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La revolución por las mujeres

 

 

La actitud del pueblo egipcio ha sido ejemplar, magnífica. Todo el mundo ha salido a la calle y los manifestantes han sabido mantenerse en calma y confiados a pesar de las provocaciones del régimen y el temor de un baño de sangre.

     Poco a poco, el movimiento se ha diversificado, con manifestaciones procedentes de todas las capas sociales y, especialmente, con gran cantidad de mujeres. Muchas solas, sin sus maridos. Mujeres de cualquier condición, con velo, pobres, laicas, intelectuales, se suman a la protesta de una manera inimaginable antes de la revuelta, gritando sin descanso, sin jamás fatigarse. Los mass media occidentales no muestran suficientemente el papel desempeñado por estas mujeres. Sin embargo, es esto la otra revolución. Un fenómeno increíble. Le han puesto a la protesta una atmósfera que le faltaba, abierta, alegre, y que contribuye a hacer de la revolución un laboratorio de transformaciones sociales con mezcla de poblaciones antes separadas por una tradición de segregación. Así, este tejido social rígido que envenenaba el país, se desintegra.

     Las actitudes cambian y los tabús se rompen: los de los laicos para con los religiosos, los de los hombres para con las mujeres. Los hombres son muy poco agresivos y no hacen alarde de la actitud enfermiza de acoso que de manera habitual reina en las calles. Hombres y mujeres se han manifestado una al lado de otro, lo que muestra que la protesta no es de naturaleza religiosa. Los que se manifiestan son conscientes de que no participan en un movimiento islámico y lo han demostrado: las consignas se refieren esencialmente a la libertad y a la democracia.

     Este cambio de mentalidad se va ampliando. Los egipcios se escuchan, no se enervan, descubren una posibilidad de diálogo antes desconocida. Se asombran de lo que están realizando y de la atmósfera festiva en la que se desarrolla el movimiento. Hermosa sorpresa.

                                                                  

        (Interviu de Nadia Kamel, cineasta. La Tuile, nº 0, 2011)

 

 

 

 

 

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