Ir a Índice

 

El peso de la religión

Constatamos el peso (de muerte) que tiene aún hoy la iglesia católica (IC) en nuestras sociedades, tanto en aquellas más desarrolladas (por el capital) como en las menos desarrolladas, a pesar de la contundente crítica de la alienación religiosa desarrollada sobre todo a lo largo de los últimos siglos (Meslier, Spinoza, Silvain Marechal, Nietzsche, Feuerbach, Marx, Bakunin, Freud…), y después de ampliamente conocida su inquisitorial actuación política, económica y discursiva a lo largo de su corta historia. Constatamos aún hoy la audiencia de sus estrafalarias visiones y propuestas (infierno, trinidad, voces, apariciones...), que en boca de otros grupos les llevarían a ser tachados de sectas parasicológicas o simplemente paranoides. Constatamos su actual poder sobre las conciencias y en general sobre nuestras vidas reguladas aún, en parte, por su credo y por sus ritos sacramentales. En un mundo teóricamente ateo o no religioso o simplemente laico, la IC conserva un poder reconocido por todos los Estados. Aquí en España, en una sociedad no practicante, el peso mediático y político de curas y obispos es manifiesto.[1] Por sus manos pasan aún los acontecimientos importantes: nacimiento y muerte. El 95 % de los nacimientos pasan por el rito bautismal, y respecto a la muerte, incluso entre nosotros, entre los grupos más alejados del ámbito eclesiástico es difícil no ser enterrado por la IC, y es casi imposible apostatar.

El peso del pasado oligárquico y dictatorial en el que la IC era prominente es aún patente, sin que apenas haya disminuido su poder económico y educacional. .

En el siglo XVIII, España con una población de 7 millones de habitantes tenía 200.000 eclesiásticos y la IC poseía el 15 % de las tierras, que producían el 25 % del producto bruto de la agricultura y el 10 % en la ganadería, y poseía los derechos señoriales y la jurisdicción de 3.150 pueblos, entre los que se contaban nueve ciudades. Los jesuitas dominaban la enseñanza elitista de los colegios mayores y tenían confiadas las Universidades, como la de Cervera, por ejemplo. También en los centros fabriles era notorio el peso de la iglesia; baste como botón de muestra la carta que en 1786, el obispo de Barcelona Gavino de Valladares mandó a los fabricantes de telas de indianas, ordenándoles que mandaran dos días por semana a los niños y muchachos que en ellas trabajaban, en horario laboral, a las parroquias para aprender el catecismo de la Iglesia, y que, en las mismas fábricas se canten por los niños, alternando con alguno de los más despejados, que nombre el amo, aquellos puntos principales, cuya noticia es necesaria absolutamente a todo cristiano (...) lo cual han de ejecutar todos los días un rato por la mañana, y otro por la tarde, después de haber rezado de comunidad, como lo acostumbran, el santo Rosario. El obispo exigía a los amos que despidieran a aquellos muchachos que se saltaran la asistencia al catecismo, y que no admitieran a aquellos que acudieran despedidos de otras fábricas por estos motivos. En el siglo XIX, pese a la desamortización, continúa fuerte el poder de la IC fuera de su ámbito religioso. Así, por ejemplo, vemos como en octubre de 1861 las autoridades de la Iglesia ordenaron que fueran quemados, en la explanada de la Ciudadela, una montaña de libros que ellas consideraban que atentaban contra la fe y la ortodoxia de las costumbres.[2] El poder de la IC alcanzará una importancia decisiva con la dictadura franquista. Con la transacción política pocas cosas cambian respecto al poder de la IC. Hoy, la enseñanza está aún mayoritariamente en sus manos; el crucifijo preside aún la esfera política; su poder económico se mantiene.[3] El peso de la IC y su religión vuelve… porque nunca se ha ido.

En pocos siglos, desde la constitución del cristianismo en religión de Estado (s. IV) hasta hoy, la IC anota en su haber el mayor desprecio a la vida: millones de muertos. Con la conversión interesada de Constantino, la creencia de una secta judía se convierte en la religión del Imperio romano. Nacen la ortodoxia y la organización eclesiástica y con ello herejías y herejes. Sólo el católico es ciudadano, y fuera sólo hay la muerte: matar al infiel no es un crimen sino un deber. Millones de mujeres y hombres morirán por la mayor gloria de Dios en las guerras de religión (arrianos, valdenses…), en las cruzadas, en la Inquisición,[4]  en la conquista y evangelización de América,[5] en las guerras de religión y las guerras campesinas durante la Reforma, etc. La historia contemporánea, con la Carta colectiva del episcopado español del 1 de julio del 1936 y su intervención en la guerra y en la posterior dictadura, con la actuación de Pío XII durante el holocausto[6] y de Pablo II con respecto al sida en África,[7] con los genocidios en Argentina[8] y Chile, etc., no es menos bárbara. Sin olvidar la no menos bárbara persecución de las mujeres.  

No es este el lugar para escribir esta historia, como tampoco la de la crítica a esta barbaridad. Para evocar esta última baste aquí recordar la reacción anticlerical de los obreros en España a lo largo de la historia contemporánea: la quema de conventos en Madrid cuando, en 1834, hubo una epidemia de cólera y se culpó a los frailes, sobre todo a los jesuitas de haber envenenado las aguas; la revuelta de 1835, cuando ardieron siete iglesias en Barcelona y Reus; la semana trágica de Barcelona (1909), con más de 60 edificios religiosos quemados; quema de iglesias y conventos, lo que se repite en 1936. Los obreros tenían sus razones; más allá de un anticlericalismo orquestado por el demagogo Alejandro Lerroux, el pueblo se alzaba contra los privilegios jurídicos y fiscales del clero y contra el poder de las órdenes religiosas.

Con el avance del Estado la religión y la IC pierden fuerza. En la Europa feudal la IC convocaba y reunía a la sociedad, era su forma (alienada) de comunidad. Organizaba la vida de la gente, su moral, su sexualidad, su privacidad. Con el paso a los Estados nacionales, éstos ocuparán el lugar de la IC, articularán la sociedad, llevarán a cabo todo aquello de lo cual se cuidaba la IC. Por esto vemos cómo en los Estados más débiles (países menos desarrollados por el capital, por ejemplo Latinoamérica), es aún la IC la que cohesiona en parte a la sociedad y ofrece servicios (caridad, enseñanza...). En su revolución la burguesía suplanta a la religión, instaurando otra forma: la religión del capital, que organiza aún más totalmente la vida de la gente a través de la mercancía.

Con el desarrollo del Capital la religión cristiana pierde su centralidad. Durante el siglo XIX, entraron en el ámbito de la política las ideas de la Ilustración: Razón, Ciencia y Progreso, que la burguesía y sus Estados fueron haciendo suyas para sustentar sobre ellas el sistema capitalista. Paulatinamente, serán asumidas por amplias mayorías en el mundo occidental y estas ideas desplazarán (en el periodo comprendido entre el siglo XIX y primera mitad del XX) a la religión cristiana de su centralidad en el imaginario colectivo para representarse y tratar de explicarse el mundo y sus derivas.

A esto hay que añadir que también en el siglo XIX el Capital ya sabía con seguridad que su principal embajador, don dinero, con ayuda de los cañones, podía circunnavegar el globo, es decir, circular por el mundo entero y regresar ampliamente multiplicado a su punto de origen, contribuyendo esto a concretar, en el mundo occidental, la gran acumulación de capitales en pocas manos que se efectuó en este periodo. El Capital estaba preparado para su imposición global y totalitaria.

Según la nueva ley que establece este nuevo sistema capitalista, para lograr imponer su dominio político y económico, sus gobernantes serán elegidos mediante la escenificación de la participación de una o una parte de los súbditos o ciudadanos y así ellos serán los representantes de la voluntad general, estableciendo como un simulacro de contrato entre gobernantes y gobernados. Por lo tanto, ni la ley ni quien la decreta y gobierna ya no deben considerarse recibidas de un dios trascendente. Las leyes y las normas, así como los castigos, los deberes y derechos, serán dictados por otros hombres que aunque formen una clase social separada del común de la mayoría no pretenden recibir su autoridad ni tener comunicación con otra autoridad y potencia superior trascendente, insondable e inalcanzable. La única autoridad superior que existe en esta época y que también se pretende omnipresente y omnipotente, pero terrenal, y a la que sirven, es el Capital y por ello éste dicta e impone su ley.

La religión, en occidente, pasará así de ser una manifestación dominante y determinante de la esfera pública, a recluirse en la esfera privada de los individuos. Es posible que aún ocupe un lugar importante dentro del aparato ideológico y propagandístico, pero sobre todo su importancia actual ha acabado centrándose en la comercialización de las mercantilizadas ritualizaciones festivas: bodas y bautizos y las compras de Navidad y Reyes.

Sin embargo, aún queda mucho del poder de la religión. Aunque sea simbólicamente, el poder del Estado aún necesita, pese a tener que decirlo en voz baja y disimulando, de la propaganda que representa el imaginarse que queda aún un resto de voluntad divina en su designio, el de los reyes, por ejemplo[9] o, en la inspiración de las constituciones fundacionales de las naciones.[10] Los símbolos religiosos se exhiben en los palacios de los gobiernos, en las escuelas, en los cuarteles, en las cárceles… Los edificios religiosos, las iglesias, los palacios de sus jerarquías burocráticas, los monasterios, las mezquitas...[11] ocupan importantes espacios. En realidad el poder del Capital y su visibilización en el Estado y demás burocracias aún temen aquello que tan acertadamente escribió Dostoievski: “Si Dios no existe, todo está permitido”. A partir de esto se entiende el terror que causó entre la burguesía la crítica radical de la religión y la negación de Dios que se efectuó por una gran parte de la sociedad, sobre todo por el proletariado, durante los siglos XVIII y XIX y sobre todo en el XX.

Frente al malestar (diario) de la cultura, no se quiere una supervivencia cotidiana con más renuncias, con más preceptos y ordenanzas. No se quiere esperar a concretar la esperanza en un hipotético mañana inalcanzable durante la vida. En los tiempos actuales, en los que cualquier mercancía se ofrece a la vista en sus respectivos escaparates especializados, se prefiere consumir al instante, si se ha logrado reunir el dinero necesario para comprar la mercancía deseada. De hecho, al tener que elegir entre falsedades, se prefiere la falsedad de la mercancía que da ilusiones inmediatas, y entrar en la dinámica de la sociedad del consumo como dogma abriendo una casi dimensión teológica del capital. Alienados por la dominación político-económica pero también alienados por la religión. Así se añade una causa más a aquellas que sólo buscan crear falsas identidades y resaltar diferencias de nación, de raza y también de religión para causar enfrentamientos entre los que pertenecemos a la misma clase, la de los pobres. La propaganda[12] desde el poder que aviva el odio ante el diferente, aún se considera un buen remedio para reforzar el poder del Estado y del Capital e impedir la unión de los muchos ante una realidad común.

Con el avance de la ciencia la religión pierde fuerza. Sin querer caer en el estereotipo que opone burdamente el oscurantismo religioso a la razón científica, el mito al logos –demasiado hemos visto cómo la razón y la ciencia se han convertido en mito–, sí que constatamos que a las preguntas que los primeros hombres se hacían y que el mito recogía y solventaba, la ciencia avanza otras respuestas más plausibles (por ejemplo la explicación copernicana es más pertinente que la de Ptolomeo). El avance de la ciencia –por error, así es cómo se da el paso de un paradigma a otro

(T.S. Khun[13])–, hace retroceder la explicación religiosa (Calas[14]). La explicación

brutalidad de sus cuerpos represivos. En Argelia la corrupción del FLN hechó por la borda la dura lucha del pueblo y sus incontables sufrimientos y abrió las puertas a los islamistas del GIA y sus brutales matanzas de civiles. En Turquía los islamistas ya están en el Estado. En Arabia Saudita, el régimen feudal y tirano de la familia Saud, puesta en el poder por los ingleses y sustentada por los EEUU, se reclaman descendientes directos de Mahoma y custodios de un trozo de meteorito que guardan en la Meca… En muchas otras partes de Asia y de Africa parece que se impone la religión del Islam como ideología política.

religiosa basada en verdades absolutas no puede permitir el error, lo que sería el derrumbe de su verdad, y lo tratará por tanto como herejía, mientras que para la ciencia el error es su manera de progresar, su paso para una mejor comprensión de la realidad. Ciencia y religión se oponen como se oponen ciencia y dogma, yendo la primera en busca de verdades relativas e intrahistóricas y la segunda en busca, o mejor dicho, en anuncio de verdades absolutas y definitivas, siempre idénticas y ahistóricas.

Con el avance de la Técnica la religión es suplantada:¡la Técnica hace milagros! En la edad de la técnica, cuando la técnica ha dejado de ser un instrumento en manos del hombre, un simple medio al que se le podían asignar diferentes fines, y se ha convertido en su propio fin, la concepción religiosa que atribuye una finalidad a la acción humana y a la historia, se encuentra sin base. En la edad de la técnica ésta se autonomiza, más allá de preguntarse por cuestiones éticas, por la búsqueda de un sentido, avanza de manera puramente causal: lo que se pueda hacer se hará.; los medios ocupan el lugar de los fines. El horizonte de sentido que presidía la reflexión y la acción (filosofía y ética) en la época anterior a la edad de la técnica, se viene abajo. Esto corta por la base cualquier dimensión religiosa que se asienta precisamente en este horizonte de sentido: la historia avanzando hacia un fin ya anunciado. Más aún, la muerte que era el medio que te abría el paso hacia Dios, es cuestionada por la Técnica que quiere también salvarte de la muerte.

Y a pesar de estas constataciones sobre el retroceso del poder de la IC y de la religión (católica), es innegable la fuerza que mantiene todavía en nuestras sociedades. Una razón de la aceptación del poder de la Iglesia se debe a su penetración ideológica en la conciencia de las gentes. Ha sabido apreciar las grietas de las debilidades psíquicas, en nuestra insaciable necesidad de consuelo, y urdir en ellas un cuerpo doctrinal que ha calado profundamente. Algunas de las debilidades y la respuesta a ellas, serían: Frente al mal, está la voluntad divina que pone a prueba la paciencia y la resignación (el caso de Job) de los seres humanos, luego vendrá el premio. Los que atesoran riquezas tienen siempre a su alcance la caridad y el perdón. Frente al poder sólo cabe la obediencia. Frente al desconsuelo y el abandono está el más allá, donde sólo existe el gozo eterno. Frente a la angustia del saber y el conocer, con sus incertidumbres, el Papa tiene la última palabra: el don de la infalibilidad en materia de fe. Y frente a la muerte, suprema espada que pende sobre todo nacido, la vida eterna, etc. A la par está la pedagogía del miedo, que en todos los catecismos enseñados ha sido inoculado en cuerpos y mentes, debilitando hasta la médula la libertad del pensamiento, de los sentimientos y la actuación.

Otra razón la encontramos en el hecho de la maleabilidad y capacidad de adaptación que tiene la IC (por otra parte, como cualquier institución e ideología), su capacidad de jugar siempre a ambos lados, aunque evidentemente a un lado como organización y en el otro como oposición, incluso perseguida. Hoy, por ejemplo puede contener bajo el mismo edificio a la cúpula jerárquica más reaccionaria y a las comunidades de base, puede albergar el discurso más obscurantista y la teología de la liberación. De igual forma que en la Edad Media, en pleno auge de las herejías, disponía de la ortodoxia inquisitorial de los dominicos y, a la vez, del ideal de pobreza de los franciscanos. Cuando albigenses y lombardos se alzan contra la Iglesia corrupta, la IC, con Inocencio III, se apropia del discurso en pro de la pobreza y del amor a la naturaleza de Giovanni de Bernardote (Francisco de Asís) y convierte a su grupo de seguidores en un instrumento de recuperación. El corporativismo burocrático y el ideal de comunidad conviven en la misma institución.

Otra razón, quizás más decisiva, la encontramos en el hecho de que la IC se cuida del más allá, del más allá de la historia, que es lo definitivo, lo eterno. Una vez la IC ha convencido a la gente de que la vida actual es un simple paso en el que podemos conseguir aquella otra vida, la eterna, y de la cual ella es la única valedera, la que sabe sobre este más allá y la que decide, tiene ya todo el poder. Este fue el paso que dio el cristianismo sobre el judaísmo: para éste el Reino de Dios vendrá, así lo anuncia el Mesías, al final de la historia, pero dentro de ella, no más allá. El cristianismo da el paso y lo sitúa fuera de la historia. Por otra parte, la IC necesita que sus fieles la sostengan aquí, que se interesen pues también por esta vida, contradicción que anuncia ya, para Mabille, su declive a partir del siglo XV. [15]La religión, la IC con este más allá quiere conseguir cosas aquí, al revés de la Técnica que del aquí quiere llegar al más allá.

Preguntarse por este más allá es propio del homo sapiens: las marcas mortuorias que ha dejado a lo largo de su historia dan testimonio de ello. Su diferencia con los otros animales no está en su capacidad de fabricar herramientas (homo faber) para cubrir sus necesidades vitales (comer, vestirse), esto lo hacen otros animales, sino en la capacidad de comunicarse a través de la palabra, de abrir un campo simbólico donde lo desconocido perturba, donde se inscribe el deseo de lo maravilloso, donde la pregunta por el más allá es manifiesta. En esta pregunta es donde inscribe la religión y la IC su discurso y su actuación: su fuerza. En su respuesta (alienada) a esta pregunta, convierte el natural miedo a la muerte en (falsa) garantía de vida después de la muerte, convierte la búsqueda de lo maravilloso en postración ante lo sobrenatural, convierte el deseo en sumisión. No podemos dejar de recordar aquello que aunque obvio no puede ser olvidado, que cualquier religión es un aprendizaje violento de la renuncia, una alienación que nos impulsa a renunciar a vivir y disfrutar de la vida

Al criticar ahora esta respuesta alienada que da la religión católica (las religiones) a la pregunta humana no queremos echar por la borda todas las cuestiones que la pregunta despierta y toda la realidad que tal pregunta origina y a la que mito y razón intentan dar respuesta. Herederos de la Ilustración, hemos andado un largo camino de desencantamiento del mundo, camino que no queremos, sin más, desandar, aunque reconozcamos la arrogancia racionalista del siglo de las luces y la limitación (alienación) racionalista. Reconocer los límites de la razón no es dar carta blanca al irracionalismo, pero sí es admitir que lo posible es parte de lo real, es abrirse a lo desconocido, a lo inconsciente y al inconsciente colectivo, a lo maravilloso y a lo poético, al lenguaje que nos lleva más allá de la cosificación a que nos reduce la razón técnica occidental y el modo de producción y de vida capitalista. Reconocer este campo como propio, campo que las religiones explotan y donde florecen, es la manera de superarlas. Sin ello las religiones retornan, tal como hemos visto, a pesar de la forma laica, científica y técnica de nuestro mundo actual. Realizar lo que de humano hay en el hombre es la única vía para superar lo inhumano de la religión.

Etcétera

 

Ir a Índice



[1] Sólo recordar las últimas manifestaciones de obispos en Madrid, su radio, sus continuas declaraciones. Y un hecho fuera de toda razón: el Estado español hace de recaudador de la IC, y sólo de ésta, a través de la declaración de renta

 

[2] El ‘Diario de Barcelona’, 19 octubre del año 1861: Libros como los que se han mandado quemar deben condenarlos también todas las personas amantes de la libertad y del progreso. La tiranía que ejercen en los espíritus propensos a la preocupación y al fanatismo es de peor índole que todas las tiranías, porque es hipócrita, y cubre la fealdad del rostro con la máscara de la ilustración, del progreso y de la libertad. Esos absurdos delirios de la fantasía o cálculos del egoísmo rebajan y desacreditan la razón, y dan justos motivos a los adversarios de la libertad de imprenta, para clamar contra sus excesos y desórdenes.

 

[3] Algunos datos al respecto: la IC recibe del Estado 5.000 millones de euros al año (entre las confesiones protestante, judía y árabe reciben 3 millones); el Estado paga la nómina de los capellanes hospitalarios, penitenciarios y castrenses!; la jerarquía eclesiástica juega en bolsa y está exenta de los principales impuestos; incalculable su patrimonio inmobiliario (280 museos, 100 catedrales, 1.000 monasterios… ). En resumen, la IC es una potencia económica, educativa e inmobiliaria sólo comparable a la del Estado.

 

[4] No vamos a hacer aquí un resumen de la historia de la Inquisición, simplemente cuatro datos para evocarla. Lo mismo que se pretende con las otras notas. La Inquisición, en activo ya desde finales del siglo XII en distintos países de Europa, se instaura en el Reino de Aragón en 1356 y tiene su apogeo en Castilla, durante el reinado de los Reyes Católicos, con Torquemada. Durante el reinado de Felipe V, se realizan 700 Autos de fe, o quema pública de herejes. No será abolida hasta 1834. La motivación básica y política de la Inquisición, a parte del castigo de los delitos contra la fe cometidos por el hereje y de la confiscación de sus bienes, era la persecución de moros y judíos que resistieron la expulsión.

 

[5] La historia del genocidio en América por parte de la Corona española y de la IC es de sobra conocida. Al llegar Colón a La Española (Haití) va directamente a por el oro que había prometido a la Corona. Obliga a todos los nativos mayores de 14 años a entregar una cantidad fijada de oro cada tres meses, si no lo hacen les cortan las manos hasta desangrarse. Al constatar, después, que no hay oro en la isla, Colón los lleva a las plantaciones donde a causa de la bárbara explotación igualmente mueren. De los 250.000 nativos arawaki que lo habían recibido en 1492, no queda en 1650 ni uno solo. Esta es la historia que se repetirá en toda América, hegemonizada por la IC.

 

[6] La complicidad del Vaticano y de los dignatarios germánicos con el nacionalsocialismo así como el silencio de Pío XII sobre la persecución de los judíos está ya hoy bien debatido

[7] Aunque parezca un hecho menor, no carece de importancia la actuación obsesiva del Vaticano respecto a su condena de los anticonceptivos llegando a mentir, en el contexto africano, sobre su eficacia contra el sida.

 

[8] Es notoria la complicidad del episcopado argentino con la Junta Militar durante la dictaEsdura 1976-1983.

[9] A la reina de Inglaterra se le canta “Dios salve a la reina” y es la jefa de la iglesia anglicana. El emperador del Japón aún conserva un carácter sagrado y como tal es tratado por los súbditos.

 

[10] En la constitución de Estados Unidos se agradece la inspiración divina y en los billetes de los dólares se puede leer un loa a Dios.

[11] En los llamados países árabes, parece que se ha olvidado la corriente laicista que impulsaron los movimientos de liberación contra el colonialismo. En Irán el régimen teocrático de los ayatolas reprimió a todos los revolucionarios que lucharon contra el Sha, ellos dicen que cuentan con la voluntad de Ala lo que si es cierto es que cuentan con la brutalidad de sus cuerpos represivos. En Argelia la corrupción del FLN hechó por la borda la dura lucha del pueblo y sus incontables sufrimientos y abrió las puertas a los islamistas del GIA y sus brutales matanzas de civiles. En Turquía los islamistas ya están en el Estado. En Arabia Saudita, el régimen feudal y tirano de la familia Saud, puesta en el poder por los ingleses y sustentada por los EEUU, se reclaman descendientes directos de Mahoma y custodios de un trozo de meteorito que guardan en la Meca… En muchas otras partes de Asia y de Africa parece que se impone la religión del Islam como ideología política.

 

[12] Basta ver toda la propaganda sobre el enfrentamiento de civilizaciones unido al terrorismo fomentado por las diferentes agencias y empresas de los diversos Estados y también observar detenidamente la falsa hipocresía que se esconde en lo que mostrándose como aparentemente contrario es lo mismo: la llamada alianza de civilizaciones.

 

[13] Thomas S. Kuhn. La estructura de las revoluciones científicas.

[14] Nicolas   Calas. Foyers d’incendie.

 

[15] Pierre Mabille: Egrégores o la vida de las civilizaciones