Ir a Índice

 

Etcetera 46, Enero 2010                                               Correspondencia

 

Amigos y amigas de ETCETERA:

Al hilo del dossier sobre la crisis financiera que sacasteis en mayo en vuestro número 45 y, en especial, de vuestro texto "Consideraciones..." quería haceros llegar el comentario sobre un artículo aparecido en Francia en la revista Notes & Morceaux Choisis este otoño titulado "Que la crise s' aggrave?" y firmado por Matthieu Amiech. Partiendo de la reflexión sobre la obra del economista heterodoxo François Partant el artículo intenta profundizar en el significado de la actual crisis financiera para situarla dentro del contexto más amplio de lo que el autor llama una "crisis de civilización". En el año 1979, en medio de una fuerte recesión económica y con índices muy altos de desempleo, Partant, economista poco conocido, había publicado en Francia un libro titulado «Que la crise s'aggrave!», que podríamos traducir literalmente al castellano como "que la crisis se agrave", en un sentido imperativo o desiderativo. Por supuesto el título era una provocación. Partant, como explica Amiech, había trabajado como economista para las instituciones internacionales que se empeñaban en ayudar a sacar a los países del Tercer Mundo de su pobreza y de su estado de subdesarrollo. En 1970, Partant dimitió de su cargo, no porque pensara que estos organismos internacionales eran instrumentos poco eficaces para alcanzar los fines perseguidos, sino porque en esa época comenzó a pensar que tales fines, tal y como estaban planteados, eran muy discutibles. Como dice Amiech: "La noción filantrópica de desarrollo era ante todo la máscara de una conversión a marchas forzadas al capitalismo industrial de regiones del mundo que hasta entonces habían escapado en cierta forma a esta dominación _es decir, regiones que tenían sus formas propias de abundancia y de pobreza, sus jerarquías sociales y sus nociones de igualdad y dignidad. Nociones a menudo imperfectas y a veces muy criticables, pero no sería la destrucción de las agriculturas de autoconsumo, el éxodo rural hacia los suburbios urbanos y la penetración del consumismo lo que les hicieran evolucionar en un sentido deseable". Partant evolucionó hacia posturas antidesarrollistas y en Francia se ha convertido en un autor de referencia para los grupos que se cuestionan los rasgos de la moderna sociedad industrial.

En 1979, Partant se congratulaba de ver cómo subían las cifras del paro, de contemplar la caída del crecimiento económico, de la impotencia de los gobiernos para relanzar las economías de consumo. Denunciaba cuáles eran las bases de la tramposa abundancia material en occidente: la modernización de la agricultura, la destrucción de la solidaridad, el expolio de los recursos en los países pobres, etc. Como dice Amiech, Partant se había dejado influir por cierto espíritu del mayo del 68, aquel que denunciaba sobre todo que la emancipación humana estuviera en la promesa de una abundancia material, capitalista o socialista, o que la subida de los salarios pudiera constituir un programa político susceptible de modificar el rumbo de la sociedad.

Siendo todo ello cierto, se pregunta Amiech si esas consideraciones justificarían de manera suficiente el deseo de Partant de que la crisis se hiciera aún más grave. Según Amiech, en aquel momento, a finales de los años setenta, Partant tenía ciertas esperanzas puestas en los movimientos ecologistas radicales y los grupos antinucleares: "Pensaba que la subida del paro, unida a una toma de conciencia de la destrucción de los equilibrios naturales por la economía moderna, empujaría a personas de diversos medios profesionales y sociales al apoyo mutuo, a la experimentación, a la reapropiación de sabores y técnicas confiscadas por la industria y los especialistas de todo tipo (...)"

Evidentemente, nada de eso se produjo. Los años ochenta trajeron, como comenta Amiech, exactamente lo contrario: un reforzamiento ideológico y material de la cultura de empresa y de la cultura capitalista, así como la extensión de tecnologías novedosas y nuevas formas de consumo alienante. Por tanto, en el momento actual de "crisis financiera" ¿es posible, como hacía Partant en 1979, desear que la crisis se agrave? ¿Es posible creer que esta crisis del capitalismo es una crisis real y que es posible construir una conciencia crítica a partir de dicha crisis? ¿Existen los grupos e individuos capaces de afrontar la supervivencia en condiciones exteriores a los circuitos del capitalismo industrial?

Hasta mediados de la década de los setenta, la economía capitalista se las apañó más o menos bien para afrontar el peligro de la sobreproducción, y se siguió una política de salarios altos que permitían a las clases trabajadoras un índice elevado de consumo. Años después la desnacionalización de las empresas y el movimiento de la economía global capitalista han ido despojando poco a poco a las economías nacionales de su anterior fortaleza y ha hecho imposible que el poder de consumo estuviera a la altura del poder de producción. La crisis financiera actual no supone pues un obstáculo insalvable para el funcionamiento del sistema, en una expresión espectacular de su enorme contradicción interna. Amiech señala que la crisis financiera oculta en verdad la crisis de civilización, es decir, la dependencia letal que las poblaciones occidentales han adquirido con todos los mecanismos de la sociedad industrial. Y añade acertadamente: "En el fondo, la crisis económica en sí misma no agrava ni modera la crisis de civilización que había ya comenzado en la época en que el capitalismo era generoso (en la época en que pagaba bien); es más bien la crisis de civilización que impide que la crisis del capital no supere ciertos umbrales. Pues a principios del siglo XXI, como a todo lo largo del siglo XX, el gran proceso de desposesión de los humanos, la guerra de la gran industria contra la autonomía de los individuos y de las comunidades sigue su curso."

Ante esta situación se han producido, especialmente en Francia, respuestas por parte de la izquierda en todo su espectro que no dejan de ser decepcionantes e incluso exasperantes. La indignación hoy se centra en criticar a banqueros y políticos, se sale a la calle para reivindicar que los salarios suban, se deplora la voracidad de los poderosos... pero ¿es eso ciertamente ir a la raíz del problema? El llamado Nuevo Partido Anticapitalista, creado a partir de la vieja LCR, ha asumido el mando ideológico de esa nueva contestación de izquierda que se quiere radical y que ha hecho de su slogan "¡Ni hablar de pagar su crisis!" y de su petición de subir el salario mínimo a 1.500 euros sus caballos de batalla. Como dice Amiech: "Luchar en su empresa cuando se piensa que los salarios son demasiado bajos es enteramente legítimo, y lo será siempre. (...) La cuestión es que hay una diferencia profunda entre una reivindicación salarial local _a menudo una reivindicación entre otras_ y la emergencia a escala nacional de una consigna para la defensa del poder de consumo. Una consigna tal no puede hablar más claramente el lenguaje de la dominación, y no obstante, muchos tienen la presunción de presentarla como un cuestionamiento del capitalismo". Y a continuación cita a Castoriadis: "[Pues] el capitalismo no puede vivir más que pactando aumentos de salario, para lo cual los sindicatos burocráticos y reformistas le son indispensables".

Las conclusiones del artículo son poco optimistas ya que su autor se lamenta, a nuestro juicio con razón, de la vuelta a una crítica reformista del sistema de dominación, señalando que al menos hace unos años habían surgido grupos y expresiones críticas que abundaban en la crítica del sistema económico y político desde un punto de vista de su carácter industrial totalitario. No es posible pues pedir, aunque fuera como provocación, que la crisis se agrave, pues si en 1979 esto ya podía ser arriesgado, treinta años después sería imposible encontrar la conciencia colectiva preparada para abrir un nuevo camino a una sociedad presta a desmoronarse.

Un abrazo, toni


____________________________________________________________________________________________________


 

Desde Francia. (El texto que reproducimos, de Charles Reeve, es una parte de unas reflexiones más amplias sobre la crisis, "Réflexions par temps de grippe permanente", que podéis leer en nuestra web:
http://www.sindominio.net/etcetera/CORRESPONDENCIA/reeve-reflexiion.htm.)

Tradiciones francesas

Si en la mayor parte de las sociedades europeas, los efectos de la crisis fueron la causa de movimientos, huelgas y revueltas callejeras, este modelo no se aplica a Francia que, desde hace dos decenios, vive sometida a impulsos de agitación social. Movimientos que, a menudo, terminan en inestables compromisos o incluso en derrotas mal definidas. Desde principios de los años 1990, la agitación de la juventud estudiantil continua particularmente viva1; sucesión de luchas que no llegan  a unirse entre ellas. La última, en 2009, contra las formas encubiertas de privatización de la enseñanza superior, duró más de seis meses. Con la excepción de lo que sucedió con el movimiento de parados a principios de 1998, todos estos movimientos fueron incapaces de establecer un vínculo directo con "el mundo" del trabajo asalariado, a pesar de los intentos llevados a cabo por los sectores más politizados de la juventud y a pesar de la conciencia compartida de una situación común y de una misma oposición a la lógica política neoliberal aplicada tanto a los servicios públicos como a las empresas. A pesar de estos atolladeros o de estas dificultades, esta constante conflictividad en la sociedad francesa tiene evidentes consecuencias, siendo la más importante la reproducción de una cultura política basada en el punto de vista de clase de los problemas, continuación de las señas de identidad y de los valores de las grandes luchas del pasado, de la Comuna de París al Mayo 68.
______________

1. El movimiento anti-CIP, llevado a cabo contra los nuevos contratos de trabajo precarios para los jóvenes en 1994, vio apaerecer las primeras fracturas entre los estudiantes "juiciosos" y los "agitados", que rápidamente fueron identificados con los jóvenes de los barrios.                                          


_____________

Cuando, al iniciarse el año 2009, se empezaron a sentir en Francia las primeras consecuencias de la crisis, con despidos y cierres de empresas, el sentimiento de derrota ya estaba presente entre los asalariados. Desde hace años, las políticas liberales habían aislado las luchas unas de otras y habían roto la fuerza colectiva. Y sin embargo, de pronto, se radicalizaron los conflictos, como un soplo de rabia a contracorriente del espíritu de resignación. Las promesas incumplidas jugaron, en mucho, por lo que se refiere a esta explosión de descontento. En Continental _empresa donde las acciones fueron de las más duras_ ¿los despidos no fueron anunciados poco tiempo después de que los trabajadores aceptaran la vuelta a las 40 horas para "salvar" la empresa?.  

 

Las luchas de esta nueva fase han apuntado particularmente a la clase capitalista. Asistimos pues a acciones emprendidas contra directivos de empresa o empresarios individuales, y también a intervenciones contra las asambleas de accionistas. Hubo patronos que fueron secuestrados durante días, otros fueron forzados a manifestarse en la calle "al lado" de los huelguistas. Por todas partes se llevaron a cabo furiosos ataques contra las sedes de las empresas, contra las viviendas y los lugares de contratación, y a veces también contra los organismos del Estado que cubrían la acción de la patronal. Este resentimiento hacia la patronal se explica evidentemente por las circunstancias del periodo, caracterizado por la arrogancia de las clases capitalistas, el desplazamiento ostentoso de las rentas hacia los ricos, la insolencia de las remuneraciones y primas patronales, el continuar el reparto de dividendos en las empresas que estaban despidiendo. Las desiguales políticas fiscales del gobierno Sarkozy2 subrayaron, por otra parte, el sostén del Estado francés a esta evolución, con todos los discursos sobre el "interés general" de la sociedad. Siendo esto así, la preponderancia del capitalismo financiero en la gestión de las empresas viene a reforzar la idea confusa de una oposición entre el sector financiero y el productivo ("economía real"), limitando la crítica radical del sistema.

La lucha de los agentes de la empresa pública EDF-GDF, que tuvo lugar durante la primavera de 2009, fue ejemplar en esta radicalización. Los trabajadores, movilizados contra la precarización de los obreros jóvenes, el progresivo desmantelamiento de los antiguos estatutos y la transferencia de algunas de sus actividades hacia el sector privado, llevaron a cabo acciones de nuevo tipo y muy populares. Así, se sucedieron numerosos cortes de electricidad en los barrios burgueses, en museos y centros comerciales "chics" y en los aparatos de radar policiales en las carreteras, al mismo tiempo que se restablecía la electricidad a los abonados pobres que se les había cortado el suministro, y en los barrios populares se aplicaban tarifas más bajas. Durante la manifestación del 1 de mayo de 2009, en París, los huelguistas cortaron la corriente en los inmuebles donde residían conocidos políticos, confundiendo a los periodistas, incapaces de poder distinguir a los militantes del "Black Bloc" de los comandos de jóvenes obreros saboteadores... En fin, la acción llevada a cabo contra el Festival de Cannes forzó a los organizadores a recurrir a potentes generadores protegidos por la policía. Este conjunto de acciones imaginativas se explica también por la presencia de una nueva generación obrera en sectores tradicionalmente más razonables y controlados por los sindicatos. Ya se había constatado esto durante la huelga de transportes públicos en París, en 2007, cuando la actitud combativa de los jóvenes conductores de autobús sorprendió a la directiva.

__________________

 

2. Con una de sus primeras medidas, 14 000 ricos contribuyentes se han beneficiado de suculentas devoluciones de impuestos. Iniciativa que va a marcar indeleblemente la orientación del clan en el poder.                                      

__________________  

La clase política francesa, incapaz de ver los posibles desarrollos de esta dinámica, dio entonces algunos signos de inquietud. Por encima de todo temía el contagio. Así, cuando los trabajadores de Continental-France se desplazaron por miles a Alemania para manifestarse junto a sus camaradas alemanes bajo la desconcertante mirada de los cuadros sindicales del otro lado del Rin poco habituados a estos desbordamientos. O también, cuando fue ocupada la plaza de la Bolsa de París por centenares de obreros de empresas en lucha contra los despidos. El gobierno jugó con prudencia e hipocresía. Mientras que en Francia la presencia de la policía en la vida social es omnipresente y la represión es la respuesta a cualquier problema social y se practica la amalgama entre el discurso por la seguridad y las proposiciones antiterroristas, el gobierno trata estas acciones directas con circunspección, dejando la represión para más tarde3. Como dirá un alto responsable de la policía, "los efectos de la crisis deben ser considerados en los problemas de seguridad. En periodos de crisis, en los que la gente tiene dificultades a nivel social, debemos asegurar más que nunca la seguridad día a día. La gente debe ser protegida"4.

Pero sobre todo, discretamente, el gobierno ha podido contar con la cooperación de las direcciones sindicales, inquietas por perder el control de la situación y que han jugado con el miedo y la pasividad de la gran masa. Un consejero "escuchado" por las altas esferas del Estado lo reconocerá claramente algunos meses más tarde: "Constato que en primavera su sentido del interés general (el de los sindicatos) fue impresionante para canalizar el descontento. Otoño pasó con una calma absoluta. Me quito el sombrero ante los sindicatos. Han cogestionado esta crisis con el Estado. La patronal, en tanto que actor social ha estado como de costumbre ausente. Si hubiera tenido una décima parte del talento del estado mayor de la CGT, las cosas irían mejor...".5 .                                                       .
_________________

3. Sólo al cabo de unos meses, estos trabajadores que participaron en estas acciones fueron despedidos y perseguidos por la justicia.

4. Entrevista con Eric El Douaron, Le Monde, 1 de abril de 2009.

5. Alain Minc, Le Parisien, 27 de diciembre de 2009.

 

Ir a Índice