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La invención médica, como toda invención en un determinado sistema social sirve a éste. En el siglo XIX nace una medicina que hoy conocemos como "la medicina" -tanto ha progresado la ideología reaccionaria que entiende como natural y eterno lo que es histórico-. Esta medicina surge como método de normalización y control de la fuerza de trabajo precisamente cuando empieza la gran concentración fabril y la vida empieza a tener una finalidad productiva para el capital. La lógica del máximo beneficio dominará sobre el arte de curar, convertido en industria de la salud, y generalizará una serie de patologías -stres, sida, cáncer, depresión, distonías y un sinfín de enfermedades desconocidas- propias de este modo de producción capitalista. Si la enfermedad, el malestar es pues mal de estar en este mundo, el arte de curar pasará también por destruir este mundo basado en la acumulación de capital. Tampoco el ámbito de la salud escapa a la lucha de clases.

Sobre todo esto hablamos en este número de Etcétera, además de otros espacios de la guerra social en México y Venezuela, y otros que asoman a través de las publicaciones que hemos recibido.




Ida Applebroog, 1987