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Correspondencia…

 

El movimiento de los indignados empezó en la Lacandona

 

(En el marco del 2º Seminaro Internacional de reflexión y análisis. 30 dic. 2011-2 enero 2012. CIDECI-UNITIERRA CHIAPAS. San Cristóbal de las Casas. Chiapas. México)

En España el movimiento de los indignados tomó fuerza a partir de mayo de 2011 con protestas pacíficas en varias plazas públicas, principalmente en la Puerta del Sol. En las concentraciones se exigió una mejor democracia en la que existiera respeto real a los ciudadanos.

Si pensamos en el conocimiento y la acción de un movimiento mundial como el de los indignados, pronto advertimos que hay problemas teóricos y prácticos considerablemente distintos a los que se plantean en la academia, en los partidos y los gobiernos. Afortunadamente tenemos la posibilidad de enriquecer nuestro conocimiento con las preguntas que los pueblos se hacen y con las respuestas que se dan.

Teorías y prácticas que vienen de abajo y a la izquierda tienen la originalidad de criticar al poder cuando éste se siente distinto de la sociedad y cuando se separa de la sociedad.

Los nuevos movimientos del pueblo plantean una democracia que corresponda a las decisiones del pueblo, y que en caso de que se separe del pueblo dejará de ser democracia.

Depauperados y excluidos, indignados y ocupas formulan teorías que contienen un gran respaldo empírico. Se trata de explicaciones y generalizaciones basadas en gran cantidad de experiencias. Se trata de conocimientos, de artes y técnicas que corresponden al saber y al hacer de los pueblos, ese saber que tanto exaltara el antropólogo Andrés Aubry, y en que aparece, en vez del yo individualista, el nosotros tojolabal [pueblo maya] que Carlos Lenkersdorf rescatara para la filosofía de la solidaridad humana.

Teorías y prácticas tienen mucho de particular y también de universal... Y no exagero. Pensemos en la inmensa movilización de los indignados y los ocupas que luchan por otro mundo posible. Hoy –escriben admirados dos profesores ingleses–, la movilización es gigantesca. Nunca se había dado una de esa magnitud, y toda la movilización empezó (añaden) en las junglas de Chiapas con principios de inclusión y de diálogo.

Vemos así que desde abajo y a la izquierda y desde las selvas tropicales surge un movimiento que no sólo lucha por defender los derechos de los pueblos indios, sino por la emancipación de los seres humanos.

Y ese movimiento universal, en medio de sus diferencias, vive problemas parecidos. Es más, encuentra soluciones parecidas para la creación de otro mundo y de otra cultura necesaria, a la que los pueblos de los Andes expresan como el bien vivir, en que el vivir bien de unos no dependa del mal vivir de otros.

A esas aportaciones que de los indios de América vienen se añaden muchas más que corresponden a las experiencias de múltiples culturas e historias y que crean la historia universal de la lucha por la libertad, por la justicia y por la democracia, lema que levantó el movimiento zapatista y que anda por el mundo entero no como eco sino como las voces de un pensar y querer parecido.

Y allí están las juventudes griegas que luchan contra el tributo de la deuda externa, están los movimientos de la primavera árabe a quienes los militares no pueden transar, están las asambleas de los indignados españoles que articulan intereses vitales que el sistema no puede satisfacer, están los jóvenes estadounidenses que ocupan Wall Street como centro del poder corporativo contra el que todos luchamos, a los jóvenes chilenos que dan su vida para que no les quiten sus escuelas y universidades.

En todas las movilizaciones hay mucho de común. Todas o casi todas coinciden con lo incluyente y con lo dialogal, y un número cada vez mayor, con la idea de que el capitalismo corporativo es el origen de todos los problemas que afectan y amenazan a la humanidad.

Coinciden también en que la solución es esa democracia de todos para todos y con todos que no se delega, y que algunos llaman socialismo democrático y socialismo del siglo XXI y otros nomás democracia, y que es eso, y mucho más, pues es una nueva forma de relacionarse con la tierra y con los seres humanos... una nueva forma de organizar la vida.

Y es en medio de la riqueza y novedad de esta movilización mundial como se captan una serie de reflexiones que vienen de abajo y a la izquierda y cuya respuesta busca el triunfo de los indignados y de los pobres de la tierra.

La riqueza de las reflexiones y llamados es enorme y exige la atención, la profundización de algunos que enuncio escuetamente y en los que debemos trabajar más:

      1. El llamado a perder el miedo antes que nada, que el movimiento zapatista destacó como un requisito para pensar y actuar.

      2. El no pensar sólo en qué hacer sino en cómo lo hacemos.

      3. El precisar con quiénes –lo hacemos– en las distintas circunstancias.

      4. Aclarar nuestras diferencias internas con un nuevo estilo de discutir y acordar.

      5. El rechazar terminantemente la lógica de la caridad. Y también la lógica del paternalismo, pues ambas ocultan la manipulación. Caridad y paternalismo son la cara buena de la cultura autoritaria.

      6. Combinar la lucha por los derechos de los pueblos, los trabajadores y los ciudadanos con la lucha por la construcción de una sociedad alternativa en que los colectivos de los buenos gobiernos practiquen el mandar obedeciendo. Precisar con ejemplos en qué consiste la práctica del mandar obedeciendo.

      7. Dar los pasos necesarios para que el proyecto emancipador sea realmente incluyente, y dé lugar a un trato respetuoso de las diferencias de raza, sexo, edad, preferencia sexual, religión, ideología y nivel educativo.

      8. Redefinir los conceptos de la libertad, la igualdad, la fraternidad, la justicia, la democracia... Redefinirlos en la vida cotidiana, en el aquí y el ahora.

      9. Aclarar que las redes no son sólo redes informáticas. Aclarar que se han organizado y se van a organizar redes de colectivos y de sistemas de colectivos que permitan el predominio de las organizaciones horizontales sobre el mercado y el Estado, que estimulen la cooperación y la solidaridad frente al individualismo del mercado, y en que los encargados manden obedeciendo los lineamientos que las organizaciones horizontales les den y no se sientan ni un minuto por encima de ellas. Al mismo tiempo crear organizaciones centralizadas y descentralizadas, como el EZLN, o como las policías de los pueblos del sureste y como las autonomías municipales.

      10. Profundizar y promover los sistemas solidarios y cooperativos con flujos e intercambios que acerquen la producción, el consumo y los servicios, por ejemplo, la educación, salud, seguridad social.

      11. Actualizar constantemente los conocimientos sobre las contradicciones en los propios movimientos, y no sólo sobre las contradicciones externas.

      12. Fomentar el respeto a la dignidad y a la identidad de personas y pueblos, sin caer en el individualismo o el aldeanismo, y antes cultivando la emancipación universal.

      13. Combatir el maniqueísmo, y retomar el tipo de discusiones que invocan a los clásicos para comprender el aquí y el ahora, e incluir sus narrativas y reflexiones en la memoria creadora de nuestras generalizaciones.

      14. Reconocer que en todos los grandes movimientos los pueblos –con una razón de enorme peso– no se inclinan por una revolución violenta, sino por la ocupación pacífica y multitudinaria de la sociedad y de la tierra.

      15. Pensar que el 99 por ciento de la humanidad va a ganar esta lucha y que de su triunfo y de la sociedad que construya dependerá la creación ecológica de un sistema terrestre sostenible, capaz de satisfacer las demandas vitales de una población creciente que hoy sufre hambre y frío por cientos de millones, y capaz de impedir que continúe un sistema económico-político en que la industria de guerra es el motor principal de la economía.

      16. Plantear cómo se lucha y gana pacíficamente en una guerra de espectro amplio como la diseñada por el Pentágono. Si uno de los espectros es la guerra violenta y armada, podemos luchar en los otros que comprenden la guerra informática y cibernética, la guerra contra la educación, la guerra contra la cultura, la guerra económica con la deuda externa y derivados, la guerra social que deshace el tejido comunitario, familiar, de clase; la guerra ideológica y seudo-científica neoliberal, cínica, recolonizadora y neofascista: la guerra que destruye la biosfera y la guerra que siembra el terror acompañadas de la guerra inmoral para cooptar, macro-corromper y someter a una humanidad que se rinda y se venda.

      17. Insistir en que los pobres de la tierra y quienes estamos con ellos debemos enfrentar la guerra de espectro amplio en todos los espectros pacíficos posibles: en el terreno de la educación para pensar y hacer, en el terreno de la economía de la resistencia que cuida el pan y el agua, el fogón y el techo, los servicios de salud y de seguridad: el tejido social de la familia y el de la comunidad, y el de una clase trabajadora que reestructure la unión necesaria de los trabajadores regulados y desregulados; en la lucha ideológica contra las corporaciones, los líderes amarillos y las mafias que ocultan su guerra depredadora con otras guerras no menos infames –como las del terrorismo, el narcotráfico y la confusión... Y estar cada vez más conscientes de que la guerra actual de intimidación y corrupción busca sobre todo el despojo de los territorios comunales, de las parcelas campesinas, de las tierras nacionales, de los bosques y las minas, de los viveros de petróleo y de los mantos acuíferos; de los suelos y los subsuelos, de las costas y las tierras. Y no conforme con oprimir a los pobres entre los pobres y a los habitantes de la periferia mundial, en forma cada vez más abierta está empobreciendo a los sectores medios y privando de sus derechos y de su futuro a los jóvenes y los niños del mundo entero.

Con los indignados de la tierra hemos de enfrentar la nueva política del azúcar y el garrote, de la corrupción y la represión macroeconómica que emplea el capitalismo corporativo, con sus aliados y subordinados. Frente a sus intentos de intimidación y corrupción universal blandiremos la moral de lucha y el coraje de los pueblos. Lo haremos, conscientes de que somos cada vez más y de que serán cada vez más quienes en el mundo entero luchen por lo que en 1994 sólo parecía ser una rebelión indígena posmoderna y que en realidad es el principio de una movilización humana considerablemente mejor preparada para lograr la libertad, la justicia y la democracia a que todos aspiramos.

Pablo González Casanova, (México)

 

 

 

Destellos azules sobre el cielo de Baltimore

Cualquiera que coja un tren nocturno con destino al sur, al llegar a Baltimore vislumbrará un impresionante panorama al entrar en la ciudad, atravesará bloques de viviendas alineadas como un mosaico y desoladas calles de los barrios obreros de este lado de la ciudad. Extendiéndose hasta donde alcanza la vista en el horizonte, vislumbrará un arco de luz azul con destellos parecidos a las luces de un coche de policía. Son cámaras de vigilancia portátiles que la policía ha instalado sobre los postes de electricidad en todo el centro de la ciudad con la finalidad de disuadir el tráfico de drogas. Pero, como todo el mundo sabe, se trata de una farsa, la del juego del gato y el ratón: se controlan unas manzanas antes de que las cámaras cambien de posición, un juego que lleva prolongándose durante años sin ningún resultado visible. “La luz azul de Baltimore” es más que una metáfora, se trata más bien de una realidad vivida por muchos de los habitantes de la ciudad y un signo de la profundidad de la crisis social que se instaló ya aquí antes del colapso de 2008 y que derivó en una recesión sin fin.

Baltimore fue una de las ciudades más afectadas durante los primeros días de la crisis de las hipotecas de alto riesgo, una situación bien descrita en el documental American Casino. Los préstamos abusivos de los bancos nacionales, como Wells Fargo en barrios tales como Belair-Edison y Sandtown multiplicaron hasta un tercio el valor de la vivienda en el momento de la ejecución de las hipotecas, una situación que provocó en la ciudad un intento fallido de demandar a Wells Fargo por haber actuado de manera intencionada en los barrios obreros. Sin embargo, a excepción de unos pocos intentos fallidos en los primeros momentos de la crisis del mercado inmobiliario por parte de ACORN (Organización de Comunidades Asociadas para la Reforma), ahora desaparecida, para ocupar simbólicamente las casas, pocos protestaron: la gente interioriza la exclusión como un fracaso personal y una vergüenza privada.

Recuerdo haber asistido hace un par de años a una reunión organizada por grupos relacionados en general con los temas de ejecución hipotecaria (desahucio). Los trabajadores sociales y los organizadores se vieron sorprendidos por el hecho de que, a pesar de los intensos esfuerzos de difusión realizados, nadie acudió en busca de ayuda. Cuando uno de los organizadores habló acerca de las acciones a llevar a cabo para evitar la ejecución en una iglesia local, el cura, inmediatamente se le acercó y le susurró en privado que su familia había sufrido una ejecución hipotecaria. Ahí reside la clave del problema: se sentía demasiado avergonzado para hablar en público delante de sus feligreses. Como resultado de esta negación colectiva, la gente se mudaba de noche sin decir nada a los vecinos a fin de evitar la humillación pública del desalojo cuando llegaba el sheriff. En American Casino, pocos de los entrevistados habían perdido su casa a causa de una ejecución hipotecaria. Incluso los que eran más conscientes de cómo estaban siendo jodidos por los bancos, no relacionaban su sufrimiento privado con un problema colectivo, abierto a la acción colectiva. Mientras que la gente entendía muy bien las raíces sistémicas y las injusticias que había detrás de sus tragedias personales, la mayoría, finalmente, solo llegaba a imaginar soluciones personales como la salida.

 

Resistencia y alternativas

El recurso a las soluciones personales ha sido aquí la principal respuesta a la crisis actual hasta el momento presente. Muchas de las estrategias de supervivencia abordadas por el artículo de Henri Simon en Insurgent Notes son en la actualidad la norma, como también lo son el rescate de antiguas técnicas de supervivencia. Podrían añadirse otras como las estrategias para aumentar ingresos que proporcionan el conjunto de servicios que dependen de manera indirecta de los fondos estatales tales como la creación de centros informales de cuidados de día y de hogares de vida asistida para el bienestar de personas que reciben cheques de la Seguridad Social. Los trabajadores de oficios especializados como albañiles, carpinteros y electricistas pueden realizar a escondidas trabajos “en negro” a precios más económicos durante las horas de trabajo, utilizando las herramientas y los equipos de su empresa a favor de los hogares de los trabajadores del centro de la ciudad, esto no solo provoca que los trabajadores recuperen su capacidad de trabajo, sino que también crea una situación en la que sale a la superficie el gusto por la supervivencia individual y al mismo tiempo demuestra un sentido profundo sentido de solidaridad colectiva con los demás. Cuando le pregunté a un conocido trabajador negro yesero de 57 años de edad, que se vio obligado a regresar a la zona rural de Virginia, en parte debido a problemas personales y en parte por el colapso en la industria de la construcción, cómo sobrevivió allí, me contestó:

Gracias a Dios, mi casa y el terreno los tengo ya pagados por lo que sólo debo pagar los impuestos de la propiedad (el IBI en España). Durante los dos primeros años que estuve en casa hice crecer las malas hierbas (drogas), pero dejé esta actividad por temor a ser descubierto por los traficantes más jóvenes y violentos y para no estafar a los niños. La gente que me conocía de mis años de juventud empezó a sospechar de mi regreso y se preguntaba por qué había vuelto ya que aquí no había obras en la construcción. Vivo con pocos recursos, porque mis ahorros se han reducido drásticamente. Vendí mis acciones de Home Depot, Diebold, AFLAC y de Exxon por este orden. De manera errónea creí que podría obtener algunos contratos como enyesador en algún lugar a través de los muchos contactos que tengo en los diferentes estados. No me imaginaba que iba a ser tan difícil. Puedo ocultar los ahorros que tengo para poder acceder a los cupones de alimentos y de ayuda al combustible. He tenido algo de trabajo de como enyesador mientras he estado en mi en casa y he vuelto a menudo a la zona de Washington DC para trabajar para los clientes con los que he estado en contacto durante estos últimos años.

En una ciudad como Baltimore, donde el tráfico de drogas es una importante ocupación como recurso marginal, es imposible evaluar con precisión el papel que este sector desempeña en proporcionar o completar los ingresos para muchas personas que no pueden conseguir trabajo u obtener un salario adecuado en la economía legal. Los mercados de drogas, visibles en las esquinas, objetivos de la “luz azul”, son sólo la punta de un iceberg mayor que se extiende de manera soterrada y que influye y condiciona (mayoritariamente de manera negativa) en las facetas de la vida social, en las interacciones cotidianas y en la extensión de la confianza. Además de la distribución directa y de las ventas en la calle en los lugares denominados “esquina de drogas”, la economía de la droga genera un efecto dominó secundario y terciario en la economía local y también en las estrategias individuales de los ingresos. A una mujer que merodeaba a la salida de las escuelas, una ex adicta a la heroína, le quitaron los servicios sociales, pero sigue recibiendo Medicaid, y utiliza legalmente Oxycontin que obteniene al trueque con servicios de cuidado de niños de los vecinos y amigos. Otra mujer que solía trabajar en un salón de belleza los fines de semana cortaba el pelo a los narcotraficantes y confesaba que ganaba más dinero en estas pocas horas que en toda la semana de trabajo.

Esta es una muestra de diferentes estrategias de supervivencia individual: un combinado de situaciones legales e ilegales dependiendo de las circunstancias. No es en ningún caso un ejemplo de “mala conciencia” o de tercermundismo porque debemos situarlo dentro de un contexto, a saber, el de la fragmentación y el aislamiento derivado del enorme declive de la sociabilidad en las últimas décadas como consecuencia de los cambios experimentados en la economía, que han tenido los correspondientes efectos sobre la vida personal y los patrones de consumo.

La decadencia de lo social

Las instituciones colectivas tradicionales de Baltimore, desde los sindicatos a las organizaciones comunitarias, se han desvanecido durante las últimas décadas. Un amargo ejemplo de este declive puede observarse en la práctica de los sindicatos locales de la construcción de Baltimore que se ven ahora obligados a contratar a gente para los piquetes a los responsables de la organización de dichos piquetes de huelga dado que son incapaces de generar un verdadero interés para que sus propios miembros formen parte de ellos. Un lugar de encuentro como era el “bar de la esquina”, lugar de reunión del vecindario en los barrios de clase obrera, ofrece una frágil protección para llevar a cabo la escasa interacción que se realiza y que ahora debe hacerse detrás de “cristales blindados y rejas de hierro”. El entretenimiento llega a las casas a través de la televisión por cable con sus cientos de canales lo que en nada favorece la socialización con los demás. La necesidad de trabajar en múltiples trabajos reduce drásticamente el tiempo libre. El resultado de estos y otros muchos condicionantes se traduce en una individualización y atomización de la clase trabajadora de Baltimore en la que se ha ido erosionando y socavando el sentido de una mayor identidad colectiva y de participación.

Pero si en un sentido muy rudimentario las mencionadas estrategias individuales de supervivencia llevadas a cabo en estas condiciones muestran un pequeño germen de un mayor potencial de respuesta colectiva, manteniendo la lejana esperanza de un futuro mejor, la profundidad y la velocidad de la actual crisis está llevando a más gente a una crisis de carácter personal. Las estrategias de supervivencia representan una solución temporal para “tapar agujeros” hasta que llegue la recuperación económica, pero el tiempo pasa y la crisis económica no sólo continúa sino que se deteriora sin fin previsible –exceptuando las repetidas demandas de austeridad y la disminución de los niveles de vida. A menos, claro, que haya un cambio cualitativo y cuantitativo en la resistencia.

Otra posibilidad real, no necesariamente opuesta a la primera, es la consolidación de las redes de distribución de drogas en el centro de la ciudad como resultado de la crisis fiscal de la administración local y de los recortes estatales en los servicios públicos y de la reducción de la presencia del Estado a excepción de la presencia policial. Es un ejemplo de lo que nos puede deparar el futuro, una situación que recuerda Nápoles o Ciudad Juárez. El año pasado las autoridades de Baltimore desmantelaron una de esas redes, la bien organizada “Black Guerilla Family”, que había logrado infiltrarse a nivel de calle en los programas contra la violencia y la mediación a través de un grupo de fachada y que incluso editó un folleto redactado por su líder pidiendo al empresariado y a la comunidad “autoayuda” y que fue incluso aprobado, para su vergüenza, por varios políticos locales.

En esta situación se llegó al impacto de Occupy Baltimore, que supuso no solo el análisis de lo que el movimiento era capaz de hacer o no en sus propios términos, sino también la búsqueda de las raíces de sus experiencias dentro de este panorama más amplio de descomposición y recomposición de clase que acaeció en Baltimore como consecuencia de los mismos parámetros de desindustrialización, abandono de los suburbios y desinversión como en otras ciudades como Detroit, St. Louis y Cleveland.

El impacto de Occupy Baltimore.

No puedo hablar sobre el funcionamiento interno de Occupy Baltimore porque no estuve allí para tener mis propias impresiones antes de que se disolviera de manera pacífica en la ciudad a mediados de diciembre. En su lugar voy a hablar de la gran influencia de que, creo, Occupy ha tenido en la ciudad, con sus fortalezas y debilidades.

Desde sus inicios, Occupy fue capaz aquí de aprovechar las redes de activistas existentes en torno a la librería-cafetería Red Emma. Esto significó, desde el principio, que Occupy se benefició de las redes anteriores y de la organización informal y no tuvo que constituirse a partir de cero, como sucedió en otras ciudades. Occupy Baltimore también se benefició de una estrategia de no intervención de la policía y de la administración de la ciudad, que combinada con la astucia táctica de los organizadores locales, tuvo resultados evitando confrontaciones como las que se produjeron en Oakland, Denver y otros lugares.

Occupy Baltimore disfrutó también de la cobertura de los medios de comunicación, en su mayoría simpatizantes. Es cierto que hubo algunas historias negativas, sobre todo en relación con presuntos delitos cometidos por algunos de los elementos marginales atraídos por el campamento en su momento más álgido. De manera previsible, la filial local de la Fox trató de probar una supuesta presencia de drogas en las tiendas de campaña. Pero estas son excepciones a la regla. Sorprendentemente, el diario local, el Baltimore Sun, publicó una página de opinión Occupy Baltimore, cuando raramente este periódico publica trabajos con un punto de vista ni remotamente parecido. En gran medida, esta simpatía por Occupy Baltimore contó, como en otros lugares, con el enorme apoyo de subempleados y desempleados jóvenes miembros “creativos” de la comunidad local: estudiantes de arte, programadores web, trabajadores de los medios de comunicación, músicos, marginales, bohemios, etc , blancos, bien educados y elocuentes.

Al mismo tiempo, Occupy Baltimore consiguió un importante refrendo y apoyo del sindicato principal. Sindicatos como SEIU adoptaron pronto el lema “Occupy” en los folletos. El 26 de octubre, los dirigentes de 13 organizaciones sindicales, incluyendo la Orden Fraternal de la Policía, enviaron una carta abierta a la alcaldesa de Baltimore, Stephanie Rawlings-Blake, pidiéndole que no interviniera y que mantuviera el diálogo con los manifestantes. La AFL-CIO de Maryland / DC continuó, a finales de noviembre, su apoyo a la resolución de Occupy que pedía a los alcaldes de ambas ciudades no desalojar los campamentos de Occupy. Aunque gran parte de este apoyo provenía, sin duda, de un deseo calculado de no verse sobrepasados por un movimiento que amenazaba en convertirse en un flujo masivo de cólera contra los bancos y la desigualdad de ingresos y el deseo de escapar al control de las organizaciones tradicionales tales como los sindicatos o el Partido Demócrata, en un contexto de normas escleróticas y anquilosadas de prácticas sindicales locales, estos significaron pasos importantes y, a pesar de que las resoluciones no eran radicales, eran propuestas prácticas para todas las posturas y posicionamientos.

Otra victoria tangible para “Occupy Baltimore” llegó con la reunión abierta de un comité de desarrollo alternativo económico con la Corporación de Desarrollo de Baltimore (BDC). La BDC es una oscura asociación de negocios público-privada financiada en parte con fondos públicos de los impuestos locales que no está sujeta a las leyes de transparencia que precisan las reuniones abiertas. La BDC se ha mantenido siempre fuera del control de las urnas. El hecho de que el director de la BDC se viera obligado a reunirse con el “Another Baltimore Development Committee is Possible” y con “Occupy” en un encuentro muy bien organizado en las escaleras de las oficinas del BDC para abrir el “diálogo”, demuestra una vez más, por un lado el temor a que el movimiento “Occupy” llegara a sobrepasar los canales habituales de contención y por otro lado el deseo de la administración local de la ciudad y otros actores similares de “controlar la fiera”, o sea, seguir el ritual simbólico de “diálogo” hasta que los vientos amainaran y ya no se considerara como una amenaza.

Pero más importante que la respuesta sindical es el efecto que Occupy ha tenido en las bases sindicales y en otros trabajadores. Por ejemplo, en el curso de la reunión de evaluación de los dos meses de “Occupy Baltimore” a la que asistí a mediados de diciembre y que reunió cerca de 200 personas, la mayoría nuevos en la política, un líder de UNITE, hablando como miembro de base, explicó cómo cada vez que los miembros del sindicato visitaban el campamento “Occupy” salían con “las pilas cargadas”. Es imposible saber hasta donde ha llegado la influencia de la “siembra” realizada. A pesar de que afecta relativamente a poca gente, esta nueva permeabilidad entre los que estaban anteriormente aislados, entre los que luchan contra la fragmentación intercambian experiencias y diálogos y, a pesar de todas las limitaciones de Occupy, presentan aún posibilidades cuyos resultados no se verán quizás hasta dentro de muchos años. Un proceso que probablemente se ha repetido de una manera u otra en los cientos de sitios Occupy de todo el país. No va a ser suficiente en sí mismo para liberarse de relatos de derrotas, pero es un comienzo prometedor.

Curtis P., (EE.UU)

 

 

Occupy Oakland: ¡El cierre de los puertos y una mirada más allá, Longview! 

El lunes 12 de diciembre, el movimiento Occupy paró la actividad en los principales puertos de la costa oeste: Oakland, Portland, Longview (Washington) y Seattle. Hubo paros parciales y acciones de apoyo en los puertos de San Diego, Vancouver, y Long Beach así como en Hawai y Japón. Los centros de distribución de Wal-Mart en Denver, Salt Lake City y Albuquerque fueron bloqueados. Otras acciones tuvieron lugar en Nueva York, Houston, Seattle y Anchorage. En Seattle, Long Beach, San Diego y Houston las protestas fueron reprimidas por la policía.

Estas acciones coordinadas demostraron que el movimiento Occupy está bien vivo a pesar de las groseras amenazas de los directivos, los medios de comunicación y de diversos grupos de izquierdistas.

Este hecho es especialmente cierto en Oakland, donde resido. Los cerca de 10.000 manifestantes que cerraron el puerto demostraron que las dos huelgas, la de noviembre y la del Día de Acción de Gracias no fueron una casualidad. Los disturbios del pasado 12 de diciembre hicieron temblar a toda la clase dirigente de Oakland: los políticos liberales y los burócratas sindicales que durante años se han llevado el pato al agua queriendo dar una imagen progresista. Los paros en los puertos les han hecho llegar un contundente mensaje: El movimiento Occupy ha conseguido el apoyo de las masas para defender a los estibadores de Longview (WA) ante el feroz ataque antisindical de un conglomerado multinacional.

Un paso más: convergencia en Longview

Los estibadores de Longview, ILWU Local 21, (en adelante ILWU 21), están enfrascados en una lucha a vida o muerte con la empresa Terminal Exportadora de Grano (EGT). EGT es una empresa creada por tres corporaciones: una con sede en Norteamérica, Bunge; otra con sede en Japón, Corporación Tochu, y la otra en Corea del Sur, STX Pan Ocean. EGT se gastó 200 millones de dólares en la construcción de un elevador de contenedores de grano (cereales) altamente automatizado en el Puerto de Longview. A pesar de que la EGT había firmado un contrato de arrendamiento con el puerto prometiendo que todos el trabajos de carga se harían con ILWU, no fue así y no cumplieron lo acordado. EGT trató de contratar personal no sindicado y, cuando esto no funcionó, contrató a otro sindicato, Ingenieros de Operación Local 701, que está dispuesto a cargarse a los de ILWU 21 y a acabar con los piquetes de huelga.

EGT está utilizando las mismas tácticas que se utilizaron durante las luchas obreras de las minas de carbón durante la década de los años veinte. Han contratado guardias de “seguridad” (Pinkerton) como matones, han reclutado a la policía local para acechar, acosar y asaltar a los miembros de ILWU 21 en los alrededores de la ciudad y sacarlos de sus hogares en plena noche.

ILWU 21 se ha defendido. En el transcurso de la batalla de Longview, los miembros de ILWU y sus simpatizantes bloquearon los trenes que traían el grano a la terminal organizando piquetes masivos e interrumpiendo las operaciones. 220 de los 226 miembros del ILWU 21 fueron arrestados. Las federaciones de trabajadores estatales de Washington y Oregón aprobaron resoluciones de apoyo a la ILWU 21 de Longview y condenaron a los Ingenieros de Operación Local 701 por enfrentarse a los grupos de piquetes del ILWU 21.

Esta situación debería ser una prioridad para la central obrera AFL-CIO (principal sindicato de EEUU) porque si la empresa EGT logra bloquear a los de ILWU 21, se sentará un precedente en el marco de la represión sindical. La AFL-CIO debe dar apoyo material a ILWU 21. Debería exigir a los Ingenieros de Operación Local 701 que pusieran fin a los ataques y echarlos de su seno. Debería preparar una huelga general contra la represión sindical. Pero no va a suceder nada de esto. Rich Trumka, presidente de AFL-CIO no tomará partido y no actuará. Trumka lo califica como “contienda por la competencia”. De hecho, los líderes de AFL-CIO, y no sólo los máximos dirigentes, sino también los responsables locales y la mayoría de los empleados, han actuado de esta manera durante décadas: basarse en una consigna de “hacer equipo” para colaborar con la administración. Fundamentalmente, creo que, no hay alternativa al capitalismo. Por consiguiente, cuando el sistema está en crisis, tratan de coaccionar a los trabajadores para que acepten pasivamente la austeridad (recortes de puestos de trabajo, remuneración, pensiones y seguridad social y servicios públicos). Así, en lugar de liderar la fuerza, la gente organizada se pierde en luchas sindicales provocando que la afiliación sindical apenas llegue a uno de cada diez trabajadores.

Va a producirse un enfrentamiento inminente. EGT planea traer su primer barco a mediados de enero. Así que, con Trumka y la AFL-CIO de brazos cruzados, ¿qué se puede hacer? Aquí es donde el movimiento Ocuppy puede desempeñar su papel. El 17 de diciembre, Ocuppy Longview, que tiene estrechos vínculos con ILWU 21, convocó para enero una concentración masiva en Longview para bloquear la carga del barco de la EGT. El 21 de diciembre, Ocuppy Oakland votó por abrumadora mayoría (123 contra 2) organizar una marcha sobre Longview. Sus organizadores prevén que más de 10.000 o tal vez hasta 25.000 miembros de Occupy bajaran por la parte oeste de Longview. A diferencia del presidente internacional de ILWU, McEllrath (que se opuso el 12 de diciembre al bloqueo del puerto), el presidente local de ILWU 21, Dan Coffman dio la bienvenida al apoyo del movimiento Ocuppy: “En nombre del ILWU 21, queremos dar las gracias al movimiento Ocuppy por informar de las prácticas de EGT y por la solidaridad de sus miembros”.

Además de esta convergencia en Longview, Ocuppy puede ayudar a propagar la llamada de ILWU y demás militantes que están preparando una huelga en toda la Costa Oeste para cuando llegue el barco de EGT. Y, si se da el caso de que Mc Ellrath no apoye la convocatoria, la gente sobre el terreno organizará una huelga salvaje en toda la costa. Recordemos qué comportó el hecho –aunque ciertamente poco frecuente en el ILWU de la costa Oeste– cuando actuó desafiando el contrato y la ley para cerrar los puertos, incluso sin llegar a incitar al conjunto de piquetes externos. (Basta recordar otros sucesos como el apoyo de Nelson Mandela a los once días de boicot a un barco sudafricano, el cierre de todo un turno en la costa oeste en apoyo a Mumia; la huelga de un día contra la guerra; un paro en Los Ángeles en solidaridad con los estibadores de Australia; una huelga al ferry Puget-Sound en desafío a las medidas cautelares). El cierre de puertos importantes como Oakland, Portland, Seattle… preocupó al sector marítimo. El cierre de los mega-puertos gemelos de Long Beach / Los Ángeles supondría un duro golpe: Long Beach / Los Angeles soporta el 40% del transporte de este país, casi diez veces más que el puerto de Oakland.

Por todo lo dicho creemos que ahora ILWU puede ganar esta batalla. Pero harán falta muchas más acciones para ganar la guerra a largo plazo. En primer lugar, que se llegue a identificar la verdadera naturaleza de esta guerra. En la actualidad el trabajo de los estibadores está altamente automatizado y sus trabajadores son los mejor pagados, pero son un grupo minoritario. Mientras tanto, los trabajadores más numerosos son los camioneros y, con mucho, los peor pagados, los más explotados, y están completamente desorganizados (obligados a trabajar como contratistas independientes). La mano de obra de la estiba no puede lograr una victoria a largo plazo sin una organización de los camioneros del puerto. Sin embargo, a lo largo de más de cuarenta años, el ILWU ha llegado a acuerdos en torno a la automatización de contenedores con una paga bien garantizada, beneficios y seguridad en el empleo a cambio de permitir una amortización de los puestos de trabajo a través de las prejubilaciones. El ILWU ha actuado con demasiada contención, confiando en este sistema, en lugar de apoyar y ayudar a organizar a los camioneros del puerto de una manera más agresiva. Así que, aunque lleve una lucha militante contra la EGT y tenga un acuerdo con Occupy, la Organización Internacional del ILWU no muestra ningún interés en organizar la lucha por los camioneros, más bien al contrario. La organización de éstos sigue siendo imprescindible pero no debemos mirar hacia La Internacional ILWU para llevarlo a cabo.

Nuestros enemigos tratan de jugar con esta debilidad para exacerbar las divisiones. Esto es lo que dijo el alcalde de Oakland, Jean Quan: “Entre la gente que ha decidido permanecer en el puerto hay algunos que tienen familiares que poseen camiones y que, debido a la paralización de la economía, podrían perderlos. Los ingresos de un día de trabajo de 600 o 700 $ podrían ser decisivos para poder mantener un camión o no”.

Quan miente: la mayoría de los camioneros ganan menos de 100 $ el día de mucho trabajo y 50$ si hay menos. Por ello está defendiendo una incongruencia, que no podemos pasar por alto.

Hablemos claro. Occupy no ha ignorado a los trabajadores portuarios. De hecho, los camioneros del puerto de la comunidad latina de Los Ángeles fueron los primeros en llamar a una acción en el puerto el 12 de diciembre al votar la suspensión los trabajos de aquel día, que es la fiesta cultural de la comunidad latina. En solidaridad con ellos, Occupy de LA votó a favor de bloquear los puertos de servicio de la compañía naviera SSA, co-propietaria de Goldman Sachs. Occupy Oakland se unió a la llamada al cierre de los puertos de la costa oeste, en solidaridad con los camioneros y con los estibadores al cierre organizado por los dirigentes de la ILWU Local 21 en Longview, y para interrumpir la cadena de beneficios de Goldman Sachs y “Wall Street en el sector naval “.

En esta ocasión, los camioneros del puerto de LA no pudieron repetir el éxito de la acción salvaje del 1 de mayo de 2006, cuando en un número más que significativo de 15.000 camioneros pararon las operaciones portuarias de Los Ángeles / Long Beach. Sin embargo, los cierres del puerto de Oakland y de los puertos de Washington y Oregon han logrado centrar la atención en la desesperada lucha de Longview.

Sin embargo, la labor realizada ignoró a los trabajadores del puerto. El movimiento Occupy se mantuvo alejado de la organización de los trabajadores. No insistió en la necesidad de organizar a los desorganizados; los líderes de Occupy se desanimaron ante los esfuerzos que requería educar a organizarse internamente a los desorganizados y ante un conjunto de demandas concretas que reflejaban las necesidades de los no organizados y en asegurarse de que los trabajos que se proponían eran puestos de trabajo decentes. Esto dejaba a la organización casi a merced de la burocracia sindical. ¿Puede Occupy apoyar y profundizar en un movimiento de masas sobre esta base? Sin discutir esta cuestión y el desarrollo de la estrategia, el movimiento Ocuppy se ve impelido a actuar como un gran movimiento de “solidaridad”: participando en ocasiones en los episodios de acción de masas y como aletargado en los momentos de tranquilidad, durante los que la organización se desacelera a paso de tortuga a la espera de nuevas luchas a las que apoyar y/o nuevas ocasiones para la acción de agitación directa; o sea, apoyar las luchas de los demás y las demandas desde el exterior. Esta situación vuelve a Occupy vulnerable a la naturaleza de las luchas y al contenido de sus reivindicaciones. Quiero que quede claro: no estoy proponiendo que el movimiento Occupy en su conjunto adopte una serie de exigencias detalladas y se disponga a organizar a los desorganizados. (Pienso que mucha de la fuerza de Occupy proviene esencialmente del amplio frente situado bajo el paraguas del sentimiento de justicia social y del anticapitalismo). Pero también pienso que algunos grupos en el interior del movimiento Occupy deberían ocuparse de ello y que el trabajo con los grupos recién llegados debería ser una prioridad para Occupy.

Una lección para la izquierda: Occupy Oakland no ha capitulado ante los Demócratas

El movimiento Occupy –y en especial Occupy Oakland– ha mostrado una extraordinaria resistencia y una capacidad casi sin precedentes para movilizar otra vez las acciones de masas contra la injusticia económica y contra la brutalidad policial. Muchos de nosotros hemos subestimado este movimiento. Muchos blogs de izquierdas están llenos de frases como “Occupy Oakland está muerto” y de advertencias de que Occupy está capitulando ante los liberales, capitulando ante los demócratas, capitulando ante la burocracia laboral y que una u otra fórmula conduce al fracaso seguro. Si queremos tomar en serio este movimiento y concretamente si queremos comprender y ayudar a que vayan hacia adelante debemos reconocer en primer lugar que el movimiento no ha correspondido a la idea preconcebida que se hacían de él los veteranos socialistas. Por otro lado ha superado con creces nuestras expectativas. Y, a pesar de los problemas, sigue actuando de forma independiente de los demócratas y de los burócratas. De hecho, sus profundos y fundados mensajes anti-capitalistas y su hábil capacidad de movilización de masas en disturbios y protestas han dejado a la clase dirigente de Oakland aturdida y desorientada.

En las semanas previas al cierre de los puertos de la costa oeste, la clase dirigente de Oakland concentró todos sus esfuerzos en intentar derrotar la solidaridad laboral de tal manera que recordaba la campaña que realizó para desmantelar al Sindicato Profesional de Controladores Aéreos en 1981. Quizás la señal más clara de la repercusión de los cierres de los puertos para los intereses marítimos a nivel mundial fue la decisión del Puerto de Oakland de insertar un anuncio en el New York Times (a 3000 kilómetros de distancia de la redacción del periódico en Wall Street). Los antiguos radicales, la izquierda liberal y los políticos que gobiernan la ciudad Oakland y sus viejos amigos y aliados políticos de la burocracia de los sindicatos locales se unieron en la defensa del transporte marítimo y de las corporaciones financieras. Las críticas las lanzaron el ex alcalde maoísta Jean Quan (quien cargó contra la “violencia económica que se ejerce cuando un reducido grupo de personas paralizan el puerto, toman como rehenes a la ciudad y a la economía”), el director del puerto, Víctor Uno, junto con su esposa Josie Camacho (secretaria-tesorera del consejo del sindicato local) quien argumentó que el cierre del puerto podía crear problemas a los estibadores, a los camioneros del puerto, y otros trabajadores. El Presidente de ILWU Internacional, Bob McEllrath, ante una amenaza nada velada de una demanda presentada por Goldman Sachs (uno de los dueños del conglomerado de transporte SSA y un objetivo del movimiento Occupy) envió una carta de advertencia a los miembros de ILWU: “El apoyo es una cosa, pero el hecho de que grupos foráneos traten de avanzar en una agenda más amplia es algo muy distinto ya que se trata de algo muy destructivo para nuestro proceso democrático”.

Pero el fracaso de su campaña les pilló por sorpresa. La policía había estimado en unos 300 manifestantes los que tratarían de cerrar el puerto. Sin embargo, más de 1.000 miembros de piquetes se presentaron en el Puerto de Oakland para impedir el turno de mañana y cerca de 10.000 impidieron el turno de tarde. En este momento Occupy Oakland es quien ha sido capaz de organizar las mayores manifestaciones de masas de militantes en los últimos cuarenta años, dirigidas contra las empresas de Oakland y a la supresión de actividad. Y lo ha hecho en múltiples ocasiones.

Esto ha sacado a la luz el verdadero papel de los políticos ex-radicales que dirigen el gobierno de Oakland y de sus viejos amigos y aliados en la burocracia sindical local. Todos estos “progresistas” operan con la convicción de que el bienestar de Oakland depende del bienestar de los negocios de Oakland, sobre todo de los del puerto, de los promotores y de los bancos. Así que, para ellos, cualquier cosa que se interponga en el camino de la empresa, perjudica a la población de Oakland. Es con este planteamiento que Quan sostiene que el cierre del puerto es la “violencia económica” que “toma como rehén a la ciudad” y los miembros del Ayuntamiento se hacen eco de la misma cantinela. Por supuesto, en el actual contexto de agravación de la crisis económica mundial aumentaran las demandas corporativas referentes a los recortes, despidos, y reivindicaciones de la ciudad. El movimiento Occupy se ha planteado esta responsabilidad mientras los políticos la han esquivado. La manera de actuar de estos últimos se ha beneficiado de una imagen de “izquierdas” sin importarles que durante años hayan sido los peones de los directivos empresariales. Occupy les obliga a elegir: ¿De qué lado estás? Los burócratas sindicales, que durante décadas han abrazado el principio de “trabajo en equipo”, de colaboración con la administración, se hallan en apuros.

Consecuentemente, el “clan progresista” se está resquebrajando desde hace ya mucho tiempo, los aliados de Quan intentan escaparse por la tangente. De esta manera el compañero de toda la vida de Quan, Dan Siegel, renunció al puesto de asesor legal para poder distanciarse de la autorización del uso de la violencia de la policía, en octubre. El presidente de la Oakland Education Association, Betty Olson-Jones, otro aliado y amigo personal del alcalde, apoyó el cierre del puerto (la OEA fue el único sindicato que apoyó la acción del 12 de diciembre). El Consejo de sindical local condenó la autorización de Quan de usar la violencia policial contra Occupy declarando que estaba “en el lado equivocado de la historia”. Sharon Cornu, un influyente agitador del Partido Demócrata local y ex jefe del consejo local del sindicato, renunció al cargo de teniente de alcalde. Para jugar en todos los frentes, a los pocos días del cierre del puerto, Olson-Jones fue uno de los oradores en un mitin organizado para tratar de salvar la carrera de Qua; pocos días más tarde durante el curso de una reunión de la cúpula del sindicato local, convocó una conferencia de prensa para instar a los trabajadores a “dar una oportunidad al alcalde” con el objetivo de favorecer la creación de puestos de trabajo en Oakland, Cornu continuó alabando a Quan por su actuación en el manejo del Occupy Oakland.

Así pues, Occupy no ha capitulado ante los políticos liberales. Pero tampoco representa una alternativa política a este liderazgo. Occupy sigue siendo una fuerza poderosa, pero su poder reside exclusivamente en su capacidad para movilizar acciones directas masivas, pero en episodios de acción directa. Conscientemente evita la acción política. No cambian, ceden el liderazgo político de un grupo u otro a los representantes de los líderes. De una manera u otra el movimiento Occupy adopta una manera singular de acción política. Es importante que el movimiento entienda la importancia de combinar la acción política de masas con la acción directa de masas y que cree espacios y oportunidades para que sus participantes entren en esta dinámica.

Una lección para la izquierda: Occupy Oakland no ha capitula -do ante los burócratas

De la misma manera que Occupy no ha capitulado ante los políticos liberales, tampoco se ha rendido a la burocracia sindical. Es, sin embargo, un hecho que gran parte del comité de los trabajadores de Occupy Oakland está formado por antiguos “obreros de izquierda” incluyendo a varios que han hecho una carrera en el transporte marítimo y se han ganado los favores de los burócratas sindicales locales y de los políticos “progresistas”. Este es uno de los factores que han provocado que muchos, entre los que me incluyo, hayamos concluido de manera errónea que los “progresistas” se habían hecho con el poder y que lo conducían a la capitulación. Sin duda que hay problemas, quizás el más importante ha sido la tendencia a orientarse excesivamente hacia los burócratas sindicales. Esta impresión se reforzó cuando los líderes de Occupy Oakland insistieron en tratar a los burócratas locales como socios iguales en la organización de un “Occupy/Laboral” en el mitin y manifestación del 19 de noviembre. Se utilizaron los términos “trabajo”, “trabajo organizado”, y “liderazgo de los trabajadores” como sinónimos y no parecían ser conscientes de que, salvo en raras excepciones, los burócratas no pueden o no quieren movilizar a sus miembros. Así, aunque había habido unos cuantos miles de manifestantes el 19 de noviembre, y aunque varios funcionarios sindicales dijeran en el mitin, que no se trataba de una “manifestación de solo obreros”, no lograron reunir más que dos grupos de trabajadores en la concentración, cada uno con menos de 10 personas. Esto contribuyó a que las autoridades laborales locales fortalecieran la imagen de que representan a sus bases sin movilizar a las bases y sin por ello cambiar su colaboración a largo plazo con la administración.

Sin embargo, Occupy no ha capitulado ante la burocracia sindical. Si no se tiene en cuenta esto no se pueden entender los cierres de puertos del 12 de diciembre por un solo sindicato (OEA) que apoyó la acción. El poder de las empresas de Oakland y gran parte de la burocracia sindical se situó en contra de Occupy. Mientras tanto la dirección de “Occupy/trabajadores de Oakland”, continúa trabajado como un “anarquista insurreccional”, un núcleo que ha estado en el poder por detrás de todos los escenarios de los Occupy Oakland desde su creación a principios de octubre. La dirección sigue centrándose en la organización de protestas masivas cosa que es perjudicial para la acción directa al mismo tiempo que es poco evidente que hayan cambiado su enfoque para adaptarse a las autoridades laborales o políticas. Los insurrectos ni se plantean capitular ante los progresistas, al menos no en un futuro próximo.

Sin embargo, aunque no ha habido una capitulación ante la burocracia sindical, una parte importante de la orientación sindical de Occupy ha intentado comprometer a los sindicatos a través de sus dirigentes. Los intereses y las acciones de los trabajadores no coinciden forzosamente con los de los dirigentes electos de los sindicatos, especialmente a nivel internacional. Los internacionales y muchos locales están integrados en el aparato del Partido Demócrata y actúan como agentes para la colaboración entre trabajadores y empresarios, la ideología del gobierno y la política de concesiones de la administración son contrarias a la acción militante. Por lo tanto, como hemos comentado anteriormente, el movimiento obrero no puede avanzar sin una agresiva campaña para organizar a los desorganizados y proporcionar puestos de trabajo con salarios adecuados y condiciones dignas de trabajo. Esto no sucederá por iniciativa de los burócratas sindicales, de hecho intentarán impedirlo y / o trataran de canalizarlo mediante una campaña para organizar a algunos de los no organizados con los contratos precarios. Es muy importante dejar esto claro, porque de lo contrario Occupy dejará inevitablemente el mensaje de “dar al César lo que es del César”, es decir, tratar a los cargos electos sindicales como si representaran los intereses de los trabajadores organizados, en lugar de lo que realmente hacen que es defender a los del Partido Demócrata, del Estado y en último término, el de los patronos.

 

Jack Gerson, (EE.UU.)

 

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