3. Sobre la
Técnica médica
En
las postrimerías del siglo XIX, la ciencia había perdido los últimos restos de
ilusoria independencia que aún se le daba y se había puesto decididamente al
servicio del nuevo orden económico capitalista nacido en occidente.
"La
descomposición del espíritu científico, hoy en día acabada, comenzó cuando su
poder de separación convertido en operacional posibilitó, cuando los medios de
investigación y de acción dejaron bien atrás a los medios de representación y
de comprensión, la destrucción del mundo sin comprenderlo; y desde entonces, la
arruinada totalidad lleva una existencia fantasmagórica en las especulaciones
cosmogónicas arbitrarias de los físicos, que ya no son sino pobres metafísicos,
como esos adoradores de los cuantos que gravemente se preguntan: "¿Existe
la realidad?" Llevar a las proporciones del entendimiento humano los
medios técnicos cuya desmesura escapaba a nuestras facultades de representación
y de comprensión no era, desde luego, una tarea "científica" _más
bien social y revolucionaria_, pero solamente su realización hubiera podido
salvar la ciencia de la sinrazón que la arrastraba tras de sí. Y el que esto no
sucediese ha sido una de las catástrofes del siglo que termina, o mejor, uno de
los semblantes de la larga catástrofe que ha sido dicho siglo."1
Tampoco
la medicina escapó a esta sugestión de una civilización nacida con la
revolución industrial y al fin aceptó integrarse en las tupidas redes de la
industria, elevando la salud a la categoría de negocio. Un negocio muy
rentable, por cierto. La teoría microbiana, que Pasteur desarrolló frente a la
teoría de Bechamp en la segunda mitad del siglo XIX, tuvo inmediatas
repercusiones en la medicina del momento _especialmente en lo referente a la
pasteurización de la leche o sus derivados y a las vacunas y en particular la
vacuna contra la rabia2_ consiguiéndose indudables éxitos en el
tratamiento de diversas enfermedades. Para Pasteur es el microbio la causa de
la enfermedad, mientras que para Bechamp es la enfermedad la causa del
microbio. Los motivos para que la teoría de Bechamp, diametralmente opuesta a
la de Pasteur fuera ignorada, no fueron de índole "científicos", los motivos
fueron mucho más prosaicos e inconfesables. Entre ambas teorías no había
posibilidad de un punto intermedio y la fuerza del desarrollo industrial exigía
necesariamente una teoría que le suministrase la base necesaria para integrar
en la misma al ser humano. Este era el último eslabón de una cadena que sometía
la humanidad a los logros de la producción masiva de medicamentos que la
librasen del secular peligro de la enfermedad.
Con
esto se lograban dos objetivos: por un lado supeditar el ser humano a los
avances en la investigación de los laboratorios farmacéuticos, con lo cual se
lograba industrializar la enfermedad y por otro despojarle de su condición de
ser autónomo, organismo vivo en relación con su entorno, para convertirlo en
una máquina, en un mecanismo que al igual que cualquier otra máquina industrial
podía ser desmontada y reparada por partes.
"La
parcelación médica es, cuando menos, muy cómoda. El especialista que suprime
tal lesión, transfiere el testigo al colega correspondiente en el momento en
que otra afección sobreviene inmediatamente. De ese modo, todo conocimiento y
responsabilidad se diluye en el curso de la transferencia"3.
Por
otro lado, mediante este proceso de industrialización, se convierte a la
medicina _y a la ciencia en general_ en una técnica y debe, por tanto someterse
a los dictados de la misma.
"En
este autocrecimiento la Técnica hace un llamamiento a la Técnica: en su
desarrollo plantea problemas eminentemente técnicos, que por eso mismo no
pueden ser resueltos más que por la técnica. El nivel actual incita a un nuevo
progreso y este nuevo progreso aumenta, al mismo tiempo, los inconvenientes y
los problemas técnicos, además de exigir también nuevos progresos"4.
O
dicho de otro modo: "Todo lo que esta medicina se esfuerza en sanar se
agrava y tal aceleración exige la multiplicación de médicos, hospitales,
industrias farmacéuticas y el presupuesto de las naciones. Estamos en presencia
del descarrilamiento de una locomotora agotada, de la cual muchos prefieren
ignorar quién la conduce"5.
..
La dicotomía Pasteur-Bechamp que hemos señalado antes se ha mantenido inalterada
hasta nuestros días, las teorías del segundo se infiltraron subrepticiamente
por los intersticios del edificio aparentemente sólido de la medicina oficial.
El vehículo utilizado fue la medicina naturista que en España comenzó a tomar
carta de naturaleza a finales del siglo XIX y se arropó en gran parte bajo el
manto ideológico del anarquismo.6
Pero,
desafortunadamente, una gran parte del movimiento naturista _especialmente en
su vertiente médica_ se adentró por los cenagosos caminos del ritual, convirtiendo
un pensamiento de extraordinaria carga crítica contra el desarrollo de la
medicina oficial, en un extremismo casi religioso, esterilizando de ese modo un
debate que sin duda hubiera sido muy fructífero. El médico anarquista Isaac
Puente, uno de los pensadores ácratas más brillantes _y no sólo en medicina_
constató este hecho en más de una ocasión: "Si hasta en sectores
científicos reina un espíritu indisciplinado y un desbarajuste en lo que ha de
admitirse como cierto, nada tiene de particular que en el naturismo, donde
cualquiera se erige en doctor, el desconcierto en las ideas ofrezca caracteres
alarmantes"7. Y en lo que respecta a los milagros de la
"naturaleza", señalaba: "Se exagera también la eficacia de la
vida natural en la curación de las enfermedades, ya que se llama vida natural a
cualquier cosa, y muchas veces, especialmente en las grandes urbes y por gentes
que viven de un salario, todo suele reducirse a un rigor vegetariano en la
alimentación"8.
Isaac
Puente, mediante la observación y la experimentación, nos proporciona un
valioso método para analizar los trastornos del organismo vivo, intentando no
caer en dogmatismos perniciosos. Señalaremos algunos de los aspectos de su
pensamiento en torno al problema de la enfermedad, porque sus análisis nos
proporcionan elementos inestimables para tratar de entender el desarrollo de lo
que hubiera podido ser un debate serio. Ante todo, Puente intentó en todo
momento huir de apriorismos o prejuicios que dificultaban un análisis sereno de
los fenómenos que le interesaba investigar. Fue sobre todo su mirada crítica y
sus experiencias clínicas lo que le condujo a modificar de modo radical sus
convicciones basadas en la medicina oficial. En un interesante cruce de
opiniones con el doctor Fontela de Montevideo afirma con respecto a la causa de
las enfermedades: "Por mi parte, no había llegado nunca a manifestarme
contra el dogma microbiano; pero hace mucho tiempo que no me satisfacía. La
clínica y la terapéutica me han proporcionado muchos argumentos en contra,
haciéndome dudar de la ciencia de Pasteur. Las ideas del distinguido compañero
doctor Fontela, satisfacen plenamente mis dudas, y me proporcionan una
convicción en el asunto que voy a tratar de exponer aquí"9.
Su
exposición concluye con estas significativas palabras: "Los gérmenes
microbianos no deben ser mirados como causa, sino como efecto de la enfermedad.
No es a ellos a quien hay que atacar, sino al desequilibrio orgánico, o a la
impureza humoral que les brinda condiciones para vegetar."10
Insistiendo
en este tema, para el doctor Puente de vital importancia, advertía:
"Tenemos que reaccionar médicos y público contra este absurdo pánico que
sólo estragos ha producido hasta la fecha. Queriendo librarnos de los gérmenes
nocivos, hemos artificializado más aún nuestro medio y nos hemos privado
también de los gérmenes protectores (...) Hemos topado con dos estupideces:
Una, la de querer exterminarlos con desinfección y desinfectantes sin hacer
nada, porque el medio les fuera adverso, sino al contrario. Otra, la de
librarnos de la infección, haciéndonos la ilusión de que nos apartábamos del
microbio huyendo de los enfermos."11
Por
ello no se cansaba de denunciar siempre que lo consideraba oportuno los errores
de la medicina oficial: "La Medicina se ha metido en una falsa ruta al
pretender curar una enfermedad combatiendo solamente al microbio, y sin tratar
de reparar en el organismo atacado el trastorno bioquímico primordial. De aquí,
la ineficacia de sus remedios, demostrada por el número infinito de los mismos.
Pero se ha metido en una más falsa ruta, además, al orientar la Sanidad en el
sentido ingenuo de destruir los gérmenes microbianos por medio de antisépticos.
Ninguna especie animal es posible aniquilar por tal procedimiento."12
Pero,
¿mediante qué mecanismos puede la ciencia _y la medicina en particular_
adentrarse por enrevesados vericuetos que la niegan? Isaac Puente nos ofrece
algunas de sus reflexiones en torno a tan espinoso asunto: "El médico, si
hemos de juzgar por el modo como hoy ejerce su profesión, no responde a su
prestigio lírico, de espíritu comprensivo y hermano del que sufre. Predominan
demasiado dos tipos de etismo rebajado: el médico-funcionario, que se adapta a
cualquier actividad con tal de que le asegure el condumio, y aunque hayan de
sacrificar su independencia de criterio o la honradez de su conciencia, y el
médico-mercader, que explota sus conocimientos con la misma disposición del que
vende garbanzos"13. Y por lo que respecta a la medicina, afirma:
"La Medicina, ni como institución, ni como colectividad, cumple con su
papel de prevenir la enfermedad, cultivar y hacer respetar la salud y laborar
por el perfeccionamiento y el bienestar del hombre. En la sociedad capitalista,
existen muchas causas morbosas, y muchas enfermedades dependientes del régimen
económico injusto. La Medicina las acepta, como si se tratase de hechos
naturales, y lejos de protestar o rebelarse se aplica a atemperarlas o a
disminuir la proporción y alcance de sus estragos. En lugar de propugnar la
adaptación de la sociedad al bienestar del hombre, sacrifica al hombre en
beneficio del orden social"14.
Efectivamente
no se solucionan los problemas, simplemente ignorándolos o tratando de paliar
sus efectos negativos. Tal como sugiere el médico Isaac Puente, la única salida
posible sería la revolución de las ideas y devolver a la ciencia la
independencia que nunca debió perder. Pero a ello se oponen, desde luego, tanto
los convencionalismos sociales como una cierta adecuación al orden social
establecido, el cual ha conseguido sobre todo que procuremos ignorar aquello
que sabemos, porque nos han convencido de lo inútil de cualquier esfuerzo para
tratar de resolver problemas que escapan a nuestra capacidad de iniciativa.
"La
subversión ha de alcanzar a todo. No puede librarse de ella la Medicina,
convertida hoy en ciencia dogmática y en institución amparadora del orden
establecido, al que defiende con el arma de su autoridad científica a cambio de
la "carta blanca" que proporciona el título y de la consideración
social de primer orden, que otorga el ejercicio, liso y llano de la
profesión"15.
Aunque,
como señala Puente, en determinados círculos se hubiera admitido una estrecha
relación entre ambos factores determinantes de la enfermedad:
"Reaccionando algo contra la microbiomanía (que concedía una importancia
exclusiva al microbio en las enfermedades), hoy se tiende a aceptar que el
despertar, como la marcha de las enfermedades, depende de dos factores, del
microbio y de nuestro organismo (...) Entre la Medicina social y el Naturismo
hay siempre esta pugna interminable. La primera, trata de atribuir siempre el
papel primordial al microbio. El segundo concede mayor importancia al
organismo"16, lo cierto es que la dicotomía siguió vigente. Al
igual que en nuestros días sigue persistiendo, porque a pesar de que parece
bastante generalizada la tendencia a considerar el microbio como necesario,
pero no suficiente para causar una enfermedad, se sigue actuando como si éste
fuera el único elemento causal.
Por
desgracia el doctor Isaac Puente fue asesinado por los militares sublevados y
su pensamiento _al igual que el de otros muchos_ abortado. En España siguió un
largo período de silencio, roto de vez en cuando por los gritos de los
torturados, pero tampoco en el resto del mundo las cosas mejoraron. Tras la
segunda guerra mundial, la tendencia de la ciencia _y de la medicina, no
olvidemos que lo que mejor funciona de ésta es el taller_ a convertirse en una
técnica se aceleró y consumó en muy poco tiempo. A partir de ese momento, los
problemas planteados sólo podrán ser resueltos técnicamente con todo lo que
ello supone. Además la producción de medicamentos se intensificó, especialmente
a raíz del descubrimiento de la penicilina y ya pocas enfermedades escaparon al
uso masivo de los mismos. Había por fin comenzado la definitiva guerra a muerte
contra los microbios.
Por
otro lado, algunos médicos que han recorrido el camino de Damasco, se han visto
derribados de su pedestal y la luz cegadora les ha hecho vislumbrar la verdad,
sin embargo, por razones que se nos escapan, han tratado de explicar su
conversión con un lenguaje casi esotérico17, reapareciendo de nuevo
la dicotomía Pasteur-Bechamp en su prístina pureza. Con todo, hay que reconocer
que la doctora Guylaine Lanctôt no ha vacilado en exponerse a que las iras de
la medicina oficial caigan sobre ella por sus denuncias de las instituciones
que según ella perpetúan el asesinato médico, en especial la Organización
Mundial de la Salud (OMS). ¿Es llegado el momento de que la única salvación
posible del mundo sea la venida de un nuevo profeta? Sería triste, aunque no es
menos cierto que uno de los factores principales de la perpetuación de este
estado de cosas es la sumisión generalizada a las instituciones en general y a
las sanitarias en particular.
Como
no podía ser de otro modo, casi todas las revistas que se sitúan en la
vanguardia de la crítica, dedican un espacio, más o menos extenso, a valorar
algunos aspectos de la realidad médica que están sometidos a fuertes crítica,
por ejemplo, el caso del sida. Sin embargo, después de una o, a lo sumo, dos
incursiones, dejan el asunto de lado y se dedican a criticar otros aspectos de
la realidad que acaparan su atención sin importarles ya un pepino que es lo que
sucede con su crítica anterior. Es el triste destino de una crítica fagocitada
por el mercado mundial que exige, para no verse superada por la velocidad de
los hechos, pasar de un asunto a otro sin pérdida de tiempo.
Para
concluir, señalaremos algunos de los mecanismos sociales _ya los hemos ido
insinuando a lo largo del trabajo_ que hacen posible que hechos de tan grave
trascendencia, en los cuales estamos todos involucrados, puedan tomar carta de
naturaleza y decidir el destino de millones de personas.
Una
de las razones que les sirve de fundamento es la supeditación de la medicina _y
la ciencia en general_ a la técnica. No cabe duda que ello ha posibilitado la
extensión de los conocimientos a todo el planeta, pero al mismo tiempo ha
extendido también la posibilidad de la manipulación a gran escala gracias al
desarrollo técnico, pero sobre todo ha supeditado a médicos y científicos a los
dictados de la industria, la cual no admite _ni puede admitirlo_ la más leve
vacilación a la hora de tomar una determinación, especialmente si ésta redunda
en beneficio de la misma. Esta pérdida de independencia obliga a cerrar los
ojos ante hechos inadmisibles que de otro modo sería inconcebible que pudieran
ser tomados en serio, porque de lo contrario se corre el peligro de perder los
privilegios y ser condenado al anonimato.
Cómplices
necesarios de todo este proceso son los medios de comunicación de masas cuyo
servilismo podemos constatar nosotros mismos. Basta con que nos tomemos la
molestia de analizar qué intereses defienden y cuál ha sido su posición en
estos últimos años respecto a los problemas que atañen a un amplio número de la
población y en el cual están involucrados los intereses de las grandes
compañías.
Y
por último, un importante número de la población que ha hipotecado su autonomía
a cambio de mendigar una cierta seguridad y exige respuestas absolutas de forma
inmediata. Unas respuestas que sólo existen en su imaginación, pero que los
poderes constituidos no duda en proporcionárselas, aunque las mismas no sean
más que absurdos sin sentido.
Todo ello conforma nuestra sociedad,
basada en el terror, el miedo y la muerte y sus múltiples combinaciones, y de
la cual ha desaparecido prácticamente el espíritu crítico que se ve obligado a
refugiarse en las catacumbas para no acabar sucumbiendo bajo el peso de la estupidez.
1. "El
declive de la ciencia en la era de la manipulación genética", por
Encyclopédie des Nuisances, Mania, (Barcelona), 7 (julio de 2000), 57
(las cursivas son del texto). Aunque los autores se refieren a un tema
específico de factura reciente, puede ser generalizado, sin graves distorsiones
al conjunto de la ciencia.
2. Sin
entrar en valoraciones, existen científicos que han negado la existencia de una
enfermedad llamada rabia, por ejemplo el doctor Millicent Morden, cfr.,
Lanctôt, Guylaine (1998), p. 155
3. Bounan,
Michel (1990), p. 74: "La parcellisation médicale est quand même bien
comode. Le spécialiste qui supprime telle
lésion passe le relais au confrère concerné quand une autre affection survient,
immédiatement après. Et toutes connaissances et responsabilités se dissolvent
au cours du transfert".
4. Ellul, Jacques (2003), 98
5. Bounan, Michel (1990), p. 75: "Tout ce que
cette médecine s'efforce de soigner s'aggrave, et une telle accélération exige
une multiplication des médicins, des hôpitaux, des industries pharmaceutiques,
du budget des natios. Nous sommes en présence du déraillement d'une locomotive
surmenée, dont beaucoup préfèrent ne pas savoir qui tient les commandes".
6.
Recientemente ha aparecido el libro de Roselló, Josep Maria (2003), una
excelente síntesis del desarrollo de las teorías naturistas en España en sus
diferentes vertientes.
7. Un Médico
Rural, "Extremismos naturistas", Estudios (Valencia), 73
(septiembre 1929), p. 4.
8. Id., p.
5. Creemos que el doctor Puente pone el dedo en la llaga -quizá sin darse
cuenta- al criticar la inconsistencia de las teorías basadas en el
"regreso a la naturaleza".
9. Puente,
Isaac, "Los microbios, ¿son causa de enfermedad?", Estudios
(Valencia), 94 (junio 1931).
10. Id., p.
11
11. Un
Médico Rural, "Contra el miedo a los microbios", Estudios
(Valencia), 115 (marzo 1933), p. 16.
12. Puente,
Isaac, "Una falsa ruta de la medicina", Estudios (Valencia),
96 (agosto 1931), p. 16
13. Puente,
Isaac, "El médico ante la misión social de la Medicina", Estudios
(Valencia), 88 (dbre. 1930), p. 4.
14. Ibidem.
15. Un
Médico Rural, "Medicina subversiva", Estudios (Valencia), 108
(agosto 1932), p. 13
16 Un Médico
Rural "Los microbios y nuestro cuerpo", Estudios (Valencia),
89 (enero 1931), p. 32.
17 Se podrían citar muchos ejemplos, pero baste como muestra
la obra de la doctora Lanctôt, Guylaine (1998).
Bibliografía
-Bounan,
Michel (1990), Le Temps du Sida. París, 153 páginas
-Ellul,
Jacques (2003), La edad de la técnica. Barcelona, 447 páginas
-Lanctôt,
Guylaine (1998), La mafia medical. Comment s'en sortir et retrouver santé et prosperité. Québec, 253pp.
-Parra,
Edwin (2003), Psicoterrorismo científico, ¿lo ha escuchado todo acerca del
sida? The Ecolgist (Barcelona), 14 (julio/septiembre 2003), 6-7
-Roselló,
Josep Maria (2003), La vuelta a la naturaleza. El pensamiento naturista
hispano (1890-2000): naturismo libertario, trofología, vegetarismo naturista,
vegetarismo social y librecultura. Barcelona, 321 páginas

Ida
Applebroog, 1987