocación y el asesinato, para luchar contra ellos, tal era el temor que provocaban estos rebeldes y «bamboleantes» wobblies a los patronos capitalistas iankis.

«Camaradas Trabajadores, este es el Congreso Continental de la Clase Obrera. Estamos aquí para unir a los trabajadores de este país en un movimiento obrero cuyo objetivo será la emancipación de la clase obrera de la esclavitud del capitalismo», dijo Big Bill Haywood al inaugurar el congreso. «En lugar del lema conservador, Un día de paga por un día de trabajo, escribiremos en nuestra bandera el lema revolucionario Abolición del sistema asalariado. Suprimir el capitalismo es la misión histórica de la clase obrera», se puede leer en el preámbulo del texto constitucional de la IWW.

La IWW se constituyó como sindicato unitario de industria, abandonando el anacronismo que ya significaba la organización por sindicatos de oficio. Constituyeron un sindicato donde las decisiones y acciones las decidían y llevaban a cabo los mismos trabajadores, no querían burócratas que hablasen y negociasen en nombre de los obreros. La acción directa era parte esencial de su forma de entender la lucha, «La acción directa significa acción industrial directamente por, para y de los propios trabajadores, sin la ayuda traicionera de falsos líderes sindicales o de políticos intrigantes. Una huelga iniciada, controlada y solucionada por los trabajadores directamente afectados es acción directa. Acción directa es democracia industrial». En una sociedad multirracial y multinacional como la de EEUU, fueron los primeros que se organizaron sin ninguna distinción de razas, idiomas o sexos; para los wobblies, era lo mismo ser indio que negro, chino o irlandés, sueco, ruso o finlandés. Sus publicaciones se imprimían en varios idiomas, tantos como los que sus miembros considerasen necesarios para dar a conocer su pensamiento y sus mensajes. Sus canciones, fueron las canciones de los trabajadores del mundo.

En la IWW se organizaron los jornaleros agrícolas, las siglas AWO reunieron desde los peones de los campos de remolacha de Utha hasta los temporeros de los frutales de California. También los leñadores y trabajadores de los aserraderos, se organizaron pese a las presiones de los grandes patronos madereros. También formaban la IWW, trabajadores de la industria textil, de la siderurgia y del metal en general, mineros, estibadores como el Local 8 de Filadelfia que tenía más de 5000 miembros, marinos y obreros de la construcción. Muchos de los más activos wobblies tenían una gran movilidad, una tendencia al nomadismo y como «hobos», es decir, como trabajadores itinerantes recorrían el país viajando en tren clandestinamente, sin pagar billete. En sus trayectos y en sus luchas cantaban sus canciones, especialmente compuestas por algunos wobblies o adaptadas del cancionero tradicional.

Las canciones fueron tan importantes para sus luchas y relaciones que uno de los folletos constantemente reimprimido era el «Litte Red Songbook» o «Pequeño cancionero Rojo», del que se realizaron muchas versiones, una de las más famosas fue el «Song fan the flames of descontent» (Canciones para avivar las llamas del descontento), donde se recogían un gran número de las canciones compuestas por Joe Hill y editado después de su ejecución; además de él, otros cantautores poetas fueron wooblies, como Harry McClintock o Woody Guthrie. De hecho el amor por la música surgió desde su misma constitución en Chicago, pues rápidamente se organizaron las famfarrias por J. Walsh. También es importante destacar la originalidad del grafismo que se empleo en la IWW, no solo en sus carteles y revistas, sino también en los comics mediante los cuales se difundían sus mensajes y sus luchas; Ralph Chaplin fue, además de un compositor de canciones y poeta, un artista gráfico.

La IWW, se organizó en todas las ramas de la industria de EEUU y entre 1905 y 1919 protagonizaron grandes luchas y huelgas obreras. En 1906 realizaron una huelga de brazos caídos en la factoría de la General Electric en Sechenectady, también protagonizaron la primera huelga importante en el sector del automóvil en 1911 en la Studebaker de Detroit. Organizaron las grandes huelgas de los mineros del oeste americano y la huelga de los ferroviarios y la huelga de los camareros de Nevada. Pero también organizaron una gran lucha por la libertad de expresión, en 1909, que empezó cuando en Spokane, cerca de Washington, prohibieron los mítines al aire libre bajo pena de arresto, miles de wobblies llegaron a esta ciudad y plantaron sus cajas en el suelo y empezaron a hablar y cantar al aire libre.

De las grandes huelgas, valga como ejemplo recordar la de la Pressed Steel Car Company, una filial de la Compañía Siderurgica Americana en McKees Rock en Pensilvania, entre los 8.000 trabajadores de su factoría se sumaban 16 nacionalidades y ahí la IWW demostró ser una Asociación Internacinal de Trabajadores a nivel local, la huelga fue durísima en los enfrentamientos murieron cuatro trabajadores y tres soldados de caballería, pero finalmente la huelga se ganó totalmente.

Otra huelga victoriosa fue la de las obreras textiles de Lawrence en 1912. El 12 de enero, al saber que les bajaban el sueldo y les aumentaban el ritmo de trabajo de las máquinas, con la escusa de una ley estatal que reducía el número de horas trabajadas semanalmente de 56 a 54, más de 23.000 obreras y obreros abandonaron las máquinas y las fábricas y se lanzaron a las calles. La novelista Mary Heaton, amiga de la obrera y huelguista Elizabeth Gurley y en honor de la cual Joe Hill compuso la canción Rebel Gril, escribió sobre esta huelga: «Era un nuevo tipo de huelga. Hasta entonces nunca había habido piquetes de huelga en masa en ninguna ciudad de Nueva Inglaterra. Diez mil trabajadores vigilaban la huelga en piquetes. Era el espíritu de los trabajadores lo que parecía peligroso. Estaban confiados, alegres, despreocupados y cantaban. Siempre marchaban y cantaban. Las grises y fatigadas muchedumbres que entraban y salían eternamente de las fábricas habían despertado y abierto sus bocas para cantar y todas las diferentes nacionalidades hallaban un solo idioma cuando cantaban juntas».

En el año 1913 se iniciaron otras dos grandes huelgas. Una fue la huelga de carbón de Colorado, en las minas propiedad de Rockefeller, que se alargó hasta 1914 y que movilizó a más de 11.000 trabajadores, entre los que había griegos, italianos, serbios, finlandeses y que culminó en la Masacre de Ludlow, finalmente los soldados mataron a 66 hombres mujeres y niños, pero los huelguistas resistieron. La otra gran huelga fue la del textil en Patterson y a pesar de la implicación de personajes tan conocidos como John Reed que escribió numerosas crónicas e impulso una obra de teatro, escrita y protagonizada por los propios trabajadores y que se representó en el Madison Square Garden de New York, no se pudieron conseguir plenamente los objetivos.

La represión del Estado y de los capitalistas contra los Wobblies fue brutal, se empleo a la justicia, a la policía y al ejército, diversa agencias de detectives privados como la Pinkerton o la Balwin-Felts, enviaron sus sicarios y asesinos a sueldo, además de los asesinatos hubo muchas ejecuciones de miembros de la IWW, a las torturas y se sumaron muchos años de cárcel todo para terminar con unos sindicalistas y su organización. Pero fue la entrada de los EEUU en la 1ª guerra mundial lo que exacerbo aún más la reacción represiva del Estado; los Wobblies se mostraron frontalmente contrarios a la guerra y la policía y los jueces se dedicaron a perseguirlos, encarcelando a cientos de ellos. A pesar de todo ello, los Wobblies resistieron y lograron superar el ataque y en 1927 todos los trabajadores de las minas de carbón de Colorado se pusieron de nuevo en huelga y una vez más consiguieron sus reivindicaciones.

La autora, Joyce Lewis Kornbluh, es una mujer activista y comprometida. En 1954 participó en la Comisión del Salario Mínimo que consiguió sus objetivos en 1956, al reconocer el Estado un aumento significativo de este. Desde la Universidad de Michigan ha trabajado sobre la situación de la mujer en el mundo del trabajo y dentro del Programa Mujer y Trabajo organizó escuelas de adultos y escuelas de verano para mujeres trabajadoras. Asimismo pertenece al grupo contra el Hostigamiento sexual en el trabajo que logró que en Michigan se aprobara la primera ley a nivel estatal sobre el acoso sexual en el trabajo.

Tenemos, pues, la posibilidad de leer en francés un libro fundamental, por lo que explica y por la documentación que aporta, para saber más sobre la historia del movimiento obrero.

No se sabe hasta cuándo tendremos que esperar, para poderlo leer en castellano o catalán.

 

 

Agustí Guillamón. Los Comités de Defensa de la CNT en Barcelona (1933-1938). De los Cuadros de defensa a los Comités revolucionarios de barriada, las Patrullas de control y las Milicias populares. Aldarull Eds., 2011.

Este libro sigue la historia y desarrollo de los Comités de defensa confederales, organización de carácter defensivo y clandestino que partían del grupo de acción. A partir de su definición y estructuración en Octubre de 1934 los Comités de defensa de la CNT conformaron una estructura ágil y polivalente que dotó a la organización anarco-sindicalista de un poder se acción real y contundente como quedaría demostrado en julio de 1936. Los Comités de defensa organizaron miles de militantes cenetistas en grupos de defensa en todos los barrios de Barcelona, pero también en las demás ciudades y pueblos de Catalunya. Sus tareas eran variadas desde la ayuda mutua, la solidaridad y defensa de las huelgas y luchas, hasta conseguir información y armas.

Los grupos o cuadros de defensa que componían los Comités de defensa confederal, se han de diferenciar de los grupos de acción y también de los grupos de afinidad. Aunque hay que tener en cuenta que los Comités de defensa eran «una modalidad anexa a la CNT» y quedaban «sometidos a las decisiones o iniciativas del Comité Regional o Nacional»; mientras que los grupos de afinidad, si bien fueron las células de la FAI, constituyeron antes de la fundación de esta (1927) el verdadero núcleo y nervio organizativo del anarquismo en la Península Ibérica ya que cada grupo tenía plena autonomía para actuar sin tener que rendir cuentas a nadie excepto a sus afines, esto que Guillamón no contempla en toda su particularidad, es lo que establece unas diferencias más que significativas, entre los grupos de afinidad o grupos de defensa o acción.

Siguiendo el hilo de la trayectoria de los Comités de defensa se explica su poder organizativo que hizo posible que los trabajadores de Barcelona derrotasen en menos de 14 horas a los militares sublevados que pretendían tomar la ciudad. La combatividad y el entusiasmo de los obreros hicieron posible los grandes momentos revolucionarios, como la rápida colectivización de empresas y servicios y como la ciudad en manos del proletariado en armas se convirtió en un crisol revolucionario. Los Comités de defensa posibilitaron la rápida formación de las Milicias populares y los comités revolucionarios de barriada, también en cada barrio se organizaron una sección de abastos; asimismo se organizaron las Patrullas de control.

La entrada de dirigentes de la CNT en los órganos de gobierno del Estado, desde ministerios a Ayuntamientos, la burocratización de la organización y todas una serie cuestiones ya mil veces repetidas llevaron a la organización anarco-sindicalista a un cul-de-sac sin retorno con fecha en mayo de 1937. Perdido el espíritu revolucionario llegó la militarización y los milicianos fueron soldados, las patrullas de control fueron eliminadas y finalmente desaparecieron los comités revolucionarios de barrios. El final estaba escrito aunque sobre él se continuará escribiendo miles de páginas más.

 

 

Serge Latouche. Salir de la sociedad de consumo. Voces y vías del decrecimiento. Octaedro, 2012

La vía del decrecimiento, a la que Serge Latouche nos invita, no es una banalidad más en la moderna línea de tantos escritos sobre salir del capitalismo, sin salir de él, es decir, manteniendo en pie lo esencial de este modo de producción y de vida basado en la producción de mercancías, persiguiendo su valor de cambio y no su valor de uso, y así acumular valor. Detrás, tiene escrita una amplia reflexión crítica sobre la ideología del progreso y sobre la Técnica, a partir de los trabajos de Jacques Ellul, al que dedicó su libro La Megamachine (1955). El pensamiento occidental, ilustrado, al desencantar el mundo, al desmitificarlo, lo ha mitificado nuevamente, cambiando unos mitos por otros: progreso, ciencia, técnica.

Latouche propone la vía del decrecimiento como única salida a la catástrofe que ha originado nuestra huella ecológica. No pudiendo ya evitarla, ver cómo gestionarla. Catástrofe que no es natural sino consecuencia lógica del actual modo de producción de mercancías y su corolario occidental de la sociedad de consumo basada en la publicidad, el crédito y la obsolescencia programada. Latouche hace ver lo contradictorio de la reivindicación de un crecimiento sostenible, verdadero oxímoron.  Desarrollo sostenible, comercio justo, economía solidaria, que no discuten la misma lógica de la economía y cierran la salida de la economía hacia el decrecimiento. 

Salir del imaginario económico, dice Latouche, implica la desmercantilización de las tres mercancías ficticias: el trabajo, la tierra y la moneda. En lugar de la obsesión por el crecimiento y el beneficio ha de guiarnos el espíritu del don, paso hacia una sociedad de decrecimiento. Sociedad ya no capitalista, no sometida a la ley económica del siempre más. Descolonizar el imaginario económico y reintroducir la economía en lo social.

En su argumentación, Serge Latouche tiene en cuenta la importante contribución de los que, para él, son los precursores del decrecimiento: Ivan Illich, Jean-Pierre Dupuy, André Gorz y Cornelius Castoriadis, aunque ninguno de ellos utilice el término. Toda la obra de Illich pone en cuestión el crecimiento, la industrialización y el modo de vida moderno, avanza el concepto de contraproductiviad: los efectos de una institución inicialmente positivos se vuelven negativos y lo ejemplariza con datos sobre el transporte, la sanidad y la escuela, y aboga por la  convivencialidad.  También Castoriadis subraya el impacto catastrófico de la lógica capitalista sobre el entorno natural y sobre la vida de los seres humanos, y ve la urgente necesidad de salir del imaginario económico.

Latouche plantea el decrecimiento como solución a la actual crisis de civilización. Los costes del crecimiento se han vuelto superiores a sus beneficios, el crecimiento es cada vez más tóxico y va en detrimento del planeta y de sus habitantes. La sociedad del decrcimiento es una sociedad más justa, de abundancia frugal, basada en la autolimitación de las necesidades.  La via al decrecimiento es la via a una sociedad decente en la línea de la common decency de Orwell. Para ello hemos de salir de la Economía y construir una sociedad cuyo horizonte no sea la avidez sino el bien común.

 

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