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En el campo de lo posible

(Crítica del posibilismo)

 

 

El cansancio de tanta espera por conseguir un mundo menos cruel y más nuestro –espera alentada por la irrupción 15M–, el hartazgo de tanta corrupción –corrupción que atañe a los tres poderes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial– y de tanta miseria –el aumento de la pobreza y de la precariedad– se deja ver cada vez con más fuerza en la calle: movilizaciones contra los gobiernos corruptos y contra los abusos y los excesos del poder, no contra el poder mismo. El poder es siempre excesivo o tiende a serlo, por esto en la calle se discuten , no una abstracción, el poder en sí, sino sus manifestaciones, sus disparates, sus engaños. Fuera del discurso finalista, «revolucionario», que lo supedita todo al fin del capitalismo aquí y ahora, se despliega, a tientas, la osadía de la rebelión, rebelión que no solo afirma que un cambio radical es posible sino que lo hace posible.

Al hablar de lo posible no estamos hablando de un posibilismo que limita este posible a la sociedad actual concebida como fin de la historia, como si lo que hay fuese todo lo que puede haber, condenados a vivir en el mundo que vivimos. La realidad también incluye lo posible: existe siempre una distancia entre lo instituido y lo que se puede instituir. El campo de lo posible no es el espacio limitado al trapicheo reformista de la colaboración con el statu quo, a la claudicación y al abandono de cualquier aspiración revolucionaria, como tiende a considerar el radicalismo, ni la cerrazón de entender lo que hay como todo lo que puede haber, como afirma y ha afirmado siempre el pensamiento reaccionario para conseguir nuestra resignación, vía fatalismo, sino la apertura que introduce el futuro, lo que todavía no está presente, lo por venir que viene a modificar el presente. Un presente que saca su fuerza del mañana, un hoy que no es el mañana de ayer sino la víspera de un nuevo mañana.

La rebelión que viene se despliega en el campo de lo posible, aquí y ahora, y construye hoy la sociedad posible: organización de la autonomía más allá de la heteronomía a la que nos reduce el Estado; organización de formas de vida acordes con la naturaleza y con nuestros deseos y necesidades; organización de contra-sociedades que resuelven ellas mismas sus necesidades sanitarias, alimenticias, culturales… avanzando sus maneras: gratuidad, apoyo mutuo, trueque, don, solidaridad, autogestión, en el lugar de las maneras al uso en la sociedad establecida: eficacia, interés, beneficio, dinero. Estas contra-sociedades, con su dinámica autónoma, se levantan frente a la sociedad organizada por el Estado. Algunas se organizan al margen de la Administración estatal, otras llegan a complementarse con ella, aunque no sea tan nítida la diferencia pues estamos hablando de realidades históricas, no de esencias inmutables. La Administración del Estado no se queda impasible ante estas dinámicas de autonomía. A algunas, simplemente las ignora, a otras, las combate ya sea mediante la represión, ya sea, más sofisticadamente, mediante prácticas participativas y con la colaboración de distintos movimientos sociales.

Rebelión que discute el devenir de la forma Estado y de la forma mercancía, las dos formas mayores que constituyen nuestra sociedad, y pretende construir en su lugar otras formas de producir para satisfacer nuestras necesidades y nuestros deseos: producir cosas sin producir valor; construir otras formas de intercambio; construir otras formas de estar juntos, fuera de la forma Estado, como individuos y como sociedad, a la vez individuos solitarios y solidarios. La rebelión que viene no se pierde en el discurso moral de un mundo mejor, sabe las causas de la miseria actual, que no son otras que el mismo sistema que discute, y apunta, en lo que puede, a paliar sus efectos, sin olvidar las causas.

El devenir de estas formas, de la forma mercancía y de la forma Estado, nos muestra una doble tendencia. Por un lado, la tendencia en aumento de la forma mercancía, su tendencia a invadir todo el territorio, a ocupar todo el espacio, a colonizar toda la vida –que convierte en supervivencia–, a convertirlo todo en mercancía. Hablamos de una tendencia, pues siempre queda valor de uso en el valor de cambio, siempre queda creación en el espectáculo, siempre queda información en los medios de desinformación de masas, siempre queda palabra en el discurso, siempre queda diferencia en la uniformidad (cada vez más iguales las grandes ciudades, por ejemplo), siempre queda sociedad en la sociedad capitalista. La dominación (alienación) no es total: siempre queda exterior al espacio de la dominación. La rebelión que viene, necesaria si queremos conservar la vida en el planeta, deseada pues queremos vivir y no solo sobrevivir, contraviene esta tendencia del capital hacia su total colonización del mundo, y avanza un hacer útil en el lugar de la producción de valor, una comunidad de iguales en el lugar del Estado, avanza su creatividad, su palabra, reconoce la diferencia, establece la igualdad.

Por otro lado, la tendencia a la pérdida de soberanía de la forma Estado, cada vez más al dictado de la Economía que es la que genera la relación social que el Estado garantiza y gestiona, cada vez más limitado a ejercer el miedo y la represión, cada vez menos soberano: pensemos si no en la reforma constitucional del 2011 para priorizar el pago de la deuda sobre el gasto social, o en la próxima firma del Tratado Transatlántico del Comercio e Inversión, o en la sumisión del Estado al mandato que viene de Bruselas o de Alemania respecto a las decisiones macroeconómicas. Por esto es difícil entender la opción independentista que aparece en nuestro entorno a favor de un Estado soberano, tal como fue en sus inicios (siglo XVIII), pero hoy tal soberanía nos parece retórica vistos los cambios que han tenido lugar en los ámbitos económicos, políticos, técnicos y mediáticos. La rebelión aprovecha esta tendencia decreciente respecto a la soberanía de la forma Estado para mantenerla siempre desfalleciente y no para reforzarla y legitimarla, no para acudir en su ayuda. Pero ¿cómo hacerlo, cómo lograrlo aun luchando en su contra? El momento 15M de esta rebelión encaró lo contradictorio de una lucha contra los recortes en enseñanza, sanidad, servicios… en resumen contra la liquidación de un precario estado del bienestar y por la vuelta a un Estado asistencial, y el consiguiente refuerzo, con ello, del Estado. Pero en aquellas luchas también la rebelión se abría paso y discutía las formas y los contenidos más allá de una mera vuelta atrás retomando simplemente lo que había. El resultado de la lucha en estos términos puede leerse como recuperación por parte del Estado o, más acertadamente, como modificación, resultado del enfrentamiento.

Ante la sociedad radicalmente distinta por la que la rebelión apuesta, intentando construir formas de producción y de vida en el lugar de la Economía y del Estado, no podemos eludir la cuestión de la violencia. Quizás debamos empezar por una cuestión previa: que una misma palabra sirva a la vez para designar la violencia del Estado en su actividad criminal, la de un sistema que generaliza el hambre y diezma poblaciones enteras, y para designar el acto compulsivo o festivo del que en una manifestación rompe un cajero automático, ya indica que no podemos servirnos de tal palabra para nombrar cosas tan distintas. La Economía y el Estado saben de la muerte que administran a nivel cotidiano con los sueldos miserables, con los recortes en sanidad y servicios y que focalizan contra cualquier intento de contestar su dominio. ¿No es el caso de la operación Pandora hoy aquí?¿No fue porque los sabía contestatarios que el Estado mexicano eliminó brutalmente a los estudiantes de magisterio de Ayotzinapa? Demasiadas veces los amos nos han enseñado sus armas, han desplegado su brutal violencia. ¿Lo dejarán de hacer ahora? No es el caso. A su violencia ¿qué oponemos? En su terreno, en el terreno de la violencia y de la fuerza son más fuertes, en él nos ganan: tenemos entre otros muchos el ejemplo de la RAF en la Alemania de los años 1970, 1980. Buscar otros terrenos para el enfrentamiento. El escuálido ejército de 600 esclavos en el sud-este mexicano ganó al poderoso ejército federal porque lo enfrentó donde no lo esperaban, como cuenta B.Traven en su novela «El ejército de los pobres». ¿Cómo hacer? ¿Socavar el poder por lo irrisorio, por la burla como nos invita repetidamente Albert Cossery? ¿O también en este terreno el Estado nos gana, vista la burla en la que se resume su gestión del quehacer público? Quizás mejor buscar en el mismo proceso de construcción de nuestras formas de vida cuando se da la destrucción de las antiguas y se ejerce pues una violencia: pensemos por ejemplo en todas las movidas que se dan casi a diario en Barcelona, en acciones y luchas para conseguir precios populares para el transporte o para lograr su gratuidad, o en la violencia que se genera en las marchas solidarias, en los boicots, en los sabotajes, en las acciones para impedir desahucios, en las okupaciones… Formas nuestras de destruir un mundo que ya él mismo se destruye y de crear otro.

 

El aquí y ahora como espacio a construir

«Es pornográfico el uso mediático de los desahucios del 3 de noviembre», ha declarado Antoni Vives, teniente alcalde y concejal de Habitat Urbà, rechazando el que algunos media hayan dado cobertura a la resistencia vecinal ante las dieciséis órdenes de desahucios concentrados para ese día de otoño del 2014 en el distrito barcelonés de Nou Barris. «No se puede juzgar ni tratar el tema con brocha gorda» ha remachado el burócrata convergente, refiriéndose al seguimiento que han hecho algunos, no todos, periódicos y radios –no la TV– sobre el ensañamiento vengativo del poder judicial –los jueces en connivencia con los políticos se vengaban de la combatividad vecinal1–, en este barrio obrero.

Lo que se expresa tras las palabras de este gerifalte convergente es que una cierta repercusión mediática ha visibilizado una doble realidad cotidiana: por un lado la precariedad de los vecinos de un barrio duramente castigado por la situación social y económica, y por otro lado que la acción de estos puede enfrentarse a la prepotencia del poder –en este caso el judicial, el policial y el político– sobre estos barrios. Detrás de las declaraciones quejumbrosas de este mandarín, entre otras cuestiones, leemos el mensaje de que para que una cosa no exista basta con que no salga en los media y al revés, que solo existe lo que sale en los media. Asimismo, que todos los media, y sobre todo los más potentes, es decir, los que se transmiten por medio de la pantalla, son y han de ser únicamente medios de transmisión de los actos, discursos y mensajes del poder: la información es propaganda.

Pero, y lo más importante, los lamentos de este personaje también nos indican que frente a este mundo de resignación obediente y uniforme aquiescencia política que tratan de vendernos e imponernos estos políticos y su «prensa y propaganda», se alzan otros espacios en los que la rabia y la indignación se vuelven lucha y resistencia. Que las personas somos capaces de emprender acciones y generar situaciones y experiencias que se contrapongan y enfrenten esta realidad producida por el capital. Una nueva lógica de experiencia humana que desea escapar a la lógica del capital y que, en este caso, se muestra en la movilización vecinal contra este «espectáculo indignante del poder».

Existen unos espacios exteriores que, paradójicamente, aunque se desarrollan dentro, se enfrentan a este sistema. Unos mundos otros que han existido siempre y que también ahora se están creando, que se enfrentan y desean salir fuera de la lógica del poder del capital, de las relaciones mercantiles, del Estado, de la técnica. Que buscan y generan nuevas formas de relacionarse, de desarrollar una actividad, de buscar canales de solidaridad y ayuda mutua. De construir espacios, aquí y ahora, que sean otros lugares, con todas las contradicciones que esto conlleva.

Existe un enfrentamiento, una oposición al sistema capitalista y su civilización, fluctuante en su corriente subterránea, que no siempre se manifiesta de la misma forma y toma la misma visibilidad. En ocasiones se muestra como un movimiento que expone claramente sus fuerzas y su pensamiento; en otras explota como una deflagración que ilumina, muestra y pone en evidencia las formas y maneras de esta cultura dominante. También aparece como múltiples luchas reivindicativas de colectivos y grupos de personas que buscan un hacer y un decir no mediatizado por este sistema. En otras ocasiones este exterior, ese oponerse y no colaborar con el poder permanece latente, el discurso de los dominados siempre se ve obligado a ocultarse en mayor o menor grado, si bien en cualquier momento puede volver a transmitirse en voz alta y fuerte. Pero siempre está ahí tejiendo sus palabras y sus acciones más o menos acertadas, porque en la lucha contra lo que el poder nos impone siempre ha de haber algo de búsqueda de cómo afrontarlo, variantes en las maneras de pensar y llevar el enfrentamiento a la práctica.

Mucho hemos criticado el sistema capitalista para tratar de comprenderlo y explicarnos la civilización que nos gobierna, que nos domina, que nos explota y aliena, que nos enferma, que vive de deshumanizar nuestra supervivencia hacia la muerte. Convirtiéndonos en objetos intercambiables y desechables, transformando nuestra fuerza vital en fuerza de trabajo productora de mercancías y transformándonos en consumidores. Siempre hemos tratado de no subestimar esta cultura y la simbología que produce. Pero al mismo tiempo que hablamos de nuestra alienación en esta sociedad capitalista, del poder del dinero y del fetichismo de la mercancía, también hemos querido hablar y participar de aquello que escapa a su control, de lo que se enfrenta a ella, de nuestras actividades creativas, de las luchas, de las alegrías pero también de los sufrimientos y tristezas. Saber que si hay sumisión y servidumbre también hay rebeldía. Como hemos señalado en anteriores escritos, en múltiples ocasiones el cerco a la vida que el capital dispone, cerco económico, político, técnico, semántico, simbólico… es en parte burlado.

Construyendo el aquí y ahora.

Difícil realizar una cartografía de la multiplicidad de estos otros espacios que se desarrollan dentro del territorio capitalista y que son al mismo tiempo su exterior, y que son aquello que lo enfrenta y ataca, el deseo expresado de otro mundo posible. Difícil realizar una cartografía de esa multiforme diversidad de esos otros lugares y de las luchas y resistencias que desde el aquí y ahora se plantean. Difícil tratar de proyectar y experimentar unas nuevas formas de vida cotidiana que pretenden rechazar y romper con la reproducción de las rutinas y el malestar cotidiano que esta sociedad impone y querer tantear y generar otras formas de (con)vivir.

No pretendemos idealizar nada, pues sabemos de las muchas contradicciones en el sobrevivir y en el enfrentarse a esta sociedad. Solo realizar unas anotaciones sobre lo que hablamos entre nosotros, sobre lo que sucede y nos afecta a nuestro alrededor.

¿Cómo se puede expresar en toda su importancia la lucha, por ejemplo, contra los desahucios? Las reivindicaciones que se proponen son tan de sentido común para una sensibilidad humana que es extraño que se tenga que llevar una dura lucha para conseguir imponerlas. Pero la humanidad no es el objetivo del sistema capitalista, sino el máximo beneficio. Las declaraciones y cartas de los derechos humanos, las constituciones, se han convertido en artefactos propagandísticos elaborados desde el poder y el Estado de la clase capitalista para el espectáculo, convertidos en jerga utilizable para su «prensa y propaganda». Los políticos, que son la vanguardia mediática del sistema, solo legislan a su favor y a favor del capital, en defensa de sus derechos, que niegan a la mayoría a los que solo nos dejan los deberes, la ley y los castigos. A pesar de ellos, la lucha contra los desahucios está generando espacios de solidaridad y ayuda mutua entre las gentes que sufren, se indignan y se oponen enfrentándose ante esta injusticia. Ese oponerse, también genera otras sensaciones, la alegría junto al dolor, las risas al lado del llanto, el saber de los otros junto a uno, el no sentirse aislado. Esto es tan importante en esta lucha como parar los desahucios, hallar estos otros lugares del ser humano, que esta sociedad se esfuerza por reprimir. Edificios enteros que estaban desocupados han sido ocupados y habitados funcionando con prácticas solidarias y autogestionarias, lo que permite construir otros espacios y hace posible que se den otras experiencias en el actuar y el vivir, enfrentándose al mismo tiempo al aparato real y simbólico del poder económico y político.

Los huertos comunitarios, muchos de ellos en terrenos ocupados, han proliferado en ciudades, barrios y pueblos. Una red de otros lugares donde se intenta la creación de nuevos espacios comunes donde, además de cultivar la tierra, se cultivan indistintamente verduras y relaciones humanas. Se reúnen gentes distintas y discuten y arreglan, entre ellos, todos los problemas que surgen en su actividad diaria y más allá de ella. Son a la vez espacios de comunicación, de diversión, lugares de encuentro donde, lúdicamente, pueden plantearse nuevas relaciones cotidianas.

También son muchos los espacios urbanos liberados, centros sociales autogestionados, casas ocupadas que hace años que resisten y que son producto o se han imbricado en el tejido asociativo generado en los barrios. Asimismo, es muy importante el gran número de viviendas ocupadas silenciosamente en ciudades y pueblos como consecuencia de la dinámica de precarización impuesta por la crisis. Un buen número de cooperativas conforman una red de nudos integral por todo el territorio, en Catalunya la Ecoxarxa, por ejemplo, cubre una cantidad importante de comarcas.

Las luchas contra los políticos corruptos y los oscuros intereses empresariales salpican los territorios, luchas contra proyectos pensados a la medida del enriquecimiento de unos pocos, como aeropuertos, autopistas, trenes de alta velocidad, pantanos, líneas de muy alta tensión, inmensas pistas de esquí o puertos para ricos…, infraestructuras megalómanas para usufructo y beneficio de una minoría privilegiada, que destruyen el territorio, lo parten, lo convierten en grandes extensiones vedadas y prohibidas, exclusivamente al servicio del negocio y el beneficio. Nunca una civilización había destruido tanto, perforando, aplanando, cortando, removiendo, desforestando…, no para moldear el paisaje sino para acabar con él. La contaminación y la destrucción de la naturaleza ha llegado a unos niveles de nocividad desconocidos hasta ahora, hasta el punto de hacer decir a Günther Anders que hoy la cuestión mayor ya no es cómo viviremos sino si viviremos,

Muchas han sido las luchas contra las consecuencias de esta crisis que nos golpea desde hace años, movilizaciones que en muchos casos han sido ignoradas, pero que en otros han conseguido hacer rectificar al estado que ha tenido que retirar proyectos iniciados, desde la reforma de la medicina en Madrid hasta la urbanización de una avenida en Burgos. También se realizan movilizaciones contra el constante aumento de la carestía de la vida… Asimismo se han producido luchas y movilizaciones obreras, en muchos puntos de la geografía mundial, y de muchas de ellas hemos hablado últimamente, contra la precarización del trabajo, los despidos, las bajadas de salarios y cierre de empresas en las regiones del capitalismo consolidado; o por mayores salarios y mejores condiciones laborales en las regiones emergentes que pretenden aceleradamente engancharse al ritmo del capital haciendo trabajar a millones de obreros en condiciones de extrema precariedad y con sueldos de miseria…

Nunca hemos intentado banalizar este sistema capitalista, ni la civilización que produce, su fuerza es evidente, su poder destructivo inmenso, la técnica a su servicio le permite métodos de actuación y control tan sofisticados y complicados que casi resultan inauditos. El discurso económico y político del poder se transmite de manera totalitaria y reiterativa por los media, principalmente por las pantallas, entre ellas la de la TV, su luz puede cegarnos y su voz machacona convertirnos en meros repetidores de su propaganda y opinión. Pero si cuando su jerga propagandística se repetía mediante el soporte del papel, nuestros antepasados, aquellos oprimidos de entonces, también usaron el papel para expresar su pensamiento de clase enfrentada a la clase dominante; actualmente también se han impuesto en nuestras relaciones otras pantallas –la del ordenador, móvil… para intercambiar nuestros debates, preocupaciones, convocatorias e informaciones. Pues la voz del poder, a pesar de creerse la única que puede expresarse, poseyendo los canales para hacerlo, no ha sido capaz de silenciar la voz de los oprimidos.

 

Etcétera, febrero 2015

 

1. Diez días antes, el 23 de Octubre del 2014, un numeroso grupo de vecinos ocupó la oficina de Serveis Socials de Nou Barris como denuncia de la precariedad a la que está sometido el barrio.

 

 

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