2. El negocio de la salud y la medicalización de la vida
En
el nº 38 de Etcétera hablamos y escribimos sobre El cerco a la Vida. El
poder del Capital también bajo su forma de dominio político, mediante el Estado
y sus burocracias, pretende y en mucho consigue apoderarse del control sobre la
vida de sus "súbditos/ciudadanos". Los seres humanos, cada vez más,
constituimos una multitud de repeticiones uniformadas, de clones. El control
sobre la vida forma parte esencial de los objetivos de los poderes económicos y
políticos: "el poder se hace cargo de la vida" y esto da lugar entre
otras consecuencias a individuos aislados, inmersos en la fragorosa soledad de
la aglomeración.
El
incremento y la aceleración en el desarrollo de las técnicas biomédicas
amenazan con una modificación significativa de la biología que está dirigida,
además de promover el consumismo, a la búsqueda de nuevos medios y canales de
control sobre los seres humanos. Nuevas formas de control y de dominio se
gestan a la sombra de la medicalización de la vida, ocultas por la propaganda y
el ruido que genera la autoproclamada "revolución" biotecnológica y
su ideología, la bioética.
La industria farmacéutica: otra forma más de control
Iniciada
en el siglo XIX, fue a lo largo del siglo XX que la industria farmacéutica y de
las drogas se desarrolló tan aceleradamente que es junto a las industrias de
las armas y las petroquímicas la que más beneficios le permite acumular al
Capital. La industria farmacéutica, tal como actualmente está estructurada,
surgió de las potentes corporaciones que dominaban la industria del petróleo y
de la química, como una manera de diversificar sus ganancias y realizar nuevas
inversiones que aportasen suculentos beneficios (en EE UU el impulsor fue el
grupo Rockefeller que en las primeras décadas de este siglo controló el 90% de
la industria petroquímica de América). Principalmente después de la 2ª Guerra
mundial estas ya grandes corporaciones se organizaron con el objetivo de controlar
los sistemas sanitarios de todo el mundo, en primer lugar del llamado primer
mundo capitalista que era donde más medicamentos podía consumir la población de
manera inmediata y posteriormente del resto de países, promoviendo epidemias
que se han convertido en plagas como el Sida. La nocividad capitalista origina
enfermedades que se extienden sin querer entender sus causas, como el
desmesurado aumento de todo tipo de cánceres o el de la diabetes, etc. El
cuerpo humano y su salud se convierte en un medio para seguir acumulando
beneficios y poder.
Actualmente
las empresas farmacológicas más importantes son de EEUU, Europa y Japón. Sólo
25 empresas controlan más del 50% del mercado mundial de medicamentos. De las
10 empresas farmacéuticas y biotecnológicas más importantes 6 son de EEUU. Sus
tasas de beneficios son las más elevadas de todos los sectores de la
producción, en el año 2005 vendieron medicamentos con un beneficio de 605.400
millones de dólares. En el año 2004 los beneficios de Pfizer, la mayor multinacional
farmacéutica, superó los 53 mil millones de dólares. Por el contrario y a pesar
de sus ganancias billonarias, la carga impositiva del Estado sobre las empresas
de este sector es la más baja de todas, pues cuentan con la justificación de
invertir en la salud pública.
La
industria farmacéutica forma el mayor lobby de Estados Unidos; durante el año
2004 invirtió más de 120 millones de dólares en influir sobre el gobierno, en
los últimos siete años ha invertido más de 700 millones de dólares para este
fin, esto supone el mayor gasto realizado desde un sector de la industria para
influir en las decisiones del ejecutivo de EEUU; empresas como Pfizer o Glaxo
fueron de las que más dinero donaron en las últimas elecciones que hicieron
presidente a Bush II.
Algunos
datos que sirvan de ejemplo: según un informe de la Asociación de Agentes de
Propaganda Médica de la Argentina,1 la diferencia entre lo que
realmente cuesta fabricar una droga y su precio en las farmacias puede alcanzar
el 55.281 por ciento. El Valium, Diazepán fabricado por la multinacional Roche
tiene un incremento del 33.623 %. Un informe sobre las tendencias farmacéuticas
elaborado
___________
1. Revista Topía, nº 45, Abril 2007. Editorial: "La medicalización
de la vida cotidiana": "Los diferentes factores que ponen en juego
para difundir la medicalización en la sociedad expli-can las fabulosas
ganancias que tienen los grandes laboratorios... Un informe de la Asocia- ción
de Agentes para la Propaganda Médica afirma que la diferencia entre lo que
pagan por las drogas en el mercado mayorista y el precio que esta droga se
vende en las farmacias llega al 55.281 por ciento. Por ejemplo el Diazepan,
-principio activo- que el laboratorio suizo Roche comercializa con la marca
Valium@, el precio por kilo es de 235$ (0'0002 por miligramo), la presentación
que se ofrece es de 10 mg. por 50 unidades, lo que supone 12 centavos, pero en
las farmacias se vende a 40'40$, es decir el 33.623 por ciento más".
por el Deutsche Bank afirma que los ciudadanos del planeta gastaremos en el año
2010, 40.000 millones de euros en comprar medicinas que no curan nada.
Los
beneficios de la industria farmacéutica crecen vertiginosamente a nivel
mundial: los ingresos para el sector fueron en el año 2004 de 550 mil millones de
dólares, un 7% más que los registrados en el año 2003; pero en el año 2005 los
beneficios ascendieron a 605.400 millones de dólares.
Los
beneficios del 2004 para las principales empresas corporativas son estos:
(cifras
de beneficios netos, se han de añadir otras inversiones como las de I+D para
obtener las cifras del beneficio global).
EMPRESA INGRESOS (millones $)
1º.-
Pfizer (EEUU) 46.133
2º.-
Glaxo Smith Kline (EEUU) 31.377
3º.-
Sanofi _ Aventis (Francia) 30.919
4º.- Johnson & Johnson (EEUU) 22.128
5º.- Merck (EEUU) 21.493
6º.-
Astra Zeneca (Inglaterra) 21.426
7º.-
Novartis (Suiza) 18.497
8º.-
Roche (Suiza) 17.322
9º.-
Bristol- Meyers (EEUU) 15.482
10º.-
Wyeth (EEUU) 13.964
11º.-
Abbott Labs (EEUU) 13.756
12º.-
Eli Llilly (EEUU) 13.059
13º.-
Amgen (Canadá) 10.600
14º.-
Boehringer- Ingelheim (Alemania) 8.698
La
industria farmacéutica gastó el año 2004 en propaganda para promocionar sus
medicamentos más de 60.000 millones de dólares, cifra que representa el doble de
lo que las diversas empresas invierten en investigación.1
Ante
estos datos es evidente reconocer los efectos iatrogénicos, es decir de origen
médico, derivados de la medicalización de la vida. Las compañías farmacéuticas
priorizando la usura han sometido a muchas personas a medicamentos y
tratamientos que enferman y matan, usándonos como cobayas. Con procedimientos
mafiosos han impuesto el uso de productos de dudosa eficacia y riesgos
conocidos, comprando médicos a los que convierten en simples agente comerciales.
Igualmente han salido victoriosos de los pleitos que les han puesto los
afectados. No paran de inventar malestares para,
____________
1 Ver en todo esto el importante libro de Ivan Illich Némesis
Médica, Barral Eds. 1975. Bna.
.
gracias a la propaganda de los Medias y con la colaboración del Estado y de su
Sistema Sanitario, convencer al máximo número posible de personas de que están
enfermas, difundiendo falsas enfermedades que promueven males que no existen.
Por ejemplo, según un estudio realizado por el "Public Library of Science
Medicine", en EEUU últimamente se han hecho públicos informes que afirman
que el 43% de las mujeres padecen disfunción sexual, cosa que es falsa; también
promueven como enfermedades condiciones normales como la menopausia o que
simples factores de riesgo como el colesterol sean presentados como
enfermedades. El establecimiento de unos estándares de normalidad en el
funcionamiento de todos nuestros órganos impone que por encima o por debajo de
ellos caigas en su categoría de enfermo; estas pautas son universales, iguales
para niños o ancianos, asiáticos u africanos y válidas en cualquier
circunstancia. Con ello se impone la neurosis del control médico, los análisis,
las pruebas y sus consecuentes medicaciones de estabilización. Estos parámetros
alcanzan incluso las categorías estéticas de estatura, peso, color, forma del
físico y de cada uno de sus miembros. Fuera de ellos caemos en la desgracia
social y personal, emprendiendo una carrera por la cirugía y sus implantes que
no acaba con la vejez, porque tampoco se aceptan las secuelas de esta condición
natural. Los pensionistas, inútiles ya como productores, se convierten en los
mejores clientes de la industria farmacéutica ofreciendo sus vidas, como los
niños, a las vacunas y a las visitas de ambulatorio. Esta situación de locura
que impone el mercado provoca múltiples desarreglos mentales y miles de
inadaptados que serán otro de los pilares del negocio químico que intenta
reinsertarte con sus drogas allá de donde saliste rebotado o al menos paliar la
incomodidad social del rechazado "normalizándolo".
Siempre enfermos
La
medicalización de la vida o la influencia de la medicina sobre las costumbres
(y por lo tanto sobre la moral), ha tomado actualmente tales proporciones que
los conceptos de salud y enfermedad constituyen grandes criterios morales en
los países avanzados del capitalismo. El Estado y sus burocracias sanitarias en
una interesada interpretación de la "sanidad pública", se han
adueñado del control de la salud de sus súbditos, convirtiéndose en los
mediadores que deciden sobre el estado de salud o enfermedad de nuestros
cuerpos. Como todos estamos afiliados al sistema sanitario (SS: Seguridad
Social), desde que el Estado tomó su control2, la población en
general pasa a ser potencialmente paciente y potencialmente enferma, desde el
momento en el que todos integramos las listas de sus estadísticas y de que
todos somos objetivo de sus controles, estudios o propagandas médicas. La salud
ya no es responsabilidad de cada uno de nosotros (lo es tan sólo en la
culpabilización por nuestra mala salud), una relación o diálogo de uno mismo
con su cuerpo sino que es el Estado, instrumento del Capital, como mediador de
nosotros mismos y la salud de nuestro cuerpo, quien señala e impone las pautas
y normas de comportamiento a obedecer respecto a la "cultura de la
salud".
La
imposición de la medicalización de la vida o el triunfo de la burocracia médica
transforma la relación, siempre jerárquica, entre médico y paciente que al verse
mediada por el Estado, en tanto que gestor económico del sistema sanitario,
convierte la cuestión y el concepto de salud en una cuestión moral, en una de
las moralinas civiles de las democracias capitalistas.
Ecológicamente
constatamos que el "progreso" técnico de la humanidad, que ha
evolucionado en razón de su dominio y control sobre la naturaleza, no ha
significado implantar los medios suficientes para paliar la necesidad y
encontrar una nueva libertad. Al contrario, los medios, la técnica, se han convertido
en el único fin y en medio de dominación y control sobre la mayoría de los
seres humanos. Esta supuesta "línea de progreso" se representa
realmente como una regresión y más a partir del triunfo total del sistema
capitalista, mediante el cual la potencia técnica de destrucción de la
naturaleza (también de la humana) avanza en progresión geométrica. Es un hecho
que con el Capital la destrucción del ecosistema abarca el mapa planetario, los
efectos globales de las heridas producidas por la cultura del carbón y la
electricidad o la nuclear y del petróleo son evidentes en el mundo entero. Este
desprecio del sistema capitalista sobre el medio que lo alberga, es decir sobre
la naturaleza, toma proporciones catastróficas y el único criterio que no
altera ni alterará jamás es el del máximo beneficio, que permita la máxima
acumulación de capital en el menor tiempo posible.
La
destrucción del ecosistema plantea los mayores peligros para la salud
medioambiental y por lo tanto para la in-salud de los seres humanos. La
patología humana del ecocidio _patogénesis por alteración de los elementos: la
tierra, el agua, el aire, y los alimentos, etc._ adquiere características de
nuevas epidemias (se han curado viejas pandemias, se han generado nuevas), en
forma de enfermedades respiratorias crónicas, alergias, cáncer, malformaciones
congénitas a causa de productos químicos o nucleares, mutaciones de
microorganismos y órganos, trastornos del comportamiento, estrés, enfermedades
_____________
2.
El control del Estado sobre la salud no se corresponde con la reivindicación de
una sanidad pública. Esta reivindicación originó un movimiento popular que
posteriormente se perdió en la estatización del servicio sanitario.
inducidas desde los laboratorios, etc. La patodicea ecológica, es la clave de
las patologías que, en esta época intersecular, han convertido al ser humano en
un ser doliente, así como la Tierra en un planeta enfermo.
Extraído
de Coice de mula, dado que coincide con el objetivo de nuestro número al
hablar de otro de los grandes campos de la industria química aplicado a la
alimentación, traducimos unas líneas de la Revista Sentidos, Lisboa,
Primavera de 2006:
(...) Según muchos investigadores, gran parte de los
síntomas como los dolores de cabeza, fatiga, problemas gastro-intestinales,
debilitamiento del sistema inmunitario y hasta perturbaciones de orden sexual,
que surgen sin relación directa con una patología concreta, ocurren como
consecuencia de nuestro estilo de vida "moderno". Tales disfunciones
pueden desencadenar posteriormente enfermedades como artritis, alergias,
obesidad, problemas de piel (acné), cáncer, afecciones cardiovasculares, entre
otras.
La Organización Mundial para la Protección ambiental publicó
recientemente un estudio llevado a cabo en Europa con vistas a la detección de
la presencia de productos químicos en la sangre. Efectuado en tres generaciones
de familias (abuelos, sus hijas y nietas), los resultados finales son
preocupantes: Se encontraron 63 productos químicos en los abuelos, 49 en las
madres y 59 en las hijas.
Este hecho está relacionado con la presencia de productos
químicos, tales como pesticidas, en los diversos productos que consumimos
diariamente. Como es obvio, el organismo humano posee un sistema de eliminación
complejo preparado para expulsar las toxinas. Pero las complicaciones surgen
cuando los órganos que efectúan la eliminación están sobrecargados por el
exceso de sustancias nocivas, lo que a largo plazo origina algunos de los
estados patológicos referidos.
En
realidad el sistema médico y la medicina en la historia de la humanidad
(fundamentalmente desde el triunfo de la sociedad jerarquizada y de dominio),
siempre ha ejercido un poder normalizador, es decir, de control social que se
basa en los conceptos y criterios de salud y enfermedad, lo normal o sano que
señala la adaptabilidad y funcionalidad en el orden establecido y lo patológico
que debe apartarse o encerrarse. La medicina como cosa de especialistas que
quizás nació junto y paralela a la religión como especialización de saberes,
logró crear un orden normativo y de derecho propios, alejado y ya rival de la
religión, como otro poder. Pero será con el triunfo de la burguesía y su toma
del poder del Estado, que le permitirá la implantación de la ideología surgida
de la Ilustración, con el que el sistema médico adquirirá un auténtico y
"racional" estatuto científico, profesional y político.
Es,
sin embargo, a partir de la 2ª Guerra mundial y de las nuevas condiciones de
ella surgidas (keynesianismo como modo de restaurar una Europa y parte de Asia
completamente destruidas), que se impone este sistema sanitario ahora
mundialmente dominante (cuya única variación es el modelo estatal o privado,
desposeyendo ambos al ser humano de una autonomía respecto a su salud). Este sistema
sanitario se basa en la medicalización de la vida como sinónimo de cultura de
la salud. Esta medicalización se fundamenta en el enganche masivo de los
pacientes a los fármacos. Categoría, la de pacientes, que pretende y cada vez
consigue englobar más a todos los seres vivos del mundo. Este enganche masivo
de los humanos y también de animales y plantas a los fármacos ha convertido a
las empresas que los producen en riquísimas y poderosas corporaciones
mundiales, con un poder que supera al de la mayoría de Estados. Bajo el nombre
de sistema o "cultura" del bienestar y de la salud enfermó
completamente el Planeta.
Pero
tras la crisis del petróleo, en la década de los 70, aparecen en torno del
poder de las burocracias del Estado, también en la medicina, nuevos discursos
para imponer viejas ideas de dominio y de control sobre los
"súbditos/ciudadanos", a los que a partir de ahora se los culpabiliza
y se los considera responsables de los males del Planeta, de la contaminación
de la tierra, del aire y el agua, y también de su mala salud generalizada, de
la que se hace responsable al paciente por su mala conducta y mal estilo de
vida. De esta manera el sistema médico consigue imponer la mala salud
iatrogénica, y por lo tanto la expropiación del cuerpo por los profesionales de
la salud. El ser humano no es ya una forma particular de vida, pasa a ser un
objeto de control y estudio biológico, un número dentro de las estadísticas: un
paciente. Para lograr convertir el género humano en pacientes el sistema
sanitario impone la consigna extraída de una comedia: "La gente sana son
enfermos que se ignoran".
Pero
no sólo los seres humanos son convertidos en pacientes, todas las especies de
plantas y animales que el hombre produce industrialmente en cautividad están
sometidas al control de los técnicos, a la química y a los fármacos. Incluso ni
los llamados "animales salvajes" se libran del manoseo y las
molestias de los burócratas ecologistas en acción y cada vez que cae un animal
en sus manos, además de colocarles chips, collares y anillas son controlados
médicamente por especialistas veterinarios y, por lo tanto, medicalizados,
entrando a formar parte del aislamiento de la estadística que los transforma en
pacientes, pues padecen el sufrimiento que estos burócratas les infligen.
Las
burocracias del Estado y entre ellas la del sistema sanitario medicalizan la
vida, también, por supuesto, a través del lenguaje imponiendo un determinado
uso de éste, señalando el uso de unos términos y el olvido de otros y lo que es
más importante: aniquilando otros saberes. Se crea una muy determinada forma de
acultura, mediante la propaganda masiva que difunde unas formas políticas que
pretenden disciplinar y controlar a sus "súbditos", al igual que el
sistema sanitario "cuida", es decir, disciplina y controla a sus
pacientes.
El
uso corriente de metáforas médicas en el lenguaje de los políticos no es un
hecho de hoy, desde siempre los políticos han gustado de imaginar la sociedad
como una masa enferma y a ellos mismos como los especialistas capaces de
curarla, tienen "el hábito de describir exhaustivamente una enfermedad
social y luego ponerle la correspondiente droga", (Chesterton).
Actualmente,
en los medios de comunicación de la propaganda política, asistimos a la
multiplicación de estas metáforas médicas en boca de los políticos, hay recetas
políticas y económicas que son distribuidas por determinados órganos
burocráticos del poder para que intercambiables políticos las apliquen y así
tratar de recuperar la salud económica del país.
Así
las categorías de salud y enfermedad, normal y obediente o díscolo y
patológico, son trasladadas de la experiencia carnal o corporal del humano
aislado al desorden de la organización social bajo el sistema capitalista.
Mayoritariamente se nace en un hospital, pero también se
muere en un hospital
Hasta
los inicios del siglo XIX la función del médico no se entrometía directamente
en la muerte de los humanos, cumplía su tarea de curar o aliviar enfermedades,
evitar la muerte quizá sí entraba en sus funciones, pero diagnosticar la muerte
no. Con el invento del estetoscopio en 1818 la técnica proporciona al sistema
médico un instrumento adecuado, entre otras cosas, para certificar la muerte
del ya paciente. En el siglo XX, con el dominio absoluto de la técnica sobre el
sistema médico éste se convierte en sistema sanitario, regulado por el estado,
que no sólo tiene que evitar la enfermedad, sino también controlar la salud de
todos los súbditos que son ya pacientes. El médico se convierte, pues, en
experto en controlar y corregir, no sólo la salud, sino también el cuerpo de
todos los pacientes.
La
formación de este formidable sistema burocrático y la aparición en los
hospitales de departamentos especializados en "cuidados intensivos",
combinado con la implantación de todas las "novedades" técnicas,
permitieron definitivamente convertir al médico en el especialista que
diagnostica la muerte, de hecho en su formación se halla "la enseñanza y
el diagnóstico de la muerte". Uno no está muerto hasta que el médico correspondiente
lo certifica.
Con
el control médico de la muerte, ésta deja de ser un dominio exclusivo de la
religión o de la especulación filosófica o de la poesía, etc., para pasar a ser
patrimonializada por la ciencia, es decir, por la técnica. La muerte, por lo
tanto, ha de producirse en el centro donde se almacena la mayor cantidad de
técnica médica, en el hospital.
Al
dejar de ser una cuestión que se dirime en el hogar para pasar a decidirse en
un hospital, la muerte ya no se nos presenta como una cuestión personal y una
realidad existencial a la que uno se enfrenta en común junto a los allegados y
conocidos, sino que pasa a ser un asunto técnico y por lo tanto de técnicos y
de especialistas, por lo que siempre ha de llevar añadido un calificativo también
técnico: muerte asistida, muerte clínica, muerte cerebral, etc.
En
el hospital, en este ámbito tan jerarquizado como burocrático el paciente se
enfrenta a la muerte aíslado, sometida totalmente su agonía al control y al
orden del sistema sanitario.
Con
la muerte en el hospital, concebido éste como el lugar de la muerte moderna, el
sentido de ésta ha cambiado radicalmente. Lo que antes era anunciado (el
moribundo sabía que se preparaba para la muerte), ahora es ocultado (muere
ignorando su llegada). Lo que antes era finalmente una decisión de aceptación,
ahora es censurado como no colaboración con la medicina. Lo que antes era un
acto público, familiar, ahora es un acto privado, se muere en secreto y no se
habla de ello. La muerte se ha convertido en un tabú, en palabras de Philippe
Aries: "la muerte, esa compañera familiar, desaparece del lenguaje y su
nombre se vuelve prohibido".
El consumo de medicamentos en el mundo en el año 2005
América
del Norte 44,4%
Europa
(CE + Comunidad Estados Independ. 30,8%
Japón
11,4%
Asia
Sudoriental 4,6%
América
Latina 4,4%
Oceanía
1,3%
Subcontinente
indio 1,2%
África
1,1%
Oriente
Medio 0,9%