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Correspondencia...

 

 

 

Desde México

¿Movimiento estudiantil o calentura de primavera?

El actual movimiento estudiantil en México no surge como un acto milagroso o aleatorio, surge de un profundo descontento e indignación que se ha ido profundizando en estos últimos treinta años de imposición, autoritarismo, violencia y precarización, es decir, de neoliberalismo. Este descontento e indignación siempre mantuvo a mexicanos activos en movimientos sociales y luchas legítimas, la cuestión es que los principales medios monopólicos de comunicación del país, asociados con la clase hegemónica, trabajaban arduamente para sólo mostrar el «México bonito». Uno de los más grandes logros del actual movimiento fue golpear a las televisoras, romper el cerco informativo y darse a conocer ampliamente. He aquí un balance de lo que ha sucedido hasta el momento.

Se podría decir que la mecha se prendió en la Universidad Iberoamericana (Ibero) el 11 de mayo de 2012 cuando después de dar una conferencia como parte de su campaña proselitista, el candidato a la Presidencia de México Enrique Peña Nieto por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en alianza con el Partido Verde Ecologista de México (único partido verde del mundo en promover la pena de muerte), fue abucheado con consignas como «no te queremos,» «Atenco no se olvida» y «asesino», para finalmente ser corrido de la universidad por un numeroso grupo de estudiantes.

Esta acción así como sus participantes fueron deliberadamente ignorados y después atacados por los principales medios de comunicación (televisoras y prensa), llamados fascistas, porros, acarreados, intolerantes y desconociéndolos como alumnos. Este hecho evidenció el gran sesgo de los principales medios de comunicación así como sus alianzas e intereses. Este torpe manejo de información enfureció a los estudiantes involucrados, los cuales comenzaron a utilizar los medios virtuales como espacio de queja y más tarde de organización.

Así los estudiantes de la Ibero –recién organizados– armaron un video en el cual 131 alumnos mostraban su credencial con el objetivo de desmentir la campaña mediática que afirmaba que no eran estudiantes. Este hecho fue el que le dio nombre al incipiente movimiento que primero se llamaría somos más de 131, para después ser mundialmente conocido como #yosoy132, cuyas principales banderas serían el apartidismo y el pacifismo. El video fue publicado el 14 de mayo, llegando, ese mismo día, a convertirse en trending topic mundial, lo que lo llevo a ser uno de los temas más comentados en las redes sociales a nivel mundial. Fue gracias a la viralidad y rapidez de difusión de este video que los estudiantes de la Ibero se comenzaron a organizar, primero en juntas, después en asambleas.

La recién conformada organización rompió los muros de la Ibero concretando el 16 de mayo una reunión con las otras principales universidades privadas del país. A la reunión asistieron estudiantes del Tecnológico de Monterrey (TEC), Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y la Universidad Anáhuac, estos estudiantes dieron los primeros lineamientos de lo que sería #yosoy132, el nuevo movimiento interuniversitario y sus primeras acciones. El resultado: la primera movilización fuera de los muros universitarios. Se organizó una manifestación frente a las dos principales instalaciones de Televisa (el megaconsorcio televisivo más grande de América Latina) el viernes 18 de mayo, el objetivo era protestar contra la manipulación informativa en relación a la visita del candidato Peña Nieto a la Ibero y las elecciones presidenciales. Frente a la novedad del movimiento, su fuerte eco en las redes sociales y sus ataques a la televisora, Televisa a manera de control de daños, invitó a algunos representantes a platicar en un noticiero estelar una semana después del incidente en la Ibero. Evento que subió la moral de los estudiantes ya que se tomó como un primer triunfo frente a la cerrazón de la televisora de ignorarlos.

La siguiente acción fue el 23 de mayo, el movimiento convocó a más de 20 mil estudiantes a manifestarse en la calle. Las movilizaciones no sólo se vieron en la capital, sino también en provincia (donde hubo agresiones a manifestantes en contra del candidato, las cuales no fueron cubiertas por los principales medios de comunicación) y en algunas ciudades extranjeras. Viendo la potencialidad del movimiento y la coyuntura electoral se decidió invitar a universidades públicas al movimiento y concretar una primera reunión el 26 de mayo. A esta asistieron 15 universidades públicas y privadas organizadas en comités, en esta reunión se comenzó a discutir nuevos temas, algunos de los cuales se convertirían en los principios que más tarde adoptaría el movimiento: se rechazan los monopolios en los medios de comunicación, la manipulación mediática, defensa de la libertad de expresión, democratización de los medios de comunicación, rechazo al actual proyecto de gobierno y la posibilidad de su continuidad, rechazo al neoliberalismo y las cúpulas mexicanas enriquecidas por este sistema. Así mismo se comenzó a delinear el carácter apartidista del movimiento, que no apoyaría a ningún candidato a la presidencia y su objetivo más ambiciosos: crear una confederación nacional de universidades que tenga una agenda política propia y que trascienda las elecciones del 1 de julio.

Frente a tal convocatoria y su natural heterogeneidad en opiniones y posturas políticas, el siguiente paso fue organizar la primera Asamblea General de Estudiantes del Movimiento #YoSoy132 en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Esta se realizo el 30 de mayo y asistieron un total de 74 representantes a nivel nacional e internacional de universidades públicas, privadas, bachilleratos, organizaciones civiles, colectivos y federaciones estudiantiles. En la asamblea se discutió en torno a 15 mesas de trabajo con una dinámica claramente influenciada por el movimiento español 15-M. El objetivo de la discusión era crear consenso frente a las diferentes posturas políticas, así como la integración de resolutivos que pudieran constituir más adelante un pliego petitorio. A pesar de la dificultad de organizar a tanta gente y de las arduas discusiones que allí se dieron, los ánimos estaban por los aires ya que se estaba viviendo un momento histórico en la organización estudiantil mexicana. Los consensos a los que se llegaron serian llevados a los senos de las diferentes universidades, escuelas y colectivos para su discusión y votación, la cual sería refrendada el 5 de junio en otra asamblea, ahora sólo de representantes.

A esta asamblea asistieron 98 representantes y se realizó en la Facultad de Arquitectura de la UNAM, a pesar de los problemas de organización y los interminables debates, la asamblea logró fijar el carácter organizativo del movimiento así como su postura política. La mayoría de los acuerdos logrados el 30 de mayo fueron rectificados, algunos de los más importantes fueron los siguientes: se integra la Asamblea Universitaria General (conformada por los representantes rotativos y revocables de todas las escuelas adherentes) como máximo órgano de decisión del movimiento, se decidió que el movimiento no llamará a votar por ningún partido, aunque sí se llama al voto critico e informado, es un movimiento autónomo, independiente de cualquier partido político y antineoliberal, el movimiento está inconforme con el actual proceso electoral que busca restaurar el viejo régimen político del PRI y sus costumbres como la represión, el autoritarismo y la corrupción, esta vieja estructura está representado por el candidato Enrique Peña Nieto, se rechazó la manipulación mediática y los sesgos infamativos por parte de los monopolios de la comunicación, se acordó un plan de acción a corto plazo que incluye varias manifestaciones entre ellas una el 10 y otra el 30 de junio, un encuentro nacional estudiantil el 21 de junio, así como tomar plazas públicas el primero o 2 de julio en caso de que haya evidencias de fraude electoral, la convocatoria de un tercer debate entre los candidatos a la presidencia y la organización de brigadas informativas que se acerquen a la gente que no tiene internet (en México solamente 30 de 120 millones tiene acceso a este medio electrónico).

La siguiente gran acción fue la marcha del 10 de junio, fecha histórica y emblemática ya que hace 41 años ese mismo día ocurrió la matanza estudiantil perpetrada por el cuerpo paramilitar los Halcones como medida para desarticular la fuerte organización estudiantil de esos días. Asistieron casi 100 mil personas (especialmente estudiantes simpatizantes con el movimiento), las principales consignas fueron contra Peña Nieto y Televisa. La marcha no sólo se dio en la capital, en 13 estados de la republica hubo movilizaciones en repudio al candidato presidencial.

Y después de todo esto ¿qué?

Es importante primero reconocer que la indignación, o más bien encabronamiento, de estos jóvenes no es espontáneo, tiene sus orígenes en la violencia e impunidad vivida en Atenco, los feminicidios en todo el país, la guerra contra las «drogas», la corrupción y en general el hartazgo del actual sistema político, que no importando el color del partido, ignora y criminaliza sistemáticamente la juventud. Esta es una generación que nació y creció en crisis, a la cual desde el poder se le había estigmatizado como una juventud frívola, apática y desinformada. Los jóvenes están cambiando esto y una vez más toman las calles y las plazas para gritar al unísono ¡Ya basta, estamos hasta la madre!

A pesar de que en este momento se tiene el viento a favor, ya que cada día se suman más estudiantes al movimiento, se van tejiendo alianzas con académicos, movimientos y organizaciones sociales; tiene varios obstáculos importantes a vencer para realmente constituirse como movimiento político de gran envergadura y tener una incidencia en la vida pública del país.

Encentro cuatro principales obstáculos: primero, el movimiento debe trascender los medios virtuales como espacio de organización y tomar las calles. Esto ya está pasando pero se tiene que profundizar, ya que un movimiento que busca tener incidencia política tiene que ser amplio e incluyente, el internet es un instrumento de minorías en México. Segundo, el movimiento tiene que vincularse con otros sectores sociales e incluir sus demandas, si el movimiento no encuentra otros apoyos y sólo se queda con el sector estudiantil no podrá tener una inferencia real en la política nacional ni resolver sus demandas. Tercero, no sucumbir al desgaste ni al cansancio, tener claro que la organización y los acuerdos toman su tiempo, por lo cual es vitalmente necesaria la paciencia y la tolerancia; no caer en el inmediatismo ni en las divisiones. Y cuarto, el movimiento tiene que profundizar en sus planteamientos políticos y su organización a largo plazo para trascender la coyuntura electoral, ya que si no hace esto es posible que el movimiento se desarticule poco a poco después de los comicios del primero de julio cuando la fiebre electorera haya pasado. Es importante tener en cuenta que cuando cae o cambia la cabeza de un régimen esto no implica el fin de este y sus prácticas, es por esto que el movimiento tiene que continuar haciendo presión, no solo en las elecciones, sino mucho tiempo después ya que los cambios verdaderos toman tiempo si se deciden hacer de forma pacífica.

A pesar de estas dificultades estoy convencido de que el movimiento estudiantil en México tiene mucha potencia y posibilidades de transformación, las cuales sólo podrán ser logradas si la creatividad, el compromiso y la unión están a la altura de las delicadas circunstancias que actualmente enfrenta México. Algunos dicen que el movimiento está guiado por una utopía, yo estoy de acuerdo, pero en el sentido que lo ve Eduardo Galeano: la función de la utopía no es alcanzarla, su función es estar ahí para que todos los días nos levantemos a buscarla, caminar hacia ella.

Adrián

 

 

Desde Valencia

La fuerza del autoritarismo y la resistencia contra la autoridad

Según mis hipótesis, el motor de la historia, es decir, el desarrollo histórico de las sociedades, no puede atribuirse a la lucha de clases, como se afirma en el materialismo histórico, entre otras cosas porque el concepto de clase, que no deja de ser una abstracción, únicamente puede aplicarse con propiedad a la sociedad instaurada por el sistema de explotación capitalista. En mi opinión este desarrollo sólo se inicia y tiene efecto a partir de la lucha por el control social, o lo que es lo mismo, la lucha por el poder. De hecho, lo que llamamos historia, sólo tiene inicio a partir de la consolidación de la autoridad en el seno de las sociedades y posiblemente aún cabría decir más: la mitología, o lo que nosotros entendemos por tal, sería el relato metafórico de la introducción y posterior afianzamiento del Estado en el seno de las colectividades; esto explicaría de algún modo que las mitologías de los diferentes pueblos del planeta sean tan similares entre sí, difiriendo tan solo en pequeños detalles que podrían atribuirse a la diferencia de organización social antes de la introducción del poder en su seno.

Esta lucha por el poder alcanza en determinados momentos una especial virulencia y si fijamos nuestra mirada en el siglo XVI, nos daremos cuenta que todo estaba por decidir y, aunque al fin triunfara el absolutismo, el resultado no tendría que haber sido necesariamente éste. En este siglo se multiplicaron los ensayos sobre lo político y no solamente el de La Boètie o el de Maquiavelo, ya sobradamente conocidos, sino el de otros muchos, por ejemplo el de Girolamo Vida, obispo de Alba, el cual en su ensayo Dialogi de rei publicae dignitate, de 1516, es decir, Dialogos sobre la dignidad de la república, este obispo da una definición del Estado que no vacilaría en suscribir cualquier anarquista y que supera incluso a la definición adjetival que llevó a cabo Proudhon. Decía Girolamo Vida:

... ¿Para qué sirven las leyes? Para constituir la servidumbre que los sabios califican de peor que la muerte; para obligarnos a vivir bajo el dominio ajeno; para darnos una naturaleza artificial y rebelarnos contra nosotros mismos; para convertirnos, no en mejores, sino en más astutos; para enseñarnos, no la justicia, sino el arte del litigio... ¿Habéis visto acaso alguna vez una sola agrupación de hombres en que se cumpla la justicia y en que se retribuya a cada cual según su mérito?... Y, ¿cómo surgen los Estados? Con latrocinios, con usurpaciones, con invasiones; y viven oprimiendo a una multitud innumerable de operarios y domésticos, no ciudadanos, sino esclavos, a quienes se prohíbe como delito lo que constituye las delicias de sus señores... ¡Feliz la edad en que no había leyes, ni plebiscitos, ni ficciones, ni fraudes, ni impuestos, ni avaricia, ni ambición, ni gloria, ni ricos, ni pobres, ni asedios, ni estragos, ni guerras, ni revoluciones! Libertémonos de esta sociedad corrompida y perversa, y que la justicia descienda sobre la tierra por segunda vez.

No cabe duda que Girolamo Vida imprecaba contra el Estado porque se daba cuenta que su desarrollo iba en detrimento de la Iglesia y que a la larga ésta perdería su prerrogativas sobre sus súbditos y lo que intentaba, como lo intentarían posteriormente otros prelados, era detener el proceso e incluso revertirlo.

Conviene no olvidar que el desarrollo de las fuerzas productivas tiene una gran importancia, pero no es, de ninguna manera, la explicación última de la transformación social, sólo una parte importante en dicha transformación.

De hecho, desde el surgimiento histórico de la autoridad en el seno de las sociedades humanas, la vertiente económica de las mismas estuvo siempre supeditada al poder político; pero esto se trunca con el advenimiento de la clase burguesa y la toma del poder político, primeramente en Inglaterra y más tarde en Estados Unidos y finalmente en Francia, desde donde se extendería a todo Occidente.

Aunque en un primer estadio de su desarrollo, el capitalismo estuvo también amparado bajo la cobertura política del Estado moderno surgido de la Revolución francesa, el desarrollo de la industria, y de modo significativo de la técnica, propiciará su paulatina autonomización hasta convertirse en una vertiente social independiente.

La separación de la vertiente política de la dominación, de su aspecto económico, tuvo en Occidente importantes innovaciones, tanto en el aspecto político, como en el económico. Las teorías que se plantearon la lucha aceptando está división entre lo político y lo económico, sólo lograron afianzar el sistema de explotación capitalista y aquellas otras que se plantearon dar la batalla a los dos aspectos de la división social sin hacer ninguna diferencia entre ambos, no llegaron a tener la suficiente fuerza para alcanzar sus objetivos, lo cual acabó igualmente reforzando el poder del Estado y del capital.

A partir de la Revolución francesa y de la introducción de la democracia como teoría política de la dominación, la lucha se plantea en tres planos diferentes: la lucha por el control político, o lo que es lo mismo la lucha por el control del Estado, lo que suponía también, en teoría, el control económico, la lucha contra el poder político, cuya desaparición supondría también, teóricamente, la transformación radical de la economía al ser ésta gestionada por los productores, es decir, la autogestión. Pero paralelamente a estas luchas, comienza a plantearse, aunque de forma larvada, la lucha entre Estado y Capital, o dicho de otro modo, la lucha entre lo político y lo económico por el control definitivo de lo social.

Desde este enfoque, podemos analizar con mayor profundidad los fenómenos totalitarios que se sucedieron a lo largo del siglo XX, siendo los más importantes, el fascismo, en Italia, el nazismo en Alemania y el bolchevismo en Rusia. Atendiendo a las interpretaciones al uso, estos fenómenos, especialmente en Italia y Alemania, se habrían producido por un mecanismo de autodefensa de la burguesía contra una hipotética revolución social, análisis compartido también por los anarquistas, en especial Luigi Fabbri. No obstante, en mi opinión estos movimientos tuvieron una raíz popular, en la creencia de que de este modo combatían el sistema de explotación capitalista, aunque inconscientemente, porque de hecho cayeron en un sistema aún más explotador. Y lo que en realidad se produjo fue una síntesis entre Estado y Capital, en la que éste último pasaba a ser controlado por el Estado, ante el cual se supeditaba por completo.

Este intento de unir en un mismo instrumento de control lo político y lo económico no tuvo éxito en aquel momento para Italia y Alemania, ni tampoco con el correr del tiempo para la URSS. El actual modelo chino de un Estado totalitario en lo político, con una economía de mercado controlada por el Estado, tampoco parece que sea muy estable, como tampoco parecen serlo actualmente las democracias occidentales, donde lo económico domina ya casi por completo a lo político.

Con esto no quiero decir que exista un sistema social estable para siempre, pero eso parece que se intenta describir en algunos de los ensayos que disertan sobre el futuro de la humanidad.

Consideremos ahora el aspecto demográfico, con toda probabilidad uno de los elementos fundamentales en la introducción del Estado en el seno de las sociedades llamadas primitivas. El antropólogo francés Pierre Clastres, lo enunciaba de la siguiente manera:

¿En qué condiciones puede una sociedad prescindir del Estado? Una de ellas es que la sociedad sea pequeña. Por este derrotero me uno a lo que tú acabas de decir a propósito de Rousseau. Es cierto, las sociedades primitivas tienen esto en común: son pequeñas, en sentido demográfico y territorial y eso es una condición fundamental para que no se produzca la aparición de un poder separado en esas sociedades. Desde este punto de vista, se podría oponer término a término a las sociedades primitivas sin Estado y a las sociedades con Estado: las sociedades primitivas se sitúan del lado de lo pequeño, lo limitado, lo reducido, de la escisión permanente, del lado de lo múltiple, mientras que las sociedades con Estado están situadas exactamente en el lado opuesto; están en el lado del crecimiento, de la integración, de la unificación, se encuentran en el lado de lo único. Las sociedades primitivas, son sociedades de lo múltiple; las sociedades no primitivas, con Estado, son sociedades de lo único. El Estado es el triunfo de lo único. (La sociedad contra el Estado, Barcelona, Virus, p. 238-239)

El Estado necesita una sociedad en constante crecimiento demográfico para afianzar su poder sobre la misma: recaudación de tributos, guerras de conquista, etc. De hecho, esta ha sido una de las premisas fundamentales para su desarrollo. Pero en la actualidad, el extraordinario crecimiento demográfico de las sociedades humanas, no sólo suponen un obstáculo a la instauración de una sociedad antiautoritaria, sino que están poniendo en peligro la supervivencia de la propia especie y por ende del planeta mismo. Además, los controles de natalidad impuestos por los Estados para paliar esta amenaza se han demostrado un fracaso, cuando no han dado lugar a situaciones perversas. Este problema únicamente podría resolverse con una radical transformación de las sociedades, en las cuales el crecimiento demográfico estuviera en consonancia con las necesidades de  equilibrio político, económico y social de la propia sociedad, pero esto sólo podrá lograrse si desaparece el actual dominio económico y político del Capital y del Estado.

Dicho lo anterior, parece evidente que la organización de los grupos que apuestan por transformar la sociedad debería hacerse desde lo pequeño y conocido, es decir, constituir grupos reducidos con gente conocida y con ideas más o menos afines; de este modo es mucho más difícil que se infiltren en los mismos manipuladores o provocadores que perviertan los objetivos de los mismos. De otro lado, su eficacia en la consecución de los objetivos es mucho mayor, si tenemos en cuenta que otros grupos constituidos siguiendo estas directrices coadyuvarán a la consecución del objetivo propuesto.

La fuerza del autoritarismo es muy grande y se ha ido desarrollando y perfeccionando a lo largo de milenios, pero también los movimientos antiautoritarios han tenido un gran desarrollo y han ido aprendiendo de sus propios errores. La única forma de enfrentarse al autoritarismo es tener en cuenta estas premisas y combatir desde todos los frentes posibles a través de la proliferación de grupos, luchando cada uno de ellos en la consecución de sus propios objetivos.

 

Paco

Desde Portugal

El enigma y la desaparición

     «Hicimos una revolución pero en vez de explotar, implosionamos. Y seguimos

 en la clandestinidad» Mário Cesariny de Vasconcelos (1923-2006).

El 18 de abril de 2012, una tropa de mercenarios del Estado portugués, armado hasta los dientes, tomó un antiguo barrio popular del centro de Oporto. El objetivo era asaltar una escuela abandonada, ocupada desde hacía algunos meses por jóvenes y vecinos a los que había que desalojar. Este espacio, dejado a su suerte en su día por las autoridades, se había convertido en un centro social que albergaba múltiples actividades que iban desde la enseñanza a actividades culturales y deportivas. Una vida asociativa había sustituido al abandono una vez desplazada la actividad autodestructiva de la economía de la droga. Lo que molestaba al orden capitalista era que todo este entusiasmo se reclamaba de los principios de la autogestión, que reunía en un mismo espacio a jóvenes activistas con jóvenes y menos jóvenes vecinos del barrio. El mismo día, y a algunos miles de kilómetros de esta escuela de Alto da Fontinha, el muy seguro de sí mismo ministro de Economía del Gobierno portugués, Sr.Vitor Gaspar, estaba en Washington DC. Ante los jefes del FMI, este individuo interpretó un rastrero «numerito» de contrición: «En mi país, la gente está completamente dispuesta a sacrificarse y a trabajar duro para que el programa de ajuste sea un éxito, razón de más cuando el esfuerzo lo estamos repartiendo de manera justa». El señor Gaspar es un tecnócrata tedioso, frío y gris surgido del mundo universitario, seleccionado en base a su presunta independencia de los aparatos políticos. Algunos portugueses, que compensan la resignación con un agudo sentido del humor le han apodado Gaspalazar, en recuerdo de uno de sus siniestros predecesores quien, después de haber puesto al día las cuentas de la botica, se enganchó violentamente al carro de la Historia.[1]

La anécdota cuenta que este maldito individuo, cuando da una moneda a un mendigo de la calle, ¡le exige un recibo!

Estos dos acontecimientos que se han interrelacionado por casualidad en el espectáculo mediático, son, cada uno a su manera, ejemplos de dos tendencias que atraviesan la sociedad portuguesa en estos tiempos de crisis. Por un lado la radicalización de una minoría que, por primera vez después de los años de la revolución portuguesa de 1974-1975, toma en sus manos la necesidad de construir alternativas a la morbosidad del determinismo económico. Jóvenes precarios, pero también gente de las clases populares hartos de los sacrificios mencionados por Gaspalazar, entre quienes el agotamiento de la paciencia lusitana cede el lugar a un profundo odio hacia los poderosos. Por otro lado, la actitud servil de Gaspalazar muestra la bajeza de la burguesía portuguesa ante los señores del mundo financiero. Como telón de fondo a estas dos historias aparece el paisaje de una sociedad arruinada por las medidas de recesión.

En nuestros días parece cada vez más evidente que la dinámica de la democracia se reduce a una alternancia entre dos corrientes políticas siamesas en la cumbre del Estado, sometidas a una misma lógica económica. También en Portugal el hecho de votar no representa una elección sino más bien un rechazo. En el gobierno después de muchos años, el Partido Socialista vio como se le aparcaba en favor de su clon de derechas, el Partido Socialdemócrata. Después de haber aplicado las primeras medidas de austeridad impuestas por la Troika como contrapartida al primer préstamo del plan de salvación,[2] los socialistas se vieron enfrentados a un rechazo inesperado. El 12 de marzo de 2011, centenares de miles de personas se echaron a la calle en las grandes ciudades secundando el llamamiento de un colectivo informal de jóvenes precarios. Paradójicamente, y más teniendo en cuenta que la pasividad social es una característica que define la sociedad portuguesa, el movimiento llamado 12M fue el primero de una larga lista de movimientos que van desde el 15M en España a los indignados griegos e israelíes o a los americanos del Occupy Wall Street. Desmarcándose de las tradicionales mesas del arcaico Partido Comunista portugués y de su central sindical, la CGTP, estas manifestaciones representan una nueva manera de protesta al sistema, un rechazo de la corrupción del mundo político, un replanteo de las consecuencias sociales de la economía de mercado y de la naturaleza autoritaria del sistema representativo. A diferencia de otros movimientos de este tipo que se revelaron sin futuro, el 12M proclamaba una continuidad. Hundido por historias de especulación y de corrupción, abandonado por centenares de miles de votantes que fueron a parar al gran partido de la abstención, el PS no pudo evitar la debacle en las elecciones. Posteriormente, y siguiendo un ritual ya muy bien ensayado en todas partes, los nuevos estafadores llegados al poder, siguieron por el mismo camino. Como sucedería más tarde con los vecinos españoles, colocaron todo tipo de obstáculos e impusieron un tratamiento «de choc» a toda la sociedad portuguesa.

A excepción de Grecia, es en Portugal donde, sin lugar a dudas, la amplitud de la austeridad es la más violenta de Europa. Con el primer paquete de medidas, el gobierno hizo una declaración de intenciones. La función pública vio como le suprimían dos mensualidades al año[3] al mismo tiempo que se hacía lo mismo con las pensiones de jubilación. En el sector privado se incrementó media hora diaria el tiempo legal de trabajo. El IVA se generalizó al índice máximo del 23%, los transportes, el teléfono, los peajes de las autopistas, el agua, la electricidad sufrieron aumentos sucesivos que alcanzaron hasta el 30%. Se revisaron al alza los impuestos sobre la vivienda, se multiplicó por dos el tique regulador de la sanidad y se aplicaron nuevos criterios selectivos para acceder a las ayudas a los más pobres a la vez que se reducía su importe. Algunos meses más tarde, a principios de 2012, un segundo paquete de medidas se abatió sobre una población aturdida. Esta vez le tocaba el turno a la legislación laboral, se trataba de «agilizarla», como ellos dicen… Se incrementó en una semana el número de días trabajados al año,[4] el importe de las horas extraordinarias se redujo a la mitad, se facilitó el despido por causa de «inadaptación» al puesto de trabajo,[5] cualquier ausencia en un día que cayera junto a un día festivo se penalizaba con la pérdida del salario del festivo, la indemnización por despido se reducía en un tercio, se endurecieron las condiciones para tener derecho al seguro del paro, se suprimieron los convenios colectivos de sector que se sustituyeron por acuerdos de empresa. Finalmente, el derecho de supervisión por parte de la Inspección de trabajo sobre las empresas se redujo a la mínima expresión. La lista infernal de las medidas de austeridad parece no tener fin y se amplía a medida que pasan los días…

Son fáciles de imaginar las consecuencias sociales que conlleva un ataque capitalista de estas dimensiones en una de las sociedades más pobres de Europa occidental, en la que el nivel de vida era ya bajo y los salarios casi la mitad de los de España. Según especialistas en estadística, el aumento de las desigualdades sociales en Portugal es en la actualidad uno de los más grandes de Europa. Ya se había duplicado durante el período entre 1996 y 2006 y después ha ido aumentado a un ritmo cinco veces más rápido que en el resto de la Comunidad Europea. Portugal es el país en el que las medidas de austeridad recaen con mayor fuerza sobre los más pobres, más que en Grecia y muy lejos de Estonia e Irlanda.[6] No hace falta afirmar que la concentración de la riqueza se acelera en el país, fenómeno que se inició a principios de los 80. Se trata de un doble movimiento que sigue la tendencia general de las sociedades capitalistas contemporáneas y que, en el caso específico de Portugal, se corresponde con el período democrático de después de la Revolución de los Claveles. Argumento a tener en cuenta en la reflexión sobre el contenido no-igualitario de la democracia parlamentaria moderna.[7]

Las primeras víctimas del rápido crecimiento de las desigualdades y del empobrecimiento social son los viejos jubilados o pensionistas, las mujeres y los jóvenes trabajadores, titulados o no.[8] Para entender mejor lo que Gaspalazar llama «sacrificios aceptados» vamos a hacer una nueva relación de desgracias. A principios de 2012, la tasa oficial de desempleo se situaba en el 25% y en los más jóvenes se acercaba al 35%. El derrumbe total del sector de la construcción y la desaceleración del turismo, que eran los sectores que tiraban un poco de la débil economía del país, llevan a decenas de miles de trabajadores a engrosar las listas del paro todos los meses. A penas la mitad de los parados inscritos perciben una ridícula pensión. Un 60% de los jóvenes que trabajan lo hacen en situación de precariedad. Cerca de 400.000 trabajadores (principalmente jóvenes y mujeres) perciben un salario de 400 € al mes (el salario mínimo) y viven en situación de pobreza. En las zonas urbanas, la pobreza crece de forma exponencial. En 2011, siete mil familias devolvieron sus viviendas a los bancos, dada su incapacidad para pagar sus hipotecas; las organizaciones caritativas y los comedores populares se ven desbordados por las solicitudes de ayuda que se doblan de año en año.

Mientras, el sector bancario –que constituye a partir de ahora el núcleo de la clase capitalista portuguesa– implicado, como en todas partes, en la especulación financiera e inmobiliaria con su cohorte de corrupciones, continúa siendo reflotada por el Estado, «saneada» dicen…

Algunos espíritus afligidos no dudan en hablar de una futura desaparición, en un breve espacio de tiempo, de este viejo país. Portugal es un lugar en el que el número de personas mayores no deja de crecer mientras la natalidad baja. De los 10 millones de habitantes, dos millones son mayores de 65 años. Lo que es perfectamente visible en los barrios populares de las ciudades, lo es mucho más en el país profundo, habitado por personas mayores. Mientras que en la Comunidad Europea, los agricultores mayores de 65 años representan un 35% del colectivo, en Portugal este porcentaje sube hasta el 50%. Como el promedio de la pensión de jubilación es de 373 €, muchos jubilados continúan trabajando para poder sobrevivir. No es suficiente ser mayor, es necesario haber hecho méritos para serlo. Los que abandonan se arriesgan a sufrir una especie de eutanasia social que queda en el anonimato. Abandonados, aislados, sin medios para desplazarse, viviendo la mayoría de las veces en condiciones insalubres, muchos de ellos desaparecen. Varios sucesos mórbidos recientes, en Lisboa y en Oporto, revelan que los efectos de la crisis se traducen para muchos en un aumento repentino de la tasa de mortalidad de las personas mayores. En el interior del país, la situación es todavía más dramática. A algunas decenas de quilómetros de Lisboa los Centros de Salud (ambulatorios) han cerrado o carecen de lo más elemental, atendidos con gran dificultad por algunos médicos, la mayoría inmigrantes, cuidan de una población mayor y desfavorecida. El doctor Denis Pizhin, ucraniano, trabaja en el Centro de Salud de Odemira, pequeña población situada entre el Alentejo y el Algarbe, una de las regiones consideradas de las más pobres de la Unión Europea en la que una tercera parte de la población posee unos ingresos de 10 euros al día.[9] Denis gana 15 euros la hora, visita a 60 o 70 personas al día y a menudo carece de suero…»¡Esto es África!» nos comenta completamente desanimado.[10]

Sin embargo, si los ancianos están mal, los jóvenes tampoco están bien en absoluto. Estamos asistiendo a un fenómeno muy extraño. Desde hace algunos años, más del 60% de los jóvenes se quedan o vuelven a casa de sus padres. Este movimiento afecta incluso a «jóvenes» de 30, 40 años… que están en el paro y regresan a casa de «los viejos» con toda la familia. ¡Qué extraño país en el que los viejos se convierten en el sustento de una juventud a la deriva, precaria; ¡En el que los viejos son el futuro de los jóvenes!

Cuando los jóvenes no pueden apoyarse en sus padres, se agarran al histórico reflejo de la emigración que es como una segunda naturaleza para los portugueses. El mismo gobierno admitió a finales de 2011 que más de 100.000 personas habían emigrado durante aquel año –movimiento que continúa y aumenta desde hace unos diez años– hacia Europa (de Inglaterra a Holanda, de Noruega a Suiza) pero también hacia las antiguas colonias, principalmente Angola. La composición de la emigración es, hoy en día, muy distinta de la de los años 60. En la franja de entre los 35 y 50 años, la emigración afecta a las capas populares tradicionales. Entre los jóvenes escolarizados, con titulación, es un fenómeno nuevo. Una revista de gran tirada –que se dirige a un público de clase media– realizó un sondeo entre sus lectores en el que les preguntaba: «¿Cuál es la mejor solución para hacer frente a la crisis?» El 56% respondían «Gastar menos», 26% respondían «emigrar».[11] En consecuencia, si las huelgas generales burocráticas convocadas por los antiguos sindicatos se revelan impotentes ante la implacable máquina de medidas capitalistas, igualmente, la emigración, reacción ancestral de la pobreza, no aporta hoy en día ninguna solución. Representa más bien un problema nuevo. Estas situaciones de partida se realizan en una situación completamente nueva, los emigrantes desembarcan en sociedades en las que el mercado de trabajo se ha hundido. Las situaciones de desesperación se generalizan mientras familias con niños se ven abocadas a vivir en la calle y acaban en la puerta de unos desbordados servicios consulares. A la violencia de esta situación se suma la desaparición de los antiguos lazos solidarios de la anterior emigración. Se generalizan actitudes de rechazo hacia los recién llegados y se denuncian situaciones de casi esclavitud por parte de «compatriotas» interesados. Estos horrores se ven diariamente reflejados en la prensa sin que por ello esta dinámica desaparezca. El ansia de supervivencia es tal, que cada uno está convencido de que podrá salir él solo mientras que la única posibilidad reside en la ayuda mutua y en la lucha colectiva.

Al igual que Irlanda, Grecia, España y pronto otras sociedades europeas, Portugal sufre las consecuencias de la política económica dominante cuya ideología subyacente es la del capitalismo del «laissez faire». Se trata, por lo menos en los enunciados, de volver a una situación de una mínima intervención del Estado en la economía, mientras que dicha intervención del Estado en la economía no ha dejado de crecer desde la Segunda Guerra Mundial. Estas políticas atacan, principalmente, al mercado de trabajo: limitan el salario social, reducen los salarios, aumentan la intensidad del trabajo con el objetivo de hacer crecer la productividad y la cantidad de ganancia. Porque, para que la inversión capitalista vuelva a obtener buenos resultados, hace falta restablecer la rentabilidad de la producción en su conjunto, modificar la relación entre la masa de ganancia y la masa de capital. Debido a esto es por lo que asistimos a un doble proceso de devaluación, el de la fuerza de trabajo y el del mismo Capital. En el restringido laboratorio portugués es este objetivo igualmente el que guía la actuación de Gaspalazar & Cº, bajo la atenta mirada de la Troika. Es aquí donde se originan las quiebras, la concentración y la destrucción de los sectores más débiles del capitalismo local, la austeridad de los salarios, en resumen el empobrecimiento de una gran mayoría de la población. Pero, incluso antes que se pusieran en marcha estas medidas, el coste medio por hora de la mano de obra portuguesa estaba por debajo de la mitad de la media europea, uno de los más bajos.[12]

¿Acaso es necesario establecer nuevas formas de esclavitud o de trabajo obligatorio para que los capitalistas lo vean interesante?[13] Hay que decir que, en este país que representa una pequeña parte del capitalismo europeo, estas medidas restrictivas no «relanzan» gran cosa, porque hay poco que «relanzar». Mientras, las políticas de devaluación destruyen los lazos sociales y acentúan los antagonismos de clase. Algo mucho más grave para el sistema: el que se está hundiendo es el antiguo modelo democrático fundado sobre el consenso del crecimiento. La evolución del desastre es evidentemente más visible en las sociedades pobres y frágiles de la periferia, como Portugal. El paro aumenta al mismo tiempo que el déficit público dado que la financiación del Estado se ve cada vez más comprometida por la recesión y la fragilidad de las medidas fiscales. Mientras, la financiación de la deuda y sus intereses se presenta cada vez más complicada. La pretendida «ciencia económica» navega en la incoherencia. Se argumenta incansablemente que la reducción de la deuda pública pasa por la austeridad y la rebaja del coste del trabajo, pero lo que cualquiera puede constatar es el hundimiento de la producción. A la disminución de la demanda inducida por el Estado (mediante el apoyo a la producción y al consumo privado) se añade la espiral de la recesión. Hasta tal punto que por todas partes algunas voces empiezan a cuestionar la eficacia de las «políticas de lucha contra el déficit». «Tenemos el derecho de poder interrogarnos respecto a lo acertado de esta lógica (el rigor para salir del círculo infernal de la deuda)» y sobre «la sobredosis de rigor» que deja abiertas las puertas y ventanas a la crisis social en las sociedades.[14]

Si analizamos la situación actual a través del prisma de los límites de la economía mixta moderna, el examen de la situación actual demuestra que la reducción de la inversión del Estado conduce inevitablemente a una contracción de la actividad económica. Aquí tenemos la prueba de que es la debilidad de la economía fundada en la propiedad privada, su débil rentabilidad, lo que caracteriza al capitalismo maduro como defendía Keynes. Que la acción del Estado en tanto actor económico no es la causa de los problemas del capitalismo privado, sino más bien su consecuencia. Que la debilidad de la producción privada de ganancia es a la vez el origen y el obstáculo para la reducción de la deuda acumulada. Que, a falta de una intervención del Estado en la demanda global se vuelve a una situación de crisis permanente de la que el capitalismo privado carece de los medios para salir, salvo por medios bárbaros como sucedió en la Segunda Guerra.

Pase lo que pase, Gaspalazar y su corte permanecen impermeables a cualquier duda. Formados en la Cofradía de los druidas del liberalismo, estos personajes siguen sin rechistar la ortodoxia monetarista del momento. Su frialdad va a menudo unida a un cierto cinismo de clase. A este respecto vale la pena detenerse brevemente en una reciente entrevista a dos altos funcionarios del FMI, enviados a Lisboa para «acompañar» las medidas de empobrecimiento de la población.[15] El brasileño Marques Souto y el austríaco Albert Jaeger tienen un trabajo diario bastante banal semejante al de un comisario de policía. Sin muchos escrúpulos, deben dedicarse a leer los periódicos, estar al corriente de lo que sucede, controlar a Gaspalazar & Cª, redactar informes, tener al día a sus jefes del FMI en Washington. Espléndidamente remunerados, los señores Souto y Jaeger son buenos padres de familia, adoran a sus hijos que llevan a escuelas privadas, viven en barrios agradables con vistas al mar y les encanta la buena mesa. Dejando un poco de lado su frialdad económica, sin temor a la indecencia, se dejan ir incluso un poco a la hora de comentar los encantos de la vida local: «En Washington, aunque se esté cerca del océano, el marisco y el pescado no son tan frescos como aquí». ¡Parece ser que para algunos existe un lado bueno en la recesión!

Cuando, a finales de Marzo del 2012, tuvo lugar en Oporto un encuentro sobre «El sueño, el ensueño y la sociedad», pudo creerse que estábamos ante una acción brillante, muy oportuna, de los surrealistas portugueses.[16] Desgraciadamente, solo se trataba de un coloquio banal, eminentemente científico, de neurólogos y simpatizantes, nada preocupados por el poder subversivo y utópico del sueño. En una de las conferencias, una neuróloga «admitió[17] que la intensidad de lo cotidiano, agravado por el efecto de la crisis, perturba el sueño de los portugueses. Según ella, la mitad de la población duerme mal y el 20% sufre insomnio permanente. Los niños y los jóvenes están, según ella, particularmente afectados por los problemas del sueño. ¿Hacía falta un coloquio para llegar a semejante conclusión? La lectura de lo que precede basta para concluir que la mayoría del pueblo portugués vive una pesadilla con los ojos abiertos.

¿Hasta dónde recortarán? Esta es la cuestión que atormenta a la mayoría. ¿Cómo y por qué una sociedad así atacada, con una violencia tan mortífera, se resigna a ello? ¿Cómo se deja aniquilar sin resistencia, sin reacción? Miguel de Unamuno escribió: «Portugal es un pueblo de suicidas, un pueblo con tendencias suicidas. Para él la vida no tiene un sentido trascendental. Desea ciertamente vivir, pero ¿para qué? Mejor no vivir».[18] Un siglo más tarde, a pesar de la transformación de la sociedad, la reflexión mantiene su actualidad. Sin embargo, en apariencia, la sociedad portuguesa funciona según las normas del mundo moderno. Como en toda democracia representativa existen los sindicatos que opinan, toman posiciones, son reconocidos y manifiestan sus acuerdos y desacuerdos. Después de que el país fuese reenviado a los abismos de la recesión, se sucedieron las huelgas generales… o esto parecía. Lo que se presentaba como la señal de un despertar se reveló como una manifestación suplementaria de inmovilismo, que reforzaba además el fatalismo, al situarse estas aburridas ceremonias de huelgas, muy por debajo del nivel de la violencia del ataque capitalista. Cuando el 11 de marzo del 2012 en España los aparatos sindicales se vieron obligados a ir a la huelga general de un día, los sectores más radicales de las bases sindicales no se limitaron a no trabajar sino que intentaron bloquear la economía, formando piquetes de huelga, bloqueando aquí y allí los centros comerciales. Diez días más tarde, en Portugal, el sindicato ligado al PCP, la CGTP, programó también «su» huelga general para protestar contra el desmantelamiento de los Derechos de los Trabajadores. No se asistió a ningún ejemplo de huelga activa, sino al contrario, a un ejemplo de movilización burocrática, seguida de manera pasiva, bien controlada por un aparato que lo que pretende fundamentalmente es mostrar su fuerza para salvaguardar su capacidad como interlocutor con el poder político. Se acepta la huelga pero no se hace, uno se queda en casa mirando el partido en la tele… El estado amorfo del sindicalismo portugués es a la vez uno de los factores de pasividad social y su expresión.[19] Ya el 24 de noviembre de 2011, durante la anterior «huelga general», el jefe de entonces de la CGTP,[20] expuso a un periodista su extraña concepción de la resistencia ante el ataque capitalista: «Es necesario que el pueblo se movilice. Una alternativa es posible (…) El país está a punto de caer por un precipicio, el gobierno nos hará caer desde 50 metros. Nosotros queremos limitar el impacto a 20 metros».[21] La reiteración de las huelgas y su cada vez menor seguimiento muestra la incapacidad de los sindicatos para encontrar unas formas de acción y unas dinámicas adecuadas a la nueva situación. La crisis a redefinido «la actitud realista» y los contornos de «lo posible» que constituyen los parámetros del sindicalismo integrador. La impotencia sustituye a las concesiones negociadas durante el periodo de crecimiento. Frente a la violencia de la clase dirigente solo queda la retórica y el encantamiento de las consignas vacías de sentido de la CGTP, «¡Luchar contra la explotación!» «¡Poner fin a la crisis!», adornados con viejos eslóganes sacados del archivo estalinista: «¡El trabajo, es el progreso!».

Si un número significativo de trabajadores portugueses continúan siguiendo las tristes procesiones sindicales que conducen al matadero, la necesidad de llevar a cabo un combate más agresivo es sin duda sentida por otros muchos más. El día anterior a la huelga general del 21 de marzo del 2012, el lector atento pudo descubrir en la prensa portuguesa una acción directa llevada a cabo por unos asalariados. Tres trabajadores (uno de ellos ucraniano) ocuparon durante toda una jornada las grúas y máquinas para la construcción de carreteras para exigir el pago de los salarios atrasados y no cedieron hasta conseguir su reivindicación.[22] Un breve comunicado explicaba que era la segunda vez que una acción de ese tipo se producía en la obra. A pesar del carácter aislado y puntual, el micro-evento (victorioso y lo más importante internacionalista) señalaba una dirección y se desmarcaba de las blandas protestas burocráticas.

El aparato sindical es consciente del callejón sin salida en que se encuentra y teme ser desbordado. Esto explica su actitud prudente frente a la juventud precarizada que alza su voz. Este despertar que se ha confirmado después de la gran movilización del M12 de marzo de 2011, constituye sin duda el elemento nuevo más prometedor de los últimos años en Portugal. En Oporto, Lisboa y Setubal se han abierto varios centros sociales, lugares de debates y actividades. Las antiguas tradiciones de asociación, de ayuda mutua y de vida comunitaria han vuelto a surgir, se multiplican las actividades colectivas autogestionadas, los lugares de vida e intercambio, los huertos compartidos... La fuerte corriente migratoria de esta juventud precarizada crea contactos y enlaces con Barcelona, Amsterdam, Zurich, Londres. Un medio social ha estallado y busca al unísono una forma de vida fuera de la atmósfera letal de esta sociedad y se convierte en un polo de atracción para la juventud rebelde. La Escuela ocupada de Alto da Fontinha en Oporto se ha convertido en el símbolo. En los últimos años, un bloque anticapitalista ha surgido en las calles durante las manifestaciones reagrupando a los pequeños grupos libertarios y radicales, a grupos de precarios y marginales que se reclaman del movimiento de los Indignados. Acosados por una policía al acecho, esta juventud radical también debe enfrentarse al servicio de orden sindical que se esfuerza continuamente para proteger a «sus manifestantes» del contagio de los jóvenes radicales. Cada vez que se rompen los escaparates de una sucursal bancaria, la clase dirigente no deja de elogiar las manifestaciones de la CGTP que «se desarrollan tranquilamente y con sentido cívico».[23] Un muro se ha levantado entre un viejo mundo sindical impotente ante los actuales desafíos y esta juventud cabreada contra un presente sin futuro. La fractura entre las dos concepciones de la lucha aparece en Portugal, quizás más que en otros lugares, como una barrera generacional. Probablemente será necesario un movimiento más amplio para lograr romper esta separación, lo que no parece inminente. Sin embargo las sorpresas llegan siempre de donde menos se las espera. Como prueba, la declaración de este joven centenario y director, Manuel de Oliveira, anunciando su intención de unirse –después de un largo intermedio más bien conservador– al campo de la subversión: «El dinero ha sustituido a todos los valores. Creo que deberíamos suprimirlo, así como todos los bancos. ¿Os habéis dado cuenta de que cuando las cosas son gratuitas, la gente no coge más de lo que necesita?»[24]

La anestesia de la alienación mercantil del sistema democrático y el papel jugado por el sindicalismo burocrático y los partidos en la domesticación de los espíritus explican, en parte, el enigma de la resignación y la pasividad del pueblo portugués frente al ataque capitalista que amenaza la existencia misma de segmentos enteros de la sociedad. Hay varias hipótesis sobre la mesa. Es interesante seguirlas, tanto las unas como las otras se revelan incompletas, insatisfactorias. El recurso a la Historia es de gran ayuda pero no permite comprenderlo todo. Retrocediendo en el tiempo, hay que destacar particularmente, la obra de la siniestra Inquisición medieval, aparato represivo de los espíritus y de los actos, que ha dejado profundas huellas en los comportamientos en estas tierras. Más adelante, el siglo XIX, con su sucesión de guerras civiles y masacres, de regímenes autocráticos. Un período de barbarie que se vio solo interrumpido por algunos focos de rebelión agraria, después por la luz emergente del socialismo donde dominaban las ideas federalistas anti-autoritarias y la corriente anarcosindicalista. Por último la revolución popular de 1910 – que impuso una República que pronto mostró su naturaleza autoritaria– precederá por poco tiempo a la larga noche del régimen fascista que marcará a toda una generación y colocará, en el imaginario social, la etiqueta de anti-fascismo a toda resistencia. Miedos, temores, actitudes de sumisión y de fatalismo, respeto sagrado a la autoridad y a la jerarquía se prolongan en el tiempo, impregnando los comportamientos. Y la idea conformista según la cual, es mejor doblar el espinazo y agachar la cabeza para sobrevivir, se ha convertido en una segunda naturaleza para el pueblo portugués, asfixiando las aspiraciones libertarias que, hasta hace poco tiempo, habían compartido con los otros hermanos ibéricos. Particularmente eficaz y apreciado por las clases dirigentes es el sentimiento en otros tiempos inculcado por el Santo Oficio, según el cual «el mal que cae sobre nosotros es fruto de nuestras faltas». Por eso es necesario expiar los pecados. El último de los cuales ha sido el haber creído en el radiante futuro de la democracia y en las sirenas del consumo de masas. Por lo tanto, aquellos que hasta ayer no se resistían a la alienación del mercado son los mismos que hoy repiten la reprobación de Gaspalazar, «Hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades. Tenemos que pagarlo. Tenemos que sufrir»; mientras, entre plato y plato de marisco, el Sr. Souto y el Sr. Jaeger les dan la razón.

¿Es necesario adoptar otra posición para explicar el enigma? Tal vez debería pensarse que no hay una explicación única, que cada una de ellas contiene solo una parte de la respuesta. Que tan solo la continuación de la historia, hecha por los hombres, permitirá su comprensión.

Cuando, recientemente, el 25 de abril del 2012, una manifestación de dos mil jóvenes y adultos rodeó y ocupó las instalaciones de la Escuela Alto da Fontinha, en Oporto, algo nuevo e importante ocurrió en la sociedad portuguesa. Por primera vez en muchos años, una manifestación de individuos conscientemente implicados rompió con la pasividad y la resignación, rechazó los límites del legalismo, de lo posible y razonable para afirmar un deseo y reivindicar una necesidad: hay que actuar directamente y de forma autónoma para construir un proyecto, para romper con el pesimismo y la morbilidad, para afirmar otro posible. «El proyecto de Fontinha ha creado una oportunidad para una práctica integral de la democracia, rechazando que nuestra suerte deba dejarse en manos del patrón y del Estado, o ser entregado a la avaricia de los más ricos».[25] Al actuar de este modo, los manifestantes renovaron el vínculo con el espíritu revolucionario del pasado, con sus valores igualitarios y anti-autoritarios. E igualmente importante, con el sentido práctico de la idea de la ocupación, acción en consonancia con los movimientos del presente en todos los lugares donde se radicaliza la oposición como consecuencia de la crisis. «A nuestro alrededor hay muchas casas vacías. También hay mucha gente en la precariedad, en la miseria. No podemos aceptarlo. Esta pasividad no puede continuar. La gente debe ocupar las casas».[26] Esta propuesta de un joven manifestante de Oporto, se hace eco de los de Occupy de New York y de Oakland, o de las plataformas contra los desalojos en Madrid o en Atenas.

Tan solo los actos y los acontecimientos animados por una causa de futuro pueden hacer cambiar los contornos de lo posible. Es mediante este poder de persuasión que la resignación portuguesa se verá negada, agrietada.

Charles Reeve

 

Desde Quebec (I)

Primavera del arce1

Aquí la situación se ha endurecido súbitamente.

La huelga estudiantil en contra de un aumento progresivo del 82% de la matrícula se extiende desde principios de febrero. El gobierno se niega a ceder y acaba de aprobar una ley especial (también llamada ‘ley de la porra’) que implica la suspensión del curso escolar y en la que se ataca al movimiento social en general.

Estos son sus postulados:

1. Está prohibido manifestarse si no se ha comunicado a la policía el recorrido con ocho horas de antelación. La policía tiene el derecho de desviar la ruta o rechazarla.

2. Las asociaciones en huelga deben manifestarse a 500 m. de los centros de trabajo. Está prohibido detener el cortejo para hacer cumplir la huelga.

3. Cualquier infracción es multada con 1.000 dólares por persona el primer día, el doble del segundo día, etc. Las Asociaciones pagarán multas que van de 12.000 a 25.000 dólares estadounidenses. El Estado se otorga el derecho de cortar los fondos para las organizaciones estudiantiles mediante la retención de las cuotas de los estudiantes.

4. Cualquier reunión de 50 o más personas debe ser informada a la policía.

5. Los profesores son apercibidos con multas si fomentan la desobediencia civil y es el sindicato el que tiene que demostrar que no son culpables. Suspensión pues del derecho a la presunción de inocencia.

6. El Ministro de Educación y el Primer Ministro pueden votar cualquier ley especial para optimizar todas estas medidas.

No es necesario decir que los sindicatos están llamando al fascismo. Hasta ahora, los muy cerdos, en vez de llamar a un día de huelga social, han preferido dejar que la situación se deteriore. Ahora que ellos también se ven afectados en sus derechos democráticos de reunión y de asociación, reaccionan!

Cabe agregar que el alcalde de Montreal aprobó una ley que prohíbe el uso de máscaras o bufandas que cubren sus rostros durante las manifestaciones.

Parece que nos espera el Gran Premio ¡n ropa interior!

Si vais a youtube, se puede ver «motín Victoriaville» y otras imágenes del conflicto estudiantil.

Todavía estoy en huelga y se ha llamado –antes de que la ley fuera aprobada– a la desobediencia civil. Ahora que se aprueba la ley, tenemos que aprender a capearla, nos convertiremos en silenciosos, pero no necesariamente serviles.

Todas las asociaciones, incluso las de la derecha, ya están participando en las batallas legales y llamando a manifestaciones en contra de la ley especial. Intentamos poder continuar la huelga.

Esa misma noche, cerca de 10.000 personas se manifestaron en contra de la ‘ley de la porra’ en Montreal.

He aquí las novedades de un Québec en la primavera del arce.

Montreal, 19 de mayo 2012

 

 

1. Se refiere a la hoja de arce que figura en el centro de la bandera canadiense.

 

 

Desde Quebec (II)

 

Y bien, es muy divertido lo que pasa. Por supuesto, hay quienes pagan el precio… la violencia policial, las detenciones, las multas…

El 22 de mayo, tuvo lugar una manifestación de aproximadamente 200.000 personas y era ilegal. Se dividió en tres manifestaciones que se unieron al final a la manifestación sindical que había negociado su recorrido con la policía (La asociaciones nacionales de derechas FECQ y FEUQ se mantuvieron con los sindicatos). El lema de la manifestación era «100 días de huelga, 100 días de desacato». Sólo el sindicato estudiantil radical LA CLASE ha llamado abiertamente a desafiar la ley especial. Además, puedes ir a la página web de La Nueva Clase «que alguien me detenga!» La gente toma fotos, al igual que la policía, y escriben «yo desobedezco» Es bastante divertido.

Tan divertido como en la manifestación del 22 de mayo, donde los sindicalistas y el movimiento comunitario se reencontraron en manifestaciones ilegales… y felices de estar allí cantando: «¡Somos más de cincuenta! ¡hay más de cincuenta!» en referencia a que la nueva ley obliga a comunicar el recorrido cuando haya más de 50 personas. Empezamos a pensar en la Fórmula 49, como parte de la Fórmula 1.

Por otro lado, en la noche del 22 de mayo, otra manifestación ilegal tuvo lugar desde la tarde hasta las 3 de la madrugada que se saldó con algunas detenciones.

En los últimos días (sábado 22), ha habido manifestaciones de las cacerolas (en la memoria del Chile 70 - Pinochet). La recuperación de este tipo de protesta aquí en contra de la ley 78, es excelente, ya que se ha transformado en el contexto de Quebec en 2012. Desde el sábado, 22 de mayo a las 8 de la tarde se llamó a la gente a salir a los balcones o las aceras con sus cacerolas. La consigna se colgó en el facebooke, twitter, etc. «¡A las cacerolas!» El pueblo fue llamado a hacer ruido en contra de la ley especial que prohíbe manifestarse sin anunciar la ruta, etc.

Fue entonces cuando la situación se desbordó. Fue extraordinario, pues la gente (familias, niños, abuelos, etc.) de varios barrios de Montreal y mas allá en otras ciudades, salieron a la calle y comenzaron a manifestarse espontáneamente, en medio del alborozo y la alegría, haciendo un ruido endemoniado!, generando por si mismos manifestaciones ilegales. Se estableció para los próximos días esperar a las 8 de la tarde para empezar la cacerolada y ponerse en marcha. Ayer miércoles, las manifestaciones espontáneas se juntaron en el centro de la ciudad y la policía detuvo a 400 personas (en la ciudad de Quebec se contabilizan un centenar de detenciones). Pero la Ley 78 no se aplicó, o sólo muy parcialmente (salvo en la ciudad de Sherbrooke –treinta detenciones). ¿Acaso lo que el Estado pretende, no aplicando la ley del 78, es esperar que se vuelva a las clases para intentar presionar desde las aulas con la aplicación de la ley de huelga? Puesto que esta ley si que puede hacer mucho mal al movimiento de lucha en la calle.

Hoy, tres manifestaciones con cacerolada han marchado desde tres barrios diferentes y se calculan que unas 10.000 personas han tomado batiendo con sus cucharas las cacerolas. Es una burla pura. Es muy bueno. Es la euforia. Incluso hay quien ha decidido hacer rodar su barbacoa (por supuesto sin la bombona de gas) en la manifestación, mientras que su compañero golpea encima con una espátula.

En resumen, la población se divierte ridiculizando el primer ministro de Quebec, Jean Charret, que ha promulgado esta ley. La población le está diciendo que no la respeta.

Esto es inaudito! a todos les gusta decir, «la ley especial nos la bufa».

Los periodistas analistas de la situación (en el canal LCN con Jean Lapierre, un simpatizante del partido de gobierno) hablan de una crisis de autoridad y dicen que el movimiento estudiantil, en este momento ha alcanzado un verdadero equilibrio de poder. Esta es la primera vez desde el comienzo de la GGI (huelga general indefinida) que se habla en estos términos, sobre todo en la TV, en un canal muy de derechas. Eso no es poca cosa. Incluso se presentaron, a modo de idea, tres opciones: renegociar (Estado - Movimiento Estudiantil), convocar elecciones o aplicar la ley.

El ministro de Educación quiere renegociar, pero anticipó que no quiere discutir el incremento de las tasas académicas. La FECQ (asociación colegial) quiere sentarse en la mesa y llegar a compromisos. La FEUQ (asociación universitaria de derechas) también quiere hacer concesiones, pero también hablar del incremento de las tasas y exige que LA CLASE tiene que estar presente. LA CLASE (asociación progresista) exige hablar del incremento de tasas y reclaman su congelación y la educación gratuita. Pero ésta última no ha dicho todavía que quisiera sentarse en la mesa con el Ministro.

En resumen, lo que es interesante aquí es señalar que, desde que la población ha protestado la ley especial, el gobierno se ve obligado a relanzar una invitación a negociar, máxime si el proceso y la negociación permiten recuperar el orden de ¡lo cosmético¡

En otro orden de cosas, pero siempre en relación con la huelga, fue liberado de prisión uno de los cuatro estudiantes que habían sido detenidos por una humareda en el metro. El compañero es conocido. Se les acusa de delito grave (10 años de prisión) y de querer causar pánico por una acción terrorista (5 años de prisión). Ellos están en libertad condicional con una lista de condiciones extremadamente estrictas. No diré nada más porque este es un tema delicado. Por supuesto que estamos apoyando a la familia y a los cuatro del metro

Mi participación en las reuniones a título de huelguista me hizo comprender una cosa. Las diversas generaciones de estudiantes en huelga quieren un posible que es inaccesible para ellos. Los estudiantes saben que tienen pocas vías abiertas (en el corto plazo) y luchan por un derecho de ciudadanía (similar a la de las generaciones anteriores). Queremos un diploma, un trabajo, salario, etc., y los servicios sociales. Otros cuestionan esta ideología. Asociado a estos deseos, hay en ellos y ellas una esperanza inconmensurable, ver muy raro y un coraje teñido de ludismo: no tienen miedo del Estado ni de las órdenes ni del el gobierno ni de la policía ni de perder el curso escolar ni de tener que empezar de nuevo Yo raramente he visto eso. Hay que decir que esta reacción también es causada por una actitud autoritaria de austeridad del gobierno. En resumen, cada vez que el Estado responde al movimiento, éste responde, da la vuelta a la tortilla y lleva la acción hacia una resistencia aún más fuerte, o simplemente más comprometida, consciente, organizada, creativa…

No estoy tratando de idealizar a este movimiento, ya que primero se consideró como reformista, tomando parte incluso en la agenda electoralista, etc., pero contiene una poética fuera de lo común, una imagen soñada, una desesperación reprimida o una esperanza asumida a la vez que inspiradora. Más allá de la afirmación de que el movimiento no implica la idea de revolución, éste contiene pequeños fragmentos subversivos. Es aquí donde yo me sitúo. Esto es lo que trato de comprender con el fin de tomar medidas en esta dirección siguiendo mis valores políticos (ahora como huelguista o como maestra en otoño). He hecho algunas intervenciones en la asamblea, en particular una en relación al miedo que tiene el movimiento sindical de convocar una jornada de huelga general.

Un profesor representante del sindicato de profesores universitarios (UQAM) vino a hablar a la asamblea de estudiantes en apoyo del movimiento, pero que ello excluía la huelga. Yo le interpelé y le planteé la siguiente hipótesis: la actitud austera del Estado en relación con el movimiento estudiantil es un ensayo diseñado para comprobar el nivel de solidaridad de la comunidad, de los trabajadores, sindical, proletaria. Lo que ocurre con el movimiento estudiantil en este momento se impondrá a los trabajadores en la próxima ronda de los convenios colectivos previstos para el sector público en torno a 2015. Ninguna lucha aislada puede ganar su causa. La solidaridad es más que necesaria. Dejar de tener miedo de perder, el miedo al castigo, miedo a… Constituye una de las claves clave para el inicio de un nuevo movimiento social. Puede que sea ahí donde se sitúa la contribución de la huelga general indefinida estudiantil al movimiento social. Es un desafío a los calendarios, las leyes especiales, medidas cautelares, los antidisturbios, etc. Aunque mi hipótesis es limitada y se pueden poner otras, cuando le pregunté fue en la perspectiva de desafiar al sindicato de profesores universitarios, porque mi propio sindicato de los profesores universitarios tiene miedo a las represalias previstas en el marco del convenio colectivo si se hace una huelga general.

La visión humanista y socialdemócrata pero de imágenes hermosas y bellas frases… grandilocuentes y nacionalista, pero así y todo http://www.youtube.com/watch?v=NtY6S6TpyDw


 

Montreal, 25 de mayo 2012

 

 

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[1] En 1928, Salazar (Antonio de Oliveira) es nombrado ministro de Finanzas en el gobierno surgido del golpe de Estado de 1926, que sustituyó a la 1ª República parlamentaria por la dictadura fascista. De

1932 a 1968, Salazar será jefe del Estado.

[2] La «Troica» –los representantes de la Comisión Europea, del FMI y el Banco Central Europeo– controla la utilización de los fondos y la entrega del dinero de la parte prestada, en función de las medidas tomadas por el gobierno local.

[3] Los funcionarios portugueses tenían 14 pagas (paga doble en junio y diciembre). Estos dos salarios suplementarios complementaban los bajos salarios y permitían a los trabajadores pagar sus vacaciones de verano y las fiestas de fin de año. Las pensiones de los jubilados seguían el mismo principio.

[4] Las vacaciones se han reducido a 22 días, y 4 fiestas nacionales han sido suprimidas.

[5] Según criterio subjetivo de la entidad patronal.

[6] Publico, 9 de enero del 2012.3 Los funcionarios portugueses tenían 14 pagas (paga doble en junio y diciembre). Estos dos salarios suplementarios complementaban los bajos salarios y permitían a los trabajadores pagar sus vacaciones de verano y las fiestas de fin de año. Las pensiones de los jubilados seguían el mismo principio.

[7] «Desigualdade dos rendimentos em Portugal agravou-se desde os anos 80», Publico  16 de junio del 2008. Una remarcable encuesta periodística sobre el enriquecimiento rápido de la clase política portuguesa, sobre sus conexiones con el capitalismo privado especulativo, confirma esta tendencia. Antonio Sergio Azenha, Como os politicos enriquecem em Portugal, Lua de papel, 2011.

[8] Recordemos que la tasa de fracaso escolar es en Portugal una de las más altas de Europa.

[9] «Declinio da population trava desenvolvimento no Alentejo», Publico, 16 junio 2008.

[10] Publico, 20 marzo 2012.

[11] Visao, 15 marzo 2012.

[12] Publico, 25 abril 2012. En 2008 el coste por hora de la mano de obra era en Portugal de 9’9 euros. En Grecia era de 15’8, en España de 20’2 y en Francia de 33’2 euros.

[13] La supresión, en 2007, de las ayudas sociales en Campania (región de Nápoles) hundió en la miseria a centenares de miles de personas y arrojó a los niños de entre 12 y 13 años a la esclavitud del trabajo negro. «Naples, une enfance au travail», Cecile Allegra, Le Monde, 28 marzo 2012.

[14] «Austérité et croissance: le coût de la douleur», Editorial, Le Monde, 22/23 abril 2012.

[15] «FMI a vigiar Portugal», Publico, 9 enero 2012.

[16] Para abordar el movimiento surrealista portugués, Alfredo Fernandes, «Antonio José Forte ou la passion de la totalité», Un couteau entre les dents, Ab irato, 2007.

[17] Publico, 30 marzo 2012.

[18] Miguel de Unamuno, «Portugal pueblo de suicidas» (1907).

[19] Nos referimos aquí a la CGTP, la central ligada al PCP. El segundo sindicato nacional, la UGT

es prácticamente una organización sin base. El último ministro de trabajo del anterior gobierno socialista, de triste recuerdo, era un burócrata de este sindicato.

[20] Después, la CGTP nombró un nuevo jefe, un personaje perteneciente a la cúpula del PCP, con un discurso en apariencia más agresivo para intentar compensar el inmovilismo del aparato.

[21] «Les Portugais ne veulent pas être comparés aux Grecs «tricheurs», Le Monde, 21 octubre, 2011.

[22]  «Operarios ocupam gruas» Correio da Manha, 21 marzo, 2012.

[23] «Ministro iliba CGTP dos incidentes no Chiado», Publico, 25 marzo 2012.

[24] Libération, 12 octubre 2011.

[25] José Neves, «O Poder da Fontinha», Journal i , 26 abril del 2012. El reto de este pequeño evento es sin duda muy importante para la clase dirigente portuguesa, dos días más tarde la policía volvió a ocupar la escuela. Toda la infraestructura será destruida.

[26] Journal de Noticias, 25 abril, 2012.