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Correspondencia...

 

 

 

Desde Valencia

La fuerza del autoritarismo y la resistencia contra la autoridad

Según mis hipótesis, el motor de la historia, es decir, el desarrollo histórico de las sociedades, no puede atribuirse a la lucha de clases, como se afirma en el materialismo histórico, entre otras cosas porque el concepto de clase, que no deja de ser una abstracción, únicamente puede aplicarse con propiedad a la sociedad instaurada por el sistema de explotación capitalista. En mi opinión este desarrollo sólo se inicia y tiene efecto a partir de la lucha por el control social, o lo que es lo mismo, la lucha por el poder. De hecho, lo que llamamos historia, sólo tiene inicio a partir de la consolidación de la autoridad en el seno de las sociedades y posiblemente aún cabría decir más: la mitología, o lo que nosotros entendemos por tal, sería el relato metafórico de la introducción y posterior afianzamiento del Estado en el seno de las colectividades; esto explicaría de algún modo que las mitologías de los diferentes pueblos del planeta sean tan similares entre sí, difiriendo tan solo en pequeños detalles que podrían atribuirse a la diferencia de organización social antes de la introducción del poder en su seno.

Esta lucha por el poder alcanza en determinados momentos una especial virulencia y si fijamos nuestra mirada en el siglo XVI, nos daremos cuenta que todo estaba por decidir y, aunque al fin triunfara el absolutismo, el resultado no tendría que haber sido necesariamente éste. En este siglo se multiplicaron los ensayos sobre lo político y no solamente el de La Boètie o el de Maquiavelo, ya sobradamente conocidos, sino el de otros muchos, por ejemplo el de Girolamo Vida, obispo de Alba, el cual en su ensayo Dialogi de rei publicae dignitate, de 1516, es decir, Dialogos sobre la dignidad de la república, este obispo da una definición del Estado que no vacilaría en suscribir cualquier anarquista y que supera incluso a la definición adjetival que llevó a cabo Proudhon. Decía Girolamo Vida:

... ¿Para qué sirven las leyes? Para constituir la servidumbre que los sabios califican de peor que la muerte; para obligarnos a vivir bajo el dominio ajeno; para darnos una naturaleza artificial y rebelarnos contra nosotros mismos; para convertirnos, no en mejores, sino en más astutos; para enseñarnos, no la justicia, sino el arte del litigio... ¿Habéis visto acaso alguna vez una sola agrupación de hombres en que se cumpla la justicia y en que se retribuya a cada cual según su mérito?... Y, ¿cómo surgen los Estados? Con latrocinios, con usurpaciones, con invasiones; y viven oprimiendo a una multitud innumerable de operarios y domésticos, no ciudadanos, sino esclavos, a quienes se prohíbe como delito lo que constituye las delicias de sus señores... ¡Feliz la edad en que no había leyes, ni plebiscitos, ni ficciones, ni fraudes, ni impuestos, ni avaricia, ni ambición, ni gloria, ni ricos, ni pobres, ni asedios, ni estragos, ni guerras, ni revoluciones! Libertémonos de esta sociedad corrompida y perversa, y que la justicia descienda sobre la tierra por segunda vez.

No cabe duda que Girolamo Vida imprecaba contra el Estado porque se daba cuenta que su desarrollo iba en detrimento de la Iglesia y que a la larga ésta perdería su prerrogativas sobre sus súbditos y lo que intentaba, como lo intentarían posteriormente otros prelados, era detener el proceso e incluso revertirlo.

Conviene no olvidar que el desarrollo de las fuerzas productivas tiene una gran importancia, pero no es, de ninguna manera, la explicación última de la transformación social, sólo una parte importante en dicha transformación.

De hecho, desde el surgimiento histórico de la autoridad en el seno de las sociedades humanas, la vertiente económica de las mismas estuvo siempre supeditada al poder político; pero esto se trunca con el advenimiento de la clase burguesa y la toma del poder político, primeramente en Inglaterra y más tarde en Estados Unidos y finalmente en Francia, desde donde se extendería a todo Occidente.

Aunque en un primer estadio de su desarrollo, el capitalismo estuvo también amparado bajo la cobertura política del Estado moderno surgido de la Revolución francesa, el desarrollo de la industria, y de modo significativo de la técnica, propiciará su paulatina autonomización hasta convertirse en una vertiente social independiente.

La separación de la vertiente política de la dominación, de su aspecto económico, tuvo en Occidente importantes innovaciones, tanto en el aspecto político, como en el económico. Las teorías que se plantearon la lucha aceptando está división entre lo político y lo económico, sólo lograron afianzar el sistema de explotación capitalista y aquellas otras que se plantearon dar la batalla a los dos aspectos de la división social sin hacer ninguna diferencia entre ambos, no llegaron a tener la suficiente fuerza para alcanzar sus objetivos, lo cual acabó igualmente reforzando el poder del Estado y del capital.

A partir de la Revolución francesa y de la introducción de la democracia como teoría política de la dominación, la lucha se plantea en tres planos diferentes: la lucha por el control político, o lo que es lo mismo la lucha por el control del Estado, lo que suponía también, en teoría, el control económico, la lucha contra el poder político, cuya desaparición supondría también, teóricamente, la transformación radical de la economía al ser ésta gestionada por los productores, es decir, la autogestión. Pero paralelamente a estas luchas, comienza a plantearse, aunque de forma larvada, la lucha entre Estado y Capital, o dicho de otro modo, la lucha entre lo político y lo económico por el control definitivo de lo social.

Desde este enfoque, podemos analizar con mayor profundidad los fenómenos totalitarios que se sucedieron a lo largo del siglo XX, siendo los más importantes, el fascismo, en Italia, el nazismo en Alemania y el bolchevismo en Rusia. Atendiendo a las interpretaciones al uso, estos fenómenos, especialmente en Italia y Alemania, se habrían producido por un mecanismo de autodefensa de la burguesía contra una hipotética revolución social, análisis compartido también por los anarquistas, en especial Luigi Fabbri. No obstante, en mi opinión estos movimientos tuvieron una raíz popular, en la creencia de que de este modo combatían el sistema de explotación capitalista, aunque inconscientemente, porque de hecho cayeron en un sistema aún más explotador. Y lo que en realidad se produjo fue una síntesis entre Estado y Capital, en la que éste último pasaba a ser controlado por el Estado, ante el cual se supeditaba por completo.

Este intento de unir en un mismo instrumento de control lo político y lo económico no tuvo éxito en aquel momento para Italia y Alemania, ni tampoco con el correr del tiempo para la URSS. El actual modelo chino de un Estado totalitario en lo político, con una economía de mercado controlada por el Estado, tampoco parece que sea muy estable, como tampoco parecen serlo actualmente las democracias occidentales, donde lo económico domina ya casi por completo a lo político.

Con esto no quiero decir que exista un sistema social estable para siempre, pero eso parece que se intenta describir en algunos de los ensayos que disertan sobre el futuro de la humanidad.

Consideremos ahora el aspecto demográfico, con toda probabilidad uno de los elementos fundamentales en la introducción del Estado en el seno de las sociedades llamadas primitivas. El antropólogo francés Pierre Clastres, lo enunciaba de la siguiente manera:

¿En qué condiciones puede una sociedad prescindir del Estado? Una de ellas es que la sociedad sea pequeña. Por este derrotero me uno a lo que tú acabas de decir a propósito de Rousseau. Es cierto, las sociedades primitivas tienen esto en común: son pequeñas, en sentido demográfico y territorial y eso es una condición fundamental para que no se produzca la aparición de un poder separado en esas sociedades. Desde este punto de vista, se podría oponer término a término a las sociedades primitivas sin Estado y a las sociedades con Estado: las sociedades primitivas se sitúan del lado de lo pequeño, lo limitado, lo reducido, de la escisión permanente, del lado de lo múltiple, mientras que las sociedades con Estado están situadas exactamente en el lado opuesto; están en el lado del crecimiento, de la integración, de la unificación, se encuentran en el lado de lo único. Las sociedades primitivas, son sociedades de lo múltiple; las sociedades no primitivas, con Estado, son sociedades de lo único. El Estado es el triunfo de lo único. (La sociedad contra el Estado, Barcelona, Virus, p. 238-239)

El Estado necesita una sociedad en constante crecimiento demográfico para afianzar su poder sobre la misma: recaudación de tributos, guerras de conquista, etc. De hecho, esta ha sido una de las premisas fundamentales para su desarrollo. Pero en la actualidad, el extraordinario crecimiento demográfico de las sociedades humanas, no sólo suponen un obstáculo a la instauración de una sociedad antiautoritaria, sino que están poniendo en peligro la supervivencia de la propia especie y por ende del planeta mismo. Además, los controles de natalidad impuestos por los Estados para paliar esta amenaza se han demostrado un fracaso, cuando no han dado lugar a situaciones perversas. Este problema únicamente podría resolverse con una radical transformación de las sociedades, en las cuales el crecimiento demográfico estuviera en consonancia con las necesidades de  equilibrio político, económico y social de la propia sociedad, pero esto sólo podrá lograrse si desaparece el actual dominio económico y político del Capital y del Estado.

Dicho lo anterior, parece evidente que la organización de los grupos que apuestan por transformar la sociedad debería hacerse desde lo pequeño y conocido, es decir, constituir grupos reducidos con gente conocida y con ideas más o menos afines; de este modo es mucho más difícil que se infiltren en los mismos manipuladores o provocadores que perviertan los objetivos de los mismos. De otro lado, su eficacia en la consecución de los objetivos es mucho mayor, si tenemos en cuenta que otros grupos constituidos siguiendo estas directrices coadyuvarán a la consecución del objetivo propuesto.

La fuerza del autoritarismo es muy grande y se ha ido desarrollando y perfeccionando a lo largo de milenios, pero también los movimientos antiautoritarios han tenido un gran desarrollo y han ido aprendiendo de sus propios errores. La única forma de enfrentarse al autoritarismo es tener en cuenta estas premisas y combatir desde todos los frentes posibles a través de la proliferación de grupos, luchando cada uno de ellos en la consecución de sus propios objetivos.

 

Paco

 

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