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Egipto, caos y vuelta atrás

 

 

(Unas notas para situar los últimos episodios de la guerra social en Egipto)

 

En 2011, a raíz del levantamiento popular que destituyó a Mubarak, escribimos intentando comprender los acontecimientos que llevaron a tal situación, más allá de los estereotipos que reducían la complejidad de la lucha social a una lucha religiosa o a favor de la democracia. Escribimos sobre las huelgas del pan y sobre las huelgas en el sector textil del 2006 (Etcétera, nº 48, junio 2011). La voluntad y la fuerza de la gente derrocaron a Mubarak. El ejército jugó esta fuerza a su favor: también ahora Murabak estorbaba a la cúpula de generales al intentar sucederse por su hijo al frente del Estado. El ejército apoyó pues la insurrección y se hizo el garante de una constitución y de unas elecciones.

Se suceden pues las elecciones presidenciales a las que se presentan los candidatos del ejército (el último primer ministro), de los Hermanos musulmanes (Mursi) y un militar naserista de izquierda que no logra pasar a la segunda vuelta, lo cual deja por tanto a los votantes en el dilema de votar por la continuidad de lo que se acaba de derrocar o por el islamismo, y gana el candidato de los Hermanos musulmanes. Cierto que también hay los que denunciaron estas elecciones como un pacto entre militares y religiosos y llamaron al boicot, y también hay los que denuncian el fraude y la manipulación con el dinero que llega de Qatar para la Hermandad.

Con Mursi, la situación económica y social empeora, en dos años las personas que viven por debajo de la pobreza aumenta un 50%, disminuyen los ingresos por turismo (la segunda fuente de ingresos después de las cuotas del tráfico por el canal), y la deriva autoritaria islamista en su intento de islamizar el país vuelve a levantar al pueblo en su contra y otra vez su decisión, expresada otra vez desde las calles y las plazas de todo el país (agosto 2013), es irrevocable: Mursi es destituido. También ahora el ejército juega esta voluntad popular a su favor y detiene a Mursi y nombra un gobierno títere. No se trata de un golpe de Estado del ejército pues el poder siempre, desde Naser, lo ha tenido. La protesta de los Hermanos musulmanes es ahogada en un baño de sangre. EE.UU protesta formalmente aunque apoya un ejército que instruye y alimenta. Igual que lo apoyan Israel y Arabia Saudí.

El ejército

Desde Naser, 1953, el ejército tiene el poder. Los altos mandos controlan parte de la industria textil, poseen la tercera parte de la riqueza de Egipto, riqueza que sale, en este orden, del tráfico por el canal, del turismo y de lo que aporta la emigración. La relación con el ejército de los EE.UU es estrecha, de este país recibe dinero, formación militar, maniobran conjuntamente, etc. Destaquemos pues su importancia geoestratégica en la zona con la omnipotencia de Israel. Con los Hermanos musulmanes siempre ha jugado a la vez a la represión y al entendimiento, es decir al reparto del poder. La situación de caos es la que más les conviene.

La Hermandad

Los Hermanos musulmanes se implantaron desde hace 80 años, en oposición al rey Faruk (1952). Con Naser son reprimidos y encarcelados a la vez que juegan, cosa que nunca dejarán de hacer, a dos bandas: pactando el reparto del poder. Su objetivo, islamizar Egipto. La fracción más moderada, de la que hace parte Mursi es apoyada por Qatar y mantiene lazos cordiales con Irán. La corriente más extrema, los salafistas, (que están por el velo, contra partidos y elecciones,…), contrarios a Mursi, recibe la ayuda de Arabia Saudí. En nuestra prensa reciben mejor trato que el ejército, lo que no nos ha de impedir ver su trayectoria victimaria y asesina. Como al ejército, el caos es lo que más les conviene, de lo que sacan mejor partido.

La calle

Tiene fuerza para derrocar a un dictador, a uno y a otro, Mubarak y Mursi. No, como para evitar el caos al que ejército y hermandad le condenan y que a ambos beneficia. El pueblo pillado entre los dos poderes enfrentados y pactantes. La situación actual es la de vuelta atrás: los Hermanos musulmanes reprimidos y encarcelados y negociando en secreto (a voces) con los militares y los militares ejerciendo el poder e incrementando su poder económico.

La calle, el pueblo atrapado también entre los poderes internacionales, por las lógicas geoestratégicas del poder. Tener riqueza en el subsuelo u ocupar un lugar estratégico se vuelve mortal para muchos pueblos.

 

Etcétera, agosto 2013

 

Golo, seudónimo de Guy Nadeau, nacido en Francia (1948), reside en Egipto desde hace 20 años. Autor de cómics de obras de autores tan importantes como B. Traven y albert Cossery, nos hace llegar estas viñetas que dan cuenta de la situación caótica en Egipto después de la caida de Mursi.

 

 

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