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Días rebeldes en el norte de África

 

 

Hace unos años, en el nº 24 de la revista Etcétera nos preguntábamos ¿qué pasa en Argelia? y señalábamos que “no era fácil comprender qué pasa en un país tan cercano geográfica e históricamente, pero con componentes religiosos y culturales tan lejanos”. No es fácil comprender, tampoco ayuda a ello, la cantidad de información vertida por los medios de comunicación cuando esta información es ya únicamente propaganda: cuanto más se nos dice, menos se nos informa. A parte de que “nunca se ha mentido tanto como ahora, ni se ha mentido de una manera tan descarada, sistemática y constante”, como escribía A. Koyré en La función política de la mentira moderna (1943).

Y sin embargo es mucho más que la mentira. Hace muchas décadas que los periodistas o publicistas saben que también la propaganda-informativa tiene que contener ciertas dosis de verdad y que no puede mantenerse solamente sobre la mentira. La propaganda contiene tanta verdad como mentira contiene la información. Por eso la propaganda-informativa va más allá del uso sistemático de la mentira, también la verdad o partes de la verdad forman parte de ella y esto ayuda a hacerla creíble. Como bien señaló en 1957 J. Ellull[1]
 
en Información y propaganda, la propaganda-informativa “genera también una formación intelectual: una capacidad de síntesis y principalmente una educación de la memoria”; es decir, una ortopraxis que logra implantar una manera de ser, de estar e interpretar este mundo y los acontecimientos que en él se desarrollan. No se trata tan solo de difundir unas ideas y hacérnoslas aceptar, que también, sino de dar una vuelta de tuerca más e imponer una praxis determinada, una manera de comportarse y explicarse este mundo capitalista. Toda esta función de la propaganda-informativa no es una novedad de ahora, aunque, por supuesto, su poder se ha multiplicado con el desarrollo de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TICs). Ya en 1917, el presidente de EEUU Wilson mando crear El Comité de Información Pública para lograr imponer sobre la población determinadas opiniones y comportamientos. Estaba formado por expertos: psicólogos, sociólogos, periodistas o publicistas, etc.; uno de ellos E. Bernays,[2]

Propaganda, 1928, escribió que mediante la información y la propaganda se quería “poco a poco dirigir a la opinión pública, al igual que un ejército dirige a sus soldados” y añadió “la manipulación consciente e inteligente de los hábitos y opiniones organizados de las masas es un elemento importante en una sociedad democrática”.

De nuevo, actualmente, a raíz de las revueltas y rebeliones que se han sucedido y se suceden en esta área geográfica que comprende el norte de África y el llamado Oriente Medio, volvemos a preguntarnos ¿qué pasa realmente? ¿cómo distorsiona, disfraza u oculta tanta propaganda informativa? ¿qué sabemos, en realidad, de lo que pasa en este mundo, ya enteramente dominado por el sistema capitalista y que se vuelve cada vez más inaccesible? Por lo tanto, de nuevo, volvemos a constatar las dificultades de poder apreciar efectivamente lo que está ocurriendo y, sin embargo, hoy podemos repetir lo que ya escribimos entonces: “no queriendo hacer una interpretación eurocéntrica, tampoco podemos salir fuera de nuestro marco interpretativo emancipatorio” al tratar de explicarnos lo que sucede.

 

Intentar salir de los estereotipos

Salir de los estereotipos, de las ideas preestablecidas, de los lugares comunes a los que esta información mediática nos lleva, será algo previo para poder avanzar en el conocimiento de lo que acontece. Uno de estos lugares comunes, acuñado hace ya tiempo, es el de presentarnos estos conflictos y revueltas como una confrontación entre civilizaciones. Sin embargo, una primera observación de los hechos –la ausencia de rituales, como por ejemplo, las quemas de banderas norteamericanas; la presencia de mujeres en todas las manifestaciones y su importancia en los nuevos pasos que se están ya dando y la ausencia de un discurso islamista que había servido de excusa a estos regímenes para continuar en el poder y a las democracias europeas para continuar sus negocios fraudulentos– nos indica que no estamos ante un movimiento islamista anti-occidental y ante una confrontación de religiones. Lo que observamos es una lucha contra la opresión, contra la explotación y el expolio por parte de una minoría muy rica y poderosa sobre una mayoría demasiado pobre y oprimida.

Otro lugar común, a diferencia del anterior, éste sí acuñado para dar cuenta de los hechos presentes, es el de entender los actuales movimientos rebeldes como propiciados por, o gracias a, internet. Sin negar la importancia que este medio de comunicación tiene para la juventud y sabiendo la importancia que ésta tiene en el conjunto de estas sociedades, la facilidad de convocatoria de este nuevo medio de expresión no lo hace diferente de los anteriores medios utilizados para atribuirles la causa de estos alzamientos rebeldes. Si así fuera, dejaríamos de lado a la inmensa población rural y a la inmensa también población urbana pobre, alejada de este medio. Además, este lugar común, esta interpretación de los hechos nos lleva a entender estos nuevos medios como revolucionarios, cargando las tintas sobre su rol emancipador, sobre la libertad de expresión que con ellos se alcanza, sin dejar ver su ambivalencia y, a la larga, su capacidad extrema de control.

Otro estereotipo o lugar común es el que da a entender el conjunto de estos movimientos –¡por otra parte tan diversos!– como la aspiración de estos pueblos a nuestra democracia. La constatación de la múltiple acepción del término democracia de las distintas realidades que describe (desde las democracias liberales absolutistas del inicio del dominio burgués, a las democracias del Estado del bienestar generadas en los años 50 ya hoy desmanteladas), nos indican que tal aspiración es una simplificación interesada que pretende acuñar bajo el nombre de democracia estas rebeliones por el pan y por más libertad.

 

Qué sabemos de lo que sucede

Más allá de lo que vehiculan la información-propaganda y los estereotipos y lugares comunes señalados, ¿qué significado tienen estas rebeliones que han sacudido profundamente Estados tan distintos como las repúblicas absolutistas de Túnez, Egipto, Yemen, Libia, Siria o la misma Argelia, o monarquías como Jordania y sultanatos como Omán o Bahréin, etc.? ¿Qué hay de rebelión entre las gentes de estos pueblos contra la escasez y contra la tiranía que los domina, y qué hay de intereses y de movimientos geoestratégicos de las grandes potencias occidentales en su incesante guerra por adueñarse de las energías que su desarrollo capitalista requiere?

En primer lugar percibimos y sentimos la recíproca solidaridad de aquellos que siendo como nosotros, oprimidos, se rebelan contra esos tiranos y sus gobiernos títeres que los han asfixiado y reprimido durante décadas, robando y obedeciendo el mandato de las grandes corporaciones capitalistas, de sus burocracias: el FMI, el BM o la OCDE, etc., y sus Estados occidentales que primero los colonizaron y ahora los siguen dominando. Nosotros desde la Península Ibérica sabemos de esto: también durante décadas sufrimos crueles dictadores y la monarquía española fue impuesta y es ahora sucesora del franquismo. Por lo tanto, desde aquí, sufriendo también las consecuencias del dominio y especulación capitalista: crisis, paro, carestía, recortes sociales, control, imposición de disciplina, etc., hemos de preguntarnos si sabremos encontrar respuestas adecuadas, dentro del mismo sistema que nos domina allí y aquí. Expresar estas respuestas es nuestra mejor forma de solidaridad con estas rebeliones del otro lado del Mediterráneo y la mejor forma de comprenderlas. Entender, más allá de una pretendida objetividad, es tomar partido y, en este caso, es no tanto aunarnos al clamor de “¡Mubarak, Ben Ali, ... fuera!” sino hacer fuera a nuestros gobernantes y enfrentarnos a sus políticas de flexibilidad laboral, de despidos gratis, de salarios vinculados a la productividad, del aumento de la carestía de los productos y de la cada vez mayor precarización y mercantilización de nuestras vidas.

Los inmensos intereses de las poderosas multinacionales (petroleras, mineras, acuíferas, industriales, alimentarias, farmacéuticas, armamentísticas, etc.,), ayudadas por los dictados impuestos por el FMI o el BM y por los Estados occidentales y los intereses de sus políticos han llevado no sólo a esta zona, sino a toda África y parte de Asia a una situación de aguda crisis y empobrecimiento generalizado. Hay que tener en cuenta, por ejemplo: durante el año 2010, mientras que en la India los productos de primera necesidad aumentaban un 18% y un 12% en China, en el norte de África y Oriente Medio el aumento alcanzó un promedio de un 30% en productos tan básicos como el pan, el aceite, el azúcar o la sémola; en algunos países el maíz subió un 58% y el trigo un 68%, lo que supuso que el precio de la harina se doblara en enero del 2011, así como también el del aceite. A todo esto hay que sumar un paro de más del 30%, que es superior entre los jóvenes. Hay que pensar que un 75% de la población es menor de 30 años. Otra cosa a tener en cuenta es el crecimiento demográfico exponencial: Egipto en 1936, año de la independencia, tenía 15 millones de habitantes, en 1966 eran 30 millones, en el 2000 eran 66 millones y en el 2010 alcanzaron los 83 millones, censados oficialmente; en 1966 la población urbana era solo de un 2%. En 2010 el 50% de la población se apiña en las ciudades, y este ejemplo sirve para el resto de países.

A todo lo anterior hay que añadir unos gobernantes corruptos, avariciosos, inamovibles y ya obsoletos, con 30 o 40 años usando el poder del Estado para beneficio propio y de su camarilla. Todo ello hace que haya una clase minoritaria muy rica y poderosa y una amplia mayoría muy pobre y miserable. Al no haber una suficiente clase media que apacigüe la brecha entre los muy ricos y los muy pobres, esta se va haciendo cada vez mayor y se manifiesta de una manera descarada, haciendo que la situación se vuelva insostenible e irreconciliable. Los niveles de sumisión y servidumbre exigidos son demasiado elevados a cambio de nada y la única manera de mantenerlos es mediante una represión directa, sin paliativos ni instrumentos intermedios: el Estado de emergencia permanente durante décadas.

 

La rebelión que se extiende

El 17 de diciembre de 2010, la rebelión se inicia en Túnez con la autoinmolación de Mohamed Bouazizi ante el ayuntamiento de la ciudad de Sidi Bou Zaid, y se extiende por la región. Rápidamente la insurrección se expande y llega a ciudades del sur, Siliana, Tola, Redeyef, Um Larailes, Kebili, etc.; grupos de jóvenes atacan los cuarteles de la Guardia Nacional, el Gobierno decreta el estado de sitio. El 12 de enero del 2011 la rebelión llega a Túnez capital y en un primer momento deja un balance de 13 muertos y un centenar de heridos. La rutina diaria de la población de Túnez queda paralizada, se vive y se lucha en la calle. El 14 de enero el presidente Ben Alí, uno de los jefes de la Internacional Socialista,[3]

realiza su último saqueo en oro y huye con los suyos. Las revueltas han costado 147 muertos y miles de heridos.

El día 4 de enero las protestas se inician en varias ciudades de Argelia. La policía reprime dejando muertos y heridos. Pero los burócratas del gobierno argelino derogaron todos los aumentos habidos sobre el precio de los alimentos básicos, los carburantes y la energía eléctrica. La situación, aparentemente, parece que se tranquiliza. Las huelgas se suceden en todos los sectores logrando las más de las veces sus reivindicaciones por parte de un Estado que piensa que quizás conceder le ahorre perecer. Por el momento, el petróleo garantiza el mínimo de paz social que su explotación capitalista requiere. 

En Túnez, a pesar de la huida de Ben Alí, la lucha no se detiene y el 26 de enero se dan movilizaciones multitudinarias por todo el país contra el nuevo gobierno; una huelga general se extiende en las zonas mineras e industriales de Safax, El Kef, Sidi Bou Zid, Kairouan, Siliana, Gabés, Nabeul, etc.

El 25 de enero de 2011, miles de personas salen y ocupan las calles de las principales ciudades de Egipto, como Suez, Alejandría, Mahalla, Ismaililla o el Cairo, para manifestar su ira. La jornada termina con varios muertos. Al día siguiente la gente continúa en las calles, más muertos en el Cairo y en Suez. La rebelión adquiere tal fuerza que la policía tiene que abandonar la ciudad, el ejército la ocupará durante la noche. La gente deja de ir al trabajo, cierran empresas, bancos e incluso la Bolsa. El día 28 se convoca “El viernes de la ira y la libertad”, más de un millón de personas se manifiestan por el Cairo. Las manifestaciones continuarán en diferentes ciudades. En el Cairo se ocupa la plaza Tahrir. Llamamiento a la Huelga General. En los días siguientes policías y paramilitares intentan desalojar la plaza Tahrir, en un primer momento aprovechando la confusión y simulando interponerse entre los dos bandos enfrentados el ejército intenta tomar la plaza, pero tampoco lo consigue, los manifestantes que la ocupan mantienen sus posiciones; el ejército declara que no disparará contra el pueblo. La mayoría del país está en lucha. Mubarak realiza varias maniobras para evitar lo inevitable; el 11 de febrero abandona definitivamente el poder. Los muertos de la revuelta se elevan a 365 y más de 5.000 heridos.

Con la marcha y el procesamiento de Mubarak la revolución política ha conseguido su objetivo, quedando aún el mismo ejército como garante; poco sabemos de la revolución social en marcha.

Desde el 15 de febrero la insurrección se extendió por Libia.[4]
 
La rebelión empezó en Bengasi donde la brutalidad de la represión policial, –35 muertos–, enardeció a los libios, extendiéndose las protestas por varias ciudades; la represión se intensificó, de hecho hay imágenes de aviones de combate, cazas ultramodernos y helicópteros ametrallando a la multitud de manifestantes. En los primeros días fueron asesinadas en Libia 233 personas.

Simultánea y sucesivamente la rebelión se extiende durante enero, febrero y marzo por varios países de esta amplia zona geográfica. En Yemen la revuelta adquiere tal fuerza e importancia que a pesar de la brutal represión aún ahora no se ha apagado el fuego de la insurrección. En Siria,[5]

la asesina represión no ha sido suficiente para parar las movilizaciones, si bien dimitió el gobierno en pleno y el presidente hereditario, hijo del anterior presidente que murió en el cargo, derogó el estado de emergencia. Pero la protesta de la gente continúa y cada día que pasa es mayor el número de asesinados por la policía y el ejército. En el sultanato de Bahrein, las tropas de Arabia Saudí han entrado para reprimir la rebelión; una vez limpiada la sangre de calles y plazas, y hecho desaparecer los cadáveres, las autoridades han ordenado la destrucción del monumento de la plaza de La Perla que ellos mismos habían mandado construir para un evento de 1980; en pocos días los rebeldes dotaron a este monumento de una simbología que los muchos años de oficialidad no lograron dar, a pesar que su vista hacía bien reconocible la plaza. Precisamente por esto lo destruyeron al temer las autoridades que un monumento cuya simbología ya no les pertenecía se convirtiera en un símbolo y un recordatorio de la revuelta.

Esto último solo es una escueta y resumida cronología del inicio de las revueltas. Sin embargo, lo que más nos interesa es lo más difícil de saber, pues aquí los medios de comunicación callan. ¿Por dónde pasa la revuelta de la gente en este cambio de estrategia de las grandes potencias, USA principalmente, ante los nuevos competidores China, India, en esta guerra por las energías (gas, petróleo, agua)? En los cambios que se están dando, ¿qué hay de intereses geoestratégicos y qué hay de rebelión? ¿Cómo se organizaban las personas en su discurrir durante la revuelta? En el sobrevivir rutinario se nos impone una disciplina, un orden que nos organiza, pero cuando se vive, es decir, cuando al margen del Estado y contra él se ha de organizar la vida cotidiana, ¿cómo se lleva a cabo este acto creativo?

Sabemos que tanto en Túnez como en Egipto, durante las revueltas se organizaron los Comités Populares para preparar las manifestaciones, la resistencia, atender a los heridos y en la plaza Tahrir preparar la defensa, organizar el espacio no solo para poder defenderse, sino para poder vivir, dormir, circular, lugares de encuentro, donde poder hablar y debatir, donde poder realizar la tareas habituales de preparar comida, hacer la limpieza, etc. Estos actos de tomar las decisiones para organizar los actos más cotidianos de la vida, muestran ya un nuevo nivel de comunicación entre las personas unidas por nuevos objetivos, esperanzas e ilusiones. Esto es lo más importante de las rebeliones, el hecho de romper con la pura supervivencia y vislumbrar un poder vivir, el romper la incomunicación y poder crear comunicación. Esto es la vida en la plaza pública, y durante dieciocho días la plaza Tahrir, a pesar del asedio y la represión, se mostró al mundo como un verdadero foro, como una plaza pública abierta, capaz de albergar el diálogo, pero también el grito de rabia. Estos 18 días de la plaza de la Liberación han puesto sobre la mesa la importancia que en los procesos revolucionarios tiene la palabra, la libre discusión entre iguales, el intercambio simbólico y la fiesta, más allá de la lucha por la estricta necesidad. Estos 18 días de la plaza Tahrir son un claro testimonio de como la alienación que conlleva el despliegue de la técnica y el capital no es ineludible, de que la gente está viva y es capaz de enfrentarse al poder que la domina y decir basta.

 

Ligera mirada de luchas anteriores.

El inicio de todas estas sublevaciones no es un efecto dominó a partir de las posibilidades de conexión que las nuevas técnicas de comunicación ofrecen, o a partir del dictamen que hacen los mass-media. En estas amplias zonas geográficas, la lucha contra la explotación y la miseria ha sido constante, aunque los media no nos lo hayan informado. Primero, la lucha contra el colonialismo. El pueblo de Egipto se rebeló contra los británicos en 1882, en 1919 y de nuevo en 1952, cuando una revuelta popular junto a los oficiales derrocaron al rey Faruk. En 1920 se rebelaron los iraquíes. Los sirios lo hicieron contra los franceses en 1925-26 y durante un año los expulsaron de Damasco. También en Marruecos, en 1921, contra los españoles y los franceses. La resistencia de los libios contra los italianos duró más de 20 años. El reparto colonial europeo cuarteó África y Asia, sobre el mapa, mediante regla y cartabón.[6]

Los Estados que surgieron de la descolonización, siguieron dependiendo económica y políticamente de la metrópoli lejana y de sus empresas multinacionales; para dar solo un ejemplo: un 80% de la economía de Túnez depende de la inversión extranjera. Los resultados de estas experiencias nacionalistas los tenemos a la vista, Estados títeres absolutistas y totalitarios de un modo tan primario que los convierte en obsoletos.

Pero, a pesar del estado de excepción permanente, la población se ha rebelado buscando caminos para la libertad y mejores condiciones de vida. En Túnez, durante la década de 1980-90, se produjeron las revueltas del pan y grandes huelgas en las zonas mineras llegando la situación a ser tan crítica que el presidente Bourguiba tuvo que ser sacrificado como chivo expiatorio de la misma manera que ahora lo han sido, hasta el momento, Ben Alí y Mubarak. De enero a julio del 2006 se sucedieron las huelgas y manifestaciones en la región minera de Gafsa; durante 2010 en la ciudad de Skhira y la región de Ben Guerdane, en la provincia de Sidi Bou Zid los agricultores del Regueb ocuparon en junio del 2010 las tierras ante la amenaza de expulsión por parte de los bancos.

En Egipto,[7]

el control sobre el Estado y la población es absoluto por parte del aparato militar o de camarillas surgidas de él. Hasta ahora un partido único (aunque había tres más de comparsa), el Partido Nacional Democrático (PND),[8]

a través del cual se controlaba la burocracia de un Estado muy poderoso. Un sindicato único, la General Federation of Trade Union (GFTU), cuya burocracia (miembros a su vez del PND) tenía como principal objetivo mantener la paz social y la precariedad laboral: bajos salarios y exiguas condiciones de trabajo. Según sus propios datos, con una afiliación de 5 millones de obreros sobre un total de 22 millones y controlando desde su posición burocrática dominante la mayoría de los comités de empresa. Las condiciones laborales y los salarios son muy precarios, los sueldos medios de los trabajadores no alcanzan los 100 euros al mes, una mensualidad de 150 euros (1.000 libras egipcias) es un salario excepcional. El mundo del trabajo queda aproximadamente repartido entre un 40% en la agricultura, un 22% de trabajadores en la industria y un 38% en los servicios; con una tasa de paro general que ronda el 10% (en España el paro es del 21%) y con un paro juvenil del 34% (en España es del 43%). A partir de estos escasos datos, se puede comprender que los trabajadores egipcios para conseguir sus reivindicaciones tuvieran que construir sus propias formas organizativas autónomas y a través de ellas hacer oír su voz. En Egipto tiene mucha importancia la industria textil, surgida en la década de 1940 a través de una gran corporación: la Misr Spring and Weaving Company, a partir de la utilización del algodón egipcio que pronto pasó a ser monocultivo en muchas regiones agrícolas arrinconando o sustituyendo a otros cultivos. En 1947, se produjo la primera gran huelga en el sector reivindicando mejoras salariales y el derecho de sindicación. En 1974, se ponen en huelga 40.000 trabajadores textiles y durante tres días ocupan las fábricas. En 1984, se ponen en huelga los 27.000 obreros del complejo fabril de Kafr el Dawwar, cerca de Alejandría; el sector textil ocupaba entonces entre 80 y 90 mil trabajadores. En 1989-90 hubo grandes huelgas en el sector siderúrgico; en 1994 hubo huelgas en las fábricas textiles; en diciembre del 2006 los trabajadores del mayor centro textil del Oriente Medio, la zona de maquilas de Mahalla con casi 30.000 obreros se declararon en huelga por razones económicas, la victoria fue total para ellos lo que llevó a que durante 2007 las huelgas se multiplicaran por todo el país; en 2008 grandes revueltas en las ciudades de Mahalla y El-Brollos contra la carestía de los alimentos y el precio del pan.

Actualmente la situación en Túnez y Egipto está en un tenso compás de espera. Las movilizaciones continúan en el Yemen y Siria. También en Libia la insurrección continua, pero primero maleada al lograr Gadafi convertirla en guerra civil y definitivamente pervertida por la intervención armada de las potencias occidentales y la OTAN.

 

 

Libia

 

Difícil entender lo que pasa en Libia, con el estado de guerra declarado por los aliados y la OTAN. Como ya pasó en los Balcanes o en Irak, la información es solamente la propaganda del último parte de guerra, donde la satanización de un bando, el que ha de perder, significa la beatificación del otro, el vencedor.

Para tratar de hacer algo más transparente una situación tan opaca, repasaremos algunos datos, pues ellos por sí mismos serán los que más claridad pueden aportar:

 

Rasgos históricos

Los árabe-bereberes constituyen 90% de la población autóctona de la actual Libia, con una extensión de 1.750.000 km2, cuenta con minorías tunecinas, egipcias, griegas e italianas. Hasta 1800 los territorios norteafricanos que hoy son Marruecos, Túnez, Argelia y la propia Libia formaban la región tribal sin Estado de Berbería.

En 1837 Mohamed al-Sanusi fundó una hermandad musulmana clandestina, conocida como Sanusiya, que promovió la resistencia contra los turcos, actuando también en Egipto.

Ante la decadencia del Imperio Otomano al que pertenecía la mayor parte de Berbería, Italia le declaró la guerra en 1911, ocupando el litoral libio (última posesión turca en el norte de África). Con el comienzo de la Primera Guerra Mundial, los italianos ocupan los puertos de Trípoli y Homs (Al-Khums). El resto del territorio se mantenía independiente. Terminada la guerra, Italia debió enfrentar la resistencia encabezada por Sidi Omar al-Mukhtar. Éste fue capturado y ahorcado, siendo Libia incorporada al Imperio de Italia. Desde Egipto y Túnez los Sanusiya se mantenían activos y cooperaron con los aliados en la Segunda Guerra Mundial, esperando de ellos una mejor suerte que la que tenían con los italianos.

Idris al-Sanusi, jefe de la hermandad, fue reconocido por los ingleses como Emir de Cirenaica. Terminada la guerra, el país fue dividido en una zona de administración inglesa (Tripolitania y Cirenaica), y otra (Fezzan) que administraba Francia desde Chad. En 1949, por decisión de la ONU, ambas se unieron en el reino independiente de Libia, cuyo trono fue ocupado por Idris al-Sanusi. Éste basó su poder en la autoridad religiosa y los apoyos de las familias poderosas turco-libias de Estados Unidos y Gran Bretaña (ambos con bases en el país) y de las trasnacionales petroleras, instaladas en el país desde la abundante aparición del oro negro en 1960. Una mirada sobre los mapas de las fronteras africanas nos da idea del menosprecio hacia la población autóctona a la hora de repartirse aquellos territorios por parte de los países europeos.

Muammar al-Gadafi, hijo de beduinos nómades, ingresó en el ejército siendo un joven nacionalista. Mientras estudiaba en Londres, en 1966, fundó la Unión de Oficiales Libres. De regreso, continuó la labor política y conspirativa en el seno del ejército. En septiembre de 1969 inició en Sebha una rápida insurrección que derrocó a la monarquía de Idris.

 

Rasgos geo-estratégicos

 Tomado y asumido el poder, Gadafi nacionalizó en la década de 1970 toda la empresa privada, incluyendo la tierra, la industria petrolera y los bancos, y permitiendo sólo los pequeños negocios familiares.

Se obligó a Estados Unidos y Gran Bretaña a que desmantelaran sus bases militares y se puso un límite a las actividades de las casi 60 compañías extranjeras allí asentadas.

Al carecer de infraestructura comercial y tecnología propia asumió el control de la producción de petróleo sin romper totalmente con las compañías extranjeras. Cada familia rural tuvo derecho a unas cuantas hectáreas de tierra. Con la apertura de infinidad de pozos, cerca de dos millones de hectáreas desérticas comenzaron a recibir riego artificial.

Libia es la puerta mediterránea al Chad y Sudán, países con grandes reservas de petróleo con los que China tiene acuerdos. Al mismo tiempo, Libia tiene también frontera con Níger, país que además de petróleo tiene grandes reservas de uranio (un 8% de las reservas mundiales), que si hasta hoy eran explotadas solo por Francia ahora también lo son por China.

Con casi siete millones de habitantes su economía es una de las más fuertes de África gracias a sus grandes reservas de petróleo y un gas natural de la mejor calidad, bajo en azufre. Se le adjudica la esperanza de vida más alta de África continental. Se asienta sobre 33 tribus. Las tres grandes regiones del país son la Tripolitania, capital Trípoli, que concentra el 60% de la población, antagonista de sus tribus rivales de Benghasi, capital de la región Cirenaica, que aglomera el 30%; y la desértica y sureña Fezzan, capital Sebha, con el otro 10% de población, dispersa, fronteriza con Argelia, Chad, Níger, Sudan y Egipto.

En Libia se producían hasta ahora 1,7 millones de barriles/día de petróleo para la exportación, se calcula que existen unas reservas más grandes que las de EEUU. Las compañías que operaban en Libia antes del conflicto eran italianas, francesas, inglesas, estadounidenses y españolas, pero también, y esto es importante, la China National Petroleam tenía en esos momentos entre técnicos y especialistas más de un millar de ciudadanos, mientras que la BP, por ejemplo, solo tenía 40 técnicos.

Más de un millón de trabajadores de su población es inmigrante, la mayor parte formada por egipcios y tunecinos que trabajan o trabajaban en Libia. En general, son los más pobres del país.

Cuenta con el PIB (nominal) per cápita más alto del continente africano con un incremento anual de 6,7%, y el segundo puesto atendiendo al PIB PPA (en paridad de poder adquisitivo), lo que no implica que haya una justa distribución del ingreso puesto que un 30% de la población es pobre. Su balanza comercial es sobradamente favorable y le posibilita acumular reservas por unos 200.000 millones de dólares, con una pequeña deuda externa. Libia ocupa el primer puesto en índice de desarrollo humano de África: analfabetismo de los hombres 5% y el de las mujeres 21%, frente al 16 y 39 de Egipto ó al 15 y 33 en Argelia; esperanza de vida 74 años frente a los 61,5 de Egipto; el gasto en educación es del 2,7% del PIB mientras que el de defensa alcanza el 3,8 % del PIB.

Sin embargo, el país es dependiente de la importación de alimentos en más del 75%, cifra que era mayor antes de los grandes programas de regadío con los gigantes acuíferos fósiles del Sahara. Una situación similar se presenta en los demás sectores de la producción nacional, salvo el de la energía.

Libia posee un mar de agua dulce bajo las arenas del desierto del Sahara del tamaño aproximado al de América Central. Es uno de los países con menos pluviosidad del mundo, y su mayor fuente son estas aguas subterráneas de origen fósil en el desierto. En 1984 el Gobierno de Libia emprendió el “Proyecto del Gran Río Artificial” (GMRA), de construir un acueducto de 4 mil kilómetros, con tuberías de 4 metros de diámetro de hormigón prefabricado, para abastecer de agua a 4,5 millones de libios; para evitar el calentamiento o evaporación, las tuberías están enterradas. Tiene capacidad para transportar 6 millones de metros cúbicos de agua por día. (1 m3 = 1.000 litros. Barcelona, junto con los 33 pueblos del área metropolitana, en 2010 consumió 214.000 m3/día, un 3,5% del agua que diariamente transcurre por el acueducto libio). Más del 60% de la población de las zonas costeras recibe el agua por esta vía. Libia podría también exportar y vender esta agua, de hecho algunas compañías europeas ya se han fijado en este producto.

Hace escasamente dos años, China Railway ganó un contrato por valor de 805 millones $ USA en Libia. Por él, la empresa Construcción de Ferrocarriles de China Corp ha conseguido la licitación para la construcción de un ferrocarril, según informes de los medios estatales. La línea en construcción tendría 172 kilómetros y sería construida en unos 54 meses. El acuerdo viene completado por otro contrato de 2.6 mil millones $ el año pasado para construir otras dos líneas ferroviarias, una a lo largo de 352 kilómetros de la costa mediterránea de Libia, desde Khums a Sirt, y otra línea de 800 kilómetros en el sur desde Sebha a Misratah. La construcción de la línea costera estaba programada para completarse en cuatro años, y la línea del sur en tres. Para todo ello, de manera escalonada, se añadieron al millar de chinos que ya trabajaban en Libia, otros 30.000 encuadrados en un total de 75 compañías chinas, algunas de las cuales ya tenían operaciones en ese país. El comercio chino-libio ha crecido un 30 por ciento solamente en 2010, en detrimento del europeo. Para el pago inicial de todos estos proyectos, trabajos y materiales Libia no ha tenido que recurrir a la Banca


internacional, cosa que ha molestado a ésta.


Mientras que cerca de cinco millones de técnicos y especialistas chinos están ya presentes en África, las multinacionales USA están prácticamente ausentes en Libia.

Son obvias las preferencias del gobierno libio por China frente a USA y a algunos países occidentales. A pesar de ello, cerca de un 85% de las exportaciones libias de energía van a Europa: Italia tiene el primer lugar con un 37%, seguida por Alemania, Francia y China. Italia también ocupa el primer lugar en importaciones de Libia, seguida por China, Turquía y Alemania. Pero cada vez más ha ido creciendo el papel económico de China en detrimento de los europeos.

El día 1 de marzo de este año un portavoz de EE.UU. ha manifestado los planes de importar para 2015 una cuarta parte del petróleo que necesita desde África: Libia, Nigeria y Sudán serán sus países.

Recientemente el Sud de Sudán (42 millones de habitantes y una tasa de crecimiento del 2,13% –la de Egipto es del 1,68–) ha sido secesionado. El petróleo y el gas de Sudan, se hallan en el Sur. Al igual que en Libia, son las dos principales riquezas naturales que suponen su futuro, aunque también pueden ser su desgracia. Los chinos han sabido asegurarse un lugar importante en Sudán, puesto que sus inversiones han llegado a la suma de 15.000 millones de dólares. Los yacimientos petroleros de Sudan habían sido abandonados por una petrolera estadounidense que desconocía las grandes reservas que, posteriormente, la Compañía Nacional del Petróleo de China (CNPC) ha descubierto en ese país. Casi el 50% de las exportaciones de Sudán van dirigidas a China. En cambio USA perdió otra vez su oportunidad en Sudán, y posiblemente no quiere perderla ahora en Libia.

Estados Unidos, que no ha sabido o podido competir en ese terreno libio, puede utilizar ahora su influencia sobre las fuerzas armadas de los países africanos más estratégicos que entrena mediante el Comando África (Africom), su principal instrumento para la penetración en el continente.

Este año finaliza el tratado de cooperación militar de la OTAN con la Unión Africana, que incluye a 53 países. Es bueno saber que con fondos alemanes se está construyendo la Central de la Cooperación de la Unión Africana con la OTAN en Addis Abeba (ya ha sido bautizada con el nombre «Construyendo paz y seguridad»). En definitiva se trata de contrarrestar la penetración china en el continente.

 

La Jamahirya

A su llegada al poder, Gadafi encabezó el Consejo de la Revolución, convirtiéndose en presidente de la República Árabe Libia y proclamándose musulmán, nasserista y socialista. Entre 1971 y 1977 se sucederán las proclamas populistas a favor de la creación de la Jamahirya libia, es decir, la entrega –quizás mejor el depósito– del poder a las masas en la República de Libia, para lo cual fueron creados los Comités populares de la Revolución que velarían por el buen desarrollo de las directrices emanadas del que pasó a ser el guía de aquella revolución.

Tenemos pues dibujado un boceto que podría haber sido la base para una transformación social. Pero en realidad, el papel de los Comités populares fue siendo cercenado al ser privados éstos de poderes de decisión y quedarles sólo el de velar y cuidar para que se cumplieran las leyes y dictados del excoronel, es decir, un determinado poder ejecutivo. Ello quedó más evidente cuando Gadafi fue elegido por el Congreso general del pueblo como secretario general del mismo Congreso. Y es este Congreso el que escoge a su vez de entre las personas de los Comités aquellos que detentarán los cargos importantes en el gobierno de la nación (ministerios y secretarías), de manera que lo que sería una democracia directa queda abocado a una farsa, ya que en la práctica se ha desvirtuado y choca con un aparato burocrático creado y escogido desde la cima del poder libio.

Progresivamente y ya desde el principio el presidente se rodeó de una serie de círculos concéntricos formados por sus más leales familiares y militares de su tribu a cuyo alrededor ha ido surgiendo una notable sociedad privilegiada que ha degenerado en una auténtica corrupción administrativa y social. A esto cabe añadir que la rivalidad de tribus que han sido alejadas del poder de los círculos gadafistas se ha ido incrementando.

Los numerosos hijos de Gadafi están al frente de los ejes que vertebran el poder en Libia: Mohammed preside todo el sistema de comunicaciones (teléfonos, internet, tv.,), en tanto que Assaâdi, tiene a cargo la seguridad interna de las masas libias (Jamahirya) a través del control de la policía y de los más altos mandos militares del ejército. La seguridad más cercana a los Gadafi, el manejo de la policía secreta y la alta seguridad del Estado corre a cargo de Khamis. Otro de los hijos era Seïf Al Islam, que murió a finales de abril de este año en uno de los bombardeos de la OTAN junto con tres hijos suyos, era el brazo derecho de su padre; Seïf jugaba el papel de ser el reformista de la familia, controlaba la prensa y la fortuna de la familia; todas las gestiones internacionales para la creación de empresas en Libia eran llevadas a cabo por el mismo Seïf con la dirección de ir pasando de un capitalismo de Estado hacia uno de mixto, es decir de Estado y privado. Aïsha, la hija de Gadafi, lleva la gestión de las ayudas humanitarias, ya sea directamente o a través de fundaciones.

En los discursos de Gadafi prevalecen siempre expresiones como “el pueblo libio es quien tiene el poder”, o “Libia es gobernada por las masas de su país”, o “Libia no tiene más poder que el de sus masas”, etc. De hecho son las expresiones que de manera reiterada están escritas en el libro fundacional de la llamada revolución libia o Libro Verde de Gadafi de finales de los setenta, en el que están formulados los principios revolucionarios del país. La figura del máximo gobernante ha sido encumbrada como la de un verdadero caudillo que actúa como padre político, espiritual y revolucionario, todo ello con mano férrea.

El abismo entre los más importantes principios de la revolución y aquello que en verdad sucede se ha ido haciendo más grande. La masacre de presos en la cárcel de Abu Salim en junio de 1996, situada a las afueras de Trípoli fue otro peldaño en el ascenso hacia las insurrecciones actuales. El hecho se mantuvo secreto hasta 2001 en que se fue notificando a las familias de los masacrados.

Seïf al-Islam Gadafi, afirmó que las matanzas se produjeron en medio de confrontación entre el Gobierno y rebeldes del Grupo Libio de Combatientes Islámicos, organización militante. El grupo anunció por primera vez su existencia en 1995, prometiendo derrocar a Gadafi y lanzando una violenta campaña.

Si la lejana Benghasi –al Este– ya mantenía viejas reivindicaciones, a partir de entonces éstas se multiplicaron.

 

Inicio de la insurrección

El 17 de febrero de 2011 se iniciaron las protestas que exigían la salida del régimen. El abogado Fathi Terbil, representante de las familias de los asesinados en la prisión, había sido detenido. El hecho causó una enorme protesta en el Día de la Ira, planificado con anterioridad. Los manifestantes se organizaron para dirigirse hacia el cuartel de la policía en Benghazi demandando su liberación. Ante la negativa, grupos de personas asaltaron los cuarteles de la policía apoderándose de numerosas armas. La policía derrotada, huyó o se unió al pueblo; la ciudad quedó en poder de la gente insurrecta al unírsele parte del ejército que se negó a obedecer la orden de asaltar la ciudad y reprimir a la población.

La franja costera de Libia queda dividida en dos partes enfrentadas: por una parte los rebeldes que se han apoderado de varias ciudades y territorio y que tratan de organizarse para poder enfrentarse a lo que queda de ejército, y por otra los mercenarios del clan Gadafi que tienen su base en Trípoli. Gadafi pretende que la insurrección armada no se transforme en una revolución y prefiere que degenere en una guerra civil que se prolongue en el tiempo, entre dos partes, entre dos territorios. La intervención de los ejércitos occidentales y de la OTAN, como vanguardia armada de las multinacionales y sus Estados, pretende controlar a los rebeldes y someterlos a sus intereses y solo entonces se desharán del régimen, y si no pueden someter, disciplinar y controlar a estos rebeldes armados, entonces siempre les quedara el viejo amigo Gadafi y su familia.

Los días 20 y 21 de febrero, grandes manifestaciones se apoderan de las calles de las ciudades libias. En Trípoli millares de personas ocupan las calles, siendo a su vez reprimidas con armas de fuego.

La ciudad de Misrátha queda en poder de la gente, la cual se apodera del armamento que la policía y el ejército han dejado abandonado en su precipitada huida. En otras localidades el ejército y la policía o huyen o desertan, pasándose a la población rebelde.

También hace un año centenares de familias en Sebha a 600 km. al Sur, cansadas de promesas incumplidas, se lanzaron a la ocupación de unas viviendas populares que llevaban inacabables años en construcción. Poco después fueron expulsadas con violencia.

 

Del embargo a la guerra

Para el bloque capitalista occidental, el desarrollo económico de Libia, y el hecho de haber cobrado importancia su rol de referente sobre todo para los países no alineados, hizo que aquel país fuera objetivo a abatir. Sin previa declaración de guerra, la administración Reagan tras acusarlo de actos de terrorismo, sobrevoló repetidas veces el espacio aéreo libio a partir de 1981 hasta que en 1986 bombardeó Trípoli y Benghazi matando a centenares de personas. Pero el objetivo era el mismo Gadafi como lo prueba el que muriera una hija del mandatario que vivía en un pabellón de su palacio.

Si hacemos memoria recordaremos las absurdas mentiras que por entonces EE.UU. e Inglaterra especialmente desataron ridículamente acusando a Libia de preparar y almacenar armas químicas… «Quien replica al león, tiene mal aliento», advierte el proverbio libio. La condición para ser invadido es ser demonizado por las agencias internacionales. En 1988 en un acto de sabotaje fue derribado un avión cuando volaba sobre Escocia, muriendo 270 personas de las que la mitad eran norteamericanas. Pronto Libia fue señalada como la autora, los tribunales la condenaron a en 1991.

A partir de este momento el antiamericanismo tuvo su momento álgido. USA propició el aislamiento de Libia que se concretó en las sanciones impuestas por la ONU en 1992 a raíz de la presunta implicación de aquel país en el atentado aéreo.

Gadafi pagó bajo protesta las indemnizaciones del caso a los familiares de las víctimas del atentado del avión con 2.700 millones de dólares, lo que representa 10 millones de dólares para cada víctima. Pese al levantamiento de las sanciones, Estados Unidos prorrogó su embargo hasta 2006.

Ante las amenazas y el bloqueo real Gadafi se ha mostrado cooperante con EEUU y en general con occidente en los años transcurridos desde 2003, cuando renunció a su programa nuclear. También se sumó a occidente en su guerra contra el terror. Los dos países restauraron las relaciones diplomáticas en 2006, y con apoyo estadounidense Libia accedió al Consejo de Seguridad en calidad de miembro temporal. Pero para el capital occidental Gadafi ha resultado ser un obstáculo a las voraces conveniencias de aquél.

Tras doce años de embargo, y sabedora del enorme potencial económico de Libia, Europa se olvidó del bloqueo que sus países habían practicado con Libia, ofreciéndose para rearmar el país.

Italia, en el bienio 2008-2009 le vendió por un valor de 205 millones de euros, la mayor parte por la venta de aviones de combate. También Malta le vendió a Gadafi por valor de 80 millones de euros armas pequeñas y municiones de firmas italianas asentadas allí. A su vez y en estos dos años Francia vendió por un total de 143 millones de euros, Alemania 57, Reino Unido 53 y Portugal 21 millones de euros. España en el primer semestre de 2010 fue autorizada por el Congreso a exportar una partida por valor de 7,8 millones de euros y a los pocos meses otra de 10 millones en equipos de visión, piezas de aeronaves y material diverso, (por ejemplo bombas de racimo). Estados Unidos destinó 300.000 dólares en 2010 al entrenamiento de efectivos libios en el marco del programa Capacitación y Educación Militar Internacional, y estaban previstos 350.000 dólares para este año, etc., etc. El caso es que a una semana de la resolución de la ONU, los puertos de Libia eran destinatarios de material de guerra procedente de los países que ahora destruyen a este material, al país y masacran a la población para proteger… a sus ciudadanos. No olvidemos que entre este material había gran cantidad de sofisticados ingenios antidisturbios. Abominable ejercicio de la razón, equidad y responsabilidad de los Estados. Si alguien tuviera dudas, ahí tenemos un ejemplo de la modernidad de la política y de las razones de los Estados, cualesquiera que sea la oposición gadafista. Hechos que por sí solos descalificarían cualquier intervención llamada humanitaria (cualquier injerencia aprobada o no por el Consejo General de la ONU) para imponer sus democracias.

Blair, Berlusconi, Sarkozy, Aznar, Zapatero y Juan Carlos, han sido hasta hace bien poco huéspedes y/o anfitriones de Gadafi. De sus países parten las operaciones para acabar con Gadafi y su calculada colaboración con el capital de occidente.

Los más potentes países capitalistas en desarrollo cuyo exponente es el BRIC (acrónimo de Brasil, Rusia, India y China) han manifestado no estar de acuerdo con el bombardeo de Libia, según la resolución nº 1973. La crítica de India –que discretamente se está acercando a Irán después de la intervención militar a Bahrein por parte de Arabia Saudita como cabeza del CCG (Consejo de Cooperación de Países del Golfo)– ha sido severa. India ha sentenciado ante el Parlamento que ninguna potencia exterior debe interferir en Libia: “ni siquiera un par de países puede tomar la decisión para cambiar un régimen en particular”. Brasil se pronuncia por un cese al fuego en Libia para proteger a los civiles y abrir el camino para el diálogo entre el régimen de Gadafi y sus opositores. China expone su oposición al uso gratuito de fuerza armada que lleva a más daños civiles y desastres humanitarios; argumenta además que la operación ‘Odisea en el Amanecer’ ha sido diseñada selectivamente como ayuda humanitaria específica para los contestatarios de Benghasi, pero no para los de Bahrein, Yemen o Siria. Y Rusia dice que ve la posibilidad de que la balcanización de Libia desencadene la desintegración de África.

 

¿Quiénes son los rebeldes?

No sabemos mucho de ellos con certeza; pero sí que entre las formaciones insurrectas hay desde gente de calle hasta bastantes universitarios, familiares de los exterminados de Abu Salim, jóvenes en paro, mecánicos, pequeños comerciantes, grupos activos de tribus enemistadas con el clan gobernante. El núcleo duro de los combatientes es el de los shabab, los jóvenes cuyas protestas desencadenaron la revuelta a mediados de febrero; también grupos de empleados y trabajadores de empresas extranjeras que han preferido permanecer en el país a secundar la revuelta. No hay que despreciar a los hombres de ideología religiosa, ya que muchos son los más disciplinados y tenaces, pareciendo empeñados en luchar hasta el fin y en los lugares de más riesgo. Remarcan una y otra vez que ellos no forman parte de Al Qaeda. A este propósito abundan las pintadas de “no a Al Qaida”. Hay que resaltar la presencia del elemento militar, desde soldados rasos del ejército regular hasta algunos altos cargos de la milicia, como el general Abdel Fateh Yunis, que fue ministro del Interior de Gadafi y responsable de las fuerzas especiales. Otro militar de alto rango es el coronel Khalifa Heftir, héroe de la guerra con Chad en los años ochenta que posteriormente se volvió contra Gadafi y, hasta hace poco, vivía exiliado en EE.UU. Ahora está entrenando tropas para el combate.

Una proclama que ha circulado entre los insurrectos, que quizás podría darnos algo de luz para entrever el denominador de la revuelta, decía: “Queremos democracia. Queremos buenas escuelas, queremos medios de comunicación libres, el fin de la corrupción, un sector privado que pueda ayudar a construir esta nación y un parlamento, para poder quitarnos de encima a quien queramos y cuando queramos”.

Los mandatarios occidentales no terminan de perfilar bien aquello que perderían y aquello que ganarían con la caída de Gadafi y el ascenso de la insurrección. Sin duda están en plena negociación con la insurgencia para garantizar el éxito político-económico del negocio de la operación.     

                                                     

                                                      Etcétera, mayo 2011

 

 

 

 

 

 

 

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[1] Jacques Ellul (1912-1994), publicó Información y Propaganda en 1957 en la revista Diógenes (libros de Etcétera, nº 61). También publicó, entre otros, los siguientes libros: Propagandas, en 1962; L’illusion politique, 1965; Histoire de la propagande, 1967; La parole humilie en 1981.

 

[2]  Eward Bernays (1891-1995), sobrino de S. Freud, era un publicista ultra-liberal, que publicó en 1923 Cristalizando la opinión pública (traducido al castellano en 1998) y en 1928 su libro más conocido: Propaganda, que no se tradujo al castellano hasta 2009. Supimos de todo esto por Noham Chomsky y Edward S. Herman en Los Guardianes de la Libertad, Grijalbo 1995.

 

[3] Ben Alí fue expulsado de la Internacional Socialista el 18 de enero del 2011, cuatro días después de que el pueblo lo expulsase de Túnez. No hay que olvidar que dentro de las andanzas y arreglos de cuentas del clan o racket socialista el otrora poderoso socialista italiano Benito Craxi, que fue uno de los padrinos de Ben Ali, fue eliminado cuando se hallaba refugiado en Túnez bajo la protección del que un día fue su protegido. En aquel momento Ben Alí fue el socias listo.

También Mubarak pertenecía a la Internacional Socialista.

 

[4] Dada la complejidad de los acontecimientos que ocurren en Libia, la situación la hemos intentado abordar en el próximo artículo.

[5] . Siria, con sus centenares de personas asesinadas por la policía y el ejército, es un claro ejemplo de cómo los distintos intereses geoestratégicos señalan los distintos raseros con que el poder occidental mide las revueltas y como esto determina la propaganda-informativa dada por los medios.

 

[6] Winston Churchill gustaba de recordar como en 1922 siendo Ministro de las Colonias: “creé Transjordania una tarde de domingo, en el Cairo, de un solo trazo de mi pluma”. Transjordania pasó a llamarse a partir de 1950 Jordania.

 

[7] Para saber más sobre las luchas obreras y la situación de los trabajadores en Egipto ver: Vague de grèves dans le delta du Nil, en Échanges nº 121, eté 2007, Bulletin du réseau “Échanges et mouvement”.

 

[8] Actualmente ilegalizado y confiscados sus bienes, en una maniobra para tranquilizar las movilizaciones que exigen un cambio real. Al mismo miedo responden los interrogatorios de Mubarak y sus familiares.