LA MEDICINA,
¿EL CUARTO PODER?
Bajo este
epígrafe, la revista Esprit lanzaba en 1950 una encuesta a un buen número de
médicos. Esta fue la respuesta de Pierre Mabille, singular surrealista francés,
jefe de Clínica de la Facultad de Medicina de París.
Debo
felicitaros muy sinceramente por la encuesta que estáis realizando, la
considero muy oportuna. Contestaré con mucho gusto debido a que durante estos
últimos años ya sea en conferencias, en diferentes artículos o en mi libro Iniciación
al Conocimiento del hombre he insistido en los peligros que representa la
utilización sistemática de la psicología y de la psico-fisiología moderna en la
opresión del individuo o en la represión de las actividades opositoras. He
defendido la idea de que, a la larga, estos peligros podían ser más graves que
los que significan en la actualidad las bombas atómicas u otros procedimientos
de destrucción militar.
La
psicología experimental moderna presenta enormes posibilidades entre las que
podemos resaltar las de una transformación de los individuos y de la sociedad
provocando una "sobredomesticación" de la especie. Una vez señalado
el peligro he recogido varias opiniones contradictorias que vale la pena
analizar. Me gustaría resumirlas.
¿Cuáles son
los logros modernos que pueden preocuparnos?
1º El
conocimiento de las correlaciones psico-fisiologicas puede permitir modificar
la energética interior mediante: a) un régimen alimenticio apropiado
(vitaminas); b) suprimiendo ciertas secreciones glandulares (castración en
casos de reacciones antisociales y agresivas), mediante la inyección o el
implante de hormonas (aumento de la energía, de la virilidad, de la feminidad,
del instinto maternal, etc.); c) mediante medicamentos sintéticos aplicados
durante largos períodos de tiempo (cambios de humor); d) interrumpiendo vías de
comunicación intracerebrales _lobotomía_ (modificación de la afectividad y de
la sensibilidad)
2º Una mejor
comprensión de los mecanismos psicológicos (psicoanálisis) permite atribuir
nuevas interpretaciones a las tendencias instintivas mediante la utilización de
una verdadera alquimia que opera mediante: la transferencia, la represión, la
sublimación, etc.
3º Los tests
objetivos permiten seleccionar a los individuos no sólo según sus aptitudes en
vistas a un aumento del rendimiento sino incluso según sus reacciones
psicológicas (no conformistas, revoltosos, etc.) para impedir el acceso de
ciertos individuos a puestos de responsabilidad o para anular posibles
opositores.
Podemos
plantearnos si esta manera actual de actuar representa algo nuevo y si su
eficacia es realmente tan grande como podríamos temernos. Deberíamos acudir a
toda la historia de la humanidad, desde Babilonia a la Inquisición y a las
expediciones coloniales, para constatar que desde siempre y en todas partes,
los hombres han ingeniado métodos más o menos sutiles para doblegar a sus
semejantes a las fantasías del poder. Los métodos modernos no son otra cosa que
perfeccionamientos de los procedimientos antiguos. Teóricamente pueden ser más
peligrosos debido a la sistematización científica. En el momento que escribimos
esto los resultados, prácticamente son todavía fragmentarios. El fracaso de la
política biológica hitleriana de eliminación de las razas denominadas
"inferiores" nos lleva a la situación clásica de otras épocas de
desnutrición de las clases pobres y del reforzamiento del potencial energético
de las elites mediante un aumento del bienestar, aumento que se logra mediante
intoxicaciones y una especulación psicológica que demandan el aporte de nuevos
elementos de población.
En el
dominio de la hormonoterapia, además de la castración de elementos antisociales
practicada en algunos países anglosajones, no tengo constancia de ninguna otra
intervención sistemática que no sea la destinada al tratamiento de síndromes
netamente patológicos. Si algunos ensayos pueden parecer peligrosos, lo son al
igual que todas las "locuras" terapéuticas (regímenes extravagantes,
sangrías intempestivas). Da igual que se trate de terapias de choque que de
lobotomías. Los nuevos tratamientos comportan errores y abusos. Parece ser que
es el tributo que debe pagarse por el progreso. Y éste es constatable. Hasta
hace poco, el psiquiatra de los asilos, como no podía curar, se convertía en un
simple auxiliar del conformismo social al que se recurría como
"experto" para que decidiera si el comportamiento de un individuo era
conforme a las normas establecidas. Los directores de los manicomios privados,
víctimas a menudo de la influencia de su entorno no poseían a menudo la
mentalidad que esperaríamos encontrar en unos médicos. Los psiquiatras actuales
se preocupan por curar a sus pacientes y lo logran aunque sea de manera
parcial; la intención es de todas maneras excelente. Aunque hay que deplorar
errores de diagnóstico no podemos sino alegrarnos por el cambio experimentado.
Estoy
convencido que mis colegas especialistas han luchado para tranquilizar las
opiniones referentes al narco-análisis, los medicamentos psicotrópicos y la
utilización de los tests psicológicos.
El lector
puede sorprenderse de que por un lado defienda la idea de que la humanidad
corre un grave peligro y que por otro lado sostenga que las técnicas actuales
ni son tan nuevas, ni tan poderosas como se podría creer. Estoy convencido
de que el hombre ha estado siempre amenazado. Su libertad no ha cesado de estar
en peligro mortal y esta lucha parece hallarse escrita en las mismas
condiciones de su vida. Afirmar que todos los instrumentos pueden utilizarse
tanto para el bien como para el mal parece una perogrullada pero también le
gana en evidencia la constatación de que los instrumentos de liberación (formas
políticas, religiosas, científicas) se convierten a la larga en formas de
dominación. En esta lucha sin fin, el campo de los opresores no precisa
ayudantes; cada uno de nosotros le presta nuestras propias tendencias
sado-masoquistas, cada vez más poderosas. El fuego de la libertad, por el
contrario, nos exige una constante vigilancia. Hay que mantenerlo y a menudo
reanimarlo. Estáis en lo cierto al querer despertar las conciencias en un
momento en el que algunos quieren hacernos creer que el paraíso de la libertad
existe ya realmente, que con una revolución política y económica que establezca
un orden social que excluya la alienación capitalista es ya suficiente para
consolidar la liberación del hombre. Esta afirmación mesiánica fue el punto más
débil de la filosofía de Marx. Y fue, a la vez evidentemente el más explotado.
El verdadero
peligro reside en cualquier filosofía que legitimice el poder de los
gobernantes. La mentira democrática reside en haber pretendido que se había
acabado con los conflictos entre gobernantes e individuos ya que los primeros
procedían del sufragio universal y eran, teóricamente, independientes de
cualquier tiranía económica. La resistencia del individuo frente al Estado,
derecho sagrado de autodefensa y de rebelión corre el riesgo de desaparecer.
Otro peligro reside en que, debido a la progresiva especialización del individuo,
éste se ve cada vez más impulsado a delegar ciegamente sus poderes a
especialistas y a descargar en ellos las propias responsabilidades.
Debemos
temer que sólo se producirán diagnósticos falsos o incluso sectarios, manías
personales o compromisos excepcionales mientras los métodos psicológicos y
terapéuticos estén en manos de un cuerpo médico relativamente independiente y
de carácter liberal.
Pero, desde
el momento en que la medicina del cuerpo y del espíritu se convierta en un
servicio público sometido absolutamente a las directrices gubernamentales, hay
que empezar a temer lo peor. El enfrentamiento que actualmente mantienen las
profesiones liberales con la empresa estatal tiene, evidentemente, razones
interesadas (intereses corporativos) pero tiene una explicación de un nivel
superior. El enfermo si cesa en su condición de cliente del que se depende, de
ser libre para ir a uno u otro, capaz de elegir su propia terapia o rechazar
una operación puede convertirse, dentro de un sistema rígido de cuidados obligatorios
en un sujeto anónimo sin defensas al que se le puede hacer de todo.
Pero además,
haría falta que la idea de la experimentación encontrara su equilibrio con una
cultura general satisfactoria. Pero esta cultura se halla en
decadencia. Entre los sabios se ha ido creando poco a poco un estado de opinión
como si se trataran de demiurgos capaces de negar cualquier armonía natural.
Sólo ven una conjunción de casualidades, imaginando, de manera casi infantil,
que al igual que se hace con los cuerpos químicos, se puede transformar desde
sus raíces al hombre y a las especies vivientes. Tal alucinación es en extremo
peligrosa, puede llevar a experimentos colectivos comparables a los que
conocimos bajo el dominio nacional-socialista. Deben emplearse el máximo de
esfuerzos para impedir que las investigaciones que sean necesarias no se
orienten hacia fines neuróticos muy contagiosos.
Todo
depende, en definitiva, de la organización del poder. El peligro de las nuevas
técnicas y de las más precisas que irán creándose a medida que avance el
desarrollo científico puede ser insignificante o no según el poder sea o no
dictatorial, si hay lugar para que una oposición pueda o no existir y luchar.
Así pues, la
ciencia psico-fisiológica moderna permite racionalizar de manera incontestable
la dictadura gubernamental. ¿Cuáles son los métodos tradicionales de defensa
individual? huir, disimular, aislarse, luchar de manera abierta. La lucha
abierta parece cada vez más difícil: el conflicto de tendencias, como durante las
guerras de religión, se resuelve eliminando al adversario. Aislarse, en el seno
de un Estado organizado aparece cada vez más como una opción casi imposible (la
subsistencia de un hombre es muy difícil fuera de la maquinaria social). Creo
que se podrá disimular durante un tiempo. Es un método muy antiguo, la de los
hermetistas; es el camino de la clandestinidad que conlleva la creación de
cofradías ocultas dentro de las cuales se salvaguarda el espíritu de libertad.
No podemos considerar la "huída" como una posibilidad debido al
carácter cada vez más internacional del "Orden" social.
En
definitiva, dentro del universo cada vez más concentracionario que se está
construyendo en la mayor parte del planeta, el hombre se hallará cada vez más
en peligro. Deberá perfeccionar nuevas formas de defensa. Pero las referencias
a un largo pasado de represión nos permiten tener esperanza. No se doblegará y
contará, además, con la ayuda de un cierto número de intelectuales que
continuaran a estimular su instinto de libertad.
Llamemos la
atención, como hacéis vosotros, a los espíritus clarividentes para que el
progreso de los conocimientos del que somos testigos se utilice para la
liberación y no para la opresión. Reforcemos mediante una incesante lucha el
campo de la libertad y, para lograrlo, empecemos a sacudir de nosotros mismos
las tendencias que nos conducen a la alienación de la libertad del otro.
Preparémonos a imaginar las condiciones de defensa individual dentro de un
orden social que corre el peligro de convertirse muy rápidamente en mundial.¨