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Guerra, técnica y capital

 

El militarismo es un sistema de dominación político, económico, social y cultural que forma parte de la cotidianeidad de nuestras vidas, representado y sustentado en lógicas y valores como el autoritarismo, la violencia, la obediencia ciega, la exclusión del otro/a, la sumisión, el control opresor de la sociedad, y la depredación de la naturaleza.

 

Crearon un desierto y lo llamaron Paz… (Cayo C. Tácito)

Nadie en una nación, en nombre de la patria, ha dado muerte a tantos coterráneos como su propio ejército. Esta aseveración, válida para la historia durante los siglos de los que tenemos noticia, queda avalada con el conocimiento que tenemos de los hechos. Más grave todavía cuando los militares han llevado a sus ciudadanos, de manera obligatoria y bajo pena de muerte, a otra muerte, en historias e ideologías de dignidades y conquistas. Recordemos sumariamente a España misma con sus colonias del Riff, Semana Trágica de Barcelona, la guerra de Franco, o las viejas guerras de España con el genocidio americano; Thiers en la Comuna de París, Leopoldo II con el Congo en 1885, masacres de Argelia y en la misma metrópoli, dos guerras mundiales (qué rápido decir noventa millones de muertos! Y contarlos?…), caza y exterminio de los espartaquistas por los socialdemócratas en Alemania, Stalin…, Armenia, Kurdistán, China, Corea, Vietnam, Balcanes, Libia, Egipto… traición, agonía, tortura, infame e infinita letanía que goza aún de prestigio y reporta honor y condecoraciones a los más altos y grandes asesinos.

Voces en el XIX contra la creación y uso de los ejércitos: Louis Blanc y Proudhon denuncian la amenaza de los gobiernos autoritarios que recurrían a la tropa no solo para defenderse o atacar a un enemigo exterior, sino y sobretodo para protegerse y reprimir al «enemigo interior»: la conflictividad social alimentada por el descontento de las clases desposeídas y oprimidas de la propia nación. Aquellos autores dirán que un gobierno que se apoya en el ejército, en la Fuerza y no en el Derecho, constituye un contrasentido para salvar y conseguir una sociedad libre y justa. La experiencia de 1848 en Francia constituye un sabio ejemplo, cuando tras la revolución de febrero, y ante el crecimiento de las protestas obreras, el gobierno promulga un decreto por el que obliga a formar parte del ejército a buena parte de los obreros solteros que a la sazón trabajaban en los Talleres Nacionales de París, creados ese mismo año para atenuar el gravísimo problema del paro, solucionando así dos problemas a la vez. Inmediatamente, y ante la resistencia generada, aquellas tropas salen a las calles para reprimir a los revoltosos. La institución militar servía así tanto para neutralizar en sus orígenes a las fuerzas interiores revoltosas –a través de su reclutamiento o militarización– como para combatirla directamente, y de manera indirecta, para aliviar el paro.

También hoy el paro, entre otras razones, ha permitido la creación de los ejércitos profesionales, aboliendo –en tiempos de paz– el servicio militar obligatorio.

El término «militarismo» se extiende a partir de entonces, segunda mitad del siglo XIX, bajo el manto del enorme crecimiento de la industria siderúrgica y la minería del carbón, conllevando el desarrollo de la industria del armamento. Se introduce la investigación y el desarrollo de la tecnología de las armas modernas así como la extensión masiva del servicio militar obligatorio, excepto para aquellos que pueden redimirse ya sea pagando una cuota al ejército o pagando directamente a un sustituto, éste, siempre más pobre. Por primera vez, Estado, industria pesada y directorio militar hacen comunes sus intereses; allí vemos ya los Krupp y Vickers que aún perduran. Desde aquellos momentos germina la Gran Guerra del 14 y las enormes masacres del colonialismo en África y Asia. El gran perdedor, otra vez, va a ser el gran proletariado de Europa y parte del de América, y el gran ganador las grandes empresas del mismo mundo.

Bertha Suttner escribía en 1889 contra la imposición del servicio militar en el Imperio Austrohúngaro, según el modelo prusiano, en su popular novela autobiográfica Abajo las armas: (...) Si en todas partes es implantado el servicio militar obligatorio, no hay ventaja para ninguno. El juego de ajedrez de la guerra es jugado con más figuras, pero la partida depende siempre de la suerte y de la habilidad del jugador. Pongo el caso que todas las potencias europeas introducen el servicio militar obligatorio, entonces, la relación de poder sería exactamente la misma, la diferencia estaría sólo en que, para lograr una decisión, tendrían que ser abatidos millones en lugar de centenares de miles.

Importantes movimientos de resistencia a la militarización se han dado en la España contemporánea, que han ido (1977) desde la objeción de conciencia al servicio militar obligatorio (SMO), hasta la insumisión; crearon su propia prensa y numerosas publicaciones, plataformas permanentes de información y difusión. De los primeros 371 insumisos en 1989 se pasó a 1.156 en 1991 y a un total de 50.000 en diez años. Respecto a los objetores, en 1998 se declararon como tales 150.581 jóvenes, según el Ministerio de Justicia. La abolición del SMO y la formación del ejército profesional puso fin, en 2001, al aprieto en que se hallaba el Estado con su ejército. Asimismo es de destacar la enorme y arriesgada resistencia que opuso la juventud portuguesa –muchos millares de deserciones– a su militarización en las inútiles guerras que el gobierno luso llevaba a cabo para resistirse a la emancipación de sus colonias.

La miseria de la guerra moderna, mucho más mortífera y cruel, choca con la razón, pero ésta no está en los mapas militares, lo cual nos lleva a encontrar la contra y sinrazón del militarismo como una característica presente en la inteligencia de los estrategas bélicos. Otro refuerzo de estas pasiones lo señala también Julien Benda cuando en 1927 explicaba la necia voluntad, aunque alentada, que tienen los pueblos de sentirse dentro de su pasado; en concreto, de sentir sus ambiciones como remontándose a las de sus antepasados, de vibrar, de adherirse a derechos históricos. Los jefes de estado hallan en este sentimentalismo popular un nuevo y buen instrumento para llevar a cabo sus designios prácticos, lo fomentarán y se servirán de él. Es así como las pasiones nacionales, inoculadas en las almas plebeyas, adoptan un carácter de misticismo, de adoración religiosa.

Los Pentágonos de hoy son los más eficaces instrumentos para la planificación y conquista de nuevos mercados con sus países recién devastados, rutas de abastecimiento energéticas, geografía de experimentación y consumo de las últimas técnicas militares, ámbitos para la reconstrucción de lo destruido. Ya no se trata de enemigos bélicos, sino que éstos son creados, inventados, se los proclama y después se los difunde como tales. Luego son objetivados y sentenciados para finalmente hacer que las coaliciones aliadas cumplan el mandato. Así fue con Vietnam, Irak, Libia, Agfanistán… países que ninguno tenía armas de destrucción masiva –a diferencia de los ejecutores– ni habían desafiado militarmente a los atacantes.

No es necesario declarar como enemigo a un país para abatirlo y devastarlo, puede haber una guerra preventiva para evitar tener que hacer una guerra convencional; entonces abundarán los ataques selectivos sobre personas y sabotajes de alto interés militar, como se dio también en Irak y sigue dándose con Irán.

La guerra siempre fue exaltada hasta convertirla en mito, en sentido estricto; la guerra es mito y por ser de máximo interés para el Estado se crearon los dioses de la guerra, entelequias que justificarán y sacralizarán las matanzas bélicas. Kartikeia o Skanda para los hindús; Montu, dios, y Neith, diosa, para los egipcios; Ares, hijo de Zeus y de su legítima esposa Hera, no distingue en el combate entre guerras justas o injustas, bendiciendo a los griegos sus tropas y las masacres que llevarán a cabo; Marte presidirá en medio mundo las victoria del imperio de Roma. De manera curiosa, los dioses de la guerra tanto maya como azteca son los que mantienen una real correlación con nuestras sociedades, así vemos como Ek Chuah, maya, tenía a su vez también la consideración de dios de los mercaderes, en tanto que Huitzilopochtli, azteca, que había destruido a sus hermanos que habían intentado evitar que él naciera, necesitaba sangre para sobrevivir y los sacrificios humanos eran la única forma de preservar al mundo de su extinción.

Estos dioses fueron reemplazados luego por las figuras de emperadores y por la del mismo Papa, quienes encarnaron la divinidad y proclamaron santas sus guerras. Esta mixtificación confunde todavía a las sociedades que creen y ven casi imposible una organización distinta a la existente.

La culturalización militar del mundo

La segunda Guerra Mundial inició y/o aceleró otra revolución técnica. Los modelos de las sociedades actuales, su marcha y orientación, están marcados por las técnicas y la tecnología de interés militar. En este sentido, la sociedad tiene componentes militarizados y agresivos como son los códigos, represión, autoritarismos, etc. y los Estados siempre preparados para su defensa, expansión y conquista. Una parte de la industria punta trabaja en la investigación y producción militar (I+D) (simbiosis capital-estamento militar). Lo militar salvaguarda a la vez que es motor del capital.

– La fabricación del automóvil se generalizó a partir de la guerra de 1914 con su producción en cadena siguiendo los esquemas de la fabricación del tanque en serie. Jouvenel refería ya en 1957: La motocicleta en que se va sentado en lugar de ir a caballo, fabricada después de la segunda guerra mundial, se ha extendido en Italia, para ocupar fábricas y trabajadores que habían estado destinados a la construcción de aviones militares… También Mumford afirma que la guerra ha sido la principal fuente de los inventos mecánicos, así, nos recuerda, que el carro militar precedió al uso general de carros y carretas para el transporte de personas y de mercancías, o que la guadaña fue colocada en los carros de combate para segar vidas humanas antes de ser colocada en máquinas de segar el trigo.

– Transistores: En 1947, se elabora el primer transistor. Poco después, un computador construido con transistores (pesaba 28 toneladas y consumía 170 MW de energía).– A partir de los 70 aparece la cuarta generación de computadoras, el PC: microprocesadores, chips de memoria, y el mundo de lo micro.– Desde hace años los superordenadores en manos de Interpol, Schengen, policías de cada país, controlan y cruza los datos de los ciudadanos.

– Uranio: Tras la bomba atómica, los reactores nucleares como generadores de energía.– Uso del uranio empobrecido en las dos guerras de Irak, las de Agfanistán y Libia.– Terapias médicas.

– El láser: Hasta los 50 no se inician aplicaciones. El ejército USA se apodera de los conocimientos básicos y tecnología del láser. La policía británica está a punto de aprobar una pistola láser que lanza un muro de luz de tres metros cuadrados, dejando temporalmente ciegas a las personas. Armas similares ya han sido usadas por las tropas británicas y estadounidenses en la guerra de Afganistán. Evidentemente hoy tiene además aplicaciones médicas.

– TV: El ensamblaje de una matriz programadora de células fotosensibles (emisor) con el tubo catódico (receptor) dio pie al inicio de las emisiones con programación televisiva en Inglaterra en 1936, en 1937 en Francia y en 1939 USA. En el 1953, nos llega Eurovisión. La pantalla en los hogares será uno de los instrumentos que más cambiará las formas de socialidad de nuestro mundo.

– Muy poco antes de la Segunda Guerra Mundial se desarrolló la tecnología de las microondas, que forman parte del espectro de alta frecuencia; aquéllas pasan fácilmente a través de la atmósfera con menos interferencia que otras longitudes de onda mayores. Los militares buscaban perfeccionar este mundo para aplicarlo a los sistemas de radar, respondiendo así poco después a la necesidad de detectar las oleadas de aviones enemigos. Recientemente la policía norteamericana la ha experimentado para neutralizar grandes concentraciones de masas, se trata de un tubo que dispara un haz de microondas a una distancia de hasta mil metros y que provoca un gran calentamiento que obliga a huir.– Esa innovación en la tecnología del microondas es la que tenemos, a pequeña escala, en los hogares.

– El espacio: De las V-2 hitlerianas a la NASA: el espacio como plataforma militar de dominio y ámbito de rebote de las telecomunicaciones.

– Biotecnología: La penicilina en 1940, de inmediata aplicación en la 2ª Guerra M.– Inglaterra fabrica a partir de la acetona el explosivo cordita durante la Primera Guerra M. También en la misma, Alemania produjo glicerina, por fermentación, para la fabricación de la nitroglicerina.– En 1953 se descubre y comprende la estructura del ADN.– Aplicación inmediata por parte de las policías.– Cuestiones de fertilidad humana: bancos de esperma, fecundaciones, programación de la vida.

– Química militar: De gran uso en las dos grandes guerras; ya España en el Rif en 1923 (iperita, fosgeno) y Mussolini en Etiopía 1935; Viet-nam, Irán, Irak, Agfanistán… Gases ciclón, sarín, mostaza… El uso ofensivo de organismos vivientes (como el ántrax) es el límite entre arma biológica y arma química. Hoy es casi infinito el número de productos químicos de doble uso.

– Los joysticks o ratones de palanca fueron diseñados originalmente en 1944 por los alemanes para controlar los alerones y otros elementos de aviones; luego desarrollaron el primer joystick eléctrico para la dirección de misiles. Mucho más perfeccionado, fue aplicado en el coche que se desplazó por la luna. Adaptado, en la década de los 80 ha invadido las casas con niños o jóvenes a través de la industria de los videojuegos.

– TAC. (tomografía axial computerizada). Esta tecnología fue utilizada por primera vez para buscar los más recónditos defectos en los componentes espaciales. Hoy resulta un término clásico y familiar en la medicina convencional de occidente.

– Robots. Alemania desarrolló en 1942 el robot Goliath cuya función era la demolición y la destrucción de tanques y edificios. Hoy Estados Unidos prepara un ejército de robots para 2015, quiere que los soldados-robots constituyan una importante fuerza de combate en menos de una década.

– Nanotecnología: (Un mm. tiene mil micras y cada micra tiene mil nanos). Se trata del diseño y producción o transformación de la materia a dicha escala, con el objeto de su uso en aplicaciones civiles y/o militares. Los potenciales riesgos son probables, y más aún, en múltiples casos difíciles de detectar de modo inmediato puesto que lo que se está manipulando es imperceptible a los sentidos, lo cual genera un alejamiento o ceguera entre las causas y los efectos del avance de las nanotecnologías tanto en el tiempo como en el espacio. El gasto de los gobiernos en nanotecnología a nivel mundial, pasó de 430 millones de dólares en 1997 a 3 mil millones en 2003. El ejército USA en 2008 destinó 374.000 millones de dólares en I+D en nanotecnología. Luego devendrá lo útil para la sociedad civil.

– Los drones o Aviones No Tripulados (UAVs): en 2005 los ejércitos USA e Israel apenas el 5% de sus aviones eran drones; hoy son más de 20.000 que lo escudriñan todo; después bombardean y sobre todo asesinan selectivamente. A partir de Vietnam proliferaron y han intervenido en todas las guerras aliadas occidentales. En Libia han tenido un papel muy significativo, prefigurando junto a los robots las futuras guerras apenas sin soldados. Hay drones de 20 cm. que pueden entrar por una ventana, fotografiar, matar y salir. Evidentemente, ahora ya son usados en lo civil para fotografía, cartografía, cazar, video-vigilar, agencias detectives, seguimiento de los grandes cultivos, vigilancia y lucha contra incendios, etc.

– La combinación de una guerra con robots, droms y nanotecnología la harían invisible en su acción, aunque dramática y harto visible en sus resultados, y es esta la dirección que ha tomado el mundo militar.

La articulación de estas tecnologías nos ha llevado a la casa y a la sociedad electrodoméstica: alarmas, sensores, cámaras, programadores, planchas, cafeteras, trituradoras, panificadoras, aspiradoras, robots para la limpieza y la cocina, relojes, hornos, cocinas vitros, eléctricas o por convección, microondas, lavavajillas, lavadoras, secadoras ropa, secadores pelo, aire acondicionado, cepillos dientes; todo lo telemático... otro distanciamiento con la naturaleza.

No diremos por ello que nuestras casas sean militares o estén militarizadas, pero hubiera sido mejor seguir por otras sendas más acordes con nuestra naturaleza. No nos gusta ni conviene reproducir en lo más remoto el imaginario militar.

El progreso ha sido arrebatado por el militarismo, su dirección lleva años con el estigma de la destrucción y en consecuencia de la muerte. Destruir para re-urbanizar, arrasar para re-industrializar, acabar con regímenes quizás sí autoritarios, pero para someter sus pueblos a dictaduras expropiadoras, energéticas, financieras. Allí por donde han pasado las coaliciones occidentales queda el caos, es decir, en acepción primigenia, la confusión, el estado en que se hallaba la materia antes de alcanzar su consistencia. Son los casos de Irak, Afganistán, Libia recientemente, la mayor parte de los países del Cono Sur y centro América tras el paso de las inteligencias y entrenamientos por parte de la CIA en estos países, cuando no el de sus marines. Las gentes, arruinadas, desposeídas de sus medios, han visto roto y descompuesto su tejido social y sus referentes, se las ha obligado a desplazarse, emigrar a miles de kilómetros sin ofrecerles donde asentarse, incluso vetándoles la entrada a los lugares en que viven aquellos que los han devastado.

No es mucho mejor la suerte de una gran parte de los soldados que han cometido las masacres, puesto que en el 2010, hubo más suicidios de soldados norteamericanos que muertes en combate en Medio Oriente. El ejército norteamericano es la única rama de las Fuerzas Armadas del país que publica cada mes datos estadísticos de las incidencias y comportamientos de sus tropas. Por estas fuentes sabemos que por cada soldado estadounidense fallecido en Irak o Afganistán, unos 25 veteranos –de todas las guerras– se quitan la vida en Estados Unidos. En promedio, un soldado estadounidense muere cada día y medio en acción en otros países,  cada 80 minutos se suicida un veterano, corroborando el dato de hace tres años cuando se supo que la tasa de suicidios en el ejército superó por primera vez la tasa equivalente de suicidios civiles, lo que indujo a los mandos militares a anunciar una nueva campaña de entrenamiento y prevención para identificar a soldados en riesgo. Y hay cifras de estudios todavía no oficiales según las cuales entre un 40% y un 50% de la población militar norteamericana toma algún tipo de antidepresivo. Estamos ante una situación social clínica muy grave.¿Progreso?

La palabra robota significa trabajo o labor y figuradamente «trabajo duro» en checo y lenguas eslavas; robota era el periodo de trabajo que un siervo debía otorgar a su señor, generalmente seis meses del año, servidumbre que duró hasta 1848. Bien, aunque sea para confirmar la creciente paranoia político-militar como calificó en 1984 Maximilien Rubel el desvarío de la ‘inteligencia militar’, sabemos que en junio del 2009, ya había 12 mil robots militares en Afganistán e Irak entre los que se cuentan algunos ingenios armados como el SWORD, que lleva una ametralladora capaz de disparar mil balas por minuto y que es fabricado por la empresa PackBot; dice el Pentágono: A ellos [los robots] no les da hambre. No tienen miedo. No olvidan sus órdenes. No les importa si un compañero acaba de recibir un disparo. Harán mejor el trabajo que los soldados». Los planificadores militares dicen que los robots pensarán, percibirán su entorno y reaccionarán cada vez más como humanos. Gran parte de la destrucción y masacre de Faluja fue llevada a cabo por robots para que no hubiera más bajas norteamericanas. El mayor de los robots es el Big Dog, un impresionante cuadrúpedo robótico capaz de correr y escalar hasta 35 grados de pendiente en terrenos difíciles, patinar sobre el hielo con cargas de más de 100 kilos. Es un encargo a la empresa Boston Dynamics para enviarlo Afganistán. Pronto llegarán allí también miles de mandos de la Wii, que serán usados por los soldados para controlar a otro robot, el Packbot… A medida que aumente su inteligencia, también aumentará su autonomía. Tienen un proyecto de 127 mil millones de dólares llamado Sistemas de Combate del Futuro, el mayor contrato militar en la historia de Estados Unidos. A su vez, el Parlamento inglés ha propuesto establecer un código ético con el fin de proteger la vida de los humanos ante la aceleración del desarrollo de robots.

El militarismo arma, enseña al pueblo a luchar contra él mismo; para ello lo divide, fomentando las ideologías que más pueden servir según cada situación alentando los odios, resquemores y desconfianzas; conocemos como se ha servido de la distribución de drogas para diluir movimientos que no le convenían; en una palabra, cada ciudadano es un enemigo potencial del otro ya sea frente a Hacienda, o denunciando en la carretera, o denunciando a quien recupera del Estado expropiador o a quien okupa.

La policía constituye la vanguardia de las fuerzas armadas en el interior de un país; su misión fundamental es impedir el desarrollo de cualquier tipo de enemigo interno, neutralizando el posible contagio al resto de la sociedad; la policía es la prolongación del ejército; oprimidos que devienen opresores, algunos torturadores. La represión se ejerce no solo en la calle y la comisaría, sino adecuando las leyes, taponando grietas, convirtiendo en ilegal lo legítimo según intereses y peligros. Si la policía llegara a sentirse impotente, se recurriría al ejército. Uno de los poquísimos militantes en oponerse a la aprobación de los créditos de guerra en la Alemania de la Primera Guerra fue el espartakista Karl Liebknecht; con el grito de «¡Muera la guerra¡» condenaba a la socialdemocracia por su actitud belicista. Karl manifestaba que la acción militar es la acción política [del Estado] ‘concentrada’, que da a una minoría la posibilidad de imponerse sobre una mayoría contra la voluntad de ésta.

Toda guerra se ha justificado por la necesidad de acabar con los peligros que representa el enemigo, por las ofensas recibidas, para hacer cumplir los derechos internacionales. Sin embargo y tras ella, solo deja tierra quemada, desolación, venganza, ajuste de cuentas. El militarismo no entiende ni de otra ética ni de otra moral que la suya que no es más que, como la legión de Millán Astray o las Hitlerianas, la muerte, sangre y terror, terror en última instancia propiciado y sostenido por la insaciable sed de la acumulación. Tal como no existe ningún artilugio para medir la ternura de los humanos, no existe instrumento alguno para medir el dolor que se infringe en la guerra en lo más profundo del ser humano; de existir, no encontraríamos unidades de medida. Decíamos en 1989, como la guerra y el sistema de organización social constituyen la barbarie, que es la lepra de nuestra civilización.

Tras bastantes años de relativa pasividad hemos entrado en una era de rabia, en la que ésta se incrementa en quienes van tomando consciencia de la insaciabilidad y crueldad del sistema gobernante. Ven como la máquina, infernal, no tiene recato en llamar a las mejores de sus bombas, las más mortíferas, inteligentes. Sienten el insulto del parlamento británico al crear un código ético para regular la conducta de los robots militares y los droms; ven como comités internacionales aprueban el uso de la tortura cambiándole este sustantivo por el de presión física razonable. Sabemos todos como el uso bélico de la energía nuclear se extiende más y más en las guerras, se recubren los proyectiles con uranio empobrecido, residuo de sus plantas nucleares; sabemos como sobre Yugoslavia, Irak y Afganistán las tropas de los USA lanzaron, y continúan lanzando sobre los dos últimos, cientos de toneladas de estos destructivos proyectiles, los «MOAB», Mother of all bombs, aun cuando su peor efecto no es el inmediato sino el polvo de óxido de uranio liberado, tóxico y radioactivo. Envenena el medio ambiente por un período de 4.500 años, produciendo numerosos muertos por leucemia, otros tipos de cáncer y malformaciones congénitas. Son ya 10.000 toneladas de uranio las esparcidas sobre suelo afgano. España está en misión humanitaria. En Irak se estima que entre los Estados Unidos y el Reino Unido han lanzado cerca de un millón de bombas de racimo.

Los cercados y expropiaciones que se imponen a los pocos modos de vida ajenos o resistentes al capital suscitan nuevas respuestas y mayor represión. Pero quizás nos indican que estamos ante una nueva subjetividad política del radicalismo plebeyo. La intolerancia autoritaria intenta negar toda posibilidad de vida sin este su diktat, con la afirmación de que no hay vida fuera del actual sistema; la contra nuestra, es la afirmación que niega toda posibilidad de vida en el capital, expresado éste, simbólica y realmente, a través de la militarización del mundo. El desarrollo de la cooperación y la resistencia, frente a la pretensión de imponer la disciplina clasista han creado un coctel social explosivo.

La impúdica y creciente miserabilización de la sociedad que el modelo neoliberal creó en el mundo, desmantelando las redes de protección social y destruyendo las capas medias de la sociedad, ha conllevado el surgimiento de una influyente generación de personas inmensamente ricas. Asociadas entre ellas han constituido entidades dotadas de un omnipotente poder económico y político; el final de un horizonte de bienestar o de ascenso social para la mayor parte de los jóvenes se está eclipsando, incorporándose ellos a la masa de los desposeídos. El divorcio creciente de los políticos profesionales y las capas sociales lleva a que las fuerzas armadas se estén convirtiendo en la garantía de la intocabilidad de este sistema. No sabemos por cuanto tiempo, ni cuál va a ser el grado de resistencia social a este estado de cosas, pero sí constatamos como el gran Estado tiene cada vez más connotaciones comunes con cualquier tipo de dictadura, e incluso de estado fascista.

En el mundo del dinero los gobiernos se forman a partir de dos, tres o diez facciones del capital al que ninguno de ellos cuestiona, como mucho en la forma banal de administrarlo. En la práctica, estas facciones ahora llamadas partidos, conforman el Partido Único. Y respecto a la exaltación del líder, se exalta el Euro como antaño se exaltaba el estado fascista. Lo que queda del Estado es su función totalitaria sobre la propaganda, su servicio a la economía capitalista, al ejército y a la guerra de la que ya hemos hablado.

 

La máquina militar es la política que excluye a las personas del poder, mantiene a los pobres en su lugar y a los ricos en el regazo del lujo, canta el grupo Rage Against the Machine.

Etcétera, junio 2012

 

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