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Summercamp 2010

 

 

El encuentro organizado por el colectivo Echanges de París reunió, en Etival (Francia) entre los días 8 y 15 de agosto, a diferentes compañeros y colectivos de Europa y EEUU en torno al intercambio y discusión de diferentes situaciones y temáticas que se desarrollaron en esos días. Algunos de los temas discutidos: «La lucha de clases en Francia»; «Luchas solidarias»; «Sionismo y palestina» o «Huelgas recientes en Grecia», fueron precedidos de un texto que de manera preliminar  pretendía introducir la discusión entre los diferentes asistentes. Otros fueron simples exposiciones de los asistentes entorno a las situaciones de los respectivos países: lucha de clases, situación económica y social, huelgas y conflictos laborales, etc. Y otros temas como ecología y capitalismo, o emigración surgieron del propio summercamp. Como por problemas de espacio no es posible recoger el conjunto de temáticas, textos y transcripciones que se generaron en el encuentro, a continuación publicamos un texto que se presentó Etival, seguido de un resumen de la discusión posterior y de unas notas. El conjunto de textos del summercamp está publicado en nuestra página web, en el apartado de correspondencia: http://www.sindominio.net/etcetera

 

Introducción: tematización valor

Nuestro análisis muy esquemáticamente seguiría, salvando las diferencias terminológicas de los dos idiomas, el siguiente recorrido: de la necesidad «incontestable» (capitalista) de aumentar el plusvalor, ya extensamente apuntada, a la verificación, histórica, de la capacidad real de satisfacer esa necesidad de acumulación y su relación con la situación actual de crisis, extensiva a la totalidad de la reproducción social.

Este escenario de crisis viene caracterizado por las diferentes manifestaciones, que tan bien conocemos, la sobreproducción congénita que alimentará la sobreacumulación del período anterior, colocará en serias dificultades la realización de esos excedentes (capital especulativo, capital fijo), a la vez que servirá de empuje al fuerte endeudamiento privado alimentado por la contracción de los salarios y que termina finalmente en la susodicha destrucción de fuerzas productivas y capitales poco rentables.

Por lo que se refiere a la capacidad de continuar con la acumulación en el contexto de la crisis capitalista, no son pocas las voces que desde el trasfondo mediático señalan que el origen de esta crisis reside, precisamente, en la incapacidad de continuar con tal proceso de acumulación (capital productivo), y que su consiguiente deriva hacia la financiarización (capital ficticio) y la deuda soberana no serían otra cosa que una huida desesperada hacia delante que consume trabajo futuro (valorización futura).

Esta perspectiva recalca aquello que se impone tercamente en la realidad, hoy por hoy, no existe una solución capitalista a la crisis, (salvo la guerra). Sin desmentir el concepto de que la «crisis» actual engloba a las crisis precedentes, vendríamos a decir, que si bien no podemos entender el capitalismo sin crisis, tampoco sostendríamos que esta crisis sea una más, sino que precisamente las dificultades que le suponen al capital la continuación del proceso de acumulación, el incremento de la sobrecapacidad productiva y las dificultades para atenuar tanto la sobreproducción como para encontrar una salida a la sobreacumulación, sumándole la acumulación de las contradicciones del período anterior, componen un escenario inédito de la crisis capital-trabajo.

Las dificultades de valorización que se inician a mediados de los años 70, al final del período de los «treinta gloriosos» (1945-75) y que comportan el abandono del patrón oro, no han cejado de profundizarse. La reacción política que conocemos como ofensiva «neoliberal» («Consenso de Washington») todavía hoy en plena vigencia, ha servido plenamente a la redistribución capitalista a costa de agudizar el conjunto de las contradicciones, si bien a conseguido corregir la tendencia de la tasa de ganancia, que se recupera y se mantiene positiva ha partir de 1982, se ha demostrado del todo incapaz de corregir la tendencia general de la crisis capitalista que no encuentra un «espacio» donde realizarse, y deriva del capital productivo hacia el capital ficticio.

Las contradicciones son conocidas pero desconocemos la potencia destructiva de sus efectos concurrentes… La continua e imparable depreciación del trabajo, salvando el caso coyuntural de China y el contexto actual de destrucción de fuerzas productivas, reduce tanto su coste como su aparente necesidad, el trabajo, única fuente de valor, parece ser más innecesario que nunca.

El ataque feroz contra el trabajo, de las últimas décadas, es la expresión del carácter irresolublemente radical de las contradicciones exclusivas del sistema económico capitalista, revelando no sólo la imposibilidad de mantener el proceso de valorización, sino poniendo en entredicho la capacidad misma de reproducción social.

La pregunta de hasta donde puede reducirse el salario no puede formularse aisladamente sin cuestionar los límites de reproducción del capital, tal y como se manifiestan estos límites en la actualidad.

El proceso de valorización se halla profundamente colapsado por un contexto de sobrecapacidad, que no invita a la inversión fija, que junto a la baja salarial y la congelación crediticia desvía la reproducción más allá del área productiva. La brusquedad de la explosión de la burbuja especulativa termina con la posibilidad de realizar los excedentes procedentes de la sobreacumulación. El fracaso de la valorización moviliza, en última instancia, al Estado que procede al desembolso, a través (entre otras) de la política fiscal, pasando a convertirse en el último garante (fiador-asegurador) de ese proyecto de aplazamiento de la valorización.

El proceso de reproducción social refleja fielmente estas contradicciones que se manifiestan en la ampliación del abismo entre las dificultades de valorización del capital y las dificultades de acceso a la riqueza social. Contradicción, cabría añadir obligada, entre la satisfacción de la necesidad (contingencia) y la alienación capitalista que se pretende propietaria de todo trabajo social.

En este sentido, nos parece que el valor como núcleo de la mediación social, las dificultades de realización de la valorización capitalista, y su supresión, continúan situándose en el centro mismo de la discusión de la Teoría Crítica actual.

CS. julio del 2010

 

Discusión sobre el valor

Presentación (© que será el único a quien se mencione mediante esta letra en las intervenciones).

El valor es un término abstracto difícil de definir. A partir del momento de su invención, nos vimos obligados a tenerlo en cuenta, principalmente por lo que respecta a  su reproducción, de su valorización por la que nos vemos obligados a trabajar. El interés que tiene el valor es de naturaleza abstracta: Marx habla de trabajo abstracto opuesto a trabajo concreto; es este trabajo abstracto el que realizamos cada día y el que transforma nuestra actividad en capital. Este tiempo de trabajo es, a la vez, un tiempo de explotación y un tiempo de socialización, capitalista, claro está.

Para no mantenernos en esta abstracción y ver su significado en la actualidad, creo que el capital en el momento presente es incapaz de reproducirse, de realizar su valorización.

Podemos también hablar de crisis de valorización y el tema a discutir es esta imposibilidad del capital de satisfacer sus necesidades de acumulación. Creo que esta crisis es una crisis que afecta a la totalidad de la reproducción social. Hay sobreproducción con un aparato de producción sobredimensionado (y no una crisis de consumo) que inmoviliza una enorme cantidad de capital, o lo que es lo mismo, de trabajo. La mercancía incorpora, a diario, más capital muerto que capital vivo, aunque el trabajo muerto incluya una pequeña cantidad de valor relacionada con el trabajo anterior. Cada día que pasa el capital tiene menos necesidad de trabajo vivo, es el proceso de desvalorización.

En esta situación de sobreacumulación de capital, éste busca rentabilizarse por todos los medios. Esto puede llevarse a cabo mediante las privatizaciones, las reducciones de los costes de producción, en especial los salarios y complementos, y la especulación (capital ficticio). Entre los ejemplos de capital más ficticio que capitalista tenemos a España y su burbuja inmobiliaria, los USA con las «subprimes», los hedge funds y todo el sistema de financiarización. El último acto en este camino hacia la abstracción lo hallamos en la deuda soberana de los estados que cubren las deudas de la valorización ficticia mediante la deuda. No se puede entrever otro final a esta huída hacia delante que  una única solución: la guerra, pero ni esta solución es del todo evidente.

Más que desarrollar este aspecto histórico, me gustaría insistir en los siguientes dos puntos:

-   no se trata de una crisis tradicional: la tasa de ganancia que disminuyó desde 1960 hasta la puesta en marcha de la política neoliberal empezó a crecer de nuevo y nunca ha sido tan alta.

-   El problema reside en que todo este capital en el sistema financiero es incapaz de encontrar una vía para realizarse.

Me gustaría saber qué pensáis de la crisis, si la reducción del coste del trabajo es suficiente para salvar al capital o bien se trata de un movimiento de más calado, sin salida, dado que el capital necesita cada vez menos el trabajo que, sin embargo, es la única fuente de valor. En otras palabras, ¿se puede gestionar de otra manera que no sea una salida mediante la guerra, destrucción global del capital?

 

Discusión

Es particularmente difícil seguir esta discusión que, aunque ha sido rica en cuanto a los temas abordados, ha evocado muchos problemas que están más centrados en la crisis actual que en el valor en sí mismo y a menudo ha girado, de una manera u otra, alrededor de puntos ya tratados con anterioridad. En vez de seguir el hilo de las discusiones, nos ha parecido mejor reagruparlas por temas que, aunque hayan podido ser evocados, están más relacionados con el problema del valor.

El debate no ha superado una ambigüedad por no haber tomado claramente partido entre:

-   la valorización y su crisis

-   el valor y su naturaleza.

 

El valor y su naturaleza

El tema se trata a menudo en sus enfoques actuales que lo pueden considerar como categoría, como forma o como sustancia. Es difícil definir exactamente en qué consiste. Incluso el tratamiento que Marx le dedica no es satisfactorio; para ©, la verdadera naturaleza del valor, es el tiempo que se pasa en el trabajo, que se vende a un patrón y que no es para sí.

 

La tasa de ganancia

¿Qué es la tasa de ganancia? En una economía burguesa es imposible cuantificarlo directamente dado que las categorías estadísticas que se utilizan corrientemente no se corresponden con lo que sería necesario para su evaluación. Esta evaluación solo puede realizarse sobre un largo período y a nivel mundial. Podemos, sin embargo, obtener una aproximación a través de los indicadores, el principal de los cuales es el desarrollo del crédito. Si la tasa de ganancia crece, no hay necesidad de financiar la economía. Como esta tasa de ganancia lleva disminuyendo desde hace treinta años, la huída especulativa intenta evitarla con los resultados de todos conocidos.

© Es una vieja discusión: Por mi parte, creo que la tasa de ganancia crece (opinión fundada en recientes estudios económicos). ¿Cómo puede afirmarse que existe una crisis de valorización si crece la tasa de ganancia?

La tasa de ganancia que decreció desde 1960 hasta el inicio de la política neoliberal, volvió a crecer y nunca llegó a niveles tan altos. Pero al mismo tiempo, las inversiones exigen una rentabilidad más alta y más rápida que lo que los intereses financieros normales pueden dar sobre la base de la explotación del trabajo. La economía global no puede absorber esta enorme masa de capitales que busca una compensación en la especulación.

 

Las causas de la crisis

© Debido a esta creciente tasa de ganancia y a la imposibilidad que tiene el capital para encontrar un espacio donde realizarse, no nos hallamos ante una crisis a la manera tradicional. Por otro lado, la tasa de ganancia no es uno de los indicadores más importantes de la crisis. El sistema funciona en el seno de un conjunto de contradicciones que tienen que ver con diferentes indicadores. Por ejemplo, oímos hablar de un problema de consumo y de una disminución de la demanda: pero, al mismo tiempo, entre las medidas tomadas en todas partes para intentar restablecer (o mantener o aumentar) la tasa de ganancia, la disminución de los salarios aparece como una de las principales medidas, lo que inevitablemente conlleva una disminución del consumo. El principal problema es que el capital precisa cada vez menos trabajo vivo y menos trabajadores cuando este es precisamente la única fuente de valorización. El paro actual no es el tradicional ejército de reserva sino más bien un paro estructural producto de esta situación.

Aunque podemos observar un aumento del trabajo muerto así como también del número global de trabajadores, debemos tener en cuenta estos dos puntos:

-   la relación entre el trabajo muerto y el trabajo vivo (se inicia una discusión referente a la parte de trabajo vivo incluida en el trabajo muerto que constituye una parte de la plusvalía cuando este capital muerto lo produce el trabajo vivo productivo).

-   Puede aumentar la cantidad de activos en todo el mundo pero la totalidad del sector servicios no hace más que consumir capital sin producir ninguno. Esto explica en parte la razón por la que los países en desarrollo (por ejemplo China) principal beneficiario de las deslocalizaciones de trabajo productivo experimentan un crecimiento sostenido mientras los países industrializados cuyas principales industrias han sido deslocalizadas no crecen.

 

La lucha de clases

Este debate surgió en cierta medida de manera tangencial respecto a la crisis de valorización y de las medidas tomadas actualmente para intentar hacerle frente y que afectan a las condiciones de explotación del trabajo.

Aunque todos los participantes están de acuerdo en afirmar que la lucha de clases continúa estando presente de manera permanente en los lugares de explotación, las posturas divergen respecto a lo que representa ya sea para el capital como para las perspectivas revolucionarias. Respecto al significado de las luchas, apareció un primer desacuerdo sobre la naturaleza misma de toda reivindicación: para unos se queda en un terreno puramente cuantitativo con un efecto objetivo en el proceso de producción capitalista, sin que este sea cuestionado por los que luchan para hacer valer esta reivindicación; para otros, hay que ir más allá de esta materialización de la lucha respecto a esta reivindicación (para toda reivindicación) que no sería otra cosa que una ayuda a una búsqueda constante de la satisfacción de los deseos y un rechazo de la alienación.

Otro desacuerdo, que no limita forzosamente el anterior, surge respecto al significado de las luchas dentro de una perspectiva revolucionaria. Es un debate de lo más clásico. A una concepción escindida que divide las luchas entre luchas cotidianas (que reforzarían al capital) y luchas revolucionarias (que se liberan en todas sus formas del yugo capitalista) se opone una concepción que niega dicha división; cualquier lucha, en su desarrollo, contiene en su eventual extensión, esta posibilidad revolucionaria; es una cuestión de contexto y de las circunstancias que definen una relación de fuerzas. Además, para quienes defienden esta concepción, no es la perspectiva revolucionaria la que transforma las relaciones económicas y sociales, sino que cualquier lucha, en sus orígenes, contiene elementos difusos y temporales que se liberan del yugo capitalista. (Se expresan desacuerdos con referencias a ejemplos históricos: Francia de junio de 1848 y Hungría de octubre-noviembre de 1956).

 

Las tentativas de solución de la crisis

©La utilización del crédito desde hace 20 años comporta un compromiso de valorización futura. Hoy en día, esta huída hacia delante ya no puede realizarse; solo quedan dos vías para intentar influir sobre la tasa de ganancia jugando con dos componentes:

-   la destrucción de capital

-   la reducción del coste del trabajo

La transferencia del crédito de la esfera privada a la deuda soberana de los estados traspasa, de hecho, a dichos estados la labor de llevar a cabo esta destrucción y de imponer nuevas restricciones al proletariado a través principalmente de los impuestos y del recorte de las garantías sociales.

Dado que el capital no dispone de espacio geográfico para una nueva expansión (como sucedió en la resolución de la crisis de los años 30) ¿Podría buscar una salida en las nuevas tecnologías, en el mundo virtual o en la conquista del espacio?

De hecho, es imposible afirmar, más allá de especulaciones gratuitas, que todo lo que se ha llevado a cabo para la desvalorización, es realmente operativo. Lo que es evidente es que si se tiene en cuenta el volumen de destrucción llevado a cabo durante la Segunda Guerra Mundial comparada con la dimensión de la crisis de los años 30, estas destrucciones deberían ser infinitamente mayores en relación con la desmesura de la actual crisis.

En cuanto a la dirección que podría tomar esta destrucción es extremadamente engañoso intentar definir sus límites. Podría imaginarse que procediera de los más fuertes contra los más débiles, por ejemplo de los E.E.U.U.  y de la explosión de China o de Europa.

©Aunque en la situación actual no se puede imaginar cómo podría desarrollarse una guerra, no cree que dicha destrucción vaya a producirse: la destrucción se está llevando a cabo desde hace años delante de nuestros propios ojos mediante las deslocalizaciones.

Sería ingenuo pensar que la crisis se ha acabado y que el sistema financiero se ha recuperado.

Puede imaginarse la posibilidad de otros escenarios, por ejemplo una solución keynesiana ampliada con inversiones a largo plazo que aliaran consumo e integración a través de una gestión de los estados. Pero dichas soluciones parecen ignorar la lucha de clases. La crisis es también una crisis de las relaciones sociales. Si nos quedamos en el terreno del capital productivo basado en la compra de la fuerza de trabajo y en una producción dirigida al consumo es una cosa, pero las cosas cambian cuando pasamos al capital ficticio que compra sin haber producido generando un aumento de las obligaciones. ¿Qué tipo de riqueza genera la especulación? Podemos trazar alguna relación entre las luchas y la expansión de este capital. La crisis es la crisis del capital-trabajo y la única solución posible es la desaparición del valor.

 

Nota: Este primer intento, muy trabajoso e imperfecto, de resumen de las discusiones de un taller, no es definitivo: hace una llamada a cualquier observación o ampliación que se vea oportuna antes de ser publicado en su versión definitiva junto con el resto de textos y su traducción al inglés.                       

 

Summercamp, agosto 2010

Notas a la discusión sobre el valor

1. La naturaleza abstracta del valor:

Ciertamente, al decir que la naturaleza del valor es abstracta estamos diciendo que la actividad humana está dominada por esa abstracción, que esa abstracción: la formación de plusvalor pasa a ser el centro, el sujeto al que el tiempo de trabajo debe satisfacer. Esa abstracción es la expresión de nuestra desposesión: de nuestro tiempo que se valoriza como tiempo de trabajo necesario y de su producto confundiendo valor con riqueza.

2. La naturaleza de la crisis:

Cuando hablamos de la crisis, además de entender que el capitalismo es crisis, entendemos principalmente la crisis como la crisis del capital-trabajo en las llamadas economías centrales. Ya sea la tendencia de la tasa de ganancia negativa y empuje la realización fuera del espacio de la producción, o la tendencia del período sea positiva y se manifieste como una sobreacumulación de capital que busca un espacio de realización, el trabajo vivo, única fuente de valorización tiende a ser, cada vez, menos necesario a causa del incremento de la mecanización. La crisis del valor trabajo es estructural, presiona aún más sobre los costes salariales, y empuja el capital hacia otros escenarios de valorización futura que lejos de seguir la vieja pauta de destrucción de capitales que argumenta la “crisis”, involucra al Estado que lo transforma en deuda social, en la crisis de la deuda.

 

CS. noviembre del 2010

 

Concordancia

Concordancia entre el auto y el oído

 

 

 

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